Cómo satisfacer la adicción a la lectura compulsiva
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Cómo satisfacer la adicción a la lectura compulsiva

Esta adicción lejos considerarse como algo malo, debe satisfacerse.
Por Jennifer Armstrong/BBC
19 de marzo, 2014
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Foto: Cuartoscuro.

La adicción no siempre se puede considerar como algo malo. Al igual que los servicios de televisión a la carta popularizaron el ver compulsivamente la televisión, los editores de libros buscan alimentar las ansias de los lectores publicando con más rapidez que nunca las entregas de las secuelas de sus queridas series de novelas.

La adicción no siempre se puede considerar como algo malo. Al igual que los servicios de televisión a la carta popularizaron el ver compulsivamente la televisión, los editores de libros buscan alimentar las ansias de los lectores publicando con más rapidez que nunca las entregas de las secuelas de sus queridas series de novelas.

A este fenómeno que se puede calificar de lectura compulsiva, un concepto que, hasta ahora, sólo era posible con aquellas series que ya tenían varios volúmenes en los estantes de las librerías. A este fenómeno que se puede calificar de lectura compulsiva, un concepto que, hasta ahora, sólo era posible con aquellas series que ya tenían varios volúmenes en los estantes de las librerías.

Los editores saben lo que es un frenesí insaciable cuando lo ven.

Los editores saben lo que es un frenesí insaciable cuando lo ven.

Los fanáticos de las series de suspenso como Divergente y Los juegos del hambre devoraban los libros tan pronto como eran publicados, incluso habiendo esperado un año o más entre las secuelas. Lo mismo sucedió con los lectores de Juego de tronos.

Los fanáticos de las series de suspenso como “Divergente” y “Los juegos del hambre” devoraban los libros tan pronto como eran publicados, incluso habiendo esperado un año o más entre las secuelas. Lo mismo sucedió con los lectores de “Juego de tronos”.

Pero esos mismos aficionados también son conocidos por quejarse de la lentitud que ha tenido el autor George R.R. Martin para terminar los dos últimos libros de la saga.

Pero esos mismos aficionados también son conocidos por quejarse de la lentitud que ha tenido el autor George R.R. Martin para terminar los dos últimos libros de la saga.

La bloguera de Book Rock Betty escribe: “A veces dudo en comprar el siguiente libro de la serie al momento de su publicación, porque sé que la espera para el próximo o para el último libro me parecerá una eternidad”.

La bloguera de Book Rock Betty escribe: “A veces dudo en comprar el siguiente libro de la serie al momento de su publicación, porque sé que la espera para el próximo o para el último libro me parecerá una eternidad”.

Los editores han escuchado estas quejas: el éxito en las listas de la serie de Cincuenta sombras de Grey, de E.L. James, marcaron la irrupción de una nueva estrategia dirigida específicamente a los lectores compulsivos, la publicación compulsiva.

Los editores han escuchado estas quejas: el éxito en las listas de la serie de “Cincuenta sombras de Grey”, de E.L. James, marcaron la irrupción de una nueva estrategia dirigida específicamente a los lectores compulsivos, la publicación compulsiva.

A diferencia de Juego de tronos o Los juegos del hambre, las tres novelas de “Cincuenta sombras de Grey” fueron publicadas en un período de seis meses.

Mi experiencia

Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

Cuando tenía 12 años tuve mi primera experiencia de lectura compulsiva.

Me gustaba ir a la biblioteca casi todos los días después de la escuela. En el último pasillo a la izquierda me agachaba delante de los estantes más bajos y extraía un libro de la mega-serie “Mellizas y rivales”, también conocida como “Las gemelas de Sweet Valley”.

Tomaba la copia maltratada y me la llevaba a un rincón en la esquina trasera y la leía, transformándome de una preadolescente desconcertada en las hermosas gemelas rubias Wakefield, Elizabeth y Jessica.

Al poco tiempo, en mi cabeza, paseaba por las calles del sur de California en un convertible rojo Fiat Spider, debatiendo sobre quién podía o no unirse a la hermandad de mujeres de la escuela secundaria.

Podía leerme todo el libro en una sola sentada, lo que estaba bien, pues ya se habían publicado cerca de 50 libros de la serie antes de que llegara a la escuela secundaria.

Hoy en día, es aún mucho más fácil ser un lector compulsivo.

La primera entrega de la serie de ciencia ficción “Aniquilación”, de Jeff VanderMeer, llegó a las tiendas en febrero. El segundo y tercer libro llegarán en septiembre.

Del mismo modo, la obra de suspenso publicada en febrero por M.D. Waters, “Arquetipo”, tendrá una continuación en julio, llamada “Prototipo”.

Penguin Berkley y NAL Publishing Groups abrieron una página en Facebook de lecturas compulsivas y crearon el hashtag #bingereads para promover series aptas para un consumo rápido, como la serie romántica paranormal de J.R. Ward, “La hermandad de la daga negra”.

