Necesidad de nuevas tierras detona conflicto agrario entre damnificados de La Montaña
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Necesidad de nuevas tierras detona conflicto agrario entre damnificados de La Montaña

Este martes 4 de febrero, alrededor de mil personas, provenientes de 13 municipios de La Montaña, afectados por las lluvias de septiembre pasado, descendieron desde sus respectivos pueblos, para demandar el inmediato auxilio de las autoridades.
Por Paris Martínez
4 de febrero, 2014
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FOTO CARRUSEL

Unión de Las Peras es uno de los muchos poblados resquebrajados, en septiembre pasado, por las lluvias que azotaron Guerrero. Al menos, 27 grietas surcan este caserío, que se extiende pendiente abajo, por la ladera de un cerro, las cuales provocaron 27 deslaves que se llevaron todas las tierras de cultivo, derrumbaron ocho casas hasta los cimientos, mientras que el resto de las viviendas se mantiene en pie, aunque soportadas apenas por terrones que se van desmoronando poco a poco.

La conclusión de los geólogos que evaluaron las condiciones del poblado, enviados por las autoridades, es que ninguno de sus 300 moradores puede volver a sus casas, por lo que desde hace más de cuatro meses permanecen refugiados en un campamento provisional, levantado en la punta del cerro cuyas laderas consideraban su hogar.

A diferencia de otras poblaciones de región conocida como La Montaña, en este tiempo transcurrido desde las lluvias a Unión de Las Peras sí ha llegado apoyo oficial: el campamento donde se refugian sus habitantes está conformado por cabañas de madera, reforzadas con láminas; hay un baño “ecológico”, con escusado y una regadera, así como un comedor de la Cruzada contra el Hambre, erigidos por la Secretaría de Desarrollo Social, del gobierno federal; además, algunas personas que perdieron su casa han comenzado a construir una nueva, con el cemento, los tabiques y la varilla que les han enviado las autoridades… pero, aún con todo esto, explica Abel Bruno Arriaga, comisario del poblado, Unión de Las Peras no es un reflejo de que la crisis haya pasado, sino que, por el contrario, “la cosa se agrava”.

A los damnificados de esta localidad, por ejemplo, el gobierno estatal les ha enviado material para construcción, sí, pero lo hizo sin antes dotarlos de un nuevo terreno, que cuente con condiciones mínimas de seguridad, al cual puedan mudar su poblado.

FOTO 1

Casas construidas con apoyo oficial, en los mismos terrenos barridos por las lluvias en septiembre pasado.

Por esta razón, las nuevas viviendas que se levantan con los apoyos oficiales, en algunos casos son erigidas en los mismos terrenos que en septiembre fueron barridos por los deslaves, y que ha sido calificados como inhabitables por la misma autoridad, mientras que otras comenzaron a construirse en terrenos que poblados adyacentes reclaman como propios.

Así, explica Abel Bruno, además de la crisis humanitaria provocada por las lluvias, hoy los damnificados de Unión de Las Peras enfrentan un “conflicto de orden agrario” con sus vecinos, por el cual las viviendas que se empezaron a construir en los terrenos disputados se mantienen inconclusas.

La otra opción, abunda, era construir sus nuevas casas en un terreno que pertenece a Unión de Las Peras, en el cual, sin embargo, hay alrededor de mil árboles, los cuales debían ser talados, “pero de por sí estamos sufriendo derrumbes, como para volvemos a tumbar árboles”, razón por la cual esta alternativa quedó descartada.

“Nosotros responsabilizamos a los tres niveles de gobierno de esta situación –protesta el representante del poblado–, porque realmente no están haciendo nada (…) Ahora que estamos en esta situación, surgen problemas agrarios que no nos esperábamos, de buena fe construimos en territorio que consideramos que es nuestro, pero ahora otros pueblos nos lo están disputando. Nuestra intención no es confrontarnos, nosotros somos un pueblo pacífico, pero también somos un pueblo que va a defender sus derechos y no estamos dispuestos a ceder nuestro territorio.”

