Cómo enseñar el Holocausto a los niños
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Cómo enseñar el Holocausto a los niños

La enseñanza obligatoria del Holocausto a menores en Israel ha generado polémica por el trauma que les puede producir. Pero un libro que se enfoca en la esperanza, sin ignorar la tragedia, podría ser la clave.
30 de enero, 2014
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La nueva normativa que pretende enseñar el Holocausto a niños en Israel ha venido generando controversia. Hay adultos, hoy en día, que afirman haber quedado traumatizados cuando de niños escucharon historias de esta época por parte de sus maestros.

Ahora, un libro escolar para menores de edad intenta evitar ese error.

Tiene la apariencia de un libro infantil que puede encontrarse en cualquier parte del mundo, ilustraciones de un chiquillo regordete de 3 años que juega con un avión o se divierte en la nieve, dibujos de diferentes alimentos y animales. En otras palabras, una herramienta convencional para la educación.

Pero el chiquillo es Tommy y las circunstancias en las que se creó el libro no tienen nada de convencional.

En 1944, Tommy y su padre, Bedrich Fritta, estaban atrapados en el gueto de Terezin, en la entonces Checoslovaquia. Eran judíos atrapados en las redes de los nazi.

Durante el día, Bedrich era forzado a dibujar afiches propagandísticos pero, en la noche, pintaba en secreto en un libro de acuarelas para darle a su hijo una perspectiva de normalidad dentro del infernal hervidero del gueto.

Parte del currículo

Este libro está ahora en el centro de una polémica en Israel, donde he llegado para asistir a una conferencia en Yad Vashem, el memorial del Holocausto en lo alto de una colina en Jerusalén.

Es un sitio tan alto que todo el complejo está cubierto de una gruesa nube gris y la lluvia caída sin cesar, el día que fui a reunirme con Shulamit Imber, directora de pedagogía de la Escuela Internacional de Estudios del Holocausto.

Imber -una alegre mujer que portaba un sobrero de fieltro rojo y un vestido de pepas rojas y blancas, completo con un moño al estilo de la ratoncita Minnie- ha estado diseñando el currículum de educación del Holocausto para niños de seis años en adelante.

Aquí es donde entra Tommy: el libro formará parte del material de enseñanza para los más pequeños.

El autor, dice Imber, le está enseñando a Tommy sobre lo que la vida puede ofrecer.

“Quiere hacerlo feliz en el gueto”, señala. “Quiere mostrarle que afuera del gueto hay un mundo bondadoso y quiere asegurarle que le estará construyendo un futuro…Le está dibujando un mundo en el que pueda sobrevivir”.

El libro es una buena herramienta, añade, porque se concentra en la vida en lugar de la muerte, sin ignorar las circunstancias reales. Educará pero no traumatizará.

Trauma

El revuelo que hubo cuando el ministro de Educación, Shay Piron, anunció recientemente que la educación sobre el Holocausto sería obligatoria para todos los escolares israelíes, ilustra precisamente por qué un libro como Tommy podría ser necesario.

En columnas de opinión, muchos escritores recordaron los traumas que sufrieron cuando se les había enseñado sobre el Holocausto de manera equivocada.

Uno de ellos recordó ver la película Noche y Niebla a los 14 años, con imágenes de los campos de concentración y “montañas de cuerpos revolcados por un bulldozer” que lo dejaron “atormentado”, mientras que otro todavía dijo sufrir pesadillas 30 años después de que un maestro le mostrara, a los siete u ocho años, fotos de lo que llamó “cadáveres andando en pijamas de rallas”.

En la oficina de Imber, un cubículo académico moderno con dibujos hechos por niños en la pared, este ambiente de trauma parece muy distante.

Ella explica que, según el nuevo currículo, los niños recibirán entre 15 y 20 horas de educación sobre el Holocausto al año, utilizando material apropiado para sus edades.

Actualmente, cada maestro aborda el tema como mejor le parezca, casi siempre en anticipación al Día de Conmemoración del Holocausto, el 27 de enero, pero pocas veces tienen la suficiente capacitación.

Por eso es que abundan los cuentos de niños siendo forzados a reproducir escenarios de vida o muerte en el salón de clases.

