Cómo el pasamontañas zapatista se convirtió en ícono turístico
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Cómo el pasamontañas zapatista se convirtió en ícono turístico

Bienvenidos a la mercadería para consumo del turismo zapatista.
Por Juan Carlos Pérez Salazar BBC Mundo, Ciudad de México
2 de enero, 2014
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ezln mujeres

AP.

Muñecos del Subcomandante Marcos y la Comandante Ramona. Camisetas. “Toures” por territorio zapatista. Bares con el nombre de Revolución o Revuelta. Un menú donde se ven rostros con pasamontañas.

Bienvenidos a la mercadería para consumo del turismo zapatista.

Un fenómeno con fecha de nacimiento precisa: los primeros días de enero de 1994, hace exactamente 20 años, cuando se produjo el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

La naciente tecnología digital, el carisma y misterio del subcomandante Marcos y la certeza -para muchos jóvenes mexicanos y extranjeros- de que era una causa justa, hizo que lo que ocurría en un rincón apartado y pobre de México tuviera resonancia global.

Y uno de los efectos inesperados de este eco mundial es que miles y miles de personas -sobre todo jóvenes- empezaran a viajar a Chiapas para conocer más de cerca el fenómeno zapatista.

Si hasta tiene entrada en Wikipedia, bajo el nombre de “Zapaturismo”.

Por las calles de San Cristóbal

Todo esto es posible notarlo a simple vista en un recorrido por las estrechas calles céntricas de San Cristóbal de las Casas, tercera ciudad en importancia de Chiapas y donde se concentró el levantamiento armado de hace dos décadas.

En los ‘tianguis’ (mercados callejeros) venden muñecos del Subcomandante Marcos por 50 pesos, poco menos de US$4. Por igual precio se consigue la figura de la difunta Comandante Ramona, que, según me contó un seguidor de los zapatistas, fue quien que organizó la toma de San Cristobal.

Los llaveros de ambos comandantes se venden a 15 pesos.

La misma persona que me explicó lo de Ramona (y quien prefiere guardar su nombre), me aseguró que los zapatistas no se benefician de esto y no han autorizado a nadie para hacerlo en su nombre. Agrega, sin embargo, que ni siquiera intentan detenerlo, pues sería prácticamente imposible.

De hecho, en el Caracol de Oventic (una de las comunidades zapatistas) hay una pequeña cooperativa en la que se consiguen las mismas baratijas, además de tazas, “caballitos” para tomar tequila, cuadernos y Dvds.

En San Cristóbal también hay negocios más prósperos, como bares, restaurantes y hasta tiendas de ropa con parafernalia revolucionaria, sobre todo del Che Guevara y zapatista.

En 2010, el entonces secretario de Turismo de Chiapas, Juan Carlos Cal y Mayor Franco, dijo en broma que al subcomandante Marcos habría que darle “regalías” por la promoción que le había hecho al estado. No sólo se trataba del turismo, sino que a raíz del levantamiento el gobierno federal había volcado ingentes recursos económicos en la zona.

Razones políticas

Pero detrás de todo el “zapaturismo” hay, evidentemente, un interés político. Además de los jóvenes ansiosos por una causa justa, Chiapas fue visitada durante los 90 por variopintos personajes de izquierda como Oliver Stone, Eduardo Galeano, José Saramago o Danielle Mitterrand.

Porque al auge global del zapatismo también contribuyó -y no poco- que se trataba de un nuevo mensaje para una izquierda que salía exhausta y alicaída de los años 80, con la caída del Muro de Berlín y el derrumbe de la Unión Soviética.

Y -paradójicamente- parte de ese mensaje era la antiglobalización. Es más: para Luis Daniel Vázquez, profesor e investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Flacso, parte del movimiento contra la globalización nació de jóvenes que se conocieron en encuentros organizados por el zapatismo en Chiapas.

“Uno de los encuentros más fuertes es el de 1997, donde se conocen varias de las personas que ya estaban empezando a conformar el movimiento antiglobalización, como de Italia o Estados Unidos, que fueron los que hicieron después la manifestación de 1999 en Seattle”.

“Cuando uno habla con la gente que estuvo detrás de esa manifestación, ellos reconocen que el origen estuvo dos años antes, en el encuentro en Chiapas”.