Por otra parte, narra doña Ofelia Arriaga, una anciana que crió en este pueblo a sus hijos y nietos, los habitantes de esta localidad, en la que se cultivaba maíz, ciruela, manzana, pera y durazno, y en el que cada familia contaba con animales de corral, lo mismo cerdos, que chivos y gallinas, han visto radicalmente transtornada su dieta tradicional, conformada por “comida natural”, y desde hace más de cuatro meses se alimentan sólo con huevo, leche y frijoles en polvo, soya procesada, harina de maíz industrializada, atún enlatado y botes de chilorio.

“Nosotros no estamos acostumbrados a esa comida en polvo –se lamenta doña Ofelia–, la verdad, no lo sabemos comer (…) no nos gusta.” Y la incomodidad de llevar esta nueva dieta, señala, puede soportarla un adulto, pero en estos cuatro meses transcurridos desde las lluvias, a causa de estos alimentos “los niños se enferman”.

Pequeñas le quedan las manos a esta anciana, para quitarse las lágrimas del rostro cuando trae a su mente el sufrimiento de todos sus vecinos.

Nos da tristeza dejar nuestro pueblo –musita–, lloramos: cómo es posible que abandonemos nuestro pueblo, donde crecieron nuestros hijos.”

La costumbre de este pueblo, recuerda, era regalar fruta a quienes lo visitaban, pero ahora de los campos de cultivo no queda nada y el poblado mismo parece perdérsele a esta mujer que, por más que intenta, no logra encontrar las antiguas veredas por las que solía recorrerlo.

No estamos contentos de ir a otro pueblo, porque no es igual, yo tengo mucha tristeza, sí estoy triste de dejar este pueblo (…) Lloramos todos, lloran los señores principales del pueblo (los ancianos), porque aquí crecieron, aquí dejaron muchos recuerdos y por eso no se quieren ir.”

Todos dejan algo: los ancianos, los recuerdos de toda una vida; los adultos, los hogares que lograron dar a sus familias, luego de migrar a Estados Unidos; y los niños dejan su primaria y su preescolar, instalaciones recién inauguradas, y con las cuales “estaban muy contentos”.

Hoy, los niños y niñas de Unión de Las Peras estudian en una carpa de lona, instalada sobre un terraplén, excavado en la ladera del cerro, mientras que, debajo, otro terraplén ya está siendo preparado para la erección de una vivienda, y abajo otro, y otro más, esto aún cuando a los costados, a no más de cinco metros de cada lado, la tierra sigue deslavándose.

Este martes 4 de febrero, alrededor de mil personas, provenientes de 13 municipios de La Montaña, afectados por las lluvias de septiembre pasado, descendieron desde sus respectivos pueblos, para demandar el inmediato auxilio de las autoridades para remontar la crisis humanitaria en la que viven.

Los inconformes marchan a las salidas carreteras de Tlapa, hacia Puebla y hacia Chilpancingo, en demanda de ayuda

FOTO 2

Manta colocada por los damnificados de Unión de Las Peras, en su campamento provisional.

 

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Ayotzinapa: dónde están las figuras clave en el caso de la desaparición de los 43 estudiantes

Ocho años después de la desaparición de 43 estudiantes en Guerrero, los mexicanos siguen exigiendo respuestas.
26 de septiembre, 2022
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La desaparición de 43 estudiantes en México el 26 de septiembre de 2014 sacudió a la sociedad mexicana, expuso la gravedad de la corrupción gubernamental y mostró la espiral de violencia que ya había dejado miles de muertos.

Ocho años después, aún se desconoce qué sucedió realmente ese día.

Aproximadamente a media hora en automóvil desde la pequeña ciudad de Cocula, se dijo que un basurero fétido en las colinas era el lugar donde habían sido enterrados los 43 estudiantes que desaparecieron mientras viajaban juntos a una protesta.

Fue allí, en medio de montones de desechos cotidianos donde, según las autoridades mexicanas, miembros del grupo criminal Guerreros Unidos mataron y quemaron a los estudiantes, todos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, después de haber sido secuestrados por agentes de policía corruptos, en la ciudad cercana de Iguala, y entregados al grupo criminal.

