Los condones para mujeres están de vuelta
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Los condones para mujeres están de vuelta

Para las mujeres, es una mejor protección para enfermedades de transmisión sexual.
Por William Kremer BBC
16 de diciembre, 2013
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Cuando el condón femenino apareció en el mercado hace unos 20 años fue un fracaso. Pero nunca desapareció completamente, y ahora algunas empresas han vuelto a la carga con nuevos productos. ¿Ha llegado el momento de los preservativos para mujeres?

Su nombre formal fue CF1, y no tardó en ser objeto de bromas y apodos como bolsa de plástico o globo de aire caliente.

”Creí tanto en el producto”, cuenta Mary Ann Leeper dos décadas después. “Estaba convencida de que las mujeres querrían cuidarse solas. Éramos muy inocentes, yo definitivamente lo fui”.

Leeper fue la presidenta de Chartex, la compañía que creó CF1. Antes de su lanzamiento, había una atmósfera de curiosidad y anticipación, pero quienes estuvieron involucrados en el proyecto subestimaron cómo el público vería y sentiría ese dispositivo largo, resbaloso y poco familiar.

Leeper recuerda la reacción de un artículo negativo de una influyente revista femenina.

“Esa fue la historia principal que se convirtió en un efecto dominó”, cuenta. “Para ser sincera, fue una sorpresa para mí. ¿Por qué ibas a burlarte de un producto que iba a ayudar a las mujeres a mantenerse sanas, que las iba a proteger de las infecciones de transmisión sexual, así como de embarazos no deseados?”

Para ser justos, el CF1 tenía alguna falla de diseño. Hecho de poliuretano, era un poco ruidoso durante el sexo, y era inevitable que esas historias cómicas de crujidos bajo las sábanas se contaran una y otra vez.

Llamada de salvación

En los primeros años, la empresa que sucedió a Chartex, Female Health Company, optó por desarrollar un programa de educación. Así fue como un día de 1995, Leeper recibió una llamada telefónica de una mujer llamada Daisy, responsable del programa de VIH y sida de Zimbabue.

“Ella dijo ‘tengo en mi escritorio una petición firmada por 30 mil mujeres exigiendo el condón femenino'”, recuerda Leeper.

Ese fue el inicio de una serie de sociedades que llevó el preservativo vaginal a mujeres de muchas parte del mundo en desarrollo.

El sucesor de CF1, el CF2 -hecho de un látex sintético que no ruge- es mucho más exitoso de lo que se imagina el mundo desarrollado. Está disponible en 138 países, y desde 2007 las ventas se han más que duplicado. La Female Helth Company ha tenido ganancias por ocho años.

La gran mayoría de las ventas son para cuatro clientes: la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), la ONU y los ministerios de salud en Brasil y Sudáfrica. Tanto donantes como autoridades de salud pública están entusiasmados con todo lo que le dé a las mujeres una ventaja en lo que llaman la “negociación del condón” con hombres.

Los preservativos femeninos tienen otras ventajas. Se puede introducir horas antes del sexo, lo que significa que no hay distracciones en el momento crucial y no necesita ser retirado inmediatamente después.

Para las mujeres, es una mejor protección para enfermedades de transmisión sexual, debido a que la vulva está parcialmente cubierta por un aro exterior que mantiene el dispositivo en su lugar.

“Más placer”

131216150558_condon_largoLa respuesta de los usuarios también ha sido muy buena.

Una encuesta realizada en 2011 determinó que el 86% de las mujeres estaban interesadas en volver a utilizar el método y que el 95% se lo recomendaría a una amiga.

“Muchos informaron que los condones de mujeres aumentan el placer sexual”, señala Saskia Husken, del Programa Conjunto para el Acceso Universal del Condón Femenino (UAFC, por sus siglas en inglés). Para los hombres, estos preservativos son menos ajustados que la alternativa masculina. Mientras que para las mujeres, el gran aro del condón -que permanece fuera de la vagina- también puede ser estimulante.

