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Nicolás Aguilar, el sacerdote clave para acusar al Vaticano de crímenes de Estado

El sacerdote nunca fue a la cárcel pese a que víctimas y organizaciones civiles lo identifican como uno de los clérigos que más violaciones ha cometido bajo la protección de la Iglesia Católica en México.
Por Tania L. Montalvo
17 de febrero, 2014
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Acusan a la iglesia mexicana de encubrir casos de abuso. //Foto: Manu Ureste (@ManuVpC)

Acusan a la iglesia mexicana de encubrir casos de abuso. //Foto: Manu Ureste (@ManuVpC)

La cifra que organizaciones civiles llevaron ante el Comité de Derechos del Niño de las Naciones Unidas y que en abril próximo presentarán ante el Comité de Tortura es de por lo menos 120 menores abusados por el sacerdote Nicolás Aguilar, a quien señalan como uno de los clérigos mexicanos que más violaciones ha cometido y que no ha sido juzgado gracias a la protección de la jerarquía de la Iglesia Católica en México, encabezada por Norberto Rivera.

El caso de Nicolás Aguilar es clave en el reporte de pederastia clerical que mexicanos han presentado ante las Naciones Unidas y también la base del juicio que plantean llevar ante tribunales internacionales pues los denunciantes consideran que es una muestra clara de cómo actúan las autoridades eclesiásticas a nivel local y en la Santa Sede para proteger la imagen de la institución y de sus ministros a costa de las víctimas.

“La forma en la que se buscó a las autoridades de la iglesia católica en México primero y después en el Vaticano nos dio muestra de cómo iba a ser una barrera intraspasable y que no había intenciones de proteger a los que somos víctimas ni de denunciar el delito para que fuera perseguido. Pero la conducta con este caso —el de Nicolás Aguilar— es la que se repite en todos, es la muestra de cómo actúan en cada caso”, dijo Joaquín Aguilar, víctima del sacerdote y representante en México de la Red de Supervivientes de Abusos por Sacerdotes (SNAP, por sus siglas en inglés).

El caso que han documentado sobre este sacerdote que se ordenó en la década de 1970 en la diócesis de Tehuacán, Puebla, tiene otro protagonista: Norberto Rivera Carrera, actual arzobispo primado de México, a quien acusan de ser “su principal protector” tras darse a conocer los abusos que Nicolás Aguilar realizó tanto en México como en Estados Unidos.

“Siempre ha gozado de total protección”

Los mexicanos que firmaron el informe Pederastia Clerical de mexicanos en México y en otros países. 1944-2013 dan cuenta de que los crímenes cometidos por Nicolás Aguilar han quedado impunes porque “en México, el pederasta ha gozado siempre de total protección y encubrimiento de la iglesia, de su propio obispo, Norberto Rivera, cuando era párroco en la diócesis de Tehuacán y posteriormente del arzobispo de Puebla, Rosendo Huesca Pacheco y finalmente del arzobispo primado, Norbero Rivera, cuando (Aguilar) regresó a la Ciudad de México”.

Según el registro que llevan organizaciones civiles como Católicas por el Derecho a Decidir de las acciones de Nicolás Aguilar, en 1987 —once años después de que se convirtió en párroco de la Parroquia de San Sebastián en Cuacnopalan, Puebla— fue la primera vez que se habló de posibles violaciones a cargo del sacerdote, cuando fue encontrado rodeado en un charco de sangre luego de ser golpeado por jóvenes con los que se presume sostenía relaciones sexuales.

En ese mismo año, el sacerdote fue enviado a la Arquidiócesis de Los Ángeles tras una orden del obispo de Tehuacán, en ese entonces Norberto Rivera Carrera.

Los informes judiciales señalan que en  esa ciudad estadounidense hay al menos 26 denuncias de niños que fueron víctimas de Aguilar. La primera de ellas se dio en diciembre de 1987, cuando dos monaguillos de la iglesia Nuestra Señora de Guadalupe reportaron los abusos, apenas tres meses más tarde un jurado lo acusó de violaciones contra diez niños, pero antes de que pudiera ser aprehendido, regresó a México.

En la Corte Superior de California en Los Ángeles, Aguilar sumó 26 denuncias de abusos cometidos durante los nueve meses que fue párroco en la región, en éstas también aparecen los cardenales Norberto Rivera y Roger Mahony —arzobispo de Los Ángeles— como cómplices por encubrir los delitos y avisar al sacerdote que podría ser aprehendido, por lo que huyó hacia México.

“Nicolás Aguilar regresa a México y continúa con sus abusos, pero ya podemos hablar que se hace bajo la jurisdicción del cardenal Rivera, quien nunca evitó que siguiera en contacto con niños, nunca protegió a nadie de los abusos”, relata Joaquín Aguilar.

Los casos ante la ONU

En la década de 1990, Nicolás Aguilar es restituido, primero enviado a la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en la Ciudad de México —en donde Norberto Rivera es cardenal— y después regresa a Tehuacán, Puebla, a la parroquia de San Nicolás Tolentino, en donde vuelve a estar en contacto con monaguillos y niños que se preparan para su primera comunión.