Pero en 2016 investigadores independientes refutaron la teoría del gobierno de que los estudiantes fueron asesinados y quemados en el basurero, una de las falsedades más relevantes en un caso que ha puesto al descubierto la doble batalla de México contra la corrupción profundamente arraigada y la violencia desenfrenada.

Ocho años después, solo se han identificado los restos de tres estudiantes.

Ahora, después de años de intenso escrutinio público y críticas, una Comisión de la Verdad creada por el actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, ha reformulado el hecho como un “crimen de Estado” y un encubrimiento que involucra a decenas de miembros de grupos criminales, militares, policías locales, estatales y federales, en un hecho que tocó hasta los niveles más altos del gobierno de México.

El público continúa protestando por los fracasos de dos gobiernos sucesivos para descubrir la verdad de lo que sucedió.

En el octavo aniversario del caso, algunos de los actores clave han sido detenidos, otros han desaparecido y aún se sigue buscando respuesta sobre lo que ocurrió con otros.

Jesús Murillo Karam, exprocurador general

El viernes 19 de agosto, el exprocurador general de México, Jesús Murillo Karam, fue arrestado en relación con el caso.

Como procurador general del gobierno de Enrique Peña Nieto, abrió la investigación original sobre la desaparición de los estudiantes.

Jesús Murillo Karam

Getty Images
Jesús Murillo Karam era el procurador general de México cuando desaparecieron los estudiantes.

Fue acusado de desaparición forzada, tortura y obstrucción a la justicia en relación con los estudiantes desaparecidos.

El sucesor de Peña Nieto, López Obrador, dijo que el papel de Murillo Karam en los arrestos falsos después de las desapariciones fue una “prueba” de que supervisó un gran encubrimiento destinado a proteger al gobierno federal de la responsabilidad.

En declaraciones ante un juez el 24 de agosto, Murillo Karam señaló que, si bien estaba dispuesto a aceptar algunos errores de investigación, nadie había podido ofrecer de manera convincente otra versión de lo que les sucedió a los estudiantes.

Ahora está procesado. Si bien no se ha anunciado una fecha para un posible juicio, un juez dictaminó que permanecerá en prisión preventiva hasta entonces.

Tomás Zerón, exjefe de la Agencia de Investigación Criminal

El exdirector de la ahora desaparecida Agencia de Investigación Criminal de México, Tomás Zerón, fue acusado por el gobierno de López Obrador de torturar a testigos en el caso, incluido un miembro de Guerreros Unidos, para ayudar a respaldar la versión del caso del gobierno.

También es buscado por presunta manipulación de pruebas. Zerón negó los cargos, que ha descrito como motivados políticamente.

Tomas Zeron

Getty Images
Se cree que Tomás Zerón está en Israel.

Según los informes, en 2019 Zerón huyó a Canadá y en julio de 2021 funcionarios israelíes y mexicanos dijeron que Zerón huyó a Israel y solicitó asilo.

Desde entonces, México solicitó su extradición que, según el canciller Marcelo Ebrard, era de “máxima prioridad” para el gobierno de López Obrador. Las autoridades israelíes hasta ahora no han concedido la solicitud.

Según el último informe del gobierno mexicano, funcionarios se reunieron con Zerón en Tel Aviv en febrero para discutir la posibilidad de que regrese a México para responder a los cargos en su contra. Él permanece en Israel.

José Luis Abarca, exalcalde de Iguala

El alcalde de Iguala en 2014, José Luis Abarca, huyó del pueblo junto con su esposa, María de los Ángeles Pineda, a los pocos días del crimen. Fueron arrestados en la Ciudad de México más de un mes después.

Ambos siguen en prisión acusados de lavado de dinero y vínculos con el crimen organizado.

Sin embargo, a pesar de las acusaciones de que estuvo involucrado en las desapariciones de estudiantes, algunos familiares de los 43 lo han defendido públicamente, e incluso realizaron una marcha en Iguala el mes pasado para pedir su liberación.

José Luis Abarca

Getty Images
Las autoridades anunciaron el arresto de José Luis Abarca en una conferencia de prensa en 2014.

