La familia de un desaparecido difunde un retrato hablado que la autoridad esconde
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La familia de un desaparecido difunde un retrato hablado que la autoridad esconde

Por información que permita la captura de un implicado en el rapto de un joven capitalino, la PGR ofrece una recompensa de 8 millones de pesos, sin embargo, el retrato hablado, hasta la fecha, se ha mantenido oculto.
Por Paris Martínez
10 de febrero, 2014
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Por un año y cinco meses, las autoridades federales han tenido este retrato en su poder, sin emprender ningún tipo de búsqueda. Se trata de El Chango, integrante de una célula de Los Zetas asentada en Monclova, Coahuila, y a quien un testigo identifica como el asesino del ingeniero José Antonio Robledo, un joven del DF secuestrado el pasado 25 de enero de 2009 en aquella localidad, considerado, desde entonces, víctima de desaparición forzada.

Por información que permita la captura de El Chango, así como de otros implicados en este rapto, desaparición y presunto homicidio, la Procuraduría General de la República ofrece una recompensa de 8 millones de pesos, sin embargo, su retrato hablado –elaborado a partir del testimonio de uno de sus cómplices– hasta la fecha se ha mantenido oculto.

“Este retrato se elaboró desde septiembre de 2012 –lamenta don Antonio Robledo, padre del joven desaparecido– y hasta la fecha no se le ha ocurrido a la autoridad publicarlo, darle difusión. En la PGR nos salen mucho con que: ‘esto no hay que darlo a conocer a la prensa’. Nos dicen: ‘esto hay que mantenerlo en secreto’, pero después de todo este tiempo transcurrido, ahora creemos que las autoridades nos han pedido no difundir esta información para no evidenciar que, en realidad, no están haciendo nada por localizar a este delincuente.”

Sentada a su lado, la señora Guadalupe Fernández, madre de José Antonio, añade: “Ya estamos perdiendo la paciencia y la confianza en las autoridades, porque nos tienen atados de manos para que no divulguemos nada del caso, pero tampoco nos dan resultados: las investigaciones no han tenido un solo progreso en casi dos años”.

Por esta razón, los padres del ingeniero desaparecido en Coahuila –donde laboraba para la empresa ICA Fluor Daniel– decidieron hacer público este retrato hablado, con el anhelo de que “quizá alguien sepa quién es, y pueda decirnos en dónde se encuentra”, debido a que, consideran, además de que debe ser presentado ante la justicia, él podría proporcionar información certera que permita localizar a su hijo o, al menos, “conocer la verdad” en torno a su destino.

“Ante la falta de interés, imaginación, ganas, voluntad, ingenio, oficio, y no quiero hablar de corrupción aún, por parte de las autoridades –señala don Antonio–, nosotros tenemos que darles un palo para que se movilicen, porque desde 2012 la investigación no ha avanzado nada.”

El Chango, presunto integrante de la banda que desapareció al ingeniero José Antonio Robledo Fernández, y por quienes se ofrece una recompensa de 8 millones de pesos.

El Chango, presunto integrante de la banda que desapareció al ingeniero José Antonio Robledo Fernández, y por quienes se ofrece una recompensa de 8 millones de pesos.

El testigo…

En julio de 2012, tres años y medio después de la desaparición del ingeniero José Antonio Robledo, las autoridades federales capturaron a un integrante de Los Zetas que accedió a dar información en torno a distintas investigaciones por crimen organizado, entre las cuales se halla el caso del joven raptado en 2009.

La identidad y el lugar en donde permanece recluido este “testigo colaborador”  se mantiene bajo reserva, debido a que “su cabeza tiene precio, ha delatado a muchos delincuentes y ha proporcionado información que terminó siendo fundamental en algunos procesos”, señala el señor Robledo.

“Este informante dijo que él vio el cuerpo de mi hijo, cuando lo traspasaban de una camioneta a otra, en una gasolinería ubicada en la carretera Monclova-Saltillo, incluso dijo que vio la camioneta de mi hijo (una Xtrail 2004, en la que fue raptado) y que el vehículo llevaba unos balazos y un vidrio roto.”

