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Esto es un "safari" por Tepito
Animal Político fue uno de los invitados a descubrir otra cara de Tepito, desde las voces de habitantes de cepa, cuatro actores adoptados, rugidos de motos y una taquiza monumental.
Por Paola Morales M
12 de marzo, 2014
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tepitoLa vida que cada uno lleva es única, pero hay puntos en que nuestras historias coinciden y es cuando te das cuenta que hay otro, viene el entendimiento, la aceptación y la vida, tal cual, de gente tratando de salvarse a sí misma a través de la soledad, la fatalidad o la injusticia.

Safari en Tepito se construye en un laberinto de cuatro historias compartidas entre habitantes de cepa de este mítico barrio y cuatro actores adoptados en sus casas durante dos semanas.

La palabra safari viene del árabe safar, viaje. Se refiere a un viaje o caravana especialmente para cazar o explorar en África.

Animal Político fue uno de los invitados a este viaje y esto es lo que pasó.

Todo empieza con la llamada de Mauricio, uno de los actores, quien nos indica el lugar y la hora del punto de partida.

La cita es en la estación “Lagunilla” del Metro abajo del reloj (como marca la tradición) en el anden que va con dirección a Ciudad Azteca.

Debes llevar ropa cómoda, pantalones y unos buenos zapatos para caminar. Al igual que tú, otro grupo de personas sale, al mismo tiempo, de otros tres puntos distintos.

Muñecos feos

Estamos en la vecindad conocida como “El Predio”, en la casa D150.

Primero conocemos a Verónica, una soltera por convicción y amante de sus 25 sobrinos por vocación. Tiene 55 años y es una de las “7 cabronas invisibles de Tepito”.

Él es Mauricio Isaac. Es actor y durante dos semanas fue el pariente adoptivo de Vero. Durmió en su sillón, vivió en su casa y trabajó cada uno de esos días en el puesto de bolsas y pupilentes que ella tiene en el Barrio Bravo.

Los dos trataron de entenderse desde una infancia solitaria, sin el amor cotidiano de que alguien se está haciendo cargo de ti.

Ella vivió en la cotidianidad del abuso sexual, “yo veía el abuso sexual como algo normal, porque lo veía en mis vecinos, ellos también eran abusados”, y logró la madurez haciéndose cargo, sin pedirlo, de sus catorce hermanos.

“Procuro estarme riendo, aunque se me vea la cara de enojada”: Verónica

Él sobrevivió al alcoholismo que su padre adoptó como religión una vez que su madre los abandonó, “entonces llegó el teatro, el teatro como disciplina fue lo que me fue llevando por el buen camino… Después entendí que mi papá hizo lo que pudo”.

“Para la oscuridad hay muchas cosas, pero yo siempre he buscado la luz”: Verónica.

Ahora dejamos atrás “El Predio” para llegar al puesto de guayaberas de Pipiolo, el colorido primo de Verónica. Él vive en la calle Tenochtitlán, ubicada en el corazón del Barrio Bravo, pero desde hace 40 años tiene su local en una de las tantas calles que conforman el entramado del tianguis de Tepito.

Al llegar, Pipiolo nos recibe con música y baile, porque “esto también es Tepito”.

Pipiolo se queda atrás entre música, los ruidos de los puestos que comienzan a levantarse y las primeras sombras de la gente que sale a pepenar entre la basura.

Llegamos al 15 de Peralvillo. Ahí están Rocío Hurtado, Andrés y su iguana Ringo, y algunas personas que salieron al Safari desde otro punto.

Andrés cuenta por qué esta vecindad es célebre mientras Rocío convida de un mensaje hecho en chocolate “Tepito existe porque resiste”.

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Nos despedimos de Mauricio, quien fue nuestro guía hasta este momento, y salimos del 15. Afuera, aguarda un escuadrón de diez motonetas para dirigirnos al Jardín Santiago, ubicado en la colonia Unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco. Fue construido entre 1960 y 1965 en los terrenos que fueron los patios de maniobras de la estación de carga de los Ferrocarriles Nacionales de México. También es la zona donde se fundó Tlatelolco.

Cae la tarde a un costado de la Plaza de las Tres Culturas. Estamos con Mayra Valenzuela y Mónica del Carmen, ellas son ahora nuestras guías en este viaje.

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Ahora estamos en el cruce de las calles Tenochtitlán y Constancia, en la iglesia de la Concepción; en una placa se lee: “Tequipehuacan, lugar donde comenzó la esclavitud, aquí fue hecho prisionero Cuauhtemotzin la tarde del 13 de agosto de 1521”. Así, comenzamos a caminar a través de Tenochtitlán para llegar a Peralvillo 22, una unidad habitacional erigida tras el terremoto de 1985.

Aquí vive Mayra Valenzuela, quien se convirtió en defensora de los derechos humanos tras ser víctima de un atentado en 2004 dentro de las instalaciones de la Escuela de Trabajo Social. Aquí, la actriz Mónica del Carmen, nacida en Miahuatlán, Oaxaca, habitó durante dos semanas. Aquí, ambas encontraron que, de alguna u otra forma, la lucha política ha sido parte de su proyecto de vida.

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“No voy a decir que la justicia existe, pero tengo que hacerlo por la gente que subió a verme al hospital y no pude llorar, porque con el pulmón perforado, uno no puede llorar”: Mayra.

Antes de dejar atrás Peralvillo 22, Mayra nos presenta el himno del Barrio Bravo:

Ahora llegamos a un deportivo, formados en filas de dos y nos piden preguntarle a nuestro compañero que es significa la justicia. En medio de la oscuridad, se enciende un círculo de fuego, rugen las motos y suena el Danubio Azul:

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Tras el vals, volvemos a subir a las motonetas. Llegamos a la asociación de comerciantes de Tepito para someternos a una abundante taquiza.

Aquí termina este safari en Tepito.

Teatro de intervención social

Safari en Tepito está basado en el concepto Wijksafari creado por la holandesa Adelheid Roosen, fundadora de Female Economy.

El Wijksafari es teatro de intervención social diseñado para desarrollarse en cualquier barrio estigmatizado por las diferencias sociales y culturales. Consiste en seleccionar un cierto número de habitantes de un barrio (denominado pariente adoptivo) dispuestos a hospedar y convivir con un actor durante dos semanas.

Tras la convivencia surge un texto teatral que es ensayado en la casa del pariente adoptivo para ser representado al público en el mismo lugar.

El Wijksafari fue presentado por primera vez entre 2011 y 2012 en Amstérdam en el barrio musulmán Slotermeer.

¿Por qué es interesante este proyecto en Tepito? Mayra, Mauricio y Daniel Giménez Cacho, director del Safari, nos cuentan:

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Aquí les dejamos un par de videos; el primero es de un taller sobre el montaje en Tepito; el segundo, sobre el Safari en Amstérdam:

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Qué: Safari en Tepito.
Cuándo: Del 13 de marzo al 13 de abril. Funciones de jueves a domingo, 17 horas.
Cuánto: 300 pesos.
Duración aproximada cuatro horas.
Los boletos están a la venta en las oficinas del Bar Milán, en la calle Milán 18, colonia Juárez, o en las taquillas del Teatro El Milagro.

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