¿Qué es lo que más nos molesta cuando vamos al cine?
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¿Qué es lo que más nos molesta cuando vamos al cine?

En plena temporada de premios cinematográficos, es un buen momento para repasar las reglas más básicas de la buena conducta para ir al cine. Dos críticos de espectáculos elaboraron una lista. ¿Están de acuerdo con ella?
18 de enero, 2014
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Con los altos precios de muchas salas, muchos se lo piensan dos veces antes de ir a ver una película. Y un asiduo cinéfilo lo último que quiere es sufrir comportamientos molestos del resto de la audiencia que puedan romper esa ilusión, ese mundo de fantasía que producen las películas.

En esta época en la que muchos quieren ver la películas en cartelera nominadas a los Oscar y otros premios internacionales, de disfrutar de una buena producción cinematográfica y vivir una gran experiencia de ver cine en una pantalla gigante dentro de una sala oscura, es un buen momento para recordar lo que no se debe hacer en una sala de cine para no molestar al resto de espectadores.

BBC Mundo le presenta la lista que elaboraron dos críticos de espectáculos de la BBC, Simon Mayo y Mark Kermode, de lo que más les molesta cuando van al cine.

La comida

Los refrigerios en el cine deberían limitarse a golosinas blandas y suaves como pan o bizcocho, sugieren Mayo y Kermode.

Nadie quiere escuchar al vecino triturando con los dientes papas fritas, palomitas de maíz u otros comestibles tostados. Mascar chicle o lamer excesivamente una chupeta también puede producir un ruido desagradable.

Además, el olor que despiden ciertos alimentos es insoportable. Recuerden que el cine no es un picnic ni un asado.

Algunas cadenas en Reino Unido están experimentando con la prohibición de las palomitas de maíz y platos humeantes y olorosos en algunas de sus salas.

Ruidos crujientes

Producidos por doblar, enroscar o enrollar las firmes envolturas del paquetito de refrigerio que se acaban de comer.

Tratar de retirar lentamente el papel de celofán pegado a un caramelo, como si nadie escuchara, también es una indiscreción.

Igualmente lo es escarbar dentro de un bolso, moviendo todos los artículos allí adentro desenfrenadamente en busca del esquivo bombón.

Hay personas cuyo particular sentido de la moda los hace portar ropa que viene con ruido incorporado, como chaquetas y artículos de cuero que gruñen y gimen con el más mínimo movimiento.

La película ya trae sus propios efectos de sonido.

Sorbos excesivos

¿Por qué será que hay individuos que no están satisfechos con terminar su refresco y ponerlo a un lado?

No están contentos con haber consumido ya casi un galón de gaseosa, quieren sorber con la pajilla hasta la última gota que queda atrapada entre el hielo.

Sacuden el vaso de cartón como si fuera una maraca, pican con la pajilla la escarcha y vuelven a sorber.

El exceso de bebida también tiene consecuencias que causan otras molestias, como veremos más adelante.

Conversación continua

Un grito, un suspiro, hasta un exabrupto es comprensible como reacción a lo que se ve en pantalla.

Pero el comentario constante de lo que sucede en la película es sumamente molesto y rompe la ilusión.

Peor aún es la gente que cree que está en el comedor de su casa, en un café o en una peluquería y empieza una conversación que no tiene nada que ver.

El cuchicheo, los chismes, las discusiones y los debates profundos deberían llevarse a otra parte más idónea.

Los niños mal criados

No es la culpa de los menores, sino de sus padres que deciden traerlos a una película no apta para su edad.

Se aburren y, como niños que son, buscan cómo distraerse. Generalmente eso implica ruido, movimiento y estorbo para los demás.

Los padres, por su parte, ya acostumbrados a este comportamiento, no hacen el mínimo intento por controlarlos.

Se dan casos también de las parejas con recién nacidos que quieren ahorrar el precio de una niñera, o no pudieron encontrar una a tiempo y llevan el bebé al cine.

Mientras la criatura duerma, todo está bien pero eso está pocas veces garantizado.

A no ser que usted esté viendo caricaturas o la última película familiar de Disney, se le deberían encender las alarmas cuando vea una familia con niños entrar al cine.

Patear el respaldo de la silla

El espaldar de la silla de enfrente es parte del espacio personal de la persona que pagó por esa silla.

Sin embargo, hay quienes no pueden dejar de patearlo según su estado de ánimo o se sienten con el derecho de recostar los pies sobre ese espaldar.

Algunos más atrevidos logran introducir los pies por entre la separación de las butacas y acomodarlos sobre el apoyabrazos de la silla ajena.

Hablando de apoyabrazos, habría que establecer reglas claras sobre los derechos territoriales con respecto a quién y dónde le corresponde a uno apoyar el brazo.

Las peleas de codos en las salas de cine, como en un avión, son épicas.

Los celulares

Esto ya se volvió un cliché.

