La vida continúa para los gays en Sochi
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La vida continúa para los gays en Sochi

El cabaret Mayak en Sochi estaba completamente lleno la noche del sábado; hombres y mujeres gay esquivan comentar sobre la ley, prefiriendo mantenerse dentro del clóset.
9 de febrero, 2014
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En esta foto del sábado 8 de febrero de 2014, Andrei Sarkisian (segundo a la derecha)  quien usa el nombre de Miss Zhuzha en el escenario se alista para una presentación en el cabaret Mayak, un club gay en Sochi, Rusia, la ciudad anfitriona de los Juegos Olímpicos de Invierno. (AP Foto/David Goldman)

En esta foto del sábado 8 de febrero de 2014, Andrei Sarkisian (segundo a la derecha) quien usa el nombre de Miss Zhuzha en el escenario se alista para una presentación en el cabaret Mayak, un club gay en Sochi, Rusia, la ciudad anfitriona de los Juegos Olímpicos de Invierno. (AP Foto/David Goldman)

Los ojos pintados con delineador de un hombre bajito vestido con un esmoquin reciben a los visitantes luego de hacer sonar el timbre de la puerta blindada del edificio de un piso.

Bienvenido al cabaret Mayak, el club gay más conocido en Sochi, y uno de los pocos lugares en los que los gays pueden sentirse seguros para verse en la ciudad anfitriona de los Juegos Olímpicos de Invierno.

La mayoría de la clientela de Mayak prefiere evitar las cámaras y mantener el anonimato. Ése no es el caso de Andrei Ozyorny, de 24 años y oriundo de Sochi. Ozyorny, cliente regular Mayak, tomó recientemente una iniciativa de la que se siente orgulloso y que hace que su pareja tema por su negocio y seguridad.

Cuando el alcalde de Sochi dijo en una entrevista el mes pasado que en Sochi no habían gays, Ozyorny escribió una carta al funcionario que fue publicada en varios medios rusos. “Un gusto conocerle, yo soy uno de ellos”, escribió Ozyorny.

El año pasado, Rusia promulgó una ley que prohíbe la propaganda de relaciones entre personas del mismo sexo y la pedofilia. Se trata de una legislación que declaró ilegal difundir información a niños, incluso si sólo dice que los gays son iguales a los demás.

Las autoridades rusas insisten que la ley procura proteger a los niños, alejarlos de influencias nocivas. Los activistas de los derechos gays, sin embargo, insisten que la ley sirve para atizar la homofobia en Rusia. Grupos de homófobos se han organizado y pululan en los portales de Internet para encuentros de gays con el fin de atraer a hombres jóvenes con el fin de grabarlos y humillarlos difundiendo los videos en internet.

Desde hace mucho tiempo, los desfiles del orgullo gay fueron prohibidos, pero los gobernantes en Moscú a menudo citan la ley sobre propaganda como justificación para prohibir cualquier tipo de manifestación. En todo el país, los jueces rusos han cumplido con lo que dice la ley y han repartido multas. Varias personas han sido procesadas bajo la nueva ley, como el editor de un periódico que publicó una entrevista con el maestro de una escuela que fue despedido tras revelar su orientación sexual.

Gobernantes en el extranjero y la prensa han cuestionado al presidente Vladimir Putin sobre la discriminación hacia los gays en Rusia. Putin insiste en que la homosexualidad está vinculada a la pedofilia, aunque dio su palabra de que los gays son bienvenidos en Sochi, pero luego advirtió que no deben meterse con los niños.

“(La ley) trata de convencer a la gente de que estos términos son sinónimos: si eres gay, entonces eres un pedófilo”, comentó Ozyorny.

Ozyorny, propietario de una agencia de viajes con su pareja, pasó dificultades en su adolescencia para definir su orientación sexual. Ahora teme que la ley complicará mucho más la vida a los jóvenes rusos.

“Necesitan encontrar alguien que les indique: ‘ustedes están bien, no estás enfermo, no eres un pervertido. Naciste así, tienes que aceptarlo’, añadió. “Ya no se puede. Ahora es un delito”.

En Mayak, completamente lleno la noche del sábado, hombres y mujeres gay esquivan comentar sobre la ley, prefiriendo mantenerse dentro del clóset.

Cerca de un centenar se encontraban en el bar, sentados en sillones o bailando. Las parejas se daban besos. Todos estaban a la espera de la especialidad del club: un espectáculo de transformistas. La música dejó de tocar y la presentación comenzó.

Tras bastidores, la estrella de la función, Miss Zhuzha, se terminaba de maquillar. Con 44 años de edad, lleva dos décadas haciendo presentaciones en drag, luego de dos años de servicio con el ejército soviético en Alemania Oriental bajo el nombre de Andrei Sarkisian.

David Pichler, un clavadista estadounidense y ex capitán del equipo de su país en los Juegos de Sydney se encontraba en el club. Dos días antes, se había reunido con un grupo de activistas de los derechos gay que posteriormente fueron detenidos en Moscú y San Petersburgo por mostrar banderas con los colores del arcoíris.

