Los países donde ser gay es un delito
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Los países donde ser gay es un delito

La creciente lista de naciones que penalizan a sus ciudadanos gay cobró este miércoles un nuevo miembro, con la decisión anunciada en India de restablecer la ilegalidad de las relaciones entre homosexuales.
12 de diciembre, 2013
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FOTO: CUARTOSCURO

FOTO: CUARTOSCURO

Latigazos, prisión, cadena perpetua e incluso pena de muerte.

Estas son algunas de las penas previstas en más de 70 países por mantener una relación homosexual.

La creciente lista de naciones que penalizan a sus ciudadanos gay cobró este miércoles un nuevo miembro, con la decisión anunciada en India de restablecer la ilegalidad de las relaciones entre homosexuales, cuatro años después de que fueran despenalizadas.

”Este dictamen es un golpe a los derechos de igualdad, privacidad y dignidad”, señaló en un comunicado Amnistía Internacional.

La posición de India dista de ser una excepción. En todo el sur de Asia, Nepal es ahora la única nación donde las relaciones entre gays son legales.

Y a nivel global, al menos 78 países tienen leyes que criminalizan las relaciones consensuales del mismo sexo entre adultos, según el informe más reciente de ILGA, la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales y Personas Intersex (LGBTI).

Los castigos van desde latigazos en Irán, prisión en Argelia y cadena perpetua en Bangladesh hasta la pena capital en Irán, Mauritania, Arabia Saudita, Sudán y Yemen.

Pero aún en países que no penalizan las relaciones homosexuales los asesinatos y ataques contra gays son frecuentes, tal como ilustran las crecientes denuncias en Honduras.

India: hasta 10 años de prisión

La mayor democracia del mundo dio un “gigantesco paso atrás” en sus libertades, según denunciaron ONGs y personalidades locales.

“Esto es un paso atrás hacia el barbarismo y la Edad Media”, aseguró en su cuenta en Twitter un conocido historiador, Ramachandra Guha.

En su decisión de este miércoles, el Tribunal Supremo indio anuló una sentencia de un tribunal en Delhi que había legalizado la homosexualidad en 2009, tras una campaña de más de una década por organizaciones civiles locales como la Fundación Naz.

La decisión de hace cuatro años declaró entonces que el artículo 377 del Código Penal violaba la Constitución. El polémico artículo es una ley británica de 148 años de antigüedad, que data de la época victoriana y considera ilegal “las relaciones carnales contra el orden de la naturaleza” y las castiga con hasta 10 años de prisión.

Tras la legalización de 2009, varios grupos religiosos como la Alianza de Iglesias Apostólicas, el Consejo Cristiano de Utkal, el Consejo de la Ley de Musulmanes de la India y líderes del partido hinduista Bharatiya Janata apelaron la decisión ante el Tribunal Supremo.

Mientras esos grupos celebraban la criminalización de las relaciones gay, la comunidad homosexual en la capital india planeaba una manifestación, pero la policía les negó el permiso, según denunciaron a la prensa local.

La decisión del Tribunal Supremo es un duro golpe para activistas como Sunil Mehra, que en un testimonio a la BBC se refirió en el pasado a la lucha diaria de ser homosexual en India: “Ha sido una lucha constante mantener la cabeza en alto, caminar con orgullo. He debido repetirme hasta el cansancio, ‘Soy un buen hombre, amo a mi familia, creo en Dios, tengo un trabajo, pago mis impuestos, Y a nadie debe importarle con quien me acuesto”.

Abusos, ataques y extorsión en África

“Los ataques y la persecución a homosexuales en el África Subsahariana son cada vez más visibles, la homofobia está alcanzando niveles peligrosos”, denunció Amnistía Internacional en su informe de junio 2013 sobre la criminalización de las relaciones del mismo sexo en la región titulado “Transformando al amor en un crimen”.

“En muchos casos los ataques han sido alentados por políticos y líderes religiosos”, agrega el documento.

Las relaciones homosexuales entre adultos son un crimen en 38 países de África, y tanto Uganda, como Liberia y Nigeria estudian proyectos de ley para endurecer las penas.

En Uganda ha habido repetidos intentos de presentar al parlamento un proyecto para imponer la pena de muerte para castigar a homosexuales, y castigar a cualquier persona que no denuncie a las autoridades violaciones a la norma en un plazo de 24 horas.

“En Camerún, las personas son arrestadas con frecuencia luego de ser denunciadas a las autoridades por ser gay o lesbianas en base a su apariencia o rumores.