Parece que les está funcionando: la página ya cuenta con cerca de 10.000 aficionados después de una semana en línea.

Tiene sentido que un ciclo de publicación orientada a la compulsión sea tentadora para los editores, ya que significa hacer más dinero en un período más corto.

Mi experiencia lo confirma: si hubiese tenido que pagar para obtener cada nuevo libro de “Mellizas y rivales”, hubiese acabado rápidamente con la mayor parte de mi presupuesto.

Oferta y demanda

Conaculta realizará el Primer Festival Internacional de Poesía y Prosa.

Conaculta realizará el Primer Festival Internacional de Poesía y Prosa.

Las publicaciones compulsivas funcionan mejor con algunas series que con otras. ¿Podría la editorial Random House haber contado con mantener el interés de la audiencia durante años con la serie de “Cincuenta sombras de Grey”?

En el caso de mi amada “Mellizas y rivales”, así como un sinnúmero de series de adolescentes contemporáneas, la audiencia principal, inevitablemente superará la obsesión y seguirá adelante.

Un encuentro que experimenté demuestra el incentivo financiero de la lectura compulsiva para los editores.

Leí “El diario de Bridget Jones” un poco más tarde que el resto, en el año 2000, cuando ya tenía una segunda parte.

Fue una suerte, ya que terminé el libro en cuestión de días durante un viaje de negocios a Atlanta. Lo leí en Starbucks, en el ascensor y bajo las sábanas de la cama del hotel. De mala gana tomé un descanso al día siguiente para concretar un negocio y luego me apresuré a volver a la cama, pedí servicio a la habitación y lo terminé de leer alrededor de las diez de la noche.

De repente me sentí afligida por no tener a Bridget para que me hiciera compañía. ¿Cuántos kilos estará perdiendo ahora? ¿Todavía estará enamorada de Mark Darcy?

Medité sobre estas preguntas hasta que recordé que las respuestas estaban allí. “Bridget Jones: Al borde de la razón” estaba en las estanterías de una librería en alguna parte.

En esos días utilizábamos internet de manera diferente y estaba en una ciudad desconocida: no podía encontrar una librería abierta ni comprarlo en línea.

Tuve que esperar tres largos días hasta que regresé a Chicago, corrí a mi Barnes & Noble y abracé una vez más a mi nuevo amigo.

Apenas importaba que el segundo libro no estuviera a la altura del primero, siempre y cuando sintiera cómo Bridget todavía estaba conmigo por un rato más.

Este es el tipo de obsesión a la que los editores están apostando.

Locos por el libro

Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

Mi encuentro con Bridget Jones destaca una de las mejores partes de la lectura compulsiva: se trata de una experiencia en la que se suspende el juicio crítico y permite que sea relevado por un auténtico gozo.

“Si le preguntas a un fanático de ‘House of Cards’ lo que sucedió en la segunda temporada, en el episodio cuatro, no van a tener ni idea porque lo devoraron demasiado rápido. La lectura compulsiva es la misma cosa -agrega-, pero con los libros. Prácticamente, puede significar todo, desde leer rápidamente el principio y el final de los párrafos, saltándose por completo las cosas que no te gustan”: Phil Edwards, escritor

Te gusta pasar el tiempo con estos personajes, independientemente de su mérito literario que explica por qué muchos candidatos de lectura compulsiva parecen caer en la corriente principal de categorías de géneros de ficción en lugar de la de los ganadores del Premio Nobel.

“La lectura compulsiva es la misma cosa -agrega-, pero con los libros. Prácticamente, puede significar todo, desde leer rápidamente el principio y el final de los párrafos, saltándose por completo las cosas que no te gustan”.

Por supuesto, ir a lo loco o demasiado rápido con la lectura compulsiva te puede hacer sentir tan horrible como lo que ocurre después de un atracón de comida o bebida: demasiado lleno, aturdido y con necesidad de la luz del sol y de ejercicio.

¿La buena noticia? Incluso la peor lectura compulsiva tiene que ser considerada como el más productivo de los comportamientos compulsivos.

Sí, es posible que se vuelva un poco obsesivo y que se sienta irracionalmente cerca de los personajes, como si realmente los conociera o que incluso haya vivido sus vidas.

Pero como alguien que escribe libros para ganarse la vida y que también ha sido lectora, les puedo decir: eso es lo que ambas partes sueñan.

Y a veces un gran libro simplemente te llega, aunque esté lejos de ser un placer culposo. Cuando leí el asombroso libro de Dave Cullen, “Columbine”, una investigación profunda sobre los tiroteos en las escuelas en Littleton, Colorado en 1999, me quedé despierta varias noches leyendo hasta que no podía mantener los ojos abiertos y luego, cuando dormía, sufría de terribles sueños.

