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"¡Prensa, no disparen!": Llaman a protesta nacional por la violencia contra periodistas
Periodistas del DF y Veracruz, congregados este domingo 16 de febrero en la ciudad de Coatzacoalcos, convocaron a manifestarse el próximo domingo 23 de febrero en todo el país, para denunciar el acoso contra los trabajadores y trabajadoras de la prensa.
Por Redacción Animal Político
17 de febrero, 2014
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La tarde de este miércoles 12 de febrero tuvo lugar el sepelio de Gregorio Jiménez, periodista veracruzano asesinado. //Foto: cortesía Gabriela Rasgado (@ChispitaMX)

La tarde de este miércoles 12 de febrero tuvo lugar el sepelio de Gregorio Jiménez, periodista  de Veracruz asesinado. //Foto: cortesía Gabriela Rasgado (@ChispitaMX)

Periodistas del Distrito Federal y Veracruz, congregados este domingo en la ciudad de Coatzacoalcos para protestar por el asesinato de diez reporteros y fotorreporteros en lo que va del gobierno de Javier Duarte (es decir, de 2010 a la fecha), convocaron a la ciudadanía de todo el país a manifestarse el próximo domingo, 23 de febrero, para denunciar el ambiente de acoso y violencia que se cierne, en toda la república, en contra de los trabajadores y trabajadoras de la prensa.

“Los reporteros y reporteras somos los ojos, los oídos y la boca de la sociedad. Desafortunadamente, nuestro trabajo se ha convertido en un problema para la narrativa oficial. Nuestras vidas están en riesgo. La sociedad es nuestra patria y nuestra mejor aliada, a ella es a la que convocamos para que se sume a la concentración del próximo domingo, 23 de febrero, a las 12:00 horas”, y que se realizará en el Ángel de la Independencia, en el Distrito Federal, así como en plazas de otras entidades, tal como señala la invitación a la protesta, convocada bajo el lema “Prensa, no disparen”.

La manifestación, además, tendrá como bandera el reclamo de justicia para Gregorio Jiménez de la Cruz, el reportero secuestrado y asesinado entre finales de enero y principios de febrero, en Coatzacoalcos, que implica no sólo el esclarecimiento de los hechos y el sometimiento penal de los responsables, sino también el reconocimiento oficial de que el crimen cometido en su contra no se debió a una “venganza” personal, como difundió el gobierno de Veracruz.

Sin embargo, destacó el colectivo de reporteros presente en Coatzacoalcos (integrado por periodistas de distintos medios de comunicación, nacionales y estatales, además de miembros de agrupaciones defensoras de la libertad de expresión), la versión oficial “es mentira. A Goyo lo mataron porque era reportero. Lo mataron porque publicaba notas sobre asesinatos, sobre secuestros, sobre trata de personas y todos esos temas que incomodan a ciertos intereses. Lo mataron, también, porque en Veracruz se puede matar a cualquiera y no pasa nada. Por eso no le creemos al gobierno de Javier Duarte. El móvil de la muerte de Goyo es el ejercicio periodístico”.

El grupo de reporteros –quienes un día antes desmintieron las versiones difundidas por un diario de la Ciudad de México, acerca de que su presencia en Veracruz se debía a una invitación del gobierno estatal–, reiteró que acudieron a esta entidad por cuenta propia y en solidaridad con los trabajadores locales de los medios y con la familia de Gregorio Jiménez, y nunca por auspicios de la administración de Javier Duarte.

La comisión de observación de reporteros, además, acudió al estado con la intención de tomar nota acerca de los avances en la investigación sobre el secuestro y homicidio de Gregorio Jiménez, esto, a raíz de que el mismo gobierno de Veracruz ofreció públicamente que permitiría este ejercicio de transparencia, sin embargo, se denunció, hasta el día de ayer, las autoridades locales no habían permitido que dicha revisión se concretara.