Algunos individuos fueron encarcelados hasta por tres años sin proceso judicial o cargos en base a esas denuncias”, dice el informe. Exdetenidos dijeron a Amnistía que fueron golpeados con frecuencia y sometidos a “procedimientos invasivos como exámenes anales forzosos”.

Incluso en aquellos países en los que las leyes de criminalización no suelen ser aplicadas hay frecuentes abusos, como extorsión a homosexuales para evitar castigos.

Solomon Wambua, un activista en Kenia dijo a Amnistía: “Si una persona vuelve a su casa de un bar, por ejemplo, un policía o empleado municipal puede acercársele y decir, “sospechamos que usted es gay”. Si la persona no les paga lo detienen y lo acusan de cualquier crimen”.

También en América

En el continente americano la lista de países que penalizan en alguna forma las relaciones homosexuales incluyen a Barbados, Belice, Granada, Guyana, Jamaica y Trinidad Tobago.

Pero incluso en países que permiten el matrimonio homosexual como Uruguay hay denuncias de ataques y abusos.

Un caso que preocupa especialmente a las organizaciones internacionales de derechos humanos es Honduras.
Activistas locales denunciaron este año que más de 186 homosexuales fueron asesinados en el país centroamericano entre 2009 y 2012 y que la mayoría de los crímenes no han sido castigados.

“Están asesinando a nuestros compañeros simplemente por odio, pues la comunidad de diversidad sexual esta bajo el odio de la sociedad hondureña machista”, Danni Montesinos, coordinador de la Asociación Kukulcán, insitución de la comunidad LGTB.

A nivel global, la creciente intolerancia contra homosexuales es denunciada por organizaciones a nivel global. “Amnistía Internacional ha documentado y realizado campañas contra proyectos de ley endureciendo penas contra las relaciones gay en Uganda, contra el encarcelamiento de hombres por estas leyes en Camerún, y contra la introducción de leyes prohibiendo la ‘propaganda de relaciones sexuales no tradicionales’ en Rusia”, dijo a BBC Mundo Olof Blonqvist, portavoz de Amnistía para el sur de Asia.

Para quienes lamentan la decisión de este miércoles en India, la esperanza resta ahora en el Parlamento de ese país, que podría intervenir despenalizando en una nueva ley las relaciones homosexuales.

Sin embargo, como muestra tristemente el caso de muchos países, la distancia entre lo que diga una ley y las acciones de sus ciudadanos puede medirse en vidas perdidas.

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Desaparecidos en México: 'Encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé'

La crisis de desaparecidos en México suma ya más de 83.500 personas. Muchas madres se han organizado para buscar a sus familiares, incluso en fosas clandestinas. Cecilia Delgado encontró a su hijo en una de ellas.
4 de marzo, 2021
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La noche del 2 de diciembre de 2018 fue la última vez que vieron con vida a Jesús Ramón Martínez Delgado.

Estaba en su negocio en Hermosillo, Sonora, cuando dos policías que llegaron en una patrulla lo subieron en una camioneta que los seguía.

Su madre, Cecilia Delgado, comenzó entonces una búsqueda sin descanso. Primero por hospitales, cárceles, municipios cercanos. Después, en fosas clandestinas, donde lo encontró tras dos años de buscarlo sin descanso.

Su historia es un relato del horror que viven miles y miles de familias en México, donde suman ya más de 83.550 desaparecidos.

BBC Mundo contactó a la fiscalía del estado de Sonora. La vocera dijo que no puede dar mucha información porque es un caso en investigación. Pero la fiscal del estado, Claudia Indira Contreras, ha prometido justicia a Delgado y castigar “a quien sea que resulte culpable”.

Esta es la historia de Cecilia Delgado contada en primera persona


Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cortesía Cecilia Delgado
Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cuando mi hijo desapareció le prometí que lo iba a encontrar.

“Hijo, te prometo que te voy a regresar a casa. Te lo prometo, hijo de mi alma. Así me tarde toda una vida, así te tenga que buscar en el infierno“, le dije.

Después de dos años cumplí mi promesa. No como yo quería, pero lo encontré.

Todavía cierro mis ojos y lo veo en esas condiciones en las que estaba. No se lo merecía.

La noche de su desaparición, Jesús Ramón estaba con un amigo en su negocio, un expendio de cervezas, cuando llegaron una patrulla estatal y otra camioneta, una Chevrolet Silverado blanca con doble cabina.

Además del video de la cámara CCTV hay testigos de que dos policías lo subieron a la camioneta blanca y se lo llevaron. Nadie volvió a verlo vivo.

