El hombre que atesora más de 100 mil cartas de guerra
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El hombre que atesora más de 100 mil cartas de guerra

En la era del correo electrónico, Andrew Carroll, habitante de Washington, DC, tiene una colección de documentos íntimos de grandes batallas de la historia.
Por BBC Mundo
6 de febrero, 2014
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En el verano europeo de 1945, en las últimas horas de la Segunda Guerra Mundial en Europa, un joven soldado estadounidense entró a la oficina destruida de Adolf Hitler en Berlín, agarró unas cuantas páginas de la papelería del Führer y decidió escribirle una carta a su amiga June.

“Alguna vez te prometí un pequeño souvenir y finalmente puedo cumplirte mi promesa”, le escribe. “En la cancillería entré a la oficina de Hitler y tomé un pequeño pedazo de su escritorio. Aunque sólo pude coger un fragmento áspero de abajo, creo que igual es un souvenir bastante bueno”.

Hoy, casi 70 años después, el texto y el pedazo del escritorio están a miles de kilómetros de distancia, en la abarrotada residencia de Andrew Carroll, en Washington, DC.

Esta carta contiene, según Andrew Carroll, un fragmento del escritorio de Hitler.

Carroll ha dedicado los últimos 15 años a recolectar más de 100.000 cartas de todas las guerras en que ha participado Estados Unidos: desde documentos floridos que datan de la Revolución del siglo XVIII hasta e-mails que fueron escritos por soldados en Irak o Afganistán.

En su colección hay verdaderas joyas: las páginas amarillentas en las que una abuela recuenta sus experiencias utilizando una ametralladora en la Guerra del Golfo, la narración de un testigo de Pearl Harbor o una carta de 1944 atravesada por un impacto de bala.

Todas fueron emociones de guerra distintas, únicas, íntimas, pero para Carroll también tienen un carácter universal. Por eso este coleccionista ha viajado a países como Canadá o Colombia para intentar que allá también se interesen por preservar los recuentos personales de sus propios conflictos (ver recuadro).

“Todos hemos pasado por la guerra y todos hemos vivido sus horrores”, le dice Carroll a BBC Mundo. “Nunca podemos olvidar esas realidades y lo que les costó a las familias, a las comunidades y a países enteros”.

“Mi interés compulsivo y egoísta: sobrevivir”

Esta carta escrita en Italia, en 1944, fue destruida parcialmente cuando su autor fue atacado. Pero casi todo el mensaje todavía es legible.

John es un joven soldado estadounidense que acaba de llegar a Vietnam y decide confiarle a su amiga el drama mental por el que está pasando tras haber soportado un ataque con morteros en su primera noche.

“Tú probablemente querrás saber mi visión política de la guerra”, dice. “Para serte honesto, no me importa más, sólo estoy acá para sobrevivir. Ese es mi interés compulsivo y egoísta: sobrevivir”.

Luego termina la carta así: “Cuando alguien me dispara, lo tomo como algo personal. Es una experiencia extraña. Continuará… Amor y besos, John”.

Pero no continuó: John murió horas después.

Esta es una de las cartas favoritas de Andrew Carroll porque, como él mismo dice, le parece “extraordinario” que esa amiga le haya donado a él, un extraño, las últimas palabras escritas de John.

Hay cartas escritas en distintos formatos, como esta en el revés de una foto.

Así, a través de regalos, Carroll ha logrado recuperar la mayoría de sus cartas que para él tienen “una calidad literaria”. Y gracias a ellas, a su lectura minuciosa, concluye que “casi todas las generaciones olvidan los horrores de la guerra hasta que les toca vivirla de primera mano”.

“Lo que revelan estas cartas es cuán bárbaras realmente son y cómo vemos lo peor de la humanidad”, explica. “Pero también he podido concluir de esta correspondencia que vemos lo mejor de la humanidad”.

“Estas cartas contienen historias de reconciliación, de enemigos que se reúnen, cartas de compasión y de perdón. Son los extremos de la naturaleza humana”.

En la era del e-mail

Esos extremos, aunque todavía están más que presentes en muchas guerras, están siendo descritos en un formato distinto, pues los soldados en el frente escriben cada vez menos cartas y prefieren hablar con sus familiares por Skype o enviarles un e-mail cuando tienen conexión.

Carroll reconoce que “algo se está perdiendo” y, si bien dice que lo que importa en últimas es el mensaje y no tanto el formato, reconoce que las cartas tienen un poder especial, uno que no tienen los correos electrónicos ni los mensajes de texto.

El proyecto en otros países

 

El interés de Andrew Carroll no se limita sólo a las cartas de guerra relacionadas con Estados Unidos.

Cuenta que en Canadá hay una iniciativa similar a la suya que busca que los veteranos de guerra envíen sus cartas a un instituto.

Y en cuanto a Colombia, recuerda que viajó hace unos años al país para hablar de sus esfuerzos para preservar correspondencia de guerra.

Todavía conserva, entre todos sus papeles, una copia de la entrevista que le hizo en su momento el periódico El Espectador, que explica que estaba en Bogotá para colaborar con el proyecto “Cartas y Conflicto Armado: 1858-1991”.

Para demostrarlo toma una carta que escribió un soldado desde Anzio, en Italia, el 25 de abril de 1944. En ella narra en detalle cómo casi muere en su trinchera mientras aguardaba a los alemanes.

El texto es importante por su contenido histórico, pero especialmente por el papel: el soldado lo guardó cuidadosamente en su mochila, listo para enviarlo a casa, y poco después recibió un disparo por la espalda que atravesó la carta. Ésta todavía tiene el hueco en la mitad.

