Policías, jueces y partidos políticos, los de menor credibilidad
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Policías, jueces y partidos políticos, los de menor credibilidad

Las instituciones que inspiran menor confianza ante la sociedad son los agentes de tránsito, las policías estatales, los jueces, los partidos políticos y los ministerios públicos.
21 de febrero, 2014
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Policías de tránsito, la institución con menor credibilidad en México: Parametría. //Foto: Manu Ureste

Policías de tránsito, la institución con menor credibilidad en México: Parametría. //Foto: Manu Ureste

De acuerdo con la más reciente encuesta nacional en vivienda de Parametría, las instituciones que se ubican en los últimos puestos de la escala de confianza ante la sociedad son los agentes de tránsito, las policías estatales, los jueces, los partidos políticos y los ministerios públicos.

Entre los encuestados, las siguientes instituciones reciben los menores porcentajes de confianza: los sindicatos (22 %), el Ministerio Público (20 %), los partidos políticos y jueces (19 % respectivamente), la policía estatal (17 %) y los agentes de tránsito (16 %).

Por el contrario, los mexicanos mantienen altos niveles de confianza en los militares, pues tres quintas partes de los adultos entrevistados (60 %) dicen tener mucha o algo de confianza en el Ejército, aunque se mantiene como la tercera organización más confiable en el país, después de la Iglesia católica (64 %) y los amigos y familiares (88 %).

La confianza en el Ejército Mexicano ha tenido algunos altibajos en los últimos dos sexenios, sobre todo durante la administración de Felipe Calderón, quien fomentó su participación en tareas de seguridad pública como el combate al narcotráfico. De marzo de 2013 a enero de 2014 la confianza del Ejército registró una caída de 9 puntos porcentuales pasando de 69 % a 60 %.

En comparación con otros países de América, el Ejército y la Marina de México son unas de las instituciones mejores evaluadas, cifras del estudio Latinobarómetro 2011 los ubican como uno de las cinco fuerzas castrenses con mayor confianza en Latinoamérica, detrás de la armada de Brasil, Ecuador, Colombia y El Salvador.

En países como Colombia, Nicaragua o El Salvador, las fuerzas armadas han sido utilizadas para combatir la delincuencia organizada. En dichas naciones la presencia militar en las comunidades llegó a convertirse en un evento cotidiano; sin embargo, en Nicaragua la institución militar no alcanzó la simpatía de la población que otros ejércitos lograron, apenas el 28 % de los nicaragüenses dijeron confiar mucho o algo en la milicia de su país, en todos estos casos debemos tomar en cuenta el contexto histórico en el cual se desempeñaron estas instituciones, las cuales dieron paso en algunos países a la formación de dictaduras militares.

Al aunar sobre el aprecio del ejército estadounidense —registrado por la Consultora Gallup— se observa que casi la totalidad de la población de Estados Unidos (87 %) confía más a los militares que en la policía, la iglesia, y la presidencia; este dato es consistente con el informe del Centro de Investigación Pew, que revela que el 78 % de la sociedad estadounidense considera que los miembros de las fuerzas armadas contribuyen “mucho” al bienestar de la sociedad, seguido de cerca por los profesores, médicos, científicos e ingenieros.

La percepción de los estadounidenses difiere en cierta medida de la opinión del resto de los países estudiados por el Latinobarómetro; para ellos la fuerza armada es la institución más confiable mientras que para los latinos la iglesia ocupa dicho lugar, pese a la disminución en los niveles de confianza, especialmente en algunos países que han tenido escándalos por casos de pederastia como Chile, Brasil y México.

Cabe señalar que Parametría preguntó por separado qué tanto confía la sociedad en la Iglesia y los sacerdotes, lo que permitió encontrar diferencias en los niveles de confianza y posiblemente en los de información de la población; 64 % de los entrevistados declara confiar “mucho” o “algo” en la Iglesia Católica pero solo 52 % afirma creer en los clérigos.

Los militares son bien vistos por la mayoría de los grupos sociales y demográficos en México; los hombres confían más en el Ejército que las mujeres, 57 por ciento de ellas creen en las fuerzas armadas contra 62 % de las personas de sexo masculino.