Aunque también denuncian los abusos cometidos en su primer paso por Puebla y luego en Los Ángeles, organizaciones civiles han preparado un archivo de abusos que van de 1997 a 2006 en contra de Nicolás Aguilar, en el que hacen énfasis de la impunidad en la que prevalece el caso.

De esa época, en contra del sacerdote existen al menos 60 testimonios de niños de entre cinco y trece años originarios de Sierra Negra, Puebla, una comunidad pobre de la región y en la que se inició un proceso legal.

El expediente de los niños de la Sierra Negra fue remitido el 8 de enero de 1998 al juzgado primero de lo penal de Tehuacán, Puebla, un mes después de que iniciara la averiguación previa.

Tras cuatro años de proceso legal, se sentenció a Aguilar a un año de prisión “por ataques al pudor”, pero nunca lo cumplió porque se mantuvo en libertad bajo fianza, finalmente en 2001 se le concedió un amparo.

Dos años después también fue declarado culpable de un abuso cometido en 1997, pero se mantuvo libre tras apelar la sentencia. El caso de estos 60 niños terminó en 2004 cuando un tribunal decidió que el crimen era demasiado viejo para ser castigado.

Para ese año, Nicolás Aguilar presidía misa en la Arquidiócesis de Puebla y en la Diócesis de Cuernavaca.

Las organizaciones civiles que buscan que los crímenes de Aguilar sean parte del juicio contra el Vaticano argumentan que estos procesos judiciales y denuncias infructuosas “muestran claramente la predisposición de las autoridades mexicanas y del Poder Judicial de proteger a los curas pederastas en lugar de a las víctimas”, por lo que buscarán instancias internacionales.

Como víctimas reclaman fin a la impunidad y encontrar justicia, para ellos el caso de Nicolás Aguilar no es archivo muerto, por eso es la base de su denuncia contra la Iglesia y la pederastia clerical y tampoco creen que es suficiente que en 2009 el sacerdote haya sido retirado de sus deberes religiosos por orden del Vaticano.

“Se remueve de su “estado clerical” por estar vinculado a acusaciones de abuso sexual, pero eso no es justicia para nadie, no es justicia para ninguna de sus víctimas”, dice Joaquín, uno de los firmantes de los reportes entregados a la ONU, que finalmente acusó al Vaticano de propiciar los abusos y no proteger a las víctimas.

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Cuál es el poder de los narcos mexicanos en Colombia

La presencia de narcos mexicanos en Colombia no es nueva, pero sí las estrategias que usan para adaptarse a las condiciones del país. Los emisarios de los carteles de México no buscan fomentar la guerra entre organizaciones colombianas, solo abaratar costos.
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18 de julio, 2019
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“Son sujetos foráneos con un acento raro, como el de las novelas”.

Así describieron algunos pobladores de áreas de cultivo de coca a los emisarios de los cárteles de droga mexicanos llegados a Colombia, según un informe reciente de la Defensoría del Pueblo.

La presencia de narcos de México en el país no es nueva, pero por diferentes razones su influencia ha crecido en los últimos años.

Ellos no necesitan traer sus ejércitos ni instalarse en grandes extensiones de terreno.

Llegan a Colombia, identifican a las organizaciones que les pueden ofrecer lo que buscan (cocaína, logística de traslado de la mercancía o seguridad), las contratan, pagan y se van.

Actúan como empresarios y aprovechan que, desde que en Colombia se terminó la era de los grandes cárteles, el negocio se ha atomizado.

Submarino de cocaína

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Este sumergible, confiscado en 2018, iba a trasladar cocaína colombiana comprada por mexicanos.

Otro factor determinante y más reciente es que ya no está la exguerrilla de las FARC como regulador en varios territorios que ahora se han convertido en zonas de disputa entre bandas criminales, paramilitares y el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Su inmensa capacidad económica les da la ventaja decisiva para contratar a las organizaciones colombianas, exigirles un producto de calidad e imponerles plazos de entrega.

La Defensoría del Pueblo no es la única entidad que ha advertido del incremento de la influencia de los narcos provenientes de México, la Fiscalía y el gobierno también lo han hecho y señalan que su presencia está en al menos 10 de los 32 departamentos de Colombia.

La transición

Para los cárteles de Cali y Medellín, los mexicanos eran sobre todo sinónimo de mano de obra en los 80.

México ni siquiera era la plaza más importante para ingresar cocaína a Estados Unidos, como sí lo eran las rutas por Las Bahamas y sus alrededores.

A mediados de los 90, esa situación comienza a cambiar en medio de la caída de los dos grandes cárteles y la guerra entre las organizaciones de narcotraficantes colombianas que luchaban entre ellas para remplazarlas.

Policía con droga decomisada.

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Paquetes de droga decomisada en Colombia.

“En los años 80, habían estructuras como la de Pablo Escobar o la de los hermanos Rodríguez Orejuela que eran capaces de controlar desde el cultivo, la producción, la transformación de la hoja en cocaína, el traslado de la mercancía en lanchas o aviones y la distribución en las calles de Estados Unidos, pero eso cambió mucho”, explica a BBC Mundo el investigador Daniel Rico.