El pasado 14 de septiembre, un juez lo absolvió de cualquier responsabilidad por el secuestro de Iguala, alegando falta de pruebas. Por separado, enfrenta cargos relacionados con el asesinato de dos activistas locales en 2013, además de los cargos de lavado de dinero y crimen organizado.

Ricardo Mejía, subsecretario de Seguridad Pública, prometió que el gobierno impugnaría el fallo. También descartó cualquier sugerencia de que el exalcalde sería liberado de prisión.

Guerreros Unidos

El grupo criminal acusado de matar a los estudiantes sigue activo. Según las autoridades mexicanas, está fuertemente involucrado en extorsiones y secuestros en Guerrero y otros dos estados mexicanos.

También se cree que produce y trafica heroína de México a Estados Unidos. Ahora se cree que está aliado con el Cártel Jalisco Nueva Generación, uno de los más poderosos de México.

A principios de agosto, las autoridades mexicanas anunciaron que 14 miembros de Guerreros Unidos se encontraban entre un grupo más grande de 83 personas buscadas para arresto en relación con la desaparición de los 43 estudiantes.

Otros 14 miembros del grupo, así como tres de sus familiares todos vinculados al caso han muerto desde entonces, algunos de ellos a manos de otros delincuentes o de las fuerzas de seguridad mexicanas. Otros murieron por causas naturales.

Las autoridades mexicanas también han sido acusadas repetidamente de torturar a presuntos miembros del grupo para obtener confesiones.

La tortura y confesión de seis miembros de Guerreros Unidos está en el centro de los cargos del gobierno contra Murillo Karam.

Otro miembro del grupo que se cree jugó un papel clave en el incidente de Iguala, Juan Salgado Guzmán, fue asesinado a tiros por la policía en septiembre de 2021.

El informe reciente del gobierno encontró una serie de “irregularidades” relacionadas con su muerte, lo que llevó a las autoridades a concluir que había sido “ejecutado” sin provocación después de haber sido herido y cuando ya no representaba una amenaza para los oficiales.

Soldados mexicanos

Getty Images
Soldados mexicanos buscando a los estudiantes desaparecidos en 2014.

El Ejército

Gran parte del misterio que rodea el secuestro de Iguala gira en torno a la participación de los militares.

Las autoridades confirmaron que el Ejército tenía un informante que viajaba con los estudiantes de Ayotzinapa el día de la desaparición y estaba al tanto de los movimientos antes de que ocurriera el ataque.

Las autoridades mexicanas han dicho que los militares no hicieron nada para encontrar al informante, que se encuentra entre los que siguen desaparecidos.

Además, los militares han sido acusados por expertos de ocultar información que podría haber ayudado a localizar a los estudiantes. Imágenes de drones parecían mostrar a marinos mexicanos manipulando evidencia en el vertedero de Cocula.

El 15 de septiembre, las autoridades mexicanas anunciaron el arresto de un general retirado del Ejército, José Rodríguez Pérez, en relación con el secuestro de Iguala. Rodríguez tenía el grado de coronel al momento del hecho y estaba a cargo de una unidad estacionada en Iguala.

Otros dos oficiales militares también fueron arrestados.

No está claro qué evidencia tiene el gobierno contra Rodríguez. Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos, dijo a los periodistas que miembros del grupo criminal retuvieron a seis de los estudiantes en un antiguo almacén antes de entregárselos al entonces coronel, quien presuntamente ordenó que los mataran y se deshicieran de sus cuerpos.

En total se emitieron recientemente órdenes de arresto contra 20 miembros de las Fuerzas Armadas, incluidos comandantes y soldados de los dos batallones diferentes que estaban en Iguala en ese momento.

A pesar de la promesa del gobierno mexicano de responsabilizar a los militares por las violaciones de los derechos humanos, muchos de los problemas planteados por la investigación inicial de Iguala parecen no haber sido abordados.

Lee: Ayotzinapa: a ocho años, cinco nuevos arrestos, 21 órdenes de arresto canceladas, 121 absoluciones y ninguna sentencia


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