La mayoría de las salas tienen anuncios -algunos muy imaginativos- para recodarle a la clientela que apaguen sus teléfonos móviles, tabletas y demás dispositivos “inteligentes”.

Pero nunca falta el que se le olvida o no presta atención a la solicitud y su aparato suena en medio de una escena crucial.

Siempre parece ser la persona con el timbre personal más inapropiado y de mayor volumen.

Naturalmente, contesta, e inicia una conversación animada en voz alta.

Otros, que se pasan de listos, envían textos o activan sus aplicaciones y sus juegos, como si la iluminación de las pantallas de sus dispositivos no interfiriera con el espectáculo.

Hay una razón muy fundamental para que las salas de cine estén a oscuras.

Los que llegan tarde

No hay cosa más molesta que estar acomodado en su puesto, compenetrado con la historia que se está desarrollando en la pantalla cuando unas figuras en sombras se atraviesan o le piden a uno que se incorpore para poder encontrar sus sillas.

También sucede con los que quieren salir a comprar más confites y refrescos o los que, por el excesivo consumo de estos, tienen que utilizar los servicios. La molestia es doble porque entran y salen en un corto lapso.

Aunque no es muy usual, pero sucede, hay quienes abandonan la sala antes del final de la cinta.

Las únicas justificaciones son en una emergencia, o para sacar a un bebé que llora o un niño malcriado (véase arriba).

Sépase, un auténtico cinéfilo se queda hasta que pasen el último crédito de la película.

Los que se quitan los zapatos

El ensayo que se hizo para crear más sensaciones realistas en el cine fracasó.

La modalidad conocida como “smellaround” (literalmente, “olor que rodea”) fue introducida en algunas películas alternativas de los años 70, que ofrecían al público una cartulinas con números para rasguñar y oler según las instrucciones en la pantalla.

Los olores coincidían con las imágenes que podían ser de alguien abriendo un perfume, la entrada en un almacén de flores o, alguien quitándose los zapatos. La novedad no tuvo éxito.

Así que, ¡no se quite los zapatos y mantenga control de sus olores corporales!

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'No me veo regresando a trabajar 5 días a la semana': los cambios de actitud laboral por la pandemia

La pandemia ha impulsado modalidades de trabajo flexibles que pueden hacer que los empresarios tengan que adaptarse a la situación.
1 de abril, 2021
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Lee Harman and family

Lee Harman
Lee y Louise esperan que al compartir el cuidado de los niños a partes iguales sean un buen modelo para sus hijos.

Cuando Lee Harman preguntó por primera vez si podía pasar de una semana laboral de cinco días a una de cuatro, estaba nervioso, preguntándose qué pensarían sus colegas.

“En la construcción predominan los hombres”, señala. “Trabajar a tiempo parcial es algo que simplemente no se hacía”.

Ahora pertenece al creciente número de profesionales que han reducido su horario.

Lee, 38 años, es ingeniero civil en la empresa Skanska Costain Strabag.

En el último año ha descubierto que una semana laboral más corta es una gran ventaja.

“Así puedo gestionar mejor mis niveles de energía”, dice este padre de tres hijos.

“Un puesto de alto nivel requiere cierto grado de contemplación y espacio para pensar. Me viene muy bien, y a todo el equipo también”.

No me veo volviendo a la forma en que trabajaba antes”, afirma.

Lee cree que, debido a la crisis de covid-19, mucha gente se ha dado cuenta de que las cosas se pueden hacer de otra manera.

Los colegas han empezado a preguntarle por su experiencia, planteándose si podrían hacer lo mismo.

Trabajadores desde casa

Getty Images
Encuestas y experimentos en distintas partes del mundo muestran que existe un anhelo por poder compaginar la vida personal y profesional de otro modo.

Tendencia a reducir las horas de trabajo

Puede que los altos cargos de Goldman Sachs sigan insistiendo en una semana de 95 horas, pero parece que cada vez están más lejos de la mayoría.

Encuestas y experimentos en distintas partes del mundo muestran que existe un anhelo anhelo por reducir la jornada laboral y la consideración de que trabajar a tiempo parcial no debe ser un obstáculo para hacer carrera. Un deseo que ya se percibía antes de la pandemia, pero que el modo de trabajar durante la misma ha impulsado considerablemente.

Por ejemplo, de los 2.300 trabajadores de Microsoft en Japón que en 2019 probaron a reducir su jornada semanal un día, el 92% aseguró sentirse más feliz y menos estresado con ese horario. Similares resultados mostró el experimento en Perpetual Guardian, una empresa neozelandesa.

Y una encuesta realizada por la consultora de recursos humanos Robert Half en EE.UU. mostró que el 66% de los trabajadores afirmaba querer trabajar menos de cinco días a la semana.

Otra encuesta realizada el mes pasado a 2.000 adultos de Reino Unido reveló que el 72% cree que los trabajadores a tiempo parcial deberían tener las mismas oportunidades de progresar en el trabajo que los trabajadores a tiempo completo.

