IMSS niega negligencia médica en el caso de madre que perdió a su bebé en el vientre
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IMSS niega negligencia médica en el caso de madre que perdió a su bebé en el vientre

La delegación del IMSS en Oaxaca negó que hubiera negligencia médica en el caso de una mujer que perdió a su hijo en las últimas horas de su embarazo en un hospital en Oaxaca.
Cuartoscuro
20 de febrero, 2014
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Instituto Mexicano del Seguro Social.

Instituto Mexicano del Seguro Social.

Luego que el 13 de febrero una mujer perdiera a su hijo en las últimas horas de su embarazo en un hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en Matías Romero, Oaxaca, la mujer acusó de negligencia médica al Seguro, mientras que esta entidad respondió ayer que la mujer perdió al producto 24 ó 48 ahoras antes de llegar al hospital.

El delegado del IMSS en Oaxaca, Víctor Octavio Pérez, afirmó que no hay médicos suspendidos por la atención que se brindó a la señora Silvia Francisco, pues luego de practicarle un ultrasonido, los médicos afirmaron que el producto tenía entre 24 y 48 horas de haber fallecido, algo que no habrían podido evitar de confirmarse la versión.

El delegado del IMSS afirmó que se trata de un mal entendido: “Ya fuimos a hablar con la mamá de Silvia, la cual no presenta ninguna molestia ni queja. En el hospital no hemos encontrado ninguna evidencia contra los médicos o la Institución.”

Además, el titular del IMSS en la entidad afirmó que se encuentra dispuesto a someterse a cualquier investigación. “Pusimos a disposición de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) el expediente para que sepa de qué se trata el caso.”

El funcionario destacó que al caso de Silvia Francisco, se le da seguimiento desde el 6 de febrero, cuando en la comunidad de Silvia Francisco el médico que la atendía en la Unidad Médica Rural le informó que se tenía que trasladar al hospital de zona para una revisión.

“Lo que tenemos entendido es que ella llega hasta el día 10 con un médico particular, el cual solo le informa que tiene que acudir al Seguro para hacerse una cesárea debido a que el producto venía en una mala posición”.

Según la versión del IMSS, es durante el ultrasonido que confirman la muerte fetal y se le informa a la paciente, quien pide otra opinión con otro médico escogido por ella, quien le confirma el deceso.

“El problema se origina cuando su doctor le dice que si lo hubieran traído hace 10 minutos antes, estaría vivo, cuando eso es falso, porque al hacerle la intervención se pudo confirmar que el producto estaba macerado, es decir, que tenía entre 24 y 48 horas muerto.”

La versión de la madre

Silvia Franco afirmó desde el 13 de febrero haber sido víctima de negligencia médica, lo que se sumaría a otros cinco casos de negligencia médica que se han venido reportando desde 2013 en Oaxaca, varios de ellos relacionados también con embarazos.

Rodolfo Feliciano Domínguez, esposo de Silvia, señala que su bebé murió en el vientre de su esposa luego de 5 horas de espera para ser atendidos en un hospital del IMSS, en el municipio de Matías Romero, en el Istmo de Tehuantepec.

Domínguez refirió que, alrededor de las 10 horas del jueves 13 de febrero, acudieron al área de urgencias, donde un par de enfermeras les pidieron que esperaran y así lo hicieron… por cinco horas.

Tras ese lapso, un médico le ordenó a Silvia hacerse un ultrasonido, el cual arrojó que el bebé tenía 10 minutos de muerto, refirió Rodolfo.

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¿Cómo pude dejar que a mis hijos les sucediera esto?: la madre hondureña que perdió a 2 hijos y a su nuera en tráiler de Texas

Karen Caballero espera que los cuerpos de sus hijos, Alejandro Andino Caballero y Fernando Redondo Caballero, y de su nuera, Margie Paz Grajera, sean repatriados a Honduras.
1 de julio, 2022
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A Karen Caballero la asaltó una “pesadez inexplicable en el pecho” la noche del sábado 25 de junio de 2022. Los muchachos ya no se comunicaban.

Dos días después, alrededor de las 8:00 de la noche, recibió una alerta noticiosa del canal honduñero HCH en su celular. Decenas de migrantes habían muerto de calor dentro de un camión que fue localizado cerca de la ciudad de San Antonio, en el estado de Texas.

Karen buscó en Google y Facebook los teléfonos de los consulados hondureños en Estados Unidos, de hospitales y comisarías, para averiguar si sus dos hijos y su nuera figuraban en la lista de víctimas.

Eran las 2:00 de la mañana y nadie respondía.

Margie Paz Grajera (24), Alejandro Andino Caballero (23) y Fernando Andino Caballero (18) son tres de los 53 migrantes que fallecieron dentro de un tráiler que trasladaba a 62 personas provenientes de México, Guatemala, El Salvador y Honduras.

Murieron tras permanecer encerrados dentro de un tráiler a 40 grados centígrados sin ventilación.

“¿Cómo siendo yo una madre tan sobreprotectora, pude dejar que a mis hijos les sucediera lo que les sucedió?, se preguntó Karen en conversación con la BBC. “Si mis hijos no regresaban a las 10:00 de la noche, yo era capaz de salir caminando a buscarlos hasta que me los traía a la casa”.

