Fallas en el IMSS ponen en riesgo la vida de un niño
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Fallas en el IMSS ponen en riesgo la vida de un niño

Diagnósticos e indicaciones equivocadas, la falta de medicinas y la ausencia de médicos durante las guardias han afectado la salud de un pequeño de siete años que cumple dos meses hospitalizado.
Por Tania L. Montalvo
12 de diciembre, 2013
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Pasillos de una clínica del IMSS.

Pasillos de una clínica del IMSS.

Que el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) sea históricamente la instancia gubernamental con más quejas ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) no es en vano. Daniel, de 7 años, cumple dos meses hospitalizado y en ese tiempo ha sido víctima de negligencia médica, falta de medicamentos, ausencia y omisión del personal, fallas mecánicas del equipo médico y de mantenimiento en la infraestructura.

Daniel fue internado el pasado 15 de octubre en el Hospital General La Raza del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y desde el 19 de noviembre en el de infectología Dr. Daniel Méndez Hernández debido a complicaciones en su salud derivadas de errores en la atención médica.

“Lo único que pido es que se respete su derecho a la salud, tengo que andar yendo y viniendo buscando enfermeras y exigiéndole a los médicos que lo atiendan y me digan cómo está. Se ha retrasado su atención porque los elevadores no funcionan, se pone mal y resulta que nada se puede hacer porque no hay medicamento, lo han intervenido sin que sea necesario y la respuesta de los médicos es algo como: ‘Señora, no tengo ni cara para verla, no sé porqué lo operaron’”, cuenta en entrevista Hortencia, madre del pequeño.

Daniel nació con hidrocefalia y desde entonces ha recibido varios tratamientos en el mismo IMSS. El 15 de octubre pasado lo diagnosticaron con disfunción valvular, es decir, con fallas en la válvula que le permite expulsar el líquido cefalorraquídeo acumulado.

Eso provocó que tuviera convulsiones tras dos años de no hacerlo. Hortencia cuenta que su hijo empezó a ponerse mal a las 3 de la mañana y que cuando intentó buscar a un médico se dio cuenta que no había ninguno en el piso, por lo que pidió apoyo a las enfermeras de la zona.

“Me dijeron que no había nadie que viera a mi hijo y que me tenía que esperar hasta la mañana siguiente. Afortunadamente pasó un pediatra que dijo que el niño necesitaba Diazepam, pero las enfermeras le dijeron que no había de ese medicamento”.

A las 7 de la mañana y, tras 16 convulsiones, las enfermeras insistieron en que debían esperar, pero Hortencia decidió salir a buscar a un médico de especialidades para que finalmente atendieran a Daniel, quien entró al quirófano de emergencia como resultado de estar horas sin atención.

En junio de 2013, el IMSS firmó un acuerdo con la CNDH para capacitar, formar y difundir los derechos humanos entre el personal del instituto y así evitar violaciones por la inadecuada prestación del servicio médico, discriminación o en general violaciones al derecho a la salud.

En 2012, la CNDH sumó 2 mil 756 violaciones al derecho a la salud, de las cuáles, 68% fueron contra el IMSS por “hechos violatorios consistentes en omitir, proporcionar asistencia médica, obstaculizar o negar las prestaciones de seguridad social, negligencia médica y omitir suministrar medicamentos”.

El año pasado el IMSS fue la instancia que más quejas sumó ante la CNDH, un año antes tuvo mil 668 quejas, sólo 27 menos que la Secretaría de la Defensa Nacional.

Un mal diagnóstico

Daniel fue dado de alta el 22 de octubre pero regresó al hospital seis días después con vómito. El diagnóstico inicial fue que tenía una infección en la garganta, por lo que se preparó todo para darlo de alta.

Hortencia insistió a los médicos que su hijo no estaba bien y no reaccionaba. A las 5 de la tarde del 29 de octubre, intentó darle de comer pero Daniel vomitó, por lo que terminó de emergencia en el quirófano con el diagnóstico de que la válvula que le ayuda para expulsar el líquido cefalorraquídeo “había disfuncionado”.

Según el relato de Hortencia, durante el asueto por la celebración del Día de Muertos el piso de neurocirugía pediátrica en el Hospital de la Raza se quedó sin médicos del área y cuando Daniel volvió a ponerse mal fue atendido por residentes y por médicos del departamento de Neurocirugía Especialidades de Adultos.