También es evidente que detrás de la popularidad internacional del zapatismo está Marcos y su gran habilidad mediática.

En el capítulo que dedica al líder zapatista en su libro “Redentores: Ideas y Poder en América Latina”, el historiador Enrique Krauze indica:

“El pasamontañas, desde luego, fue un invento extraordinario, símbolo con todas las ventajas de una maravillosa marca: distinto, sencillo, barato, útil, reproducible en sí mismo o en pósters o camisetas”.

Sin embargo, Marcos ha dicho que esto fue improvisado: el símbolo real iba a ser el paliacate (especie de pañoleta para anudarse al cuello) rojo, pero la misma fuerza de los acontecimientos llevó a que lo fuera el pasamontañas.

¿Y qué dicen los “turistas”?

Encuentro a Kevin Maloney y a Mery Kelly, dos estadounidenses, en uno de los sitios típicamente zapatistas de San Cristóbal de las Casas, un restaurante en pleno centro.

Kevin dice que vino porque la zona es muy hermosa, pero añade que el tema del zapatismo le interesa a todo el “colectivo democrático” estadounidense (incluido el Partido Demócrata, aclara).

Es algo que confirma Mery: en el área de San Francisco donde ella vive, el zapatismo es muy popular. Casi a la par con el Che Guevara.

En su visita, Mery ha podido darse cuenta de dos cosas. Primera: que el racismo está vivo en Chiapas. Los indígenas siguen siendo los más pobres y evidentemente ocupan un escalón social más bajo (hace poco, por ejemplo, hubo un pequeño escándalo en la ciudad porque a una turista guatemalteca no la dejaron entrar a un negocio al confundirla con una indígena).

Segunda: los zapatistas se han convertido en una especie de “marca”. “La gente está consumiendo la idea de democracia y autonomía, pero haciéndolo de una manera que es muy capitalista, como comprando camisetas”.

“Estoy nerviosa con la idea de conocer a los zapatistas, porque no sé si mi actitud va a ser auténtica. Quisiera visitarlos, pero, ¿va a ser mi visita diferente a, por ejemplo, ir adonde otra tribu indígena y tomar unas cuantas fotos? Creo que no”, remata Mery.

Quizás en parte para remediar esa sensación, el EZLN está organizando “Escuelitas Zapatistas” a las que invita a quienes quieran conocer cómo viven en sus “comunidades autónomas”.

El interés se mantiene

Algunas de las personas que tienen que lidiar día a día con este tipo de “turistas” creen que en muchos de ellos sí hay un interés que puede calificarse de auténtico.

Personas como María Elena, responsable de la librería de la sede de la Universidad Autónoma de México en San Cristóbal, quien dice que el flujo de visitantes que busca información sobre el zapatismo ha sido más o menos constante durante los 20 años que han transcurrido desde el levantamiento.

Son sobre todo jóvenes extranjeros. Algunos incluso se han establecido en Chiapas. “Hay gente que se ha quedado para siempre. Se insertan en una actividad que les gusta. Vienen de España, de Europa. Creo que encuentran un sentido, un significado en sus vidas”.

“Beto”, quien tiene un hostal para ciclistas, también cree que la afluencia de visitantes no ha disminuido.

“Pues viene mucha gente interesada en el tema… no sé si llamarlo ‘turismo’, viene a participar más bien y a conocer de otras cosas. No es que vayan a visitar las comunidades y a tomarles fotos, tienen un interés más real”.

“Algunos son investigadores de otros lados, otros chavos que estudian maestrías o doctorados en ciencias sociales en todo el mundo. La gente que yo he conocido aquí sí viene informada, no como un turista”.

En las calles, a algunos de ellos es posible distinguirlos a simple vista: trencillas estilo rastafari, pañoletas y pantalones de colorines. Es una combinación fascinante: personas que llegan del extranjero a interesarse en los problemas de comunidades autóctonas del sur de México. Viajeros del mundo con un fuerte sentido antiglobalización.

Por lo pronto, a mi regreso a Ciudad de México, en mi morral, además de algunos libros sobre el zapatismo, montones de entrevistas y una visión un poco más redonda de una realidad compleja, llevo también varios muñecos y llaveros de Marcos y la comandante Ramona para regalar.