En África, la oferta gratuita de preservativos vaginales en las clínicas, ha creado una tendencia de moda. Las mujeres retiran el aro exterior y lo utilizan como brazaletes. “Si estás disponible (para un romance) tienes una pulsera nueva”, explica Marion Stevens, de la campaña para la salud de la mujer Wish Associates. “Si estás en una relación duradera, tu brazalete es viejo y desteñido”.

Meyiwa Ede, de la Sociedad para la Salud Familiar en Nigeria, dice que mientras que los hombres suelen excitarse con la idea de tener sexo sin protección, las mujeres se sorprenden con el primer atisbo del dispositivo.

“Ellas lo miran y dicen ‘está bien, ¿estás diciendo que me lo tengo que poner yo?'”, cuenta.

El equipo de demostradores de Ede utiliza un maniquí para explicar cómo se inserta el condón y lo comparan con el proceso de aprendizaje de un nuevo teléfono -desconcertante al principio, pero después es una cuestión de instinto.

En la mayoría de los países desarrollados todavía hay que superar un problema de imagen de 20 años.

“Creo que el problema está en que cuando abres el paquete ya está estirado, no es como los condones de hombres que vienen en estos paquetes pequeños listos para desenrollar”, dice Mags Beksinska, de la Universidad de Witwatersrand de Sudáfrica. “De hecho, tienen el mismo largo que los preservativos de hombres. Si los comparas, no son tan diferentes”.

Beksinska es la principal autora de un ensayo clínico publicado recientemente en la revista Lancet sobre tres modelos nuevos de condones femeninos:

El Condón de la Mujer, disponible en China y que pronto será distribuido en Sudáfrica, es el fruto de un proyecto de Path -una ONG que se especializa en innovación para la salud- de 17 años en el que se han probado más de 50 versiones. Es más pequeños que el FC2, muy parecido a un tampón, con la mayoría del preservativo concentrado en una cápsula redondeada de polivinilo que se disuelve dentro de la vagina. Una vez que se expande, puntos de espuma ayudan a mantenerlo en su sitio.

El Cupido, disponible en India, Sudáfrica y Brasil. Tiene un aroma a vainilla y viene en rosa o colores naturales. Actualmente es el único modelo, además del CF2 que tiene la calificación de la Organización Mundial de la Salud para el consumo público. Se está probando una versión más pequeña para el mercado asiático.

El VA Wow, como Cupido, tiene una esponja que ayuda a los usuarios a insertar el condón y evita que se escurra.

De Colombia

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El estudio de Lancet, que demostró que todos eran igual de seguros que el CF2, asegura que la variedad ayuda a aumentar las posibilidades de que haya más aceptación a nivel internacional.

Otros condones femeninos con un diseño radical ya están disponibles en algunos países, o están a punto de salir.

Condón Air, a la venta en Colombia, tiene una pequeña burbuja de aire para ayudar a la inserción.

El condón Panty, de la misma empresa colombiana Innova Quality, está empaquetada en una ropa interior especial, que mantiene el condón en su lugar. No obstante, este producto no tiene distribuidor.

Entretanto, un preservativo vaginal conocido como Origami está a un año de lanzar su producto al mercado estadounidense.

Su diseñador, Danny Resnic, quien empezó a trabajar en esta área tras contraer VIH en 1993 debido a un condón roto, prestó mucha atención a las burlas de CF1.

“Existe una razón para que parezca una bolsa de plástico, es una bolsa de plástico”, dice. “Se trata de colocar de una forma distinta una clavija en un agujero”.

Su preservativo de mujer tiene una forma ovalada, que según él se parece a la anatomía femenina. Está empaquetada en cápsulas parecidas a las de té (véase imagen superior) y una vez insertada se expande como un acordeón. La parte exterior del preservativo está diseñado para quedar plano contra los labios vaginales, en vez de quedar colgando como otros condones.

“Es un producto íntimo y una experiencia compartida por dos personas”, explica. “Así que la intención de nuestros condones vaginales es que sean atractivos tanto a hombres como a mujeres”.

Rehusable

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Debido a que el condón Origami está hecho de silicona, tiene el beneficio añadido de que se puede rehusar, se puede lavar en el lavaplatos.
Saskia Husken, de AUFC, dice que -para que el preservativo de la mujer alcance todo su potencial- es importante que las parejas tengan una variedad de productos de donde elegir.