“Cuando finalmente vinieron a verlo dijeron que había muestras de que el intestino estaba perforado y que era necesario hacer una cirugía, antes tuvieron que hacer un proceso de exteriorización de la válvula, la válvula que lo ayuda a estar bien la dejaron fuera de su cuerpo. A las cuatro de la mañana Daniel estaba listo para bajar al quirófano pero ningún elevador funcionaba, fue hasta cuatro horas después que me dijeron que lavarían el elevador de carga para bajarlo aunque para entonces el niño ya había ensuciado el pañal y se había normalizado, ya estaba bien y tranquilo”.

Las enfermeras dijeron a Hortencia que no había ni tiempo ni médicos que hicieran otro diagnóstico aunque Daniel se viera diferente y estuviera reaccionando, por lo que se hizo la cirugía.

Un día después, el lunes 4 de noviembre, el jefe de departamento, el Dr. Juan Rubén García Ramírez, confirmó que la cirugía no era necesaria y es probable que por el procedimiento el pequeño presentó una infección en el líquido cefalorraquídeo, por la que, hasta la fecha, está internado y recibe tratamiento.

“Llevamos semanas en esto, no les estoy exigiendo nada que no merezcamos. Desde que todo esto empezó mi hijo ya no es el mismo, lo han lastimado mucho”.

Según registros oficiales, actualmente el IMSS administra 40% de las camas del sector público de salud. En 2012 tenía una tasa de once médicos y 18 enfermeras por cada 10 mil derechohabientes.

En el reporte del centro de estudios Ethos, “¿Cómo gastar mejor para crecer?”, de septiembre pasado, se calcula que el IMSS cerrará 2013 con un déficit de operación de 18 mil millones de pesos debido, en gran parte, a que crece más el número de afiliados que el porcentaje de ingresos.

Ethos concluye que la mala operación del IMSS está vinculado a que la mayor parte del gasto se invierte en el pago de pensiones y hay un mal manejo en el gasto público que de 2000 a 2012 aumento 134% sin que esto se traduzca en mejores servicios de salud en el instituto.

En general, México ocupa el segundo sitio más bajo entre los países miembros de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) en servicios de salud. Mientras el promedio de camas de hospital del organismo para atender casos agudos por cada mil habitantes es de cuatro, en el país el índice es de uno.

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Cómo aumentar la vida útil de las prendas y ayudar a salvar el planeta

La reutilización creativa, organización y remiendos decorativos son algunas de las soluciones para extender a vida útil de las prendas. Cuidar de tu ropa significa cuidar también del planeta.
3 de mayo, 2022
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En su libro de 2021 La ropa que amas dura (Loved Clothes Last), Orsola de Castro, fundadora de la campaña mundial Fashion Revolution, lanza una apasionada súplica.

“Pasé años hurgando en tiendas de ropa de segunda mano y vi cientos de piezas perfectas abandonadas simplemente por una cremallera rota”, dice.

“Después de todo, ¿por qué gastar tiempo y dinero arreglando una cremallera rota cuando es más rápido, más barato e infinitamente más divertido comprar un nuevo atuendo con una cremallera que funciona?”.

“Pero, ¿podemos detenernos y analizar qué estamos haciendo cuando despreciamos una prenda por la cremallera que se rompió? ¿Qué pasaría si decidiéramos reemplazarla?”, pregunta.

El cuestionamiento de Castro es uno de los muchos a los que se enfrenta la industria de la moda en el siglo XXI.

Cada vez es más difícil ignorar el daño social y ambiental causado por la fabricación de ropa.

Las tasas de consumo de recursos naturales son estratosféricas, sin mencionar los niveles de contaminación y desperdicio, mientras que las cadenas de suministro globales están marcadas por la explotación.

Y el sector también es responsable de entre el 2% y el 8% de las emisiones globales totales de gases de efecto invernadero, según el estudio.

Cremallera rota

Getty Images

Productos no esenciales

Estas son cifras impresionantes considerando que, hasta cierto punto, esta es una industria de productos no esenciales.

Muy pocas personas en las capitales de consumo de moda de todo el mundo realmente necesitan más ropa.

Aun así, se producen entre 80 mil y 100 mil millones de prendas al año, y esta estimación es conservadora.

La industria de la moda está luchando para enfrentarse a este desafío con planes y minuciosas investigaciones que incluyen una variedad de proyectos que van desde aumentar la eficiencia energética en las cadenas de suministro, cambiar a materiales renovables, invertir en innovación de materiales para evitar los sintéticos, promover iniciativas de justicia social o combatir la crueldad a los animales.