Pero el trabajo de Cullen era tan maravilloso, y tan aterrador, que, literalmente, me mantuvo despierta por las noches; francamente, se sentía como la respuesta más racional para esta historia en particular.

A veces tenemos que escapar del mundo, a veces necesitamos desesperadamente relacionarnos con él. La magia de los libros es que podemos hacer las dos cosas a través de ellos, sin calorías extras ni una resaca para demostrarlo.

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El inquietante aumento de los suicidios entre las mujeres en Japón durante la pandemia

Los efectos económicos y sociales de la pandemia y una conducta de imitación por casos de suicidio entre celebridades están impulsando este "impactante" fenómeno en el país asiático.
23 de febrero, 2021
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Japón informa de los suicidios con mayor rapidez y precisión que cualquier otro país del mundo. A diferencia de la mayoría de los países, se recopilan las cifras al final de cada mes.

Durante la pandemia de covid-19 los números han contado una historia inquietante.

En 2020, las tasas de suicidio en Japón subieron por primera vez en 11 años. Lo más sorprendente es que, mientras los suicidios masculinos descendieron ligeramente, las tasas entre las mujeres se dispararon casi un 15%.

Solo en octubre, la tasa de suicidios femeninos en el país dio un salto de más del 70%, en comparación con el mismo mes del año anterior.

¿Qué está ocurriendo? ¿Y por qué la pandemia parece estar afectando mucho más a las mujeres que a los hombres?

*Advertencia: Algunos pueden encontrar el contenido de esta historia perturbador

Encontrarse cara a cara con una joven que ha intentado suicidarse en repetidas ocasiones es una experiencia inquietante. Ha despertado en mí un nuevo respeto por quienes trabajan en la prevención del suicidio.

Estoy sentada en un centro de acogida en el barrio rojo de Yokohama, dirigido por una organización benéfica dedicada a la prevención del suicidio que se llama Proyecto Bond.

Al otro lado de la mesa hay una mujer de 19 años, con el pelo recogido. Está sentada. Muy quieta.

En silencio, sin mostrar emoción alguna, empieza a contarme su historia.

Dice que todo empezó cuando tenía 15 años. Su hermano mayor empezó a abusar de ella con violencia. Al final se escapó de casa, pero eso no puso fin al dolor y la soledad.

Acabar con su vida parecía la única salida.

“Desde el año pasado por estas fechas, he estado entrando y saliendo del hospital muchas veces”, me cuenta.

“Intenté muchas veces suicidarme, pero no lo conseguí, así que ahora supongo que he renunciado a intentar morir”.

Lo que la detuvo fue la intervención del Proyecto Bond. Le encontraron un lugar seguro para vivir y empezaron a darle asesoramiento intensivo.

Jun Tachibana es la fundadora del Proyecto Bond. Es una mujer fuerte, de 40 años, con un optimismo infatigable.

Jun Tachibana

BBC
Tachibana, del Proyecto Bond, afirma que la covid-19 parece estar llevando al límite a quienes ya son vulnerables.

“Cuando las chicas tienen verdaderos problemas y sufren, realmente no saben qué hacer”, asevera.

“Nosotros estamos aquí, dispuestos a escucharlas, a decirles: estamos con vosotras”.

Tachibana afirma que la pandemia parece estar llevando al límite a quienes ya son vulnerables.

Describe algunas de las desgarradoras llamadas que ha recibido su personal en los últimos meses.

Escuchamos muchas frases como “Quiero morir” o “No tengo adónde ir”, asegura. “Dicen: ‘Es tan doloroso, me siento tan sola que quiero desaparecer'”.

Para quienes sufren abusos físicos o sexuales, la pandemia ha empeorado mucho la situación.

“Una chica con la que hablé el otro día me confesó que su padre la acosa sexualmente”, cuenta Tachibana.

“Pero, debido a la pandemia, su padre no trabaja mucho y está más en casa, así que no puede escaparse de él”.

Un patrón “muy inusual”

Si se observan los anteriores periodos de crisis en Japón, como la crisis bancaria de 2008 o el colapso del mercado bursátil y la burbuja inmobiliaria a principios de la década de 1990, el impacto se dejó sentir sobre todo en los hombres de mediana edad.

Se observaron grandes picos en las tasas de suicidio masculino.

Pero la crisis de la covid-19 es diferente, está afectando a los jóvenes y, en particular, a las mujeres jóvenes. Las razones son complejas.

Número de suicidios en Japón. 2008 - 2020. .

Japón solía tener la tasa de suicidio más alta del mundo desarrollado.

En la última década, ha tenido un gran éxito en la reducción de las tasas de suicidio: han caído alrededor de un tercio.

