“La ley está por encima del sueño americano”: habla un agente de la Patrulla Fronteriza
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“La ley está por encima del sueño americano”: habla un agente de la Patrulla Fronteriza

Andy F. Adame ha sido agente de la patrulla fronteriza por 25 años y aunque cree que es legítimo que miles intenten alcanzar el sueño americano cada año, dice que lo primero es hacer cumplir la ley de su país.
Por Tania L. Montalvo / primera de cuatro partes
16 de diciembre, 2013
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Andy F. Adame es de origen mexicano y por 25 años se ha desempeñado como agente de la Patrulla Fronteriza. //Foto: Tania L. Montalvo.

Andy F. Adame es de origen mexicano y por 25 años se ha desempeñado como agente de la Patrulla Fronteriza. //Foto: Tania L. Montalvo.

El agente de la patrulla fronteriza Andy F. Adame aprendió a hablar a español gracias a su padre nacido en Aguascalientes. Dice que lo más difícil es evitar “el acento gringo”, aunque en realidad, al hablar de la labor de esta agencia policial estadounidense a la que pertenece desde hace 25 años, el principal error que comete es cuando explica que su trabajo en la frontera es “enforzar” la ley, “por encima de cualquier cosa, cualquier sueño”.

Lo que Andy intenta es traducir del inglés la palabra “enforcement” y explicar que su labor es hacer cumplir la ley estadounidense aunque él mismo crea que “miles de los que cruzan ilegalmente la frontera merecen vivir el sueño americano”.

A sus 47 años, Andy ha trabajado en dos de los principales puntos de cruce en la frontera México-Estados Unidos: San Diego, California y Nogales, Arizona, sitios en los que en 2012 se detuvo a 18 mil 851 personas que intentaron pasar sin documentos.

En entrevista con Animal Político, este agente de piel morena, cabello negro y ojos oscuros niega que la Patrulla Fronteriza viole los derechos humanos de los migrantes, pero reconoce que su trabajo se basa en identificar a quienes “tengan aspecto de haber cruzado ilegalmente”.

 ¿El sueño americano existe? ¿qué piensas de que miles lo persigan cada día?

¡Claro que existe! La vida en los Estados Unidos es más buena. No sé por experiencia propia cómo es la vida en México, pero sólo de oír a las personas que vienen siguiendo el sueño americano cuando nosotros los arrestamos, yo puedo ver porque lo hacen y los entiendo, veo mi vida en la de ellos. Yo nunca he sido rico, he tenido que trabajar desde siempre, mis papás y yo sembrábamos y vivíamos de la cosecha, toda la gente que yo recuerdo a mi alrededor tenía más que nosotros, pero hemos tenido oportunidades y ahora no somos ricos, pero vivimos bien.

¿Pero vale la pena andar el camino hacia la frontera e intentar cruzarla?

Antes pensaría que si, pero ahora sabiendo las historias, el sufrimiento que viven los personas cuando toman la decisión de cruzar, no estoy seguro. Está bien seguir el sueño americano, pero el costo puede ser perder la vida y es fácil perder la vida en estos días siguiendo ese sueño. Antes oía historias de que las personas sufrían porque estaban en cualquier pueblo en México y decían ‘me quitaron mi dinero’; pero ahora se oyen las historias de ‘me agarraron, me violaron, me quitaron el dinero, me tenían encerrado’. Para una persona que pasa por todo eso, que pierde un padre, un hijo, una hija, un hermano en el camino, no sé si vale la pena hacer el viaje.

 ¿Qué sientes cuando ves a un grupo de migrantes con sed, hambre, perdido en el desierto?

Aunque no por experiencia, conozco la realidad de lo que les está pasando. Entonces yo como agente de la patrulla fronteriza todo el tiempo debo y estoy consciente de que todos somos humanos, pero también tengo un trabajo muy difícil por hacer, un trabajo por mi país.

Yo en mi corazón sé que es un delito cruzar así a los Estados Unidos y que muchos mexicanos, centroamericanos me miran y sienten odio, pero si una persona cruza ilegalmente es mi trabajo detenerlos. No hay más, esto es blanco y negro. Donde se pone no tan claro es cuando hay vidas, porque cada persona que yo arresto tiene una familia, puede ser mamá o papá, hermano. Ahí es cuando pienso que todos somos humanos, pero hay leyes y deben ser respetadas y cumplidas.