Pero aunque estos esfuerzos tienen buenas intenciones, se enfrentan a una industria que ya tiene un impacto ambiental masivo.

Basta decir que la mayoría de estos 80 mil y 100 mil millones de prendas terminan siendo incineradas o arrojadas a los vertederos con muy poco uso.

Orsola de Castro

Penguin Books
Para ayudar al medio ambiente, debemos ser creativos con la ropa que ya tenemos, en lugar de comprar siempre ropa nueva, dice Orsola de Castro.

Cuida para durar más

La pandemia ha sacudido las ventas mundiales de ropa.

Ahora, están en camino de volver a alcanzar niveles ligeramente superiores a los de 2019, según los informes State of Fashion de la consultora estadounidense McKinsey & Company.

Cada vez más activistas argumentan que una de las maneras más fáciles de reducir el impacto de la industria de la moda es comprar menos.

O incluso mucho menos.

Solo tres prendas nuevas al año, según el grupo activista británico Take the Jump, y hacer que la ropa que ya tienes dure más.

La idea básica es que la industria de la moda necesita reducir sustancialmente su tamaño.

Desfile de moda

Getty Images

Prolongar la vida útil de una prenda

Para una generación de compradores alimentados por deseos construidos artificialmente y gratificación instantánea, este puede ser un objetivo difícil de imaginar, pero los números son irrefutables.

Una investigación realizada por la organización ecologista británica Wrap indica que prolongar la vida útil de una prenda en tan solo nueve meses podría reducir su impacto medioambiental hasta en un 10%.

Imagina lo que podríamos conseguir durante décadas.

Los factores que contribuyen a lograr este objetivo incluyen la compra de ropa de buena calidad, la disposición de los usuarios a usar la misma ropa muchas veces y su capacidad para cuidarla.

Puede sonar fácil, pero si eso fuera cierto, ya lo habríamos hecho.

Es solo que, en este momento, los riesgos parecen demasiado abrumadores como para no intentarlo.

Ha pasado poco más de una generación desde que perdimos el arte del mantenimiento de la ropa.

Mientras que la vida de nuestros abuelos era de ahorro y reparación, la mayoría de los consumidores de hoy se han acostumbrado al sistema de usar, romper y tirar.

Las prendas perfectas de Castro con cremalleras rotas son síntomas de una profunda falta de conexión con la forma en que se hacen las prendas.

Cosiendo ropa

Getty Images

Pero ahora es más importante que nunca preguntarse por qué tanta ropa está hecha con materiales derivados del petróleo.

Hay que preguntarse si la viscosa de esa camisa fue extraída de bosques milenarios, si hay piel de animal en ese pompón o por qué solo una pequeña fracción de los trabajadores de las industrias de la confección gana salarios decentes.

Y también si todavía queremos seguir provocando caos.

El subtítulo del libro de Castro es Cómo la alegría de remendar y ponerse la ropa puede ser un acto revolucionario.

Es un hecho. Necesitamos una revolución.

¿Qué hacer?

El primer paso es visitar tu guardarropa.

En 2019, la organización británica TRAID lanzó la campaña “23 Percent” (23%) para resaltar la proporción de prendas que los londinenses guardan sin usar en el armario.

El diseñador de moda estadounidense Sam Weir es el fundador de Lotte.V1, un servicio personalizado de combinación de ropa y accesorios que tiene como objetivo revitalizar nuestra relación con la ropa.

Armario

Katrina Hassan/Spark Joy London
Si la ropa está organizada, es más fácil saber exactamente lo que tienes y aumenta la disposición a usarla y cuidarla.

Weir tiene una amplia experiencia en campañas de alto perfil y dice que “muchos de nosotros no usamos lo que tenemos porque nos han enseñado a encontrar soluciones para combinar la ropa según el consumo”.

“Combinar ropa permite que las personas se expresen y se diviertan con la ropa, sin comprar (piezas) nuevas; fuerza la creatividad y (hace) que las personas realmente usen su ropa. Implica aprender a interactuar con la moda, sin consumismo, y establecer una relación con nuestras cosas”, explica Weir.

¿Por dónde podemos empezar?

“Reserva dos horas y abre tu guardarropa”, enseña.

“Busca piezas que no hayas usado en meses o más. Una de ellas podría ser una camisa de vestir. Aquí es donde la ropa a juego puede ayudar”.