Además, añade su esposa, “este sujeto aseguró que su cuerpo lo ‘cocinaron’ con diessel, yo no quiero usar sus palabras, porque eso también implica creerles, y eso fue algo que nos shockeó, y ahorita ya lo podemos platicar, aunque al inicio no era así.”

Además de El Chango, al que el informante identificó como el autor material del asesinato, éste también proporcionó información suficiente para elaborar los retratos de otros cómplices, a los que, no obstante, sólo identifica por sus apodos: El Risas, El Guerber, El Agonía, El Sonrics, La Rana y El Cardoso, por todos los cuales la PGR ofrece recompensa, aunque sin hacer públicos sus rostros.

Por información que permita la captura de Carlos Arturo Jiménez Encinas, El Plátano, se ofrece una recompensa de 3 millones de pesos.

Por información que permita la captura de Carlos Arturo Jiménez Encinas, El Plátano, se ofrece una recompensa de 3 millones de pesos.

Sólo en un caso, señalaron los padres, las autoridades han divulgado la identidad de uno de los implicados, junto con su fotografía: se trata de Carlos Arturo Jiménez Encinas, alias El Güero o El Plátano, por quien ofrece 3 millones de pesos de recompensa, y que permanece prófugo.

El teléfono de ICA…

A partir de las declaraciones de este testigo, así como de la información recabada por investigaciones propias y oficiales, los padres de José Antonio Robledo Fernández aseguran que, por el momento, existen dos hipótesis sobre los motivos del rapto y desaparición de este joven, quien se había sumado al proyecto de Altos Hornos que desarrollaba ICA en Coahuila, con el objetivo de ahorrar dinero suficiente para sufragar su boda: una versión señala que el ingeniero fue confundido con agente de inteligencia de la PGR, y la otra –la más “verosímil”, según los familiares del joven– es que José Antonio detectó tratos irregulares con contratistas, que Los Zetas se encargaron de acallar.

“Mi hijo tenía la obligación de vigilar la calidad de los trabajos realizados por contratistas –narra don Antonio–, y nosotros estamos seguros que él encontró algo irregular, telefónicamente él me comentó que había detectado anomalías en las subcontrataciones. Entonces, por consejo mío, mi hijo tuvo la mala fortuna de comentarle esto al gerente de la obra Raúl Alberto Medina Peralta.”

Fue después de hacer este anunció a su superior, que el ingeniero de ICA fue raptado por al menos tres sujetos, que lo atacaron cuando descendía de su vehículo, junto a un negocio de refacciones automotrices, el 25 de enero de 2009, sin que hasta la fecha se conozca su paradero.

Los golpes y amenazas contra José Antonio fueron escuchados por su novia, con quien éste mantenía una conversación telefónica al momento de ser raptado.

Por investigaciones propias, en las semanas siguientes al rapto los padres de José Antonio pudieron obtener el historial del teléfono celular que el joven portaba, el cual deja constancia que, un día después del secuestro, en este aparato se recibieron dos llamadas realizadas desde oficinas de ICA en Coahuila, y una más desde las oficinas de ICA en la Ciudad de México, hecho que no sólo no ha sido investigado por la Procuraduría General de la República, sino que, incluso, ha sido ocultado mediante engaños.

“Por dos años, las autoridades nos mantuvieron en la creencia que esas llamadas eran, como se dice, ‘salientes’ –narra la señora Guadalupe–, pero eso no es así, esas llamadas no salieron del teléfono de mi hijo, sino que se recibieron. Desde ICA, alguien se comunicó con quien tenía en su poder el teléfono de mi hijo, al día siguiente de que fue desaparecido. Y las autoridades nos mantuvieron en el engaño por dos años, hasta que nosotros nos pusimos a verificar toda esa información y descubrimos que habían mantenido conversaciones con los captores de José Antonio no sólo desde las oficinas de ICA en Monclova, sino también desde las oficinas del Distrito Federal.”

Esta línea, sin embargo, no ha sido investigada.