En la policía estatal me dijeron que me iban ayudar, que me iban a regresar a mi hijo. Me pidieron que me fuera y aseguraron que me iban a llamar. Jamás lo hicieron.

Tuve que encontrar a mi hijo yo sola porque ellos no hicieron su trabajo.

Cecilia Delgado

Lorenza Sigala
A la fecha Cecilia Delgado ha ayudado a exhumar 194 cadáveres.

Mi hijo tenía 34 años cuando se lo llevaron. Era muy alegre, le encantaba la música, bailar, cantar. Me llamaba “mi reina”, siempre me decía que me amaba y me lo demostraba.

Dejó tres hijos. La más pequeña tiene apenas 5 años. Es la que más sufre por la ausencia de su padre. “Abuela, ¿por qué te tardaste tanto en encontrar a mi papá?”, me pregunta llorando sin consuelo. Es algo que me duele en el alma.

Muerta en vida

Que un hijo desaparezca es lo más terrible que le puede pasar a una madre.

Me robaron todo. Me dejaron muerta en vida.

Poster de Buscadoras por la paz

Cortesía Cecilia Delgado
La desaparición de Jesús Ramón llevó a que Cecilia fundara “Buscadoras por la paz”.

Esos dos años fueron el infierno. Siempre pensando: “¿Dónde estará, estará comiendo, lo matarían, qué le harían?”. Es un dolor inimaginable que me carcome por dentro. Nunca jamás en la vida pensé que existiera tanto dolor.

En las noches, en la soledad y la oscuridad, la incertidumbre pega todavía más.

Todavía voy caminando y siento que es solo el cuero, porque yo ya estoy muerta por dentro. Yo estoy muerta.

Perdí las ilusiones de todo, las ganas de vivir. Solo me movía el saber que si yo no buscaba a mi hijo, nadie lo iba a hacer. Que si yo moría, nadie lo iba a encontrar.

Empecé a buscarlo por hospitales, cárceles, en muchos de los municipios de Sonora.

Luego empecé a excavar fosas clandestinas. Aunque en mi corazón siempre desee que estuviera vivo. Y se lo pedía a dios.

Me uní a un par de colectivos que excavan fosas clandestinas. Y luego, fundé el mío, Buscadoras por la Paz Sonora.

“Buscamos tesoros”

La mayoría de veces nos enteramos de la ubicación de esas fosas, donde han enterrado cuerpos, por llamadas anónimas.

Vamos allí armadas. Nuestras armas son el pico, la pala y una varilla. Vamos a donde sea, al campo, al monte, incluso a casas. Aquí el clima es extremo, el calor a veces supera los 50 grados centígrados, vemos cómo el vapor sale de la tierra. Otras veces, un frío que congela.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Lorenza Sigala
Las mujeres del colectivo buscan incansablemente a sus hijos.

Pero nada nos detiene. Es más grande el amor que tenemos por nuestros hijos, que la dureza del clima, el hambre o el miedo.

Vamos a buscar a nuestros tesoros.

Para nosotros son tesoros porque los encontramos en fosas clandestinas que tenemos que excavar. Y son, por desgracia, cadáveres.

Aún así, con todo el horror que esto significa, el encontrarlos y darles una sepultura digna nos da una relativa paz.

Sacamos a esos tesoros de la oscuridad, de esos hoyos donde después de matarlos los entierran de una manera tan vil, tan cruel que no me explico como pueda existir gente así, sin corazón, que pueda hacer tanto daño.

¿Qué pudieron haber hecho para que les hagan todo lo que he visto? Son cosas tremendas. Se ensañan de una forma bestial, igual con hombres que con mujeres.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Cortesía
El colectivo “Buscadoras por la paz” es uno de varios similares que operan en México.

Recuerdo cómo encontramos a un muchacho, creo que era un jovencito porque sus pies eran muy chiquitos. Estaba encadenado. Encadenadas sus piernas y con candado. Sus manos, amarradas con un alambre. Enterrado a más de metro y medio de profundidad.

A otros los encontramos calcinados a tal punto que será imposible identificarlos. Me duele en el alma. Pienso en sus madres, que nunca podrán encontrarlos.

“La realidad de México”

Muchos nos critican porque hacemos transmisiones en vivo en redes sociales de nuestras búsquedas. Las imágenes que se ven son muy fuertes y nos dicen que somos amarillistas.

Pero es la realidad que estamos viviendo. No es de dios que nosotros tengamos que sacar a nuestros hijos de esos lugares tan feos. De esos hoyos que incluso a veces ponen a cavar a la persona que van a matar.