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¿Por qué no se liberan las patentes de la vacuna COVID para que lleguen a todo el mundo?

Varios países están pidiendo que se suspendan los derechos de propiedad intelectual de las farmacéuticas para poder acelerar la producción de vacunas. Hasta ahora no han tenido éxito.
19 de marzo, 2021
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La historia parece repetirse: un abierto enfrentamiento entre quienes apoyan los derechos de propiedad intelectual en los medicamentos y los que piden acceso a fármacos más baratos para salvar vidas.

Ya ocurrió en 1998 cuando África se vio azotada por la epidemia de VIH y varios gobiernos del continente estaban pidiendo retirar las patentes de las farmacéuticas para poder obtener las medicinas que podían prevenir el Sida y evitar muertes.

Los países ricos, donde están basadas las farmacéuticas que producían esos fármacos, se negaron.

Y los costosos medicamentos antirretrovirales -que desde 1996 estaban disponibles en los países desarrollados- tardaron 10 años en llegar a los países de bajos ingresos a un precio accesible para todos.

Ahora con la pandemia de covid-19 está volviendo a ocurrir.

Varios países de bajos y medianos ingresos están pidiendo a la Organización Mundial de Comercio (OMC) -el organismo que rige los acuerdos de los derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio-, que se establezca una exención de estos derechos para poder producir masivamente y de forma accesible las vacunas de covid-19.

Los países ricos, incluidos Reino Unido, Estados Unidos, Suiza y naciones europeas, se oponen a la propuesta, presentada por Sudáfrica e India y apoyada por decenas de países en desarrollo.

Argumentan que esas patentes son necesarias para incentivar la investigación y el desarrollo de medicamentos.

Sólo 10 países

Hasta ahora sólo unos cuantos países de altos ingresos parecen tener acceso a las inoculaciones.

La OMS dijo a principios de febrero que se han administrado unos 200 millones de vacunas contra covid-19. Pero el 75% de estas vacunas, señala la organización, se dieron en 10 países ricos.

Gavin Yamey, profesor de Salud Global y Política Pública de la Universidad de Duke, Estados Unidos, afirma que en unos 130 países, donde viven más de 2.500 millones de personas, no se ha recibido ni una sola vacuna.

“Ha sido sumamente deprimente ver cómo las naciones ricas han vaciado las estanterías. Se han arrebatado las vacunas básicamente diciendo ‘yo primero’ y ‘sólo yo’ y esto no solo es muy injusto, también es una actitud terrible de salud pública”, le dijo el experto a la BBC.

vacuna

Getty Images
En unos 130 países, donde viven más de 2.500 millones de personas, no se ha recibido ni una sola vacuna.

En efecto los expertos aseguran que para detener esta pandemia global se requiere de una respuesta global porque no se puede acabar con la crisis si sólo unos cuantos países tienen a su población vacunada de forma masiva.

Es por eso que se han presentado propuestas para que las farmacéuticas suspendan temporalmente las patentes de sus vacunas y compartan su conocimiento tecnológico para poder acabar con lo que los expertos llaman “apartheid de vacunas”.

¿Qué son las patentes?

Las patentes protegen la propiedad intelectual de un producto para que no pueda copiarse.

En la industria farmacéutica, cuando se descubre y desarrolla un medicamento, la empresa patenta su descubrimiento para que nadie más pueda fabricarlo.

Esto le permite controlar el precio y la producción, lo que a su vez puede generar precios elevados y medicamentos que son inaccesibles para los más pobres.

Una de las propuestas para acelerar la producción de vacunas, diseñada por la OMS, es el llamado C-TAP (Acceso Mancomunado a la Tecnología contra la covid-19).

Este es un mecanismo global para compartir de forma voluntaria conocimientos, datos y propiedad intelectual de tecnologías sanitarias para la lucha contra covid.

El C-Tap fue creado por la OMS en junio de 2020 y unos 40 países lo suscriben, pero como explica a BBC Mundo Raquel González, responsable de relaciones externas de la organización Médicos Sin Fronteras (MSF), el programa hasta ahora ha tenido muy pocas respuestas.

“Al día de hoy no se ha compartido ninguna tecnología. No se ha compartido nada. Es decir la cartera de productos en el C-Tap está a cero”, señala González.