Karen habla con calma y aplomo, aunque reconoce que no ha tenido tiempo de llorar, desbordada por las llamadas de tantos familiares, amigos y periodistas.

“Cualquiera piensa: ‘A esta mujer no le duele, esta mujer no sufre’. Pero la verdad es que tengo que mantenerme fuerte porque tengo que resolver esto. Como mamá, todavía tengo que traer a mis niños a casa”.

Anillos de papel

Karen recuerda que Alejandro y Margie se hicieron novios cuando estudiaban juntos en un colegio adventista en Las Vegas de Santa Bárbara, un pueblo ubicado a 200 kilómetros de la capital hondureña de Tegucigalpa.

“El primer año de novios se casaron en el árbol de las bodas del colegio, con anillos de papel. Tenían 17 y 18 años”, cuenta Karen.

Margie ingresó en la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Honduras, y Alejandro se inscribió en Mercadotecnia en la Universidad de San Pedro Sula.

Cada día recorrían más de 100 kilómetros hasta San Pedro Sula, un par de horas en autobús que debían tomar durante la madrugada para llegar a tiempo a la primera clase.

“Me iba con Alejandro cuando le tocaba irse en la madrugada para San Pedro. Él me decía: ‘Mamá, me da pena. Yo soy un hombre’. Y yo le respondía: ‘No te tiene que dar pena. Yo soy tu mamá'”.

Un trabajo mejor

Margie y Alejandro terminaron la carrera y se quedaron en San Pedro Sula. Seguramente habría más posibilidades de conseguir buenos empleos que en el pueblo. La mejor oportunidad que encontraron fue trabajar como operadores en un call center.

Karen celebró cuando Margie y Alejandro compraron su primer refrigerador. Cada electrodoméstico, cada mueble, reforzaba la convicción de que habían tomado la decisión correcta al estudiar en la universidad y dedicarse a construir una carrera profesional.

Con el paso del tiempo, los sueldos de la pareja se volvieron tan precarios que Karen y su madre, la abuela de Alejandro, replantearon el presupuesto familiar para ayudarlos con víveres y dinero para cubrir la renta cada mes.

La abuela de Alejandro tenía un restaurante de comida buffet en Las Vegas de Santa Bárbara, donde Karen aprendió a manejar el negocio. Luego montó su propio restaurante, pero quebró durante la pandemia por el coronavirus.

Emigrar a Estados Unidos

La situación económica familiar se estrechó después de la pandemia. Karen debía ayudar a su hija Daniela y a su bebé de siete meses. Fernando, el menor de los tres, decidió abandonar la escuela durante el confinamiento.

A diferencia de sus hermanos mayores, Fernando no quería ir a la universidad. Soñaba con jugar fútbol como Lio Messi. Aunque no se aplicaba en los estudios, Karen admiraba su ambición, un impulso más afín a la mentalidad comerciante de la abuela que a la vocación académica de Alejandro y Margie.

Imagínese mami, si aquí no hay trabajo para los que estudian, ¿qué me va a quedar a mí que no estudié?”, preguntó Fernando a Karen cuando le contó su intención de emigrar a Estados Unidos.

Aunque sus hijos eran adultos y tomaban sus propias decisiones, Karen sabía que podía persuadir a Fernando para que se quedara en Las Vegas de Santa Bárbara y ayudara en el restaurante de la abuela. Todos habían trabajado alguna vez en la cocina o en la caja registradora del negocio.

Sin embargo, Karen estaba de acuerdo con su hijo. Un mundo de posibilidades se abriría una vez que cruzara la frontera entre México y Estados Unidos.

Karen Caballero.

Getty Images
Karen Caballero espera la repatriación de los cuerpos de sus hijos y su nuera.

La despedida

La propuesta inicial era que Fernando viajara solo. Pero Alejandro y Margie se animaron a acompañarlo.

Alejandro era lo más parecido a un padre para su hermano menor, cuenta Karen a la BBC. Su ecuanimidad y temple lo convirtieron en la persona a quienes todos en la familia acudían cuando había un problema por resolver.

La opción de viajar a Estados Unidos por avión fue descartada desde el principio. Ninguno tenía visa ni dinero suficiente para comprar los boletos. Hicieron una colecta familiar y buscaron a las personas que los ayudarían a llegar a Estados Unidos.

En entrevista telefónica con la BBC, Karen se negó a revelar detalles sobre los arreglos del viaje: cuánto había costado, cómo lo planificaron o cuál era la ruta.

Karen, sus hijos y su nuera tomaron un taxi hasta Guatemala para despedirse antes de que siguieran el trayecto hacia México. Recorrieron la ciudad de Antigua, y quedaron maravillados por la vestimenta de los pueblos indígenas. Se conmovieron al ver cómo las mujeres cargaban a los niños a sus espaldas.

Margie, Alejandro y Fernando siguieron el camino a través de México. Durante 20 días se comunicaron con Karen a través de Whatsapp para ponerla al tanto de las novedades del viaje.

Karen todavía no sabe cuándo serán repatriados los cuerpos a Honduras.

Mientras conversaba con la BBC, recibió una llamada: “Es de la Casa Presidencial de aquí. Yo le devuelvo la llamada”.


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