Una historia que he escuchado es la de un maestro que quiso demostrar la naturaleza del Holocausto haciendo que los niños escribieran sus sueños en papel para luego meterlos en un tacho y quemarlos.

Vida vs. muerte

Es difícil lograr un equilibrio, le comento a Imber. A los seis años, los niños ya han escuchado la sirena que suena por todo Israel el Día de Conmemoración y probablemente le han preguntado a sus padres sobre ésta, así que muy bien podrían saber sobre los seis millones de judíos que murieron.

Pero el método del currículo es resaltar las vidas de esos judíos. Ella dice: “No creo que las cifras y los cadáveres tengan significado. Es más, yo creo que ese era el método de los nazi, para deshumanizar a las personas. Lo que nosotros hacemos es rescatar al individuo dentro de ese montón de cuerpos”.

Durante mis visitas a los museos y monumentos de Yad Vashem, el énfasis sobre el individuo fue un tema recurrente.

Dentro del Memorial de los Niños -una oscura estructura de vidrio, espejos y velas que parecen crear reflejos sin fin- los nombres, las edades y los países de algunos de esos niños y niñas que murieron en el Holocausto se leen en voz alta.

La galería de arte muestra retratos y autorretratos de lamento o ira que hechos dentro de los guetos y campamentos de la muerte, mientras que los archivos contienen los diarios y otros artefactos abandonados por aquellos que murieron.

No diría que elevara el espíritu, pero no era traumático.

“El trauma es lo opuesto a la educación”, recalcó Imber. “La educación debe conducir a la esperanza, y el trauma no tiene ese significado”.

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'Esto no parece una ola de COVID, parece un tsunami': la odisea de una mexicana en la India

El país reporta nuevos récords mundiales de contagios diarios y sufre por falta de camas de hospital y oxígeno. Nayelly Rodríguez, una mexicana que vive en ese país desde hace 6 años cuenta que ella y toda su familia tiene COVID.
3 de mayo, 2021
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“En India no hay mucha esperanza. El covid-19 parece imparable. La gente tiene miedo. Temen que sus seres queridos mueran porque no haya lo más básico para que los traten, como el oxígeno”, cuenta a BBC Mundo la mexicana Nayelly Rodríguez Cortés.

Rodríguez, de 29 años, se convirtió al Islam hace 11 años en su natal Guadalajara. Después conoció a su esposo Feroz Khan, con quien tiene 3 hijos, de 8, 6 y 3 años.

Viven desde hace 6 años en Ghaziabad, en el norte del país, a 45 kilómetros de Nueva Delhi.

El jueves pasado, después de presentar síntomas de covid-19 -entre ellos tos, dolor de cuerpo y fiebre-, su prueba dio positivo. Un par de días después ocurrió lo mismo con su esposo y sus hijos.

“No se cómo me contagié, teníamos ya varios días encerrados, salía solo por comida para mis hijos, siempre con tapabocas y guardando distancia”, dice Nana, como es conocida de manera coloquial.

Escasez de camas y oxígeno-6543

Asegura que no tiene tanto miedo por ella y su familia, pero acepta que cuando camina para hacer algo en su casa le falta el aliento.

Nayelly Rodríguez

Cortesía
“No se cómo me contagié, teníamos ya varios días encerrados, salía solo por comida para mis hijos, siempre con tapabocas y guardando distancia”, dice Nana.

“Esa es la gran incertidumbre que tenemos en nuestra casa y todos los enfermos en India. ¿Qué hacemos si empeoran nuestros síntomas? ¿Vamos a poder conseguir lo más básico, como oxígeno o una cama en el hospital?”.

India ha registrado nuevos récords mundiales de nuevas infecciones de covid-19, alcanzando casi 400.000 en un día y está enfrentando una severa escasez de camas de hospital, así como tanques de oxígeno medicinal.

“Es muy difícil conseguir un tanque. Y algunos están lucrando: los están vendiendo hasta en 1.000 dólares, una cifra que es inaccesible para la mayoría, sobre todo después de que las personas se han quedado sin empleo y sin forma de tener dinero”.

Familias enteras

Cuenta que en el conjunto de edificios donde vive, y por lo que oye en las noticias, lo que pasó con su familia es lo que está pasando en el país: se enferman familias enteras.

