Rostros de la huelga de hambre en Arizona (parte 2)
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Rostros de la huelga de hambre en Arizona (parte 2)

Desde el pasado 17 de febrero seis personas se encuentran en huelga de hambre en Arizona para protestar ante la inminente deportación de sus familiares. Ésta es la segunda y última parte de sus historias.
Por Manu Ureste
26 de febrero, 2014
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Son cinco mujeres y un hombre y desde el pasado 17 de febrero están en huelga de hambre para protestar contra la detención de sus familiares. Migrantes que, en algunos casos, llevan más de dos años presos a la espera de ser deportados desde el Centro de Detención Eloy, en Phoenix, Arizona.

Asimismo, tal y como explica Carlos García, director de Puente Movement, organización civil que apoya en la huelga de hambre a José Luis Valdez, Anselma López, Lourdes Hernández, Hermina Gallego, Jovana Rentería, y Alejandra Sánchez, el ayuno tiene también como objetivo reclamar a las autoridades que aprueben la reforma migratoria, que pondría freno a las 400 mil deportaciones que, como promedio, tienen lugar cada año desde que Barack Obama llegó a la Casa Blanca.

Aquí la segunda parte de las historias:

Hermina Gallego

Hermina Gallego, en una protesta frente al centro de detención Eloy. //Foto: Puente Movement

Hermina Gallego, en una protesta frente al centro de detención Eloy. //Foto: Puente Movement

 

La familia de Hermina llevaba viviendo en Mesa, Arizona, diez años cuando su padre se enfermó de gravedad y decidieron volver todos juntos a Quintana Roo, México, para acompañarlo.

“Mi hija Rosy era muy pequeña cuando salimos de Arizona, no conoce otra cosa más que ese país. Y cuando regresamos a México, ella pensaba que lo que íbamos a encontrar sería muy diferente”, dice Herminia en entrevista telefónica con Animal Político

“En México nos amenazaron porque pensaban que veníamos de Estados Unidos con muchos dólares -señala-. Además, a mi hija le hacían bullying en la escuela porque no hablaba bien el español, y a mi marido le dieron una golpiza que lo tuvo al borde de la muerte. Por eso decidimos regresar a Arizona, de donde nunca debimos salir, porque ahora mi hija está pagando las consecuencias en un centro de detención“.

De regreso a Estados Unidos en septiembre de 2013, Hermina cuenta que sí aprobó su entrevista de credibilidad para recibir asilo político en este país tras ser detenida en Nogales. Pero su hija de 20 años fue detenida y trasladada al Centro de Detención Eloy, donde ya lleva más de cinco meses presa. Asimismo, también fueron detenidos el esposo de Rosy, que fue trasladado al estado de Texas, y la hermana de éste, Margarita Gallego, que también se encuentra en Eloy.

“El único delito de mi hija es no tener residencia. Ella es de aquí; es buena estudiante, tiene diplomas en Estados Unidos, he entregado muchos papeles que acreditan que ha crecido en este país. No sé por qué la tienen presa sabiendo que, además, está muy delicada de salud”, lamenta la mexicana.

“Por eso le exigimos a Obama que frene las deportaciones de dreamers. Porque en ese centro de detención hay muchas jovencitas como mi hija Rosy. Hay muchas madres que sufren como yo”. 

Cuestionada sobre su estado de salud luego de este miércoles 26 de febrero se cumplan diez días de huelga de hambre, Hermina Gallego explica que se siente muy débil, con dolores de cabeza, y exhausta. Pero con la determinación de cumplir las dos semanas de ayuno en protesta por la situación de sus familiares.

“Estoy muy cansada, pero no voy a parar hasta que vea a mi hija salir por la puerta de esa prisión“, asegura.

Lourdes Hernández 

El esposo de Lourdes Hernández, J Cruz López, fue fichado por la policía de Phoenix tras ser detenido por manejar bajo los efectos del alcohol, aunque ella niega que su esposo estuviera ebrio y alega que si así fuera el test de alcoholemia de la policía lo hubiera acreditado.

Al momento de su detención, Cruz llevaba viviendo en Estados Unidos con su esposa durante más de una década. El matrimonio tiene cuatro hijos, dos de los cuales ya tienen la nacionalidad estadounidense. 

Desde el momento de su detención, una de las hijas del matrimonio, de 20 años y estudiante de Ingeniería Bioquímica, lleva trabajando más de 80 horas a la semana para recaudar el suficiente dinero que impida a su familia perder la casa por impagos.

Cruz López no tiene antecedentes penales, ni había sido deportado con anterioridad. Ya lleva más de 14 meses preso en el Centro de Detención Eloy, en Arizona, bajo la amenaza de ser deportado.