La profesora Michiko Ueda es una de las principales expertas en suicidios de Japón. Me cuenta lo impactante que ha sido presenciar el fuerte retroceso de los últimos meses.

“Este patrón de suicidios femeninos es muy, muy inusual”, me revela.

“Nunca había visto un aumento tan grande en mi carrera como investigadora en este tema. Lo que ocurre con la pandemia de coronavirus es que las industrias más afectadas son las que cuentan con personal femenino, como el turismo y el comercio minorista y las industrias alimentarias”.

Japón ha visto aumentar considerablemente el número de mujeres solteras que viven solas -muchas de ellas optan por ello en lugar de casarse- lo que desafía los tradicionales roles de género que aún perviven en el país.

La profesora Ueda afirma que las mujeres jóvenes también son mucho más propensas a tener empleos precarios.

depresión

Getty Images
En octubre del año pasado, 879 mujeres se quitaron la vida. Esto supone un aumento de más del 70% respecto al mismo mes de 2019.

“Muchas mujeres ya no están casadas”, relata.

“Tienen que mantener su propia vida y no tienen trabajos permanentes. Así que, cuando ocurre algo, por supuesto, se ven afectadas muy duramente”.

“El número de pérdidas de empleo entre el personal no permanente es enorme en los últimos ocho meses”.

Hay un mes que destaca. En octubre del año pasado, 879 mujeres se quitaron la vida. Esto supone un aumento de más del 70% respecto al mismo mes de 2019.

Los titulares de los periódicos dieron la voz de alarma.

Algunos comparaban el número total de suicidios de hombres y mujeres en octubre (2.199) con el número total de muertes en Japón por coronavirus hasta ese momento (2.087).

Algo particularmente extraño estaba ocurriendo.

El 27 de septiembre del año pasado, una actriz muy famosa y popular llamada Yuko Takeuchi fue encontrada muerta en su casa. Después se conoció que se había quitado la vida.

Yuko Takeuchi

Getty Images
La actriz japonesa Yuko Takeuchi fue encontrada muerta en su casa y los expertos han percibido un efecto de imitación.

Yasuyuki Shimizu es un antiguo periodista que ahora dirige una organización benéfica dedicada a combatir el problema del suicidio en Japón.

“Desde el día en que se hace público que un famoso se ha quitado la vida, el número de suicidios aumenta y se mantiene así durante unos 10 días”, estima.

“A partir de los datos podemos ver que el suicidio de la actriz el 27 de septiembre provocó 207 suicidios femeninos en los 10 días siguientes”.

Si se observan los datos de los suicidios de mujeres de la misma edad que Yuko Takeuchi, las estadísticas son aún más reveladoras.

“Las mujeres de 40 años fueron las más influenciadas de todos los grupos de edad”, sostiene Shimizu.

“Para ese grupo (la tasa de suicidio) se duplicó con creces”.

Otros expertos coinciden en que existe una conexión muy fuerte entre los suicidios de famosos y un repunte inmediato de los suicidios en los días posteriores.

El fenómeno de los famosos

Este fenómeno no es exclusivo de Japón, y es una de las razones por las que informar sobre el suicidio es tan difícil.

Cuanto más se hable del suicidio de un famoso en los medios de comunicación y en las redes sociales, mayor será el impacto en otras personas vulnerables.

Una investigadora de este tema es Mai Suganuma. Ella misma vivió de cerca un suicidio. Cuando era adolescente, su padre se quitó la vida.

Ahora colabora en apoyar a las familias de otras personas que se han suicidado.

Y al igual que el coronavirus está dejando a familias sin poder llorar a sus seres queridos, también está haciendo más difícil la vida a los parientes de las víctimas de suicidio.

“Cuando hablo con los familiares, su sentimiento por no poder salvar a su ser querido es muy fuerte, lo que a menudo hace que se culpen a sí mismos”, explica Mai Suganuma.

People walk past the entrance of an Karaoke store closed due to the spread of the conoravirus in Tokyo

Getty Images
Las calles de Japón se han vaciado por la tercera ola de la pandemia.

“Yo también me culpé por no haber podido salvar a mi padre”.

“Ahora les dicen que deben quedarse en casa. Me preocupa que el sentimiento de culpa se haga más fuerte. Para empezar, los japoneses no hablan de la muerte. No tenemos una cultura de hablar de los suicidios”.

Japón se encuentra ahora en la tercera ola de infecciones por covid-19, y el gobierno ha ordenado un segundo estado de emergencia.

Es probable que se prolongue hasta bien entrado febrero. Más restaurantes, hoteles y bares están cerrando sus puertas. Más personas están perdiendo sus empleos.

Para Ueda hay otra pregunta persistente. Si esto ocurre en Japón, sin cierres estrictos, y con relativamente pocas muertes por el virus, ¿qué está ocurriendo en otros países donde la pandemia es mucho peor?


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