Los jóvenes, y los adultos de 36 a 45 años, al igual que los entrevistados mayores de 50 años manifiestan en mayor porcentaje tener confianza en el Ejército. En tanto que no se observan diferencias significativas en los puntos de vista sobre la confiabilidad de los militares entre los distintos niveles de educación formal de los encuestados.

Donde se percibe un aumento en la confianza es en aquellos que dicen simpatizar con el PRI, 70 % de los mexicanos que se identifican con este partido manifiestan mayor credibilidad que aquellas personas que se declaran apartidistas y panistas.

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Qué es la distimia, uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar

Puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años.
7 de septiembre, 2022
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Ana Bacovis sintió los primeros síntomas de distimia —trastorno depresivo persistente—, en su preadolescencia. A los 13 años sufría de baja autoestima, tenía problemas con sus relaciones sociales y empezó a tener una visión oscura de la vida.

“Me veía como una persona muy realista, pero en realidad era pesimista. La gente acaba cayendo en una situación en la que se siente eso como normal”, dice esta comunicadora y servidora pública.

Sus padres tardaron un tiempo en darse cuenta de que el comportamiento de su hija era inusual. Los picos de ira e irritabilidad que tuvo fueron los indicios para que Ana buscara ayuda.

“Tenemos una visión distorsionada de la depresión. Yo tenía momentos de alegría, picos muy altos de euforia. Luego eso se acababa y venía la tristeza”, recuerda.

Incluso ya con los síntomas iniciales del trastorno, solo obtuvo un diagnóstico cuando ya tenía signos de depresión más avanzados. Al recibir atención médica, la joven se enteró de que sufría distimia y que presentaba un grado moderado de ansiedad.

Selfie de Ana Bacovis, una joven con el pelo azul.

Archivo personal
Ana Bacovis empezó a tener los primeros síntomas de distimia cuando era adolescente.

Al igual que Ana, es muy común que muchos pacientes reciban el diagnóstico de este tipo de depresión después de estar durante décadas viviendo con los síntomas. A menudo, los signos más evidentes se confunden con la personalidad, el “modo de ser” del individuo. Y esto puede hacer que haya un infradiagnóstico.

“La historia más común que hay es la de alguien que tiene algún tipo de depresión leve o distimia, pero solo cuando los síntomas de la depresión se vuelven más severos el paciente busca ayuda y descubre que padece el trastorno”, destaca Marcelo Heyde, médico psiquitatra y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Pontificia Católica de Paraná (PUCPR).

Qué es la distimia

El trastorno depresivo persistente es una forma crónica de depresión y puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años. La distimia afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La principal diferencia entre la distimia y el tipo clásico de depresión es que, en el que nos ocupa, la persona puede ser funcional y realizar sus actividades con normalidad. Sin embargo, trabajar, estudiar y otras acciones cotidianas son un poco más difíciles de hacer.

“Se pueden hacer las actividades pero con un costo mayor en la rutina y una productividad reducida debido a los síntomas. La persona es funcional, pero a costa de un mayor esfuerzo”, explica Márcia Haag, psiquiatra y profesora de la Universidad Positivo de Curitiba.

Según los expertos consultados por la BBC, aún no hay consenso sobre las causas de la distimia. Por lo general, el trastorno puede ser multifactorial y estar generado por factores estresantes durante la infancia, una presdisposición genética y biológica, un traumatismo o cuestiones sociales.

Un niño con la cabeza apoyada sobre su escritorio.

Getty Images
Esta forma crónica de depresión puede aparecer en la adolescencia.

“Es posible notar que en la fase adulta el paciente llegua a consulta y tiene llanto fácil, pero cuando se profundiza e investiga, se descubre que era un niño silencioso y con dificultades para relacionarse“, señala Bianca Breda, psicóloga y especialista en terapias cognitivas del Hospital de Clínicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FMUSP).

En el caso de Ana, descubrió que padecía esta enfermedad gracias a su trabajo en un centro de apoyo a niños y adolescentes víctimas de abuso sexual. Al tener atención psicológica en el lugar, la joven pudo entender lo que estaba pasando.

Cómo identificar la distimia y distinguirla de la depresión clásica

A diferencia de otros episodios de depresión, que son más fáciles de reconocer, la distimia tiene características propias “camufladas”.