“Han pasado cinco años desde la desaparición de José Antonio –protesta su padre–, y hasta la fecha, las autoridades no han sabido solicitar las facturas, ni los reportes telefónicos o el desglose de las llamadas telefónicas de ICA”, información que permitiría esclarecer no sólo desde qué oficinas o extensiones se realizaron las llamadas al teléfono del joven raptado, sino que también permitiría establecer una red de vínculos entre la célula de Los Zetas asentada en Monclova y personal de esa empresa constructora.

“Cuando la PGR ha solicitado esta información, lo ha hecho mal, con errores”, como, por ejemplo, explicó, cuando fue requerida la información telefónica a una empresa de telecomunicaciones cuya razón social fue incorrectamente escrita y, en consecuencia, dicha petición no obtuvo respuesta.

Lo grave de esto, remató el señor Antonio Robledo, es que la ley obliga a las empresas a conservar esta información por cinco años, y en enero pasado venció este plazo, por lo que, desde este mes, dichos datos están en riesgo de perderse.

Epílogo: el tiempo

José Antonio Robledo Fernández.

José Antonio Robledo Fernández.

Enfrentar la posibilidad, casi la certeza, de que su hijo perdió la vida en manos de sus captores, “fue un shock tremendo para nosotros –afirma doña Guadalupe–, pero ahorita (un año y cinco meses después de obtener esa información) ya lo podemos platicar. De hecho, saberlo, aunque es muy doloroso, nos ha ayudado en este proceso. Porque ya no pienso qué le hicieron, si lo están torturando, si lo tienen con hambre, con frío, si le cortaron una pierna, un dedo, una oreja… si poco a poco no hubiéramos aceptado que mi hijo ya no está, ahorita estaríamos más enfermos de lo que lo hemos estado. Y eso, sin embargo, no quiere decir que hayamos dejado de buscarlo, eso jamás.”

El pasado 25 de enero se cumplieron cinco años de búsqueda, y este matrimonio hace un repaso sobre lo vivido. “En este camino –dice Guadalupe– hemos visto de todo:  los que se han enfermado, los que han muerto, los que se han suicidado, los que se han quedado abajo de la mesa… Hay casos en los que es la mamá la que busca, y el resto de la familia pretende seguir su vida, y hay casos en que es el papá, y así han empezado a morir los que buscan.”

De hecho, concluye, “yo pienso que el gobierno estatal de Coahuila y el gobierno federal le están apostando al tiempo, están esperando que nosotros en algún momento nos fastidiemos, o que pase el tiempo necesario para que ya no se pueda obtener el ADN de ningún resto, a eso le apuestan, al tiempo y al desgaste… pero nosotros tenemos una consigna, una promesa: que hasta que Dios nos permita, vamos a buscar a Toño. Él era muy buen hijo, estaba muy pegado a nosotros, era el casero, el que estaba al pendiente de nosotros, el que pensaba que nos iba a cuidar cuando estuviéramos viejitos, y tengan la seguridad de que si nosotros fuéramos los desaparecidos, él estaría ahí, buscándonos.”

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Así fue la vida del príncipe Felipe de Edimburgo: murió a los 99 años

El duque de Edimburgo se ganó el respeto de muchos británicos por su constante apoyo a la reina. BBC Mundo recuerda los principales hitos de su extensa vida.
9 de abril, 2021
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El príncipe Felipe, esposo de la reina Isabel II y padre de sus cuatro hijos, estuvo casado con ella más de 73 años, y aunque como consorte de la soberana no tenía un rol constitucional, nadie fue tan importante como él en la vida de la monarca.

Felipe, que murió este viernes a los 99 años, asumió un rol extremadamente difícil para cualquiera, quizá más para un hombre acostumbrado al mando naval, que, además, tenía fuertes opiniones sobre una gran variedad de temas.

Pero tal vez fue esa misma fuerza de carácter lo que le permitió cumplir con sus responsabilidades y darle a la reina el apoyo que necesitaba.

Y, de paso, ganarse el afecto de buena parte del pueblo británico.

De Grecia a Inglaterra

Felipe de Grecia nació el 10 de junio de 1921 en la isla de Corfú, pero como el país no adaptaba todavía el calendario gregoriano su certificado de nacimiento dice que nació el 28 de mayo de ese mismo año.

La historia de su familia es bastante convulsionada.

