Nuestra historia en línea está desapareciendo a un ritmo aterrador
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Nuestra historia en línea está desapareciendo a un ritmo aterrador

Pocas cosas son tan explícitamente efímeras como un tuit, aunque en él yace el registro de muchos hechos históricos contemporáneos.
Por Tom Chatfield Columnista, BBC Future
9 de febrero, 2014
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EGIPTO

El 28 de enero de 2011, el tercer día de las protestas feroces que eventualmente terminarían con el gobierno del presidente egipcio Hosni Mubarak, un usuario de Twitter llamado Farrah subió el vínculo a una foto que, supuestamente, mostraba a un hombre armado mientras corría “por un techo durante los enfrentamientos entre policía y manifestantes en Suez”.

Digo supuestamente porque ambos, el tuit y la foto con el vínculo, ya no están. En su lugar hay un aviso de error que indica que tanto el mensaje como su contenido “no existen”.

Pocas cosas son tan explícitamente efímeras como un tuit. No obstante es precisamente esta clase de comunicación efímera -un comentario, la actualización de un estado, una información compartida o diseminada- la que yace en el corazón de muchos hechos históricos contemporáneos.

Es también un registro histórico fundamental que, a menos que seamos cuidadosos, se puede perder antes de que seamos conscientes de su importancia.

Lo que el tiempo se llevó

Consideremos un estudio publicado en septiembre por Hany SalahEldeen y Michael L Nelson, dos científicos informáticos en la Universidad Old Dominion, Virginia, Estados Unidos.

El ensayo, llamado “Perdiendo mi revolución: ¿cuántos de los recursos compartidos en redes sociales se han perdido?”, tomó seis eventos muy significativos de los últimos años -el brote del virus H1N1, la muerte de Michael Jackson, las elecciones iraníes y las posteriores protestas, el Premio Nobel de la Paz para Barack Obama, la revolución egipcia y el conflicto sirio- y estableció una muestra representativa de tuits que discuten los hechos.

Luego analizó los recursos vinculados a esos tuits y confirmó si dichos vínculos son todavía accesibles, si han sido preservados en archivos digitales o si han dejado de existir.

Los hallazgos son sorprendentes: en promedio, un año después de cada evento, 11% del contenido vinculado a estos tuits había desaparecido y sólo el 20% había sido archivado.

La tendencia continúa con el tiempo: dos años y medio después del evento, un 27% se había perdido y un 41% había sido guardado.

Deshilando

Ésta es apenas una investigación y de carácter preliminar. Las cifras, sin embargo, sugieren una tendencia clara: la pérdida de más del 10% de recursos compartidos a través de redes sociales cada año, incluso cuando se tiene en cuenta lo archivado.

Esto no quiere decir que los tuits mismos se desvanecen.

Para aquellos que quieran analizar exhaustivamente tendencias dentro de las redes sociales, servicios como Gnip -que, por un determinado precio, promete un “completo acceso a todo tuit públicamente disponible, desde el primero, publicado el 21 de marzo de 2006”- ofrecen un chorro de datos, muy apreciado por firmas de marketing e investigación.

Lo que es más vulnerable es el tejido de conexiones al que las redes sociales sirven de ventana: los nexos de fuentes, recursos, sonidos, imágenes y actualizaciones que juntos constituyen el material del que está hecha la experiencia cotidiana de millones de personas.

Una firma comercial puede ser capaz de vendernos todos y cada uno de los tuits que han sido enviados jamás, y otra puede hacer lo mismo con otros servicios de redes sociales.

Pero como indica el estudio de SalahEldeen y Nelson, preservar esos hilos individuales no impide que se deshaga el tapiz de nuestra historia presente.

El pasado está más seguro

Se trata de un fenómeno en el que he estado pensando mucho, al investigar la historia del desarrollo digital desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Como es de esperarse, internet es una colección de tesoros para este tipo de pesquisa. Al mismo tiempo, sin embargo, todo lo que queda de muchos de los intercambios de ideas seminales a menudo es un copiar y pegar de otro copiar y pegar: menos de tres décadas después de que muchas de las discusiones tuvieron lugar, tanto la fuente “original” como la plataforma tecnológica en la que estaba literalmente no existen.

Es más fácil, de hecho, encontrar en la web el desarrollo de muchas ideas claves del siglo XVIII que de los últimos 50 años.

Cuando se trata de las palabras de siglos pasados, las copias de los libros de papel han estado en bibliotecas desde su publicación y ahora sólo tienen que ser escaneadas y liberadas en el mundo digital.

En contraste, mucha de la información digital clave necesaria para que escritores e historiadores puedan realmente desglosar las complejidades del presente -desde el origen de las palabras y las ideas hasta los debates políticos y revoluciones- está o guardada o perdida, a pocos años de su creación.

Borrando la historia

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En el corazón de todo esto está lo que se podría llamar la paradoja de las comunicaciones efímeras.