Si hacemos los videos es porque queremos que la gente vea nuestra labor, lo que estamos pasando. A nadie le gusta. A mí no me gusta andar excavando fosas clandestinas. Pero es la realidad de México.

Las desapariciones forzadas están a la orden del día. Los que se indignan por ver un video, mejor que se indignen con las personas que matan a otras y con las autoridades que no hacen su trabajo.

A nosotros no nos correspondería, con todo y el dolor que cargamos, estar sacando a nuestros hijos de ahí.

Sabemos que a la mayoría de los desaparecidos los vamos a encontrar muertos, es muy raro el que regresa vivo. Y a estas alturas encontrar sus cadáveres es un privilegio.

Además, las víctimas y sus familias son revictimizadas. Es muy común que digan que si los mataron es que “andarían en algo malo”, que estaban de una manera u otra ligados al narcotráfico.

Eso es una vil mentira. Yo conozco a muchos, muchos que se han llevado que eran totalmente inocentes. Hay de todo: hombres, mujeres, jóvenes e incluso niños.

Y de los que hicieron algo malo, pues que lo procesen judicialmente, no que pongan a la familia en este infierno.

Quienes se los llevan muchas veces pertenecen al crimen organizado, pero a veces también algunas autoridades están coludidas con ellos, como fue el caso de mi hijo.

En México han matado a madres y padres por buscar a sus hijos. Por eso, muchos nos preguntan si no tenemos miedo. La verdad es que no. Y no lo digo solo por mí, sino porque lo veo en mis compañeras.

No tenemos miedo. El miedo más grande fue perder a nuestros hijos y ya lo vivimos.

Si hubiera sido posible, yo hubiera dado mi vida. La hubiera dado una y mil veces a cambio de la de mi hijo.

“Yo desenterré a mi hijo”

Después de dos años de búsqueda sin descanso, encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé.

Yo misma desenterré a mi hijo. Fue algo terrible.

Fue el 25 de noviembre de 2020, exactamente dos años después que lo viera por última vez.

Buscábamos cuerpos en un lugar donde había una docena de fosas.

Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar.

Supe que era él por los brackets en sus dientes, por su muela del juicio y porque en su cráneo todavía tenía su cabello. Su pelo castaño, con sus rulitos que no le gustaban y que siempre se peinaba con mucho gel para que no se le vieran. (Llora sin consuelo).

Después vi su ropa. Y comprobé que sí, que era mi niño.

Grité y grité. “No, no, no. No puede ser”, repetía llorando.

Pero sabía que era cierto.

Las pruebas de ADN que llegaron días después solo volvieron a confirmarlo.

Me derrumbé. El mundo se me vino abajo. A pesar de todo, esperaba un milagro.

"Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar". ", Source: Cecilia Delgado, Source description: , Image:

Yo quería tener las cenizas de mi hijo en mi casa, pero mis otros dos hijos me insistieron que no. Que tenía que dejarlo en el panteón, para que yo pudiera seguir viviendo de alguna forma.

El 8 de diciembre lo enterramos.

Durante seis horas le cantamos sus canciones, le tocamos música y bailamos. Así como él en alguna ocasión me había dicho, medio en broma, medio en serio, que quería que hiciéramos cuando muriera.

Yo le dije que se callara, que estaba loco. Que primero iba a morir yo.

Ni en mis peores pesadillas hubiera podido imaginar que me lo iban a arrebatar así.

Por eso quiero decirles a todos en México que no esperen a pasar por lo mismo que yo, que nosotras, las miles de madres que estamos así, no queremos que le pase a nadie más.

La búsqueda sigue

A la semana de encontrar a mi hijo, volví a agarrar mi pala e irme al monte con mis compañeras.

Desde que desapareció Jesús Ramón he encontrado con los distintos colectivos un total de 194 tesoros. Pero la situación es tan terrible que esta búsqueda no puede parar.

Moisés Reynoso

Cortesía Cecilia Delgado
Ahora Cecilia también busca a su sobrino, Moisés Alfonso Reynoso.

Hace siete meses también desapareció mi sobrino Moisés Alfonso Reynoso Delgado, de 28 años, hijo de mi hermana. Igual que a mi hijo yo le prometí que lo iba a encontrar.

También les he prometido a otras madres que no me detendré hasta que encontremos a sus hijos. Y las promesas se cumplen.

Por desgracia hay todavía miles y miles de tesoros por desenterrar.


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