Su padre fue el príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca, hijo menor de Jorge I, rey de los Helenos, y su madre, la princesa Alicia, hija mayor del príncipe Luis de Battenberg y bisnieta de la reina Victoria.

Tras un golpe de Estado en 1922, su padre fue desterrado de Grecia por un tribunal revolucionario.

Su primo segundo, el rey británico Jorge V, envió un buque de guerra para rescatar a la familia, que se trasladó a Francia.

El pequeño Felipe hizo el viaje en una cuna hecha con una caja de naranjas.

El menor de la familia, y único hombre entre cinco hermanos, su primera infancia fue relativamente feliz. Pero venían tiempos difíciles.

A los 7 años, se mudó a Inglaterra para vivir con parientes.

Para entonces, su madre había sido diagnosticada con esquizofrenia y estaba un manicomio, por lo que tuvo poco contacto con ella.

Su formación estuvo marcada por el pionero educador judío Kurt Hahn, con quien estudió primero en Alemania y cuando este tuvo que huir de la persecución nazi. en Escocia.

Su método, con énfasis en la autoconfianza, resultó ideal para un adolescente que, separado de sus padres, pasaba mucho tiempo solo.

El primer encuentro

Al aproximarse la Segunda Guerra Mundial, Felipe decidió seguir una carrera militar.

Su primer deseo fue unirse a la Fuerza Aérea Real, pero terminó integrándose a la Marina por la tradición marinera de su familia materna.

El duque de Edimburgo y la reina

PA

En un recorrido por las instalaciones donde estudiaba que hacía el rey Jorge VI junto a su esposa y las princesas Isabel y Margarita, Felipe quedó a cargo de acompañar a las dos jóvenes.

Según testigos, el encuentro causó una profunda impresión en Isabel, de 13 años, cinco años menor que su futuro marido.

Muy pronto, el joven griego comenzó a mostrarse como un buen prospecto. y para fines de 1942 era uno de los más jóvenes primeros tenientes de la Marina.

“Rudo y maleducado”

El romance entre Isabel y Felipe se inició con un intercambio regular de cartas y continuó con invitaciones a compartir con la Familia Real.

Fue después de una de esas visitas que la heredera puso en su tocador una foto de Felipe vestido en su uniforme naval.

Isabel y Felipe el día de su boda

Getty Images
La boda entre Isabel y Felipe se celebró en noviembre de 1947.

Era toda una señal, y pese a que hubo oposición por parte de algunos cortesanos, uno de los cuales describió al futuro príncipe como “rudo y maleducado”, en el verano de 1946 Felipe le pidió oficialmente al rey la mano de Isabel.

Pero antes de que el compromiso pudiese ser anunciado, el novio necesitaba una nueva nacionalidad y un apellido. Fue entonces cuando renunció a su título griego, se hizo ciudadano británico y tomó el nombre de su familia materna, Mountbatten.

La boda se celebró en la Abadía de Westminster el 20 de noviembre de 1947. El entonces primer ministro Winston Churchill la describió como un “destello de color” en medio de la posguerra.

Desde ese día, Felipe fue reconocido como Su alteza real, duque de Edimburgo, conde de Merioneth y barón de Greenwich.

Felipe en 1953

Getty Images
El matrimonio eventualmente hizo que Felipe abandonara su carrera en la Marina.

El duque retomó su carrera naval y fue enviado a Malta, donde por un tiempo vivieron en relativa normalidad.

Un año después nació su hijo mayor, el príncipe Carlos, y en 1950 llegó la princesa Ana (los príncipes Andrés y Eduardo nacieron en 1960 y 1964, respectivamente).

La primera gran prueba que tuvo que enfrentar Felipe como marido de Isabel se produjo cuando la salud de Jorge VI comenzó a deteriorarse y ella debió asumir más responsabilidades reales.

Para poder estar a su lado, se tomó licencia de la Marina en julio de 1951. Nunca volvió a tener un papel activo.

Y pese a que no era un hombre de arrepentimientos, en una ocasión admitió que lamentaba no haber podido continuar su carrera naval.

La muerte del rey

La reina Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y dos de sus hijos.