“Esto explica por qué las cartas son tan valiosas: son tangibles”, dice Carroll. “Uno puede tomar el mismo papel que usaron los soldados y eso es algo imposible de hacer con una conversación en Skype”.

Pero ese mismo papel, frágil por paso de los años, necesita más cuidado que un e-mail. Por eso Carroll está en proceso de donar su colección entera a la Universidad de Chapman, en California, para que un equipo se dedique a digitalizarla, preservarla y transcribirla.

Admite que le da un poco de tristeza desprenderse de esos tesoros que empezó a coleccionar cuando perdió todos sus recuerdos familiares en un incendio, pero agrega que le tranquiliza saber que estarán en buenas manos.

Su trabajo, además, no ha terminado. “El proyecto apenas comienza”, confiesa.

“Todo esto me pone a pensar qué más encontraré. Cada vez que creo que he terminado con un tema -como la correspondencia de amor- alguien me envía una carta que nunca habría imaginado”.

“Allá, afuera, lo que existe es ilimitado”.

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El pedazo de hielo del tamaño de Londres que se desprendió de la Antártida

El enorme témpano se separó de la plataforma de hielo Brunt, ubicada en el mar de Weddell, al sur del océano Atlántico.
27 de febrero, 2021
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Un gran iceberg de unos 1.270 kilómetros cuadrados, aproximadamente el tamaño de la zona metropolitana de Londres, se desprendió de la Antártida.

Este viernes, los instrumentos de detección en la superficie de la plataforma de hielo Brunt confirmaron la separación.

No muy lejos, el British Antarctic Survey (BAS), una institución de Reino Unido dedicada a la investigación de la Antártida, opera la estación Halley. Desde 2017 lo ha hecho con una capacidad reducida debido a la perspectiva inminente de un desprendimiento.

Actualmente no hay nadie en la base, por lo que no hay riesgo para la vida humana.

BAS tiene una variedad de dispositivos GPS en la plataforma Brunt que transmiten información sobre los movimientos del hielo a la sede de la agencia en Cambridge.

Los expertos inspeccionarán las imágenes satelitales de lo ocurrido cuando estén disponibles.

Querrán verificar que no aparezcan inestabilidades inesperadas en la plataforma de hielo restante donde está ubicada la estación Halley.

“Aunque la ruptura de grandes pedazos de las plataformas de hielo de la Antártida es algo completamente normal de su funcionamiento, los grandes desprendimientos como el detectado en la plataforma de hielo de Brunt el viernes siguen siendo bastante raros y emocionantes”, dijo el profesor Adrian Luckman, quien ha estado rastreando imágenes de satélite del Brunt durante las últimas semanas y predijo la ruptura.

“Con tres largas fisuras que se han estado desarrollando activamente en el sistema de la plataforma Brunt durante los últimos cinco años, todos hemos estado anticipando que algo espectacular iba a ocurrir”, dijo a la BBC.

“El tiempo dirá si este desprendimiento provocará que en los próximos días y semanas se rompan más pedazos. En la Universidad de Swansea estudiamos el desarrollo de las grietas en la plataforma de hielo porque mientras algunas conducen a grandes desprendimientos, otras no; y las razones de esto pueden explicar por qué existen las grandes plataformas de hielo “, agregó.

Borde del iceberg A68

Mario Tama/Getty Images
Aunque el nuevo iceberg es enorme, no es tan grande como el A68 (fotografiado en esta imagen) cuyo tamaña equivale a cuatro veces el de Londres.

¿Dónde exactamente se produjo la ruptura?

El desprendimiento detectado este viernes está en la plataforma de hielo Brunt, que es la protuberancia flotante de glaciares que han fluido de la tierra hacia el mar de Weddell.

En un mapa, el mar de Weddell es ese sector de la Antártida directamente al sur del océano Atlántico. El Brunt está en el lado este del mar.

Como ocurre con todas las plataformas de hielo, periódicamente de ella se desprenden icebergs. El último gran trozo que se desprendió en esta área lo hizo a principios de la década de 1970.

¿Cuán grande es el nuevo iceberg?

Se estima que mide unos 1.270 kilómetros cuadrados. Eso es grande desde cualquier punto de vista, aunque no tan grande como el iceberg A68 que se desprendió en julio de 2017 de la plataforma de hielo Larsen C, en el lado occidental del mar de Weddell.

Pero incluso con una cuarta parte del tamaño de A68 será necesario rastrear este bloque del Brunt debido al riesgo futuro que podría representar para la navegación.

El Centro Nacional de Hielo de Estados Unidos le dará al nuevo desprendimiento un nombre a su debido tiempo. Dado que está en el mismo cuadrante antártico (0-90W) en el que se originó el A68, también llevará la letra “A” en su nombre. Es probable que se llame A74.

¿Es esto consecuencia del cambio climático?

No. El desprendimiento de témpanos en el borde delantero de una plataforma de hielo es un comportamiento muy natural.

La plataforma tiende a mantener el equilibrio y la expulsión de témpanos es una forma de equilibrar la acumulación de masas derivada de las nevadas y la entrada de más hielo procedente de los glaciares que se alimentan en tierra.

A diferencia de la península Antártica, al otro lado del mar de Weddell, los científicos no han detectado cambios climáticos en la región de Brunt que alterarían significativamente el proceso natural descrito anteriormente.

Además, las estimaciones sugieren que el Brunt había logrado su mayor extensión en los últimos 100 años cuando se produjo este desprendimiento. Esta ruptura hace tiempo de debía ocurrir.


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