El profesor universitario y consultor internacional en la materia explica que en Colombia, desde el fin de los dos grandes cárteles, las organizaciones que quedaron solo pueden controlar alguno de los eslabones de la cadena y desde entonces los mexicanos tomaron protagonismo.

“El ingreso promedio de los narcotraficantes colombianos se redujo a un tercio porque las principales organizaciones mexicanas comenzaron a comprar de manera directa acá. La ganancia, por ejemplo, por un kilo de cocaína pasó de US$20.000 a US$7.000”, indica el experto.

Rico añade que, desde entonces, los cárteles de México aprovechan que los grupos criminales de Colombia necesitan de sus recursos para financiar sus disputas territoriales y con ello se garantizan la cocaína que necesitan.

Cultivadores de coca

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Las plantaciones de coca en Colombia se han disparado en los últimos años, según la ONU.

De acuerdo a estimaciones de la Administración para el Control de Drogas estadounidense (DEA por su sigla en inglés), el 82% de la cocaína salida de Colombia rumbo a Estados Unidos pasa por Centroamérica o México.

El factor FARC

La salida de las FARC, que tenían presencia fuerte en la mayoría de las zonas de cultivo de coca, supuso nuevos enfrentamientos entre organizaciones como el Clan del Golfo, los Rastrojos y el ELN, entre otras, en departamentos como Cauca, Chocó, Córdoba, Nariño y Valle del Cauca.

La desmovilización del grupo armado no solo supuso el incremento de la violencia entre bandas criminales, también un aumento de las plantaciones de coca que alcanzó cifras récord.

Según el Sistema de Monitoreo de Cultivos Ilícitos de la Organización de Naciones Unidas, en la última medición hecha (2017) se estableció que en Colombia existen más de 171,000 hectáreas de coca cultivada, algo nunca antes visto desde que la ONU realiza estas estimaciones.

El reporte correspondiente a 2018 será presentado en los siguientes meses.

Restos de laboratorio de cocaína

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Ahora los mexicanos buscan supervisar la calidad en la producción de clorhidrato de cocaína.

Este incremento en las plantaciones, indican los expertos, también supone un aumento lógico en la oferta de clorhidrato de cocaína, pues en Colombia el uso tradicional de la hoja de coca es muy pequeño (a diferencia de países como Bolivia y Perú).

Esta situación fue advertida por Estados Unidos, pero también por los cárteles mexicanos.

Es por ello que, de acuerdo al portal de investigación Verdad Abierta, estas organizaciones comenzaron a relacionarse con grupos colombianos dedicados desde los cultivos y la producción de pasta base, hasta la exportación y distribución local para el narcomenudeo.

El jefe de operaciones de la policía antinarcóticos colombiana, Carlos Bueno, sostiene que los emisarios mexicanos quieren eliminar a los intermediarios y por eso desembarcaron en Colombia.

“Entendemos que han venido a hacer parte de la cadena. Han venido a contactar las organizaciones ellos mismos y para verificar el producto, la cocaína que están comprando, y, posteriormente, enviando a México”, dijo el coronel.

En abril de este año, Bueno dirigió el operativo que terminó en la captura en Bogotá de alias Rafa, emisario de Ismael “Mayo” Zambada y el Cártel de Sinaloa en Colombia.

Ladrillo de cocaína

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Las organizaciones mexicanas buscan abaratar costos en Colombia.

El excomandante de las FARC y ahora prófugo de la justicia Jesús Santrich es acusado por la Fiscalía de Colombia y por Estados Unidos de conspirar para entregar cocaína a la organización criminal sinaloense.

Empresarios

No solo existen emisarios en Colombia llegados desde Sinaloa, reportes policiales también advierten de la presencia de miembros del Cártel de Jalisco Nueva Generación e incluso de Los Zetas.

A los cárteles de México no les interesa fomentar la guerra entre las organizaciones criminales colombianas ni tomar partido por una de ellas, tampoco tener el control de un territorio, como sí lo hacen en su país.

Lo que buscan, en esencia, es abaratar costos.

Actúan como empresarios que invierten en una franquicia. Ya no se quedan en México esperando a que les vendan la cocaína en US$12,000 o US$15,000, sino que vienen para acá y compran a los laboratorios directamente. Incluso invierten en los laboratorios y consiguen el kilo en US$2,000 o menos”, señala Daniel Rico.

Fabricación de cocaína

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La producción de cocaína en Colombia ha crecido en los últimos años

El experto añade que esta estrategia no solo elimina a los intermediarios, sino que les garantiza obtener un producto de calidad.

“Durante muchos años a los mexicanos les vendían cocaína mezclada con otras sustancias y eso ha venido cambiando”, concluye.

Los predecesores de Joaquín Guzmán Loera fueron los primeros en aproximarse a Colombia, después el Chapo supo aprovechar ese mercado abierto para convertirse en multimillonario.

Y los que le siguen, han demostrado que son capaces de adaptarse a las nuevas condiciones que se viven en el país.


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