Getty Images
La reina Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y dos de sus hijos.

En 1952, la pareja emprendió un viaje por África que originalmente harían el rey y la reina.

Estando en Kenia, llegó desde Inglaterra la noticia del fallecimiento de VI había por una trombosis coronaria.

Felipe fue el encargado de decirle a Isabel que su padre había muerto y ella era la nueva monarca.

Un amigo contó que para el príncipe fue un gran golpe. Parecía como si la mitad del mundo le hubiese caído encima, recordó.

Fuera de la Marina, se veía obligado a crearse un nuevo rol. La pregunta era cuál.

A medida que la Coronación se acercaba, se comunicó que si bien Felipe tendría prioridad después de la reina en todas las ocasiones, nunca ostentaría una posición constitucional.

El duque estaba lleno de ideas sobre cómo modernizar la monarquía, pero terminó desilusionado por la férrea oposición de parte de la vieja guardia de palacio.

Las fiestas y la familia

Durante los primeros años del reinado de Isabel, Felipe canalizó parte de sus energías manteniendo una intensa vida social.

El duque en un evento con amigos en la década de 1950

BBC
En los 50, el príncipe participaba con frecuencia en eventos sociales

Todas las semanas se reunía con un grupo de amigos en cuartos privados de un restaurante de Soho, en barrio bohemio del centro de Londres.

Compartían opíparos almuerzos y visitaban clubes nocturnos, y solía ser fotografiado con glomorosos acompañantes.

Una de las pocas áreas en que el príncipe tenía libertad para ejercer su autoridad era la familia, aunque perdió la batalla por imponer qué apellido llevarían sus hijos.

Él quería que fuese Mountbatten, pero la reina eligió Windsor.

“Soy el único hombre en este país que no puede darle a sus hijos su nombre”, se quejó con sus amigos”. “No soy más que una ameba”.

Proyectos propios

Con el paso del tiempo, Felipe fue encontrando su camino en proyectos ligados al bienestar de los jóvenes, uno de los problemas sociales que más le interesaban.

En 1956 lanzó el exitoso Premio del Duque de Edimburgo, que permitió que alrededor de 6 millones de jóvenes de todo el mundo se retaran física, mental y emocionalmente en una variedad de actividades al aire libre diseñadas para promover el trabajo en equipo, el ingenio y el respeto por la naturaleza.

Felipe sentado en un elefante en un viaje con la reina a India

PA
El duque trabajó intensamente en proyectos de conservación de la naturaleza.

“Si puedes lograr que los jóvenes tengan éxito en cualquier actividad, esa sensación de éxito se extenderá a muchos otros”, le dijo el príncipe a la BBC.

También fue un gran defensor de la naturaleza y el medio ambiente, aunque estuvo envuelto en algunas controversias por su afición a la caza. Su decisión de dispararle a a un tigre durante un viaje a India en 1961 es una de las más recordadas.

Eso no le impidió, sin embargo, dedicar energías y usar su influencia para respaldar la fundación del Fondo Mundial para la Naturaleza.

Fue además un gran deportista. Practicó vela, cricket y polo y fue presidente de la Federación Ecuestre Internacional.

La relación con Carlos

Como padre, tuvo altibajos, como todos.

De acuerdo al biógrafo del príncipe Carlos, Jonathan Dimbleby, la relación entre ambos era especialmente compleja.

Cuando el heredero era adolescente, Felipe insistió en que asistiera a la misma escuela en la que él se había educado, motivado por la creencia de que su filosofía podía ayudar a contrarrestar la naturaleza más bien retraída de su hijo.

Pero Carlos odió el lugar, extrañaba su casa y fue víctima constante de bullying.

Carlos llegando a Gordonstoun con su padre

Getty Images
Su insistencia en que el príncipe Carlos asistiera a la escuela de Gordonstoun provocó tensiones entre padre e hijo.

A su padre le costaba entenderlo, y más de una vez redujo al joven a lágrimas con sus reprimendas públicas.

Probablemente, su actitud reflejaba las dificultades de su, a veces solitaria, propia niñez.