Además de tener una duración mayor, los signos más comunes pueden manifestarse a través de cansancio, fatiga, baja autoestima, indecisión y pesimismo exagerado.

En la depresión común, la más conocida, la persona tiende a mostrar síntomas exacerbados de tristeza, desánimo, desinterés por las cosas, pérdida de apetito y otros signos que pueden ser percibidos por el entorno y por el propio paciente.

“En la depresión hay una mayor intensidad, el sufrimiento de una persona con depresión suele ser mayor y la clasificamos en leve, moderada y severa. Suele estar ligada a algún evento”, dice Breda.

No es la personalidad

La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y en muchos casos se confunde como algo “de la personalidad”·

Mujer mira al horizonte a través de una ventana.

Getty Images
La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial.

Debido a este error común, el diagnóstico suele ser tardío y perjudica a los pacientes en la búsqueda del tratamiento correcto, algo que puede tardar décadas.

Es fundamental, según los expertos, dejar de decir que cierta persona es aburrida, que es así y ha sido así toda su vida y que, por tanto, no cambiará más.

“La distimia viene de modo lento y sigiloso. Sin embargo, con los años, a pesar de ser leve, el impacto funcional es grande, ya que la persona se va ganando apodos y etiquetas de gruñón y malhumorado. Esto, que es culturalmente aceptado, va retrasando el diagnóstico y también refuerza el neuroticismo, un rasgo de la personalidad que hace que se vean las cosas de un modo negativo“, explica Heyde.

En el caso de Ana, tenía dificultades para relacionarse en la escuela pero no sabía por qué. “Siempre he tenido una inseguridad mucho mayor, sobre todo en el amor. Me bloqueaba mucho”, dice.

Ella creía que todos esos sentimientos eran parte de su actitud y que, con el tiempo, podría pasar. Pero eso no pasó y los cambios de humor se sucedieron con frecuencia.

Selfie de Ana Bacovis

Archivo personal
Desde que volvió a recibir asesoramiento psicológico, Ana ha notado una mejora significativa

“Quien tiene distimia tiene una relación muy conflictiva consigo mismo. En algún momento te acabas enfadando”, dice Ana.

Cómo buscar ayuda y tratar el trastorno

Es fundamental que el paciente busque ayuda temprana para evitar el infradiagnóstico. Muchas veces, cuando hay una queja específica sobre otra enfermedad no se busca apoyo psiquiátrico y, en general, se recibe el diagnóstico de esa otra dolencia y la distimina pasa desapercibida.

“La depresión en sí tiene hasta un 50 % de casos que no son diagnosticados por los médicos de atención primaria. Imagina lo que pasa con la distimia, donde una persona puede quejarse de sentir cansancio, fatiga y baja autoestima. Es bastante común asociarla con otras enfermedades psiquiátricas, trastorno de ansiedad y uso de sustancias“, dice Haag.

El diagnóstico tardío, refuerza el médico, también puede interferir en la aparición de otras enfermedades o empeorar cada una de ellas.

“La distimia y la depresión afectan al organismo de forma sistémica y puede hacer que empeoren algunos cuadros clínicos como la diabetes, hipertensión y enfermedades reumatológicas, haciendo que el paciente necesite mayores dosis de fármacos o una combinación superior de medicamentos para estabilizar ese cuadro”, dice.

Como todavía hay bastante tabú en relación a los temas de salud mental, identificar el trastorno puede ser aún más complicado. Lo recomendable es buscar atención con psicólogos y psiquiatras, quienes evaluarán el caso y podrán determinar la línea terapeútica correcta, la cual puede hacerse con medicación o solo psicoterapia.

En el momento en que Ana descubrió la distimia, continuó con psicoterapia y terapias “alternativas” ya que, debido a su edad, su psicóloga prefería no recetarle medicamentos.

Durante algunos años, esta servidora pública interrumpió las sesiones de terapia, pero desde el inicio de la pandemia, en 2020, ha regresado. Desde entonces ha notado una mejoría significativa.

Los especialistas refuerzan la importancia de no interrumpir el tratamiento sin la autorización de un profesional de la salud y que se debe observar continuamente la evolución del trastorno.

El seguimiento médico puede durar meses o años, pero es fundamental para mejorar los síntomas y la calidad de vida del paciente.


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