¿Has sentido la necesidad de dejar ir a algún migrante cuando conoces su historia?

Si, claro. Muchas veces he arrestado a las personas y lo he pensado. Unos me dicen historias que me dejan sorprendido, puedo ver el sufrimiento, están bien desesperados, no saben qué hacer en su país y yo sé por qué vienen aquí a los Estados Unidos, porque la vida está mucho más buena aquí. Yo sé eso. Me doy cuenta que están aquí porque para atrás ya no tienen nada, porque ahora que los detuve se han quedado sin nada, sin esperanzas, porque en su país no tienen nada. ¿Me da pena?, si, claro, pero mi trabajo es hacer cumplir la ley de mi país.

¿Has llorado estando con ellos?

Me siento muy mal, pero me tengo que decir: Andy, eres un agente de la patrulla fronteriza, tú tienes un trabajo qué hacer, tienes que hacer cumplir la ley. Lo tienes que hacer lo más humano que puedas hacerlo.

¿Crees que Estados Unidos debe tener leyes más duras para frenar el flujo de migrantes?

No tengo opinión sobre eso. Mi trabajo es hacer cumplir las leyes que los americanos quieren que se cumplan.

 ¿Te preocupa la imagen que tiene la patrulla fronteriza?, ¿qué los acusen de violar los derechos humanos de los migrantes?

Yo como persona me siento mal, profesionalmente también. He estado en la patrulla fronteriza 25 años y sí ha habido abusos, pero esos abusos no pasan sin ser reportados. Nosotros somos una organización profesional y cada agente que es de la patrulla fronteriza tiene que ser así. Tenemos que respetar los derechos humanos de cada persona que detenemos.

Me duele que a lo largo de mis 25 años, la mayoría de las personas que acusa a la patrulla fronteriza de violaciones a derechos humanos son personas que nunca han estado detenidas o que no han visto las detenciones de la patrulla fronteriza ni saben cómo trabaja.

¿Qué dices de los señalamientos de que su actuación se basa en la discriminación?

Nuestro trabajo es diferente al de cualquier otro policía del país porque nosotros estamos en la frontera y la mayoría de las personas que vamos a ver son mexicanas. Si los Estados Unidos tuvieran la frontera con China, vamos a ver chinos. Pero así es, nosotros, ¡claro!, ¡claro que estamos buscando mexicanos! Porque el 99% de las personas que entran ilegalmente por nuestra frontera son mexicanos y tenemos que pararlos. Sí buscamos a los que tengan aspecto de haber cruzado ilegalmente.

 ***

Andy describe el momento más difícil que ha tenido como agente de la patrulla fronteriza. Habla de sus tres hijas —hoy adolescentes— y entonces cuenta que no olvida cuando hace una década aproximadamente, encontró a una niña de entre ocho y diez años muerta en el cauce de un arroyo seco en el desierto de Nogales.

“Fue muy duro, me marcó”. Aquí el relato:

Este agente empezó su carrera a los 22 años cuando ingresó a la Patrulla Fronteriza y fue asignado en 1988 a la estación de San Diego, California. Desde el año 2000, fue trasladado a la de Nogales, Arizona, en donde cumplió un cuarto de siglo portando el uniforme verde olivo de este cuerpo policial que tiene jurisprudencia en las 25 millas —poco más de 40 kilómetros— que siguen al muro fronterizo con México.

“Sé que mi carrera ha sido muy bonita. Cuando me metí a la patrulla fronteriza era un joven de rancho, no sabía nada del mundo, para mí ha sido una experiencia para abrir los ojos hacia lo que está pasando con la migración. De chaval yo miraba a la migra en sus carros, pero jamás imaginé el verdadero trabajo que hacían. Yo de niño conocí a muchas personas que eran indocumentadas y que trabajaban en la siembra conmigo y con mis padres. Fueron muchas veces una familia para mí y esos recuerdos fueron la parte más difícil cuando empecé a ser agente, pero también ,y hasta hoy, son lo que me hace entender su sufrimiento y su camino para seguir el sueño americano, pero siempre sé, siempre estoy consciente que mi trabajo es ‘enforzar’ las leyes de mi país y no más”.