Asimismo, se anunció que el próximo 5 de marzo (al cumplirse un mes del asesinato de Gregorio Jiménez), el grupo de reporteros y organizaciones de derechos humanos que impulsa la campaña “Prensa, no disparen”, presentará un informe sobre el ambiente de violencia contra periodistas en el estado de Veracruz, elaborado a partir de las consultas realizadas entre trabajadores de los medios en dicha entidad.

A continuación, te presentamos el comunicado íntegro de la misión de observación, emitido durante la noche de ayer:

Comunicado

Al concluir su Misión de Observación en Coatzacoalcos, Veracruz, periodistas y organizaciones defensoras de la libertad de expresión informaron que presentarán el informe correspondiente el próximo 5 de marzo, al cumplirse un mes del secuestro y asesinato del Fotoperiodista Gregorio Jiménez. 

En conferencia de prensa que ofrecieron en la ciudad de Xalapa, representantes de esta Misión expresaron su preocupación por las amenazas a la seguridad personal que enfrentan periodistas de Coatzacolacos, como consecuencia del clima de inseguridad e impunidad que prevalece en esa región del sur de Veracruz. 

También explicaron que las adversas condiciones laborales de los periodistas, sobre todo de quienes están asignados a la fuente policiaca, los colocan en una situación vulnerable y elevan su riesgo en la cobertura de temas relacionados con el crimen.

Bajos salarios, falta de seguridad social y capacitación, presiones por los intereses políticos y económicos que dominan la relación entre medios y el gobierno, así como amenazas del crimen provocan un clima de riesgo para los periodistas de la región. 

Estos factores sin duda elevaron el riesgo del fotoperiodista Gregorio Jiménez, quien cubría como periodista independiente la fuente policiaca para los periódicos Notisur y El Liberal, y en distintas ocasiones reportó el incremento de los secuestros y la inseguridad en Villa de Allende, donde él vivía. 

Por la información y los testimonios recabados por esta Misión, insistimos en que las autoridades no deben descartar la labor periodística de Gregorio Jiménez como móvil de su asesinato.

Por ello exigimos que la PGR, a través de la Fiscalía Especializada en Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión, atraiga el caso como dictan sus facultades, y vaya más allá de la única línea de investigación que hasta ahora han seguido las autoridades de Veracruz, que atribuyen la venganza personal como móvil de su asesinato.

Aclaramos que ninguna de las organizaciones ni periodistas que conformamos la misión recibió una invitación para acudir a Veracruz por parte del gobierno del estado, ni hemos tenido acceso al expediente judicial del crimen. Existe una cita pactada en Xalapa para mañana lunes a las 10 de la mañana con autoridades del estado, por lo que continuamos a la expectativa de que se lleve a cabo y satisfaga nuestro interés de información.

Los integrantes de la Misión de Observación elaboraremos un informe sobre el caso de la desaparición forzada de Gregorio Jiménez de la Cruz y las condiciones generales de inseguridad para el ejercicio del periodismo en el estado el próximo 5 de marzo. 

Expresamos nuestra solidaridad con la familia de Gregorio Jiménez, y demandamos que su familia no quede en la desprotección económica tras la pérdida de su principal proveedor. 

Las acciones de esta misión continúan el domingo 23 de febrero con una protesta en el Distrito Federal y otras ciudades bajo la campaña ¡Prensa, no disparen! 

Periodistas independientes

Red de Periodistas de a pie

Sociedad Interamericana de Prensa

Reporteros Sin Fronteras

Casa de los Derechos de Periodistas.

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Los niños de Chernobyl: la historia de afectados por el accidente que recibieron tratamiento en Cuba
Los gobiernos de Cuba y Ucrania anunciaron que este año retomarán la colaboración para dar atención médica a hijos de afectados por el accidente de la central nuclear de Chernóbil de 1986.
14 de junio, 2019
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“No era como estar en un hospital. Hasta los niños más enfermos lo pasaban bien”.

El ucraniano Roman Gerus tiene muy buenos recuerdos de una experiencia que tuvo su origen en una catástrofe.