Su facilidad instantánea e insubstancial es perfecta para compartir y debatir las cuestiones más importantes de nuestra época. Pero eso también genera un nuevo problema histórico, pues todo lo compartido y debatido significa poco, a largo plazo, si uno se queda sin saber de qué estaba hablando la gente en primer lugar.

Sin vitácoras y cartas, o siquiera la relativa permanencia del correo electrónico -que está empezando a parecer algo del siglo pasado-, el problema será más grave.

Hay mucho que celebrarle a las redes sociales por su poder y su carácter incluyente.

No obstante, los historiadores del año 2314 que quieran investigar el principio del siglo XXI van a estar en dificultades. Y sus chances de éxito dependerán desproporcionadamente de esas compañías privadas que son dueñas de tanto de nuestra historia social contemporánea.

Nuestros descendientes seguramente estarán agradecidos de contar con un récord que refleje algo más que las preferencias de los consumidores.

Contexto

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4 gráficos que explican qué hacer si tienes una persona con COVID-19 en casa

Aislarse a causa de la covid dentro de una vivienda compartida no es fácil, pero estas medidas pueden ayudarte a resolver esta situación y evitar que el resto de los integrantes de la casa se contagie.
17 de febrero, 2021
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Todos los enfermos de COVID-19 deben mantenerse aislados para evitar propagar el coronavirus. Esta es la recomendación generalizada para todos los infectados con SARS-CoV-2 que no han desarrollado un cuadro grave de la enfermedad.

Idealmente, el enfermo dispondría de un espacio suficientemente grande como para pasar allí entre 10 y 14 días, o el tiempo que se requiera dependiendo de la evolución de los síntomas (si tienes fiebre alta, te sientes acalorado o con escalofríos, estás resfriado o tienes náuseas o diarrea, el período de aislamiento puede ser más largo, según el Servicio Nacional de Salud Británico).

Pero la realidad es que la gran mayoría vive en espacios compartidos sin acceso, por ejemplo, a un baño propio. Te explicamos de forma sucinta en cuatro gráficos cómo hacer si hay una persona aislada con covid-19 dentro de tu casa.

La habitación del enfermo

Gráfico de la habitación de un enfermo de covid

BBC

La puerta del cuarto donde duerme el enfermo debe mantenerse cerrada. Es importante abrir la ventana para dejar que circule el aire. Sus comidas debe hacerlas allí dentro, y todo la basura que genere (pañuelos descartables, mascarillas, etc.) debe tirarla a un bote con una bolsa plástica y cerrarla.

Si no es posible mantener al enfermo dentro de una habitación separada y debe compartir el cuarto con otra persona, coloca las camas al menos a dos metros de distancia, y si puedes, una barrera física alrededor de la cama del enfermo como una cortina de baño, un cartón grande, etc.

Si solo tienes una cama, se debe dormir de modo que la posición de la cabeza de uno esté al altura de los pies del otro.

Distancia de los demás

Gráfico de como mantener distancia de la persona enferma

BBC

Idealmente no debemos entrar a la habitación del enfermo y si lo hacemos en caso de ser absolutamente necesario, ambos deben usar mascarilla, y la persona que ingresa debe utilizar guantes desechables para manipular las cosas del enfermo.

Las comidas y todos los otros implementos que necesite hay que dejárselos en la puerta para que los recoja una vez que nos hayamos alejado.

El baño

Gráfico de como limpiar el baño que utiliza la persona enferma

BBC

Lo ideal es no compartir el baño con el enfermo. En caso de no ser posible, lo mejor es que la persona infectada utilice el baño compartido una vez que lo han hecho los demás y que luego limpie con guantes todas las superficies que ha tocado.

Si necesitamos usar el baño después de que lo ha utilizado la persona infectada, lo mejor es dejar pasar el máximo de tiempo posible.

El enfermo debe utilizar su propia toalla.

Si la persona con COVID-19 tiene su propio baño pero no está en condiciones de limpiarlo, podemos hacerlo usando una mascarilla y guantes descartables, pero solo en caso de ser absolutamente necesario.

Los objetos que toca la persona infectada

Gráfico de como limpiar los objetos que utiliza la persona enferma

BBC

Es importante no compartir objetos con el enfermo.

Por eso, debemos separar platos, cubiertos, vasos etc. para su uso exclusivo.

Una vez que los usa debemos lavarlos con detergente y agua caliente usando guantes descartables. Después de hacerlo debemos lavarnos meticulosamente las manos con jabón por al menos 20 segundos.

En cuanto a su ropa o sábanas sucias, debemos manipularlas con guantes y nunca sacudirlas. Se pueden lavar en agua caliente junto a la ropa del resto de los integrantes de la casa, y debe secarse con secarropas a temperatura caliente, si se puede.

Al terminar, lávate siempre las manos.


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