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Tokio: Naomi Osaka, la "tenista rebelde" que está cambiando Japón

La tenista ha causado una verdadera revolución en Japón al poner sobre la mesa temas que en esa sociedad suelen ser un tabú.
24 de julio, 2021
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Naomi Osaka cuenta una historia.

Ocurrió en Florida, donde los mejores tenistas jóvenes del mundo se congregan y compiten.

Osaka, de unos 10 años, se estaba preparando para un partido del prestigioso torneo Orange Bowl cuando escuchó una conversación de su oponente japonés.

“Estaba hablando con otra chica japonesa”, le dijo Osaka al diario Wall Street Journal.

“Y no sabían que yo estaba escuchando o que hablaba japonés”.

“Su amiga le preguntó con quién estaba jugando”, contó Osaka. “Y su amiga dijo: ‘Oh, esa chica negra. ¿Se supone que es japonesa?’. Y luego la chica con la que estaba jugando dijo: ‘No lo creo’ “.

Todo el mundo lo sabe ahora. Osaka, la hija de madre japonesa y padre haitiano, criada en Estados Unidos, es el rostro de Tokyo 2020.

En cada parada de autobús en Tokio, la joven de 23 años aparece mirando hacia abajo desde un anuncio, saludando a los pasajeros locales e internacionales. Está vestida con una chaqueta rosa neón sobre ropa deportiva negra.

Naomi Osaka

Getty Images

El lema del anuncio está escrito mitad en inglés y mitad en japonés. Es la palabra “nuevo”, seguida de un símbolo que puede traducirse como “mundo” o “generación”.

Funciona. Porque Osaka, quien renunció a su ciudadanía estadounidense en 2019 en favor de su herencia japonesa, está trayendo más que títulos a su tierra natal. Ella está trayendo cambio.


“Nos sentimos un poco alejados de ella”

No es necesario volver a la infancia de Osaka para encontrarse con interrogantes sobre cómo encaja en la sociedad japonesa.

“Para ser honesto, nos sentimos un poco alejados de ella porque es muy diferente físicamente“, dijo Nao Hibino, actualmente la número tres de Japón, mientras Osaka avanzaba hacia los escalones más altos del tenis femenino en 2018.

“Creció en un lugar diferente y no habla tanto japonés”, agregó. “No es como Kei (Nishikori), que es un jugador japonés puro”.

Osaka no es la primera deportista de raza mixta o “hafu” que genera este tipo de interrogantes.

Sanchio Kinugasa

Getty Images
La estrella del béisbol Sachio Kinugasa era hijo de padre afroestadounidense y madre japonesa.

Sachio Kinugasa and Hideki Irabu eran estrellas del béisbol.

Ni ellos ni el público japonés estaban interesados ​​en hablar sobre sus padres estadounidenses -soldados que ocuparon el país después de la Segunda Guerra Mundial- o la discriminación que enfrentaron.

Osaka es diferente.

“Algunas personas mayores han planteado ideas sobre cómo debe hablar y comportarse una atleta japonesa en público”, explica Hiroaki Wada, reportera del periódico Mainichi de Japón.

Naomi no encaja en ese molde tradicional. Ella visibilizó esos problemas a través de sus palabras y acciones en Japón”, agrega.

“El tema de la raza y la identidad se discutieron más en los medios y en las redes sociales gracias a ella, incluidas sus declaraciones políticas. Es una figura que despierta pensamientos y reacciones”.

Sus denuncias contra el racismo

Osaka entró en el club reservado a los jugadores en el US Open del año pasado con un plan. Empacó siete mascarillas faciales diferentes. Una para cada ronda del torneo. Cada una con el nombre de un estadounidense negro que murió por presunta violencia policial o racista.

Las usó todas, mostrando los nombres de George Floyd, Breonna Taylor y Trayvon Martin a una audiencia global en su camino hacia el título.