“Existe una necesidad por la variedad”, dice Husken. “Algunas mujeres prefieren un producto y otras otro. Lo mismo ocurre con los hombres. No somos iguales”.

Un estudio de 2010 toma esto en cuenta. En él, investigadores pidieron a 170 mujeres sudafricanas que probaran cinco veces tres condones distintos. Tras nueve semanas, podían elegir si detener o continuar con las pruebas, utilizando el preservativo de su elección. El 87% eligió continuar, y para ese momento, casi todas tenían una preferencia definitiva (el 44% optó por el Condón de mujer, mientras que el 37% por el CF2, y un 19% se inclinó por el VA Wow).

El hecho es que han pasado 20 años y el condón femenino no tiene el éxito que la opción masculina, todavía representa sólo el 0,19% del consumo global de preservativos, y los costos son 10 veces más caros, algo que no afecta la seguridad de estos empresarios.

Mary Ann Leeper explica cómo se dio cuenta de que se trataría de un juego muy largo.

Años después del desastroso lanzamiento del CF1, un hombre de Tampax la fue a ver. Le dijo que no le había tomado años, sino décadas para que los doctores pusieran su fe en los tampones, y las mujeres dejaran de verlo como algo raro y asqueroso.

“Me mostró la curva de crecimiento”, recuerda Leeper. “Dije, ‘¡Dios, no me digas! ¿Tengo que esperar todo ese tiempo? ¡No sé si pueda durar tanto!'”.

Quizás las evangelistas del condón femenino serán las que rían de último.

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Burnout: qué es el síndrome de estar ‘quemado’ por el trabajo y cómo combatirlo

Fruto del estrés laboral crónico, el síndrome es uno de los principales problemas de salud mental y la antesala de muchas patologías psíquicas que puede empeorar con la pandemia.
16 de julio, 2021
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¿Se ha encontrado en alguna ocasión de su vida agotado física y mentalmente? ¿Ha tenido una actitud de indiferencia y desapego en el trabajo? ¿Se ha sentido desmotivado, frustrado y ha disminuido su productividad laboral?

Si la respuesta a estas preguntas es afirmativa entonces ha sufrido el síndrome de burnout o síndrome del “quemado”.

Catalogado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un riesgo laboral en 2019, se incluyó en la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas de Salud Conexos (CIE-11), cuya entrada en vigor se ha fijado para el 1 de enero de 2022.

Se trata de un trastorno cada vez más conocido y diagnosticado.

Combina factores de riesgo personales con factores de riesgo relacionados con la organización.

De hecho, es uno de los principales problemas de salud mental y la antesala de muchas patologías psíquicas.

Un chico tapándose la cara

Getty Images

Origen del síndrome

El término “burnout” fue descrito por primera vez en 1974 por el psicoanalista Herbert Freudenberger.

Observó en una clínica para toxicómanos en Nueva York cómo la mayoría de los voluntarios tenía una pérdida de energía progresiva hasta llegar al agotamiento.

También detectó síntomas de ansiedad, depresión y desmotivación en el trabajo, además de agresividad hacia los pacientes al cabo de un año de estar trabajando.

Su descripción fue la siguiente: “Una sensación de fracaso y una experiencia agotadora que resulta de una sobrecarga por exigencias de energía, recursos personales o fuerza espiritual del trabajador”.

Doctora en su oficina

Getty Images

Principales características

El síndrome es consecuencia de un estrés laboral crónico.

Suele aparecer en personas cuya profesión demanda entrega y dedicación a los demás, como es el caso de la enseñanza, la salud o los servicios sociales.

Afecta especialmente a los profesionales de la salud, dado que se encuentran expuestos al sufrimiento humano y a la muerte.

Además tienen un alto nivel de exposición laboral, con largas jornadas de trabajo y un nivel elevado de exigencia y sobrecarga de tareas.

Esta exposición a largo plazo genera una pérdida de energía, un sentimiento de falta de realización personal y una despersonalización que pueden ocasionar trastornos de salud y poca motivación para el trabajo, generando errores y deterioro de la calidad del servicio.