Tuvo que desarrollar su independencia a muy temprana edad y podía costarle entender que no todo el mundo compartía su fuerte carácter.

En la biografía de Dimbleby también se dice que el duque de Edimburgo empujó más tarde a su hijo a casarse con Lady Diana Spencer.

Sin embargo, Felipe fue más especialmente diligente con sus hijos durante los difíciles años de sus crisis matrimoniales.

Tomó la iniciativa para intentar comprender los problemas, impulsado quizás por sus propios recuerdos de las dificultades de casarse con un miembro de la familia real.

Y aunque la ruptura de los matrimonios de tres de sus cuatro hijos -la princesa Ana y los príncipes Andrés y Carlos- le causaron una gran tristeza, siempre se negó a hablar de problemas personales.

Comentarios inoportunos

Si bien a lo largo de los años fue criticado en algunos sectores por comentarios que realizó que algunos consideraban inoportunos, muchos vieron sus gafes como un intento de aligerar el ambiente.

Príncipe Felipe, duque de Edimburgo

Getty Images
Su franqueza puso en aprietos a la familia real en numerosas ocasiones.

Hizo uno de sus comentarios más recordados mientras acompañaba a la reina en una visita de Estado a China en 1986, al hacer una mención en privado sobre los “ojos rasgados”.

Y en un viaje a Australia en 2002 le preguntó a un aborigen si “todavía se arrojaban lanzas los unos a los otros”.

Esa brusquedad que se le atribuía se suavizó un poco en los últimos años, en parte por la actitud a veces hostil del público hacia la familia real tras la muerte de Diana, la princesa de Gales, en 1997.

Una década después, en 2007, se publicaron cartas entre el duque y Diana, en un intento por refutar las afirmaciones de que Felipe había sido hostil con su nuera.

Mostraban que de hecho había sido una fuente de gran apoyo para la princesa, un hecho subrayado por el tono cálido en el que ella le escribía.

“Hice lo que creo que fue lo mejor que pude”

Felipe fue un hombre con un temperamento combativo que con frecuencia se sentía incómodo con el tacto que requería su posición.

No puedo cambiar de repente mi manera de hacer las cosas, no puedo cambiar mis intereses o la forma en que reacciono a las cosas. Ese es solo mi estilo”, le dijo una vez a la BBC.

La reina Isabel II, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo; y Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, y el príncipe Guillermo, con los hijos de ambos.

Getty Images
A Felipe se le atribuye haber encontrado discretas maneras de actualizar a la monarquía con los nuevos tiempos (aquí aparece con Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, el príncipe William, y los hijos de ambos).

Esto fue reconocido por el entonces primer ministro David Cameron cuando rindió homenaje a Felipe por su 90º cumpleaños en 2011: “Siempre ha hecho las cosas a su manera inimitable, con un enfoque realista y sensato que los británicos, creo, encuentran entrañable”.

Retiro de la vida pública

Después de décadas viajando junto con la reina en visitas de Estado al extranjero o para atender a eventos de las organizaciones que presidía, el duque de Edimburgo se retiró de la vida pública en agosto de 2017.

En enero de 2019, sobrevivió a un accidente de coche mientras conducía cerca de Sandringham, en el que dos mujeres que iban en el otro vehículo implicado resultaron heridas. Tras el incidente, entregó voluntariamente su licencia de conducir.

Buckingham Palace calculó que, desde 1952, el príncipe atendió 22.219 compromisos en solitario.

Felipe jugó un rol importante ayudando a la monarquía a aceptar los cambios en las actitudes sociales a lo largo de los años.

Felipe e Isabel II en 2007

PA

Pero su mayor logro fue, sin duda, la constancia de su apoyo a la reina.

Él creía que su trabajo era, como le dijo a su biógrafo, “asegurar que la reina pudiera reinar”.

En un discurso pronunciado en una celebración para conmemorar el aniversario de bodas de oro de la pareja, Isabel II le rindió homenaje.

“Es alguien que no se toma fácilmente los cumplidos, pero simplemente ha sido mi fortaleza y se ha quedado todos estos años. Yo, su familia y este y muchos otros países le debemos muchos de lo que él admitiría y de lo que nunca sabremos”.


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