Nayelly Rodríguez

Cortesía
El esposo y los hijos de Nana también dieron positivo por covid-19.

“Hay muchísimos contagiados, los casos aumentan exponencialmente. Cada día nos enteramos de más y más personas. Esto no parece una ola, parece un tsunami”.

Nana dice que cada vez se sabe también de más muertos por covid, entre ellos los papás de un vecino.

“Y un caso que me impactó mucho, es que en los edificios donde vivo, hace dos semanas, un niño de apenas 8 años se desmayó en el parque y murió antes de llegar al hospital. Ahí les dijeron a sus padres que fue por el virus”.

Con más de 19 millones de casos registrados, India es el segundo país con más infecciones, solo después de Estados Unidos.

Hasta el momento ha reportado casi 212.000 muertes, pero se cree que esta cifra va a aumentar mucho en los próximos días debido a este nuevo fuerte embate del virus y por sospechas de los medios que no todas las muertes han sido reportadas.

Exceso de muertes

Nana dice que en febrero se oían pocos casos, que la gente empezó a relajarse y hacer una vida más normal, incluso a asistir a festivales religiosos masivos, y que en parte eso ayudó a la propagación del virus. En el país circula una variante del covid-19 de la que todavía no se conoce mucho.

Nayelly Rodríguez

Cortesía
Nana y su esposo tienen tres hijos, de 8, 6 y 3 años.

Por todo el mundo circulan fotografías y videos en los que se ven crematorios con muchas piras que no dejan de arder y filas de cuerpos que esperan por hasta 20 horas a ser incinerados.

El diario The Hindu causó conmoción con una noticia de que el cuerpo de un hombre esperando turno fue parcialmente comido por un perro callejero.

También se han acondicionado lugares como parques y estacionamientos para hacer las cremaciones.

En Delhi, un crematorio que había sido creado para incinerar mascotas, pero que todavía no había entrado en operación, se está usando para personas.

“Los musulmanes cuando morimos no podemos ser cremados, sino enterrados. Pero los panteones también están ya llenos”, cuenta.

Calles de India

Cortesía
La única conexión de Nana con el exterior por ahora es la ventana de su casa.

Nana dice que ella ha visto un gran aumento de contagios comparados con la primera ola de coronavirus en 2021.

En ese tiempo ella documentó en su canal de Youtube cómo salió a ayudar al éxodo de migrantes trabajadores que volvían a sus pueblos y aldeas. Les daban agua y alimento para que pudieran continuar caminando ya que se cancelaron los trenes y los autobuses.

“Muchísimas personas viven al día y han perdido sus trabajos. Están en una situación desesperada. Así que los migrantes de otros estados otra vez dejaron la ciudad y se fueron a sus lugares de origen, para no morir de hambre. Aunque, también allá pueden morir porque hay menos infraestructura médica”.

Restricciones

Por ahora Delhi y otras ciudades están en confinamiento. Los únicos negocios abiertos son de comida o de medicamentos. Ella vive en el piso 26 de un edificio y su única conexión con el exterior es su ventana. “Desde allí veo la carretera y las calles. Están desiertas. No hay gente. Pasan muy pocos automóviles”, cuenta.

Su familia en México está preocupada por ella y por la situación en India. “Tienen miedo de que nos lleguemos a poner graves. Quisieran venir a ayudarnos, pero no se puede, estamos a más de un día en avión de distancia y ahorita es casi imposible viajar”.

Estados Unidos anunció que restringirá los viajes a India a partir de la próxima semana. Australia ha prohibido todos los vuelos a India y ha prohibido a sus ciudadanos regresar desde ese país, anunciando que serían castigados con multas y hasta 5 años de cárcel.

En India se tenía esperanza en las vacunas, por ser el primer productor a nivel mundial. Sin embargo, varios estados -algunos de los más afectados por la covid- han reportado falta de vacunas.

Hasta ahora solo se han aplicado 150 millones de dosis en una población de 1.300 millones. Por ahora, India ha detenido las exportaciones de AstraZeneca para vacunar a sus ciudadanos.

“Por ahora nuestra esperanza es que llegue ayuda de otros países. La gente está muriendo no sólo del virus, sino por falta de lo esencial para tratarlo. No sabemos cómo puede parar esto”, lamenta Nana.


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