“Da miedo”, dijo Pichler en Sochi. “El que la gente joven no pueda mostrar su orientación o que se diga que defender los derechos de los gays es algo que hace que la gente sea gay, básicamente está diciendo que estás contra la corriente”.

Los asistentes en Mayak casi que ni hablan de política y prácticamente nadie contempla salir a protestar.

Georgy, el socio de Ozyorny, que tiene 32 años, sostiene que no se siente afectado por la ley, pero considera un despropósito. “No entiendo lo que plantea la ley. ¿Acaso uno anda visitando escuelas diciendo: ‘Soy gay, síganme’? ¿Cómo te puedes imponer a una persona?”.

AP.

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Qué es el 'efecto Matilda' que invisibiliza a las mujeres en la ciencia

Existe un prejuicio sistemático en contra de reconocer sus logros y cuyo trabajo a menudo se atribuye a sus colegas masculinos. El "efecto Matilda" responde a este fenómeno y una campaña busca visibilizarlo y revertirlo.
8 de marzo, 2021
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Fotografía del libro de cuento de @NoMoreMatildas

@NoMoreMatildas
¿De qué se trata el “efecto Matilda”?

“¿Te imaginas qué hubiera pasado si Einstein habría nacido mujer? Probablemente hoy no sabríamos quién es Einstein”.

Con esta pregunta disparadora y una respuesta para la reflexión, comienza la campaña “No more Matildas” (No más Matildas), impulsada por la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) de España.

La iniciativa -que empezó en el país europeo en enero y ya traspasa fronteras traducida a varios idiomas- busca concientizar a la sociedad sobre la poca visibilidad que tienen las mujeres en el ámbito científico.

También pretende recuperar los nombres de las mujeres de la ciencia que fueron silenciados y olvidados, llevándolos a los libros escolares con la idea de despertar ejemplos y la vocación científica de las niñas.

“Ya iba siendo hora que se recuperen tantas figuras perdidas, no solo porque es de justicia histórica, sino porque pueden ser modelos que cambien para siempre la percepción que tienen las niñas acera de la ciencia y lo adecuadas que son para ellas”, le dice a BBC Mundo Carmen Fenoll, presidenta de AMIT.

Pero ¿por qué les dicen Matildas a las mujeres de diferentes ámbitos de la ciencia que fueron silenciadas? ¿Quién empezó a llamarlas así?

“Efecto Matilda”

Este fenómeno de suprimir la contribución de las mujeres en el desarrollo de inventos o en la investigación, y también el reconocimiento frecuente de su trabajo a sus colegas masculinos no es nuevo. Ha pasado durante siglos.

Una de las primeras mujeres en denunciarlo públicamente fue Matilda Joslyn Gage, una sufragista y abolicionista de finales del siglo XIX en Estados Unidos que luchó por los derechos de las mujeres y de las minorías.

Matilda Joslyn Gage

Getty Images
Matilda Joslyn Gage fue una de las primeras que denunció la invisibilidad de las mujeres en la ciencia.

Ella escribió un ensayo publicado en 1883 con el nombre Woman as an inventor (“Mujeres inventoras”) en el que describe este fenómeno pero no le pone un nombre.

“Aunque la educación científica a la mujer le fue negada enormemente, algunos de los inventos más importantes del mundo se deben a ella”, escribió enumerando varios ejemplos.

Sin embargo, “la proporción de inventores femeninos (con patentes) es mucho menor que la de masculinos, lo que se debe al hecho de que la mujer no posee la misma de libertad que el hombre“, analizó Gage en el artículo publicado en la revista The North American Review.

Ella fue víctima de ese mismo efecto que denunciaba. No porque fuera una inventora opacada por un hombre que le robara crédito sino porque fue silenciada por sus colegas y no reconocida debidamente por la historia, opinan investigadores.

Gage era una ferviente luchadora del derecho al voto de las mujeres y, sin embargo, fue apartada por sus propias compañeras feministas Susan B. Anthony o Elizabeth Cady Stanton (con quién escribió History of Woman Suffrage) y escasamente recordada en la historia del movimiento.

“Se pelearon y luego, cuando se escribió la historia, se eliminó a Matilda (…) Ella no recibió crédito”, dice Margaret W. Rossiter, la historiadora científica estadounidense que acuñó la expresión “efecto Matilda”.

Ilustración de una científica con una brújula.

@NoMoreMatildas
Aún existen muchos estereotipos que alejan a las mujeres de la ciencia.

Rossiter, quien es profesora retirada de la Universidad Cornell, de Estados Unidos, dedicó toda su vida a buscar nombres perdidos de mujeres científicas no documentadas en los libros. Y escribió tres. “Mientras más buscaba, más encontraba”, asegura.

En su investigación, observó que este patrón de invisibilidad femenina se repetía una y otra vez en la ciencia.