Hombre en la cama, mirando el celular durante la noche

Getty Images

Tres componentes significativos caracterizan al síndrome del quemado:

  1. Estado de agotamiento emocional: sentimiento de estar sobrepasados emocionalmente y exhausto en el trabajo.
  2. Actitud cínica o distante frente al trabajo: percepción deshumanizada de las personas con las que nos relacionamos en el trabajo.
  3. Sensación de ineficacia, de no hacer bien las tareas: insatisfacción en el trabajo con sentimientos de descontento y desmotivación.

Instrumentos de evaluación

Existen varios instrumentos para medir el desgaste profesional por parte de los médicos.

Uno de los más conocidos es la escala de Maslach o Maslach Burnout Inventory, que consta de 22 ítems en forma de afirmaciones sobre los sentimientos y actitudes del profesional.

Otra escala es el inventario de burnout de Conpenhague, compuesto por 19 preguntas divididas en tres escalas para medir el agotamiento personal.

Ambos instrumentos son de utilidad para poder determinar si un trabajador sufre el síndrome del quemado.

Pero los tiene que utilizar un profesional, para realizar una correcta interpretación.

Edificio de oficinas con muchas personas trabajando de noche

Getty Images
Algunas sociedades glorifican el exceso de trabajo hasta el punto de agotamiento.

Otros factores que influyen

Existen varios factores que influyen en este síndrome.

Estos son los más destacables:

  1. Los turnos laborales y el horario de trabajo. Tienen influencias biológicas y emocionales claras: alteraciones del ritmo cardiaco, ciclo sueño-vigilia, etc.
  2. La seguridad y estabilidad del trabajo, especialmente en época de crisis. Perder el trabajo o estar bajo la presión de perderlo durante un tiempo prolongado.
  3. Falta de formación profesional para desempeñar las tareas y falta de asertividad. No estar preparado y, por lo tanto, no poder hacer correctamente el trabajo. No saber decir no y asumir más carga de trabajo de la que podemos llevar a cabo.
  4. La estructura y clima organizacional: organizaciones complejas, con muchos requerimientos, exceso de burocracia y responsabilidades que pueden afectar al grado de control del individuo, incluyendo un alto nivel de estrés, carga de trabajo excesiva o poca autonomía profesional.
  5. Las relaciones interpersonales con otros compañeros de trabajo basadas en la falta de confianza, poca o escasa cooperación o destructivas, con altos niveles de tensión.

Además de lo anteriormente expuesto, a nivel personal hay una serie de factores de riesgo, como son: el deseo de destacar y ser brillante, la autoexigencia, una baja tolerancia al fracaso, el perfeccionismo, la ambición, creerse indispensable, tener pocos intereses fuera del trabajo o ser excesivamente idealistas.

Bañistas sentados frente a la playa

Getty Images

¿Cómo lo podemos prevenir?

Existen algunas medidas eficaces:

  • Dar información sobre el síndrome de burnout, sus síntomas y consecuencias, de manera que lo podamos detectar de forma rápida.
  • Permanecer atentos a las condiciones del ambiente laboral.
  • Impartir formación sobre habilidades sociales y estrategias para enfrentarse a los cambios.
  • Fomentar actividades extralaborales.

Es muy importante no estar centrados en temas de trabajo siempre, dentro y fuera, sino romper y mantener una vida activa desconectados del trabajo.

Mejor tratamiento

El tratamiento se centra principalmente en la atención a la disminución del estrés o el desarrollo de nuevos hábitos positivos que reduzcan la aparición del mismo.

Trabajar la resiliencia es muy importante, para que la persona pueda aprender, mejorar y recuperarse.

La mejora de la autoestima, el ajuste de las expectativas a la realidad o el fomento de hábitos saludables, además de contar con herramientas para combatir el estrés, nos darán la llave del éxito frente a una enfermedad que ha crecido durante la pandemia.

*Fernando Díez Ruiz es profesor doctor en la Facultad de Psicología y Educación de la Universidad de Deusto y Pedro César Martínez Morán es director del Máster en Recursos Humanos de ICADE Business School de la Universidad Pontificia Comillas.

Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

Lee el artículo original aquí.


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