Hablamos de la explosión de uno de los reactores de la central nuclear de Chernóbil el 26 de abril de 1986, tragedia que vuelve a estar de plena actualidad por la exitosa miniserie de HBO Chernobyl.

Gerus fue uno de los más de 23.000 menores afectados por el accidente que recibieron atención médica en Cuba.

El programa auspiciado por el Ministerio de Salud cubano se desarrolló entre 1990 y 2011.

A finales de mayo, las autoridades cubanas y ucranianas anunciaron su intención de retomar la iniciativa, aunque sería a menor escala que el programa de los años 90.

¿En qué consistió aquella experiencia?

A la orilla del mar

“Estuve en Cuba tres veces”, le cuenta Roman Gerus a BBC Mundo.

“La primera tenía 12 años, me quedé seis meses. La segunda tenía 14 años y me quedé tres meses. La última tenía 15 años y solo me quedé 45 días.

“Cada vez fue diferente, pero todas ellas las disfruté. Es algo que recuerdo con cariño, quiero regresar a Cuba con mi familia para mostrarles la isla”, dice.

Gerus enfatiza la belleza del escenario al que llegó para recuperarse de la enfermedad de la piel que desarrolló muchos años después del accidente de Chernóbil.

Este joven que ahora tiene 27 años ni siquiera había nacido cuando ocurrió el desastre, pero su familia vivía relativamente cerca de la planta nuclear.

“Cuando tenía unos 10 u 11 años, los doctores detectaron puntos blancos en mi piel, era vitíligo. Intentamos tratarlo en Ucrania, pero los médicos dijeron que no era tan fácil, que necesitaba medicamentos muy caros y no garantizaban que pudieran ayudarme”, relata.

“Alguien le contó a mi madre que había un programa para ir a Cuba. Ella no se lo creyó al principio porque le dijeron que era gratis, pero averiguó los detalles y rellenó los documentos.

“Esperamos al menos medio año. De repente llamaron para decir que me iba en dos semanas. No me lo podía creer. Mis padres estaban preocupados porque Cuba está muy lejos de Ucrania y yo era pequeño, pero decidimos seguir adelante y me fui”.

Más de 25.000 pacientes

El lugar donde aterrizó Gerus era un balneario situado en la playa de Tarará, unos 30 kilómetros al este de La Habana.

Fundado en los años 50 como urbanización de clase media-alta, tras la Revolución Cubana se transformó en sede de los campamentos infantiles de la organización Pioneros José Martí.

El gobierno cubano rehabilitó la zona para acoger a los miles de pacientes que participaron en el programa “Niños de Chernóbil” durante más de 21 años: desde el 29 de marzo de 1990 hasta el 24 de noviembre de 2011.

Según datos del Ministerio de Salud de Cuba, en total fueron 26.114 pacientes (el 84% niños) que procedían fundamentalmente de Ucrania, Rusia y Bielorrusia.

Las serias dificultades que Cuba atravesó durante el llamado “periodo especial” en los 90 tras la disolución de la URSS no hicieron que el programa se detuviera.

Diferentes enfermedades

El complejo de Tarará contó con residencias para los niños y sus acompañantes, dos hospitales, una clínica, un parque de ambulancias, cocina, un teatro, escuelas, parques y áreas recreativas.

Sin olvidar los dos kilómetros de playa a unos 15 minutos de distancia.

A la isla llegaron pacientes con dolencias de distinta gravedad, desde cáncer, parálisis cerebral y problemas dermatológicos hasta malformaciones, enfermedades digestivas y trastornos psicológicos.

El programa estuvo bajo la dirección de los doctores cubanos Julio Medina y Omar García, que clasificaron a los pacientes en cuatro grupos dependiendo de su estado:

  • Niños con afecciones oncohematológicas y enfermedades graves que necesitaban hospitalización y permanecían en la isla durante varios meses en dependencia de su recuperación.
  • Niños con diversas patologías que requerían hospitalización pero no eran consideradas graves. Su estadía era de 60 días o más.
  • Niños con patologías susceptibles de tratamiento ambulatorio. Su estadía era de entre 45 y 60 días.
  • Niños relativamente sanos cuya estadía era también de entre 45 y 60 días.