Desde el hecho de que los hombres toman el crédito del trabajo de las mujeres, que las mujeres no ganan tantos premios como ellos, que no consiguen empleo en campos científicos o que son recluidas.

Claro que hay nombres conocidos como la doble Premio Nobel Marie Curie. “Ella era notable, pero era la excepción”, advierte Rossiter.

Así en 1993 la historiadora decidió que este efecto de invisibilizar a las mujeres debería tener el nombre de Matilda Gage y lo escribió en un artículo académico.

“Fue más como una broma, pero llamó la atención de todo el mundo, lo cual es sorprendente”, cuenta en una conversación telefónica con BBC Mundo.

“Microdesigualdades”

La desigualdad de género no es una novedad. Hasta hace no mucho tiempo, las mujeres en países occidentales no tenían derecho a estudiar en una universidad, por ejemplo.

Y pese a que esto ya no es así, hay muchas inequidades y prejuicios que siguen vigentes en la sociedad.

Marie Curie.

PA Media
La científica Marie Curie es la excepción al “efecto Matilda”.

“En muchas disciplinas científicas no es fácil entrar, tampoco hay modelos para las propias universitarias y las aguerridas interesadas que se animan a hacerlo pueden encontrarse con entornos que son bastante hostiles, muchas veces de un modo subconsciente o no explícito”, describe Fenoll.

“Los estereotipos que hay acerca del papel que juegan las mujeres en la ciencia siguen estando: ‘las mujeres son menos brillantes’, ‘las mujeres se esfuerzan menos’; ‘está bien que las mujeres estén en los equipos de investigación, pero los que son brillantes normalmente son ellos'”, enumera.

A nivel global, las mujeres son menos de un tercio de los investigadores y solo el 3% de Nobel en ciencia han sido otorgados a mujeres, señala la Organización de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres en un estudio de septiembre de 2020.

“Para la región de América Latina y el Caribe, en 2017, del total de investigadores en ingeniería y tecnología, solo el 36% eran mujeres en Uruguay; el 26%, en Colombia; el 24%, en Costa Rica; el 17%, en El Salvador; en Honduras el 21,5%; y en Bolivia y Perú alrededor del 19%”, añade el reporte.

Según la presidenta de la AMIT, en el mundo científico español hay solo entre un 20 y 25% de mujeres.

Y con la pandemia este número se agravó. “El 40% de las científicas tuvo que dedicar bastante tiempo a los cuidados de los hijos y a veces al de sus padres, contra solo el 15% de los hombres”, añade Fenoll, citando fuentes del Ministerio de Ciencia e Innovación de España.

Entre las disciplinas donde hay menos mujeres están las ciencias más duras y las tecnologías, como matemática, física, informática y el desarrollo de la inteligencia artificial.

Fenoll ve una probable explicación de este escaso número es el perjuicio.

Una parte importantísima del problema es la percepción que tiene la sociedad de que las niñas son peores en matemáticas, que no tienen visión espacial, que son incapaces… Y si son capaces, se piensa que no les va a ir bien. Si eso te lo están diciendo en tu casa o en el colegio continuamente terminas creyéndotelo”, opina.

Ilustración de una científica con hombres detrás.

@NoMoreMatildas
Si hay menos mujeres en la ciencia, también hay pocas mujeres en la toma de decisiones.

“Hay menos mujeres tomando las decisiones. Claro que no todo el mundo quiere estar en la cúspide, pero no me creo que de entrada las mujeres prefieran no llegar a ser catedráticas”, afirma.

“Hay muchas microdesigualdades, por sí solas ninguna de ellas es suficiente para explicar lo que pasa pero cuando todas se suman terminan siendo determinantes”.

“No encajaba”

El movimiento #NoMoreMatildas no solo está respaldado por científicas, sino por escritoras, instituciones y medios de comunicación.

La iniciativa incluye la publicación gratuita de cuentos sobre Einstein, Fleming y Schödinger, como si hubiesen sido mujeres, y biografías de científicas reales como la geóloga danesa Inge Lehmann, la bióloga estadounidense Bárbara Mcclintock y la química británica Rosalind Franklin, por nombrar algunas.

Ilustración científica.

@NoMoreMatildas
“Hay muchas microdesigualdades” en la ciencia, dice Carmen Fenoll, presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) de España.

La campaña busca visibilizar e inspira a las niñas a que persigan carreras científicas.

“No se dejen intimidar por las científicas famosísimas. La mayoría de las científicas no somos famosas, somos personas normales que hacemos un trabajo que nos gusta mucho”, dice Fenoll.

La historiadora científica Margaret Rossiter también alienta a las niñas a que sigan sus pasiones científicas.

“Siempre me dijeron que no encajaba. Y pensé. Entonces eso es algo bueno. Yo no quiero encajar. No es mi objetivo en la vida”, afirma.

“¡Sigue adelante, no sabes lo que depara el futuro! Y si los niños aún dicen que las niñas no pueden estudiar matemáticas. Deberías responder: ‘¡Oye, lo hacemos igual de bien!'”.


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