“Fue una iniciativa que de manera indirecta permitiría un aumento de la fabricación, particularmente en los países en desarrollo, pero ha tenido nula respuesta por parte de la industria farmacéutica, que en este caso es la titular de las patentes”, agrega González.

La otra forma de hacer que las farmacéuticas compartan sus tecnologías es la que presentaron Sudáfrica e India a la Organización Mundial de Comercio para suspender los derechos de propiedad intelectual de las vacunas mientras dure la pandemia.

El objetivo, explica Raquel González, es facilitar la transferencia de tecnología y el conocimiento científico para que los países en desarrollo puedan aumentar la producción de vacunas y hacerlas accesibles a sus poblaciones.

“Lo que plantean India y Sudáfrica es que hay laboratorios farmacéuticos y hay fábricas de producción que se podrían poner en marcha si se compartiera el conocimiento . Si no se comparte el conocimiento ahora mismo las únicas compañías que pueden fabricar la vacuna son las que tienen la patente”, señala.

Un trabajador médico en Italia manipula dosis de AstraZeneca.

Reuters
Las patentes le permiten a las farmacéuticas controlar el precio y la producción de sus vacunas.

Pero los países de altos ingresos se oponen a la propuesta argumentando que la suspensión de patentes obstruirá la innovación científica al desalentar a los inversores privados a involucrarse en la industria.

Señalan que las regulaciones que existen actualmente, que permiten a los fabricantes de fármacos establecer acuerdos bilaterales con los productores de fármacos genéricos, son “suficientemente flexibles cuando se trata de enfrentar una emergencia de salud pública”.

“Creo que la PI (propiedad intelectual) es una parte fundamental de nuestra industria”, declaró en mayo Pascal Soriot, presidente ejecutivo de la empresa AstraZeneca, durante una conferencia de prensa para discutir la creación del C-Tap.

“Y si no proteges la PI, entonces esencialmente no hay ningún incentivo para nadie para innovar”, agregó.

Los críticos señalan, sin embargo, que las farmacéuticas han recibido miles de millones de fondos públicos, principalmente de Estados Unidos y Europa, para el desarrollo de las vacunas de covid, por lo cual deben compartir su tecnología.

Un informe publicado en febrero en la revista médica The Lancet muestra que los productores de vacunas recibieron unos US$10.000 millones de fondos públicos y de organizaciones sin ánimo de lucro para financiar sus vacunas.

Y la cifra, dice el informe, quizás es un subestimado ya que muchos datos sobre estos proyectos no son públicos.

Pero indica que las cinco mayores farmacéuticas recibieron cada una entre US$957 millones y US$2.100 millones.

Y a cambio de este financiamiento, dice el informe, los países de altos ingresos pudieron asegurar contratos para recibir dosis suficientes para vacunar a toda su población.

Sin embargo, la industria farmacéutica subraya que no son las patentes las que están provocando una escasez de vacunas en los países de medianos y bajos ingresos.

“Los derechos de PI no son el problema” señala Thomas Cueni, director de la Federación Internacional de Productores y Asociaciones Farmacéuticas (IFPMA) que representa a los principales productores de vacunas.

“Los cuellos de botella (en la producción de vacunas) son la capacidad, la escasez de materias primas, la escasez de ingredientes. Y tiene que ver con el conocimiento”, declaró durante una conferencia organizada hace unos días por la OMS sobre distribución de vacunas.

vacuna

EPA
Según la IFPMA las patentes no son el obstáculo para acelerar la producción de vacunas, sino la escasez de ingredientes y capacidad de producción.

Según la IFPMA “el aumento sin precedentes en la fabricación de vacunas, de cero a miles de millones de dosis en tiempo récord, ha conducido a una escasez que ha impactado todo la cadena de abastecimiento de vacunas”.

Barreras técnicas y legales

Los expertos señalan que, aún si se lograra, una suspensión temporal de patentes no sería suficiente para acelerar el acceso global a las vacunas.

“No creo que la suspensión de patentes sea la respuesta”, le dice a BBC Mundo Rory Horner, profesor del Instituto de Desarrollo Global de la Universidad de Manchester, Inglaterra, quien ha estado investigando la industria farmacéutica de India y África subsahariana.