Dos zonas

El caso de la ucraniana Khrystyna Kostenetska, que participó en el programa cuando tenía 12 y 13 años, corresponde al cuarto grupo.

“Fui a Cuba en 1991 y 1992”, le cuenta Kostenetska a BBC Mundo.

“Las dos veces estuve allí 40 días. Se supone que ese es el período en el que el cuerpo humano tiene la capacidad de recuperarse de una dosis baja de radiación“.

Kostenetska explica que había dos zonas diferenciadas en Tarará: el campamento bajo, donde se alojaban los niños con problemas más graves de salud, y el alto, destinado a menores sin problemas de salud pero que habían estado en las cercanías de Chernóbil.

“Vivíamos en pequeñas casas independientes, unos 15 niños en cada una. Los menores del campamento alto no teníamos un tratamiento médico específico, pero sí nos chequearon la visión y nos llevaron al dentista”, detalla.

Kostenetska tiene recuerdos contrapuestos de las temporadas que pasó en Tarará.

“Recuerdo un mar increíble, las olas, los atardeceres, la naturaleza y los helados, pero también me acuerdo de niños con graves problemas de salud“, expone.

“Eran niños con vitíligo que tenían que llevar manga larga y cubrirse del sol. A pesar de eso, el clima de Cuba sanó a algunos de ellos y aceleró la recuperación de muchos otros”.

Sol sanador

Gerus fue uno de los niños que se recuperó totalmente.

“Después de la segunda vez que fui, todos los puntos se hicieron grises y desparecieron. Tomé algunos medicamentos, pero la principal medicina fue el sol”, afirma.

“Nadábamos mucho. El océano era precioso. Íbamos con los profesores a la playa, era parte del tratamiento. Siempre queríamos ir”, evoca Gerus, que recuerda que algunas noches participaban en actividades lúdicas como ir al cine o la discoteca.

Elementos poco claros

Más allá de los buenos recuerdos de Gerus y Kostenetska y de la visión positiva que generalmente se tiene del trabajo que realizó el gobierno cubano, es indudable que en Tarará se vivieron también situaciones dramáticas, especialmente si se piensa en aquellos que llegaron con dolencias más graves o en los que se quedaron fuera del programa.

En ese sentido, la corresponsal del servicio ucraniano de la BBC en Kiev Diana Kuryshko apunta que el proceso de selección de los participantes no fue del todo transparente.

“Crecí en un lugar menos contaminado, pero recuerdo vívidamente las secuelas del accidente de Chernóbil”, explica Kuryshko,

La periodista señala que aquella era una época de crisis profunda en Ucrania en la que las familias no podían permitirse el lujo de pagar billetes de avión para que los niños viajaran a lugares donde pudieran recuperarse de los efectos de la radioactividad.

“Cuando se dio a conocer el programa del gobierno cubano, la gente se emocionó pensando que podía mandar allí a sus hijos”, recuerda.

“Eras muy afortunado si tu hijo o hija podía ir a Cuba. No quedó muy claro cómo eligieron a los participantes, la realidad es que muchos de ellos no eran de familias precisamente humildes”.

A pesar de estas dudas, la percepción que se tiene en Ucrania y otras antiguas repúblicas soviéticas de la colaboración cubana es positiva y prevalece un sentimiento de agradecimiento.

“Aunque era pequeño, era capaz de entender que la situación de los cubanos era difícil, había mucha pobreza. Aun así fueron siempre muy agradables, desde los trabajadores de la cocina, hasta los profesores, los encargados de seguridad, los médicos,…”, evoca Gerus.

“Eran personas de muy buen corazón y eso fue lo más importante”.


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