Ese es un tema con el que Japón, una de las naciones con menor diversidad étnica del mundo, todavía lucha.

Naomi Osaka

Getty Images
Osaka utilizó mascarillas en el US Open denunciando el racismo en EE. UU.

Por ejemplo, la emisora pública japonesa NHK se disculpó el año pasado después de que una película animada que explicaba las protestas por la justicia racial caricaturizara a las personas negras y excluyera algunas de las razones clave del movimiento.

Y en 2019, la compañía japonesa de fideos instantáneos Nissin publicó, y luego retiró, un anuncio con una ilustración de Osaka con piel blanca.

Es un tema que está arraigado profundamente en otras generaciones. La madre y el padre de Osaka emigraron a Estados Unidos cuando ella tenía 3 años, sin la aprobación de sus abuelos maternos.

“Creo que lo que ha pasado en el último año ha sido un proceso de aprendizaje para los japoneses“, dice Robert Whiting, autor de Tokyo Junkie, un libro que detalla sus casi 60 años viviendo en la ciudad.

Naomi Osaka

Getty Images

“Ha habido una discusión en programas de televisión, explicando por qué Naomi se siente de esa manera y habla del modo en que lo hace”.

“En Japón, la tradición es evitar conflictos y discusiones. No es como en Estados Unidos, donde es algo común”, agrega Whiting.

“Generalmente, cuanto más famoso, más taciturno eres. No quieres ninguna controversia, no quieres que eso se refleje en tus compañeros de equipo, tu organización o patrocinadores”.

“El individualismo es algo muy valorado en Occidente, pero no en Japón. Aquí, la armonía es lo más importante”, explica.

Largos episodios de depresión

Si el año pasado el tema giraba en torno al origen de Osaka, este año lo ha hecho sobre su vida.

En mayo, después de decir inicialmente que no hablaría con los medios durante el Abierto de Francia, se retiró de ese torneo y luego de Wimbledon, citando problemas de salud mental y largos episodios de depresión durante los tres años anteriores.

Naomi Osaka

Getty Images

Los Juegos Olímpicos de Tokio marcan su regreso a la cancha después de dos meses.

Ella es la figura japonesa de más alto perfil que ha instalado el problema de la salud mental en la opinión pública. Pero no es la única.

La futbolista internacional Kumi Yokoyama, de 27 años, reveló el mes pasado que es transgénero y que tiene la intención de hacer la transición por completo a hombre, una vez que se retire del deporte.

Explicó cómo haber jugado en Estados Unidos y Alemania le había hecho tomar conciencia de la ignorancia y los prejuicios en Japón.

En 2020, Hana Kimura, una luchadora profesional, se quitó la vida después de aparecer en Terrace House, un popular reality show.

En la población japonesa en general, el número de personas que reportan problemas de salud mental se ha duplicado entre 1999 y 2014.

“Tradicionalmente en nuestra nación, recordando cuando era niño, hace 40 años, era vergonzoso que tú o un pariente tuyo tuvieran un problema de salud mental”, dijo el periodista Hiroaki Wada.

“En general, la percepción de debilidad, probablemente más entre los atletas, ha impedido que la gente hable”.

“Pero las cosas están cambiando. La gente se está volviendo más abierta a admitir que las personas tienen problemas de salud mental y que es algo con lo que tenemos que lidiar”, comentó.

Osaka y la nueva generación japonesa

Y Whiting no tiene ninguna duda de dónde viene ese cambio.

“Creo que Naomi Osaka y otros japoneses de raza mixta todavía son forasteros hasta cierto punto”, apunta.

Naomi Osaka

Getty Images

“Pero esta generación de japoneses es mucho más sofisticada que las generaciones anteriores, tienen una perspectiva mucho más global con el acceso a internet y a innumerables canales de televisión”.

“Hay un entendimiento más amplio que no existía cuando llegué en la década de 1960 o en las décadas de 1980 y 1990. El mundo es un lugar mucho más pequeño ahora y Japón se ha beneficiado de eso”.

Un nuevo mundo. Una nueva generación. Como sea que lo expliques, Osaka es una parte importante del cambio.


BBC Mundo en Tokio

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