Timewise, que encargó la investigación, explica que hace nueve años una encuesta similar reveló que el 72% creía que “no era posible” tener un trabajo de alto nivel a tiempo parcial.

¿Es un freno reducir la jornada?

Karen Mattison, cofundadora de Timewise, una organización que hace campaña a favor de un trabajo más flexible, asegura que el año pasado se demostró que la gente puede trabajar de forma diferente y que era hora de que los empresarios lo reflejaran en la forma de diseñar y anunciar los puestos de trabajo.

“Durante mucho tiempo hemos visto una disculpa ante el término tiempo parcial: ‘sólo estoy a tiempo parcial’. Ahora sabemos que la inmensa mayoría de la gente en Reino Unido no ve ninguna razón para que los trabajadores a tiempo parcial se vean impedidos de progresar en sus carreras”, explica.

Los trabajadores a tiempo parcial representan ya una cuarta parte de la población activa del país. Pero a menudo existe una compensación entre negociar un horario más corto y tener oportunidades profesionales.

Las madres, en particular, se han dado cuenta de que compaginar el trabajo con las exigencias del cuidado de los hijos ha supuesto un estancamiento en sus carreras, lo que ha socavado los esfuerzos por lograr la igualdad de género en los altos cargos.

Gemma Fleuren

Gemma Fleuren
Gemma Fleuren ha perseguido sus ambiciones profesionales a la vez de las familiares trabajando cuatro días a la semana.

Pero no para Gemma Fleuren.

Su actual trabajo como directora comercial en una empresa de veta de chocolate es el tercero en el que ha negociado una semana laboral de cuatro días.

Y, lejos de ver su carrera frenada, ahora es responsable de un equipo de personas y de una serie de tareas de logística, previsión de ventas y asignación de stock.

El marido de Gemma es bombero y trabaja a turnos los viernes y los fines de semana, por lo que ella se toma los viernes libres para estar con sus tres hijos.

“En puestos anteriores, me dijeron que retirara las fotos de mis hijos de mi mesa, por si enviaban un mensaje a los jefes de que no me tomaba en serio mi carrera”, explica.

Pero cuando la entrevistaron para su actual trabajo, dejó claro que aceptaría el puesto cuatro días a la semana y su empresa la ha apoyado totalmente.

“No hay preguntas sobre cómo organizas tus horas. Te juzgan por lo que consigues”, cuenta.

“El trabajo flexible es para todo el mundo, ya sea porque tienes hijos, un padre anciano que necesita tu ayuda ¡o incluso un pez dorado que necesita de cuidados especiales! El motivo es irrelevante, lo que se espera es que sea para todos”.

Incluso en períodos de mucho trabajo, como el que precede a la Semana Santa, se las arregla para mantener sus días libres.

Pero asegura que es necesario ser disciplinado para decir que no se está disponible en determinados momentos. Y no está segura de poder desempeñar su función con menos de cuatro días.

Una forma de atraer talento

Aunque algunos empresarios están dando ejemplos positivos, muchos todavía no han aceptado que ofrecer flexibilidad ayudará a atraer a los mejores talentos, afirma Timewise.

Un estudio anterior de Timewise reveló que, incluso antes de la pandemia, nueve de cada diez personas querían más flexibilidad en su próximo trabajo.

Sin embargo, en 2020 sólo el 8% de las ofertas de empleo en Reino Unido ofrecían opciones a tiempo parcial.

Mientras tanto, otros países ya están explorando la idea de reducir las semanas de trabajo.

Ardern

Getty Images
La primera ministra neozelandesa, Jacinda Ardern, sugirió a los empresarios que consideraran la opción de una semana de cuatro días.

El año pasado, la primera ministra neozelandesa, Jacinda Ardern, sugirió a los empresarios que consideraran la opción de una semana de cuatro días porque ayudaría a conciliar la vida laboral y familiar, pero también porque podría impulsar el turismo interno.

España está planeando un proyecto piloto de semana laboral de cuatro días, en parte debido a los retos de la automatización.

Y Suecia ha experimentado con jornadas de seis horas.

Gemma opina que cualquiera que desee trabajar a tiempo parcial debe ser sincero con los posibles empleadores, especialmente si los cazatalentos o los reclutadores no lo apoyan.

“He tenido reclutadores que me han dicho que no están dispuestos a plantear mi patrón deseado de trabajo a su cliente, dejando que mantenga la conversación yo misma o sugiriendo que ceda en mis requisitos para asegurarme una oferta de trabajo”, dice.

“Si el reclutador no quiere tener la conversación, yo me dirigiría directamente al posible empleador para que puedas exponer tu posición con claridad”.

*Todo el contenido del texto es de la autora, excepto los datos de encuestas y experimentos referidos a países distintos del Reino Unido.


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