“Las vacunas son productos mucho más complejos de fabricar que otras medicinas”, explica.

“En los 1980, antes de que se establecieran las protecciones de patentes, los laboratorios podían copiar un fármaco en el laboratorio y venderlo por una fracción del precio en India. Era un proceso relativamente simple”.

“Pero para producir una vacuna necesitas la cooperación de la compañía que la inventó y la información sobre los varios procesos y etapas involucrados en la fabricación del producto”, explica el experto.

Esto se aplica principalmente a la producción de las nuevas vacunas “complejas” de ARN-mensajero que están produciendo las empresas Pfizer y Moderna y que ya fueron aprobadas.

Para que los laboratorios de los países de medianos y bajos ingresos puedan producir las vacunas contra la covid necesitan conocimientos técnicos, que muchas veces se mantienen como secretos comerciales de las farmacéuticas, y se necesita acceso a información sobre seguridad que a menudo está protegida como datos confidenciales de la empresa dueña de la patente.

“Estamos hablando de barreras técnicas, además de las barreras legales,para poder aumentar la producción de vacunas de covid”, le dice el profesor Horner a BBC Mundo.

Pero quienes piden la exención de los derechos de propiedad intelectual afirman que en los países de medianos y bajos ingresos sí hay laboratorios y empresas capacitadas para producir estas vacunas.

“Efectivamente no todos los países tienen capacidad de producción, pero sí hay muchos países de rentas bajas o medias, como India o Pakistán, que sí podrían tener capacidad de producción”, señala Raquel González de MSF.

“Digamos que si tenemos la receta de cómo se hace una vacuna, lógicamente va a pasar un tiempo hasta que se hace una fábrica de producción y se consigue la materia prima. Si hay ahora mismo, por nombrar un número, 10 plantas de producción, si se comparte la tecnología y el conocimiento a lo mejor dentro de cinco meses podría haber 15 plantas de producción”, le dice a BBC Mundo.

Mujer siendo vacunada en India

EPA
AstraZeneca tiene un acuerdo bilateral con el Instituto Serum de India para que produzca su vacuna.

En efecto, la transferencia de tecnología tomará tiempo y tiempo es lo que no se tiene con la pandemia de covid-19.

¿Acuerdos bilaterales o Covax?

Algunos expertos creen que una solución es establecer más acuerdos bilaterales -como los que han hecho las empresas AstraZeneca y Novavax con el Instituto Serum de India, y Johnson & Johnson con Aspen Pharmacare en Sudáfrica- para producir sus vacunas y distribuirlas a países de medianos y bajos ingresos.

Pero el profesor Rory Horner cree que hace falta más que solo los acuerdos bilaterales para acelerar el acceso de las vacunas de covid-19.

“En términos de producción (estos acuerdos) ayudarían, pero también se trata de mejorar la adquisición, la compra y distribución de vacunas“, le dice el experto a BBC Mundo.

“El hecho de que las vacunas estén tan inequitativamente distribuidas no es el resultado de la capacidad de fabricación en el mundo, es resultado de cómo algunos países han podido comprar y tener acceso a esas vacunas primero”.

Horner cree que la solución está en Covax, el mecanismo creado por la OMS en 2020 para el acceso global a las vacunas y mejorar la distribución en los países de bajos ingresos.

Pero el proyecto se ha visto en dificultades porque aunque los países desarrollados han donado dinero para Covax también han comprado todas las dosis de vacunas y Covax no ha podido cumplir su objetivo de entregar vacunas a los países de bajos ingresos.

“Lo ideal será que Covax no sólo tenga el dinero de los países ricos sino también las dosis, los derechos y el acceso prioritario a esas dosis que los países ricos han acaparado”, señala el experto de la Universidad de Manchester.

“Covax es un programa extraordinario que ha tenido que evolucionar en un contexto muy difícil, así que si logra avanzar sería algo realmente beneficioso”, agrega.

Y el profesor Gavin Yamey de la Universidad de Duke está de acuerdo: “Esta es una pandemia global y necesitamos una respuesta globa que incluya vacunación en todo el planeta y Covax es un mecanismo esencial para lograrlo”.

“Pero tenemos que hacer mucho más para solucionar este apartheid de vacunas”, dice el experto.


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