Escucha el testimonio de Lourdes, que cuenta que su marido ha sido trasladado al ‘hoyo’ -una celda de aislamiento- por declararse en huelga de hambre junto a su mujer:

 

Jovana Rentería y Alejandra Sánchez

Jovana Rentería es la directora legal de Puente Movement. Se unió a la huelga de hambre en solidaridad de los migrantes que sufren las deportaciones de sus familiares. //Foto: Puente Movement

José Luis Valez (izquierda), Anselma López, Jovana Rentería, Alejandra Sánchez, y Lourdes Hernández, son las cinco personas que, junto con Hermina Gallego, están en huelga de hambre desde el pasado día 17 de febrero. //Foto: Puente Movement

Jovana Rentería es la directora legal de la ONG Puente Movement. Cuenta que también participa en la huelga de hambre de dos semanas porque ha sido testigo del sufrimiento que las familias y los detenidos padecen debido al sistema migratorio de Estados Unidos. Por este motivo, y como una forma de mostrar su apoyo y solidaridad a quienes sufren las deportaciones, es una de las integrantes del grupo que inició el ayuno el pasado 17 de febrero.

Alejandra Sánchez lleva viviendo en Arizona desde hace 13 años. Es madre de cinco hijos, cuatro de los cuales son ‘dreamers’ -personas que crecieron es Estados Unidos desde que eran niños- y otro ya es ciudadano estadounidense. Sánchez es integrante de la Asociación Nacional de Madres de ‘Dreamers’, y ha elegido participar en la huelga de hambre porque representa a todas aquellas madres que tienen hijos en centros de detención, y tienen miedo de salir y luchar por su libertad.

 

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Por qué el objetivo debe ser aprender a vivir con la COVID, no luchar contra él

Eliminar al coronavirus de la faz de la Tierra sería extraordinario. La erradicación total de un virus solo se ha logrado una vez en la historia.
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18 de febrero, 2021
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El gobierno británico dijo recientemente que espera transformar la COVID-19 en una enfermedad manejable, como la gripe.

Las vacunas y los nuevos tratamientos, argumentan ministros y sus asesores científicos, reducirán la tasa de mortalidad y nos permitirán vivir con el virus, en vez de estar luchando constantemente contra él.

¿Pero es esto posible?

Objetivo inalcanzable

Eliminar la COVID de la faz de la Tierra sería grandioso, por supuesto, dadas las muertes y la destrucción que causa.

Pero el único problema es que la erradicación solo ha sido lograda con un virus: la viruela, en 1980.

Tomó décadas llegar a este punto, y científicos y gobiernos solo pudieron lograrlo gracias un serie de circunstancias únicas.

Primero, la vacuna era tan estable que no necesitaba ser refrigerada y, cuando era suministrada, era obvio de forma inmediata si había funcionado o no.

También era evidente cuando una persona se había infectado. No era necesario para ello hacer un test de laboratorio, lo cual era una gran ventaja a la hora de contener brotes.

La COVID, como todos sabemos, es completamente diferente.

La estrategia “COVID cero”

En cambio, el movimiento llamado “cero COVID” tiende a hablar de eliminación. Esto significa básicamente reducir el número de casos a cerca de cero en un territorio y mantenerlo así.

Viruela

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Una serie de circunstancias únicas hicieron que la viruela pudiese erradicarse en 1980.

Uno de los defensores de más alto perfil de esta teoría es la profesora Devi Sridhar, experta en salud pública de la Universidad de Edimburgo, en Escocia.

Sridhar cree que deberíamos tratar a la COVID-19 como al sarampión, que ha sido mayormente eliminado en los países ricos.

La profesora argumenta que las continuas restricciones para reducir el número de casos junto con un sistema más efectivo de rastreo y testeo, más vacunación, permitiría contener al virus y regresar a una “suerte de vida doméstica normal”, donde la apertura de restaurantes, bares y la realización de eventos deportivos y musicales fuera posible.

Pero el precio a pagar, dice, sería restringir los viajes internacionales e imponer restricciones en las fronteras, así como “cuarentenas breves y severas” cuando los casos suban de forma inevitable.

Deepti Gurdasani, epidemióloga clínica de la Universidad de Londres, es otra defensora de esta estrategia. Ella es una de más de 4.000 signatarios de la petición “COVID cero”, que hace un llamado para que se debata esta propuesta en el parlamento británico.

“La vida podría retornar a algo parecido a la normalidad. Podríamos incluso abrir corredores de viaje con otros países que han seguido ese camino”, dice.

El problema del enfoque del sarampión

Quizás sea una perspectiva tentadora, pero una que muchos creen que está fuera del alcance o que requeriría restricciones tan sostenidas que los costos económicos y sociales serían enormes.

“COVID cero no es compatible con los derechos individuales y las libertades que caracterizan a las democracias de posguerra”, señala el profesor Francois Balloux, director del Instituto de Genética del University College de Londres.