Weir continúa: “Póntela con unos jeans casuales, algo que solo usarías el fin de semana. Agrega un par de zapatos de tacón bajo y un blazer. Al combinar la ropa, has convertido una pieza que solo usaste en un ambiente en algo para usar en innumerables ocasiones“.

“Con la combinación creativa, los vestidos pueden convertirse en faldas o tops, lo viejo vuelve a ser nuevo. Es como si acabaras de ir de compras, sin haber salido nunca de tu guardarropa”, concluye.

Las buenas compras son un buen punto de partida, según Mikha Mekler, profesora de gestión de producción en el London College of Fashion. Para ella, “la forma en que compramos es el problema. Si compramos calidad, (la ropa) durará más”.

Comprando ropa en internet

Getty Images

Empieza por evitar las marcas de moda de consumo, con sus gigantescas campañas publicitarias, llenas de celebrities.

Busca marcas con conducta ética que se enorgullezcan de ser artesanales.

Y aun así, compruébalo tú mismo: el peso del producto y la calidad de sus detalles pueden decir mucho.

“Pruébate la ropa”, aconseja Victoria Jenkins, tecnóloga de ropa y fundadora de la marca de ropa ajustable Unhidden.

“Tira, tira, examina la costura. ¿Está limpia y ordenada o llena de hilos sueltos? ¿Puedes ver líneas visibles en los puntos de tensión de la costura? ¿La camisa tiene tiras sobre los hombros para que no se deforme cuando se cuelga? ¿El dobladillo es fuerte o puede desprenderse con facilidad? ¿La tela tiene puntadas descoloridas o más defectos de impresión de los esperados?”, dice.

El siguiente paso es tener cuidado.

Lavar menos la ropa

En su estudio de 1954 titulado Jabones en polvo y detergentes, el semiótico francés Roland Barthes escribió sobre el uso de espuma, que no es estrictamente necesaria en el proceso de limpieza, en la publicidad del detergente.

Para él, “lo importante es el arte de disfrazar la función abrasiva del detergente con la deliciosa imagen de una sustancia, a la vez profunda y aireada, que puede controlar el orden molecular del material sin dañarlo”.

Persiste la idea de que el lavado de alguna manera renueva y refresca, pero en realidad es muy destructivo, como señala Barthes.

La mayoría de los expertos en ropa sostenible están de acuerdo: lava menos la ropa y lávala con detergentes naturales suaves.

Hazlo del revés para evitar que los colores y estampados se desvanezcan.

Planeta

Getty Images
Para ayudar al medio ambiente, debemos ser creativos con la ropa que ya tenemos, en lugar de comprar siempre ropa nueva.

La diseñadora Stella McCartney dijo en una entrevista con el periódico británico The Observer en 2019: “La regla es no limpiar. Dejas que la suciedad se seque y la cepillas. Básicamente, en la vida, la regla general es: si realmente no necesitas limpiar algo, no limpies”.

“No me cambio el sostén todos los días y no tiro las cosas en la lavadora solo porque han sido usadas. Soy increíblemente higiénica, pero no soy una fanática de la limpieza en seco, o cualquier tipo de limpieza, en realidad”, añadió.

Para Mekler, “cuidar la ropa sigue siendo algo que la gente hace mal a diario. Yo lavo mucha ropa, especialmente la más fina e incluso los jeans, en el ciclo de lavado de prendas delicadas, a menos que estén muy sucias”.

Considera colgar la ropa ligeramente sucia en el baño mientras se ducha y deje que el vapor haga el trabajo de limpieza. Evita el secado en secadora.

Agita la ropa y cuélguela para que se seque. Y celebra los beneficios ambientales de tus nuevas rutinas.

Ropa tendida

Getty Images

Según Energy Star, el programa de eficiencia energética de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA), una lavadora promedio usa más de 93 mil litros de agua al año.

Es decir, aproximadamente la mitad de lo que una persona bebe en su vida.

Además del agua, cada vez que lavamos la ropa, arrojamos productos químicos y microfibras de telas sintéticas a cursos de agua ya sobrecargados.

Y finalmente, la mayoría de las emisiones producidas durante el periodo de uso del ciclo de vida de una prenda se generan durante el lavado y secado a máquina.

Reduce este proceso y estarás a la moda de forma sostenible.

Puedes leer este texto publicado originalmente en inglés en BBC Future.


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