Países como Nueva Zelanda, Taiwán y Australia han logrado esto porque pudieron evitar que el virus se afianzara, y todo parece indicar que una vez que las poblaciones de estos países estén vacunadas, comenzarán a levantar las restricciones en las fronteras.

Aeropuerto

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Una condición de la estrategia COVID cero es el cierre de fronteras.

Pero ningún país que haya visto la propagación del virus como ocurrió en Reino Unido ha logrado suprimirlo hasta el punto de eliminarlo.

Las vacunas en teoría son una nueva herramienta para alcanzar esto, como ha pasado con el caso del sarampión.

Pero hay una falla significativa en este argumento, explica la profesora Jackie Cassell, experta en salud pública de la Universidad de Brighton.

El sarampión, dice, es un virus “inusualmente estable”. Esto significa que no cambia de una manera que le permita evadir el efecto de la vacuna. De hecho, la misma vacuna se ha utilizado esencialmente desde la década de 1960, y también proporciona inmunidad de por vida.

Ya está claro que, “lamentablemente”, este no es el caso de este coronavirus, dice Cassell.

El desafío es mantenerse por delante del virus

Las variantes que han surgido en Sudáfrica y Brasil le permiten al virus cambiar para evadir parte de la inmunidad creada por las vacunas.

El virus que circula en Reino Unido también ha mutado y ha conseguido un cambio clave -conocido como E484- que permite que esto suceda.

A medida que se vacunen más personas, es probable que esto aumente. Esto se debe a que las mutaciones que pueden sortear la respuesta inmune de alguna manera tendrán una ventaja selectiva, señala Adam Kucharski, profesor de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, quien ha llevado a cabo una investigación sobre brotes globales desde Zika hasta Ébola.

“No podemos salvarnos de esto. Puede que necesitemos actualizar las vacunas”.

Vacuna

PA Media
Las vacunas en teoría son una nueva herramienta para detener la propagación del virus.

El desafío es, entonces, “estar por delante del virus”, explica. Pero esto no es, según cree, tan difícil como parece.

Los coronavirus cambian menos que la gripe, dice, lo que significa que las vacunas deberían seguir siendo efectivas en una gran medida.

Es más, el hecho de que las mutaciones que se están viendo compartan algunas características clave nos da una buena idea de la ruta que están siguiendo. “Es de esperar que sea más fácil de actualizar que la vacuna de la gripe, donde hay muchas cepas diferentes”.

Aunque advierte que se debe tener sumo cuidado en este momento, ya que una población que está construyendo inmunidad en un momento en que hay mucha infección alrededor proporciona un caldo de cultivo ideal para que las variantes escapen de esas vacunas.

Kucharski dice que es demasiado pronto para saber si llegaremos al punto en que el coronavirus pueda tratarse como una gripe, ya que aún no hemos visto por completo el impacto que tendrán las vacunas.

Eliminar el riesgo

Esta precaución es comprensible, ya que los científicos quieren ver primero la evidencia del despliegue del programa de vacunación en el mundo real. Salud Pública de Inglaterra está llevado a cabo un estudio en que analiza esto, y se espera que se publique antes de que se levanten las restricciones.

Pero todas las indicaciones de los ensayos clínicos y la experiencia de Israel, que lidera el tema de la vacunación de la población en el mundo, es que tendrán un impacto significativo en las infecciones, y donde no, al menos contribuirán a evitar casos serios de COVID-19, complicaciones cuando los síntomas se prolongan, así como muertes.

Coronavirus

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Todo indica que podemos llegar a un punto en que, como dijo el principal asesor médico de Inglaterra, Chris Whitty, la COVID no sea un riesgo.

Para aquellos que todavía son susceptibles porque se niegan a vacunarse o porque la vacuna no ha funcionado en ellos, el avance en los tratamientos será vital.

Todo indica que podemos llegar a un punto en que, como dijo el principal asesor médico de Inglaterra, Chris Whitty, la COVID no sea un riesgo.

Esto no significa que nadie morirá. Whitty ha hablado de llegar a un tasa de muertes “tolerable”. Y ciertamente muchos esperan que el próximo invierno sea un desafío, con especial preocupación de que las comunidades más desfavorecidas sean las más afectada, por el temor de que la aceptación de la vacunación haya sido más baja en estas áreas.

Pero es fácil olvidar que la gripe también puede matar a gran escala. En 2017-18, por ejemplo, más de 20.000 personas murieron en Reino Unido a causa de la gripe.

Fue un invierno duro y frío y las muertes por otras causas, como enfermedades cardíacas y demencia, también aumentaron, lo que llevó el exceso de muertes invernales a cerca de 50.000. La sociedad apenas parpadeó.

“Hemos convivido con los virus durante milenios”, dice el profesor Robert Dingwall, miembro del Grupo de Amenazas de Virus Respiratorios Nuevos y Emergentes del gobierno. “Haremos lo mismo con la COVID”.


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