Peña enviará al Senado un convenio para reconocer los derechos de las trabajadoras del hogar
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Peña enviará al Senado un convenio para reconocer los derechos de las trabajadoras del hogar

El Senado debe ratificar el convenio 189 de la OIT, el cual busca dignificar el trabajo doméstico en el mundo.
31 de marzo, 2014
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Premios contra la discrimiinación. Foto: Conapred.

Premios contra la discrimiinación. Foto: Conapred.

El titular de la Secretaría de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, se comprometió este lunes a que el presidente Enrique Peña Nieto enviará al Senado de la República la propuesta de ratificación del convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), para reconocer los derechos de las y los trabajadores del hogar.

Durante su participación en la entrega de los Premios Igualdad y la no Discriminación, el secretario de Gobernación se comprometió a nombre del Gobierno de la República a enviar la propuesta al Senado para su estudio y ratificación.

Es fundamental, dijo, que los derechos de los trabajadores y trabajadoras del hogar sean reconocidos y respetados en los términos que establecen la Constitución y los tratados internacionales.

Entre ellas, Osorio Chong detalló que se propusieron cambios para fijar en 15 años la edad mínima para trabajar, así como la creación de la Pensión Universal bajo un esquema de solidaridad social.

Asimismo, se prevén modificaciones a la Ley General de Salud para garantizar la protección mediante el financiamiento y la coordinación eficiente, oportuna y sistemática de los tres órdenes de gobierno en la prestación de servicios.

Premia Conapred a defensora de derechos de trabajadoras del hogar

De Marcelina Bautista, quien fue recibió el premio nacional de Conapred en esta ceremonia por su labor en la defensa de las trabajadoras del hogar, enfatizó que con su incansable promoción de los derechos de este sector, ha enfatizado en los aspectos intangibles del trabajo en el hogar, como son el cuidado del patrimonio, la atención familiar, y el funcionamiento y apoyo a la vida cotidiana.

 

En la ceremonia también fueron premiados el Centro Integral de Atención a las Mujeres (CIAM), Cancún, fundado por la periodista Lydia Cacho, que brinda atención a mujeres y niñas víctimas de violencia y discriminación.

De igual manera se entregó el premio de manera póstuma al empresario Javier Rangel González, también miembro de la Asamblea Consultiva del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), por su defensa de los derechos laborales y su lucha por la inclusión de todas las persona en la vida laboral sin importar su condición social, étnica, sus discapacidades físicas o preferencias sexuales.

Las trabajadoras del hogar en México

En México, cerca de 2.2 millones de personas se dedican al trabajo del hogar, 90% de las cuales son mujeres y nueve de cada 10 no cuentan con un contrato laboral. En promedio, los empleados del hogar remunerados laboran 31.5 horas a la semana, destacó el Conapred en un estudio.

El poco sueldo es uno de los principales problemas de las trabajadoras del hogar, seguido por el abuso, el maltrato, la humillación y la discriminación.

Es prácticamente “inexistente” el porcentaje de trabajadoras del hogar que cuentan con un documento donde se avale el carácter de su relación laboral.

Algunos sectores de la sociedad que hacen uso de su trabajo “aplican estereotipos y directamente las estigmatizan, las maltratan y las invisibilizan.

Además, de acuerdo con Conapred, 2 de cada 10 trabajadoras del hogar cuentan con alguna protección de salud, 4 de cada 10 trabajan más de 40 horas a la semana, 7 de cada 10 tienen ascendencia indígena, 7 de cada 10 no tienen ninguna prestación formal, 7 de cada 10 ganan menos de 2 salarios mínimos y 8 de cada 10 no cuentan con una pensión para su retiro.

C189 by http://www.animalpolitico.com

Con información de Notimex y Milenio.

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Vacuna contra COVID: por qué algunas dosis acaban en la basura y qué se puede hacer para evitarlo

El mundo vive una carrera por hacerse con las escasas vacunas disponibles contra la COVID. ¿Por qué algunas acaban en la basura o se vacuna a personas no prioritarias?
5 de febrero, 2021
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Enfermeras cargan dosis de la vacuna en Nantes, Francia.

Reuters
Muchos países se enfrentan al reto de administrar las vacunas antes de que se estropeen.

Golpeado por la pandemia de covid, el mundo se enfrentó primero al reto de desarrollar en tiempo récord una vacuna. Ahora, al de distribuirla a escala planetaria sin malgastar una sola de las preciadas dosis.

Con la oferta de vacunas disponibles lejos aún de cubrir la ingente demanda mundial, los gobiernos han establecido rigurosos planes de vacunación que establecen los colectivos que deben ser vacunados primero: generalmente, personas mayores, enfermos crónicos y trabajadores de los servicios de salud.

Sin embargo, no han tardado en aparecer las noticias de personas no pertenecientes a estos grupos prioritarios que recibían la vacuna, o, algo más sorprendente aún, de dosis que acababan en el cubo de la basura.

En la ciudad de Trelew, en la Patagonia argentina, la prensa local informó de que hubo que desechar 140 dosis de la vacuna rusa Sputnik-V porque se había roto la cadena de frío en su conservación.

En España, el general al mando de las Fuerzas Armadas tuvo que dimitir después de que se hiciera público que había recibido la vacuna, pese a que algunos de sus colaboradores les dijeron a los medios españoles que lo había hecho precisamente para evitar que se echaran a perder las dosis sobrantes en su departamento tras vacunar a las personas prioritarias.

En México, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, condenó por “inmoral” al médico que vacunó a dos familiares después de un error en el sistema de citas del hospital en el que trabaja.

Son solo algunos ejemplos de noticias que han provocado malestar y críticas en muchos países cuando la mayoría de la gente sigue a la espera y en muchos casos aún sujeta a distintos grados de confinamiento.

El desafío de optimizar las vacunas

Lo cierto es que los sanitarios se pueden ver a veces ante un incómodo dilema, ya que las vacunas requieren condiciones especiales de conservación y, en algunos casos, sobre todo en pequeñas localidades o lugares alejados, no pueden cumplirse a rajatabla los estrictos criterios fijados por los gobiernos.

La vacuna fabricada por Pfizer, por ejemplo, debe conservarse a temperaturas muy bajas y, una vez descongelada, ha de usarse antes de 5 días.

La Sputnik-V se comercializa en ampollas de cinco dosis, por lo que si se quiere evitar malgastar ninguna, debe haber un número igual de pacientes listos para recibir el pinchazo.

Una profesional de la salud recibe la vacuna en un hospital de Ciudad Juárez, México.

Reuters
Los trabajadores sanitarios figuran entre los colectivos prioritarios en la mayoría de países.

Como explicó en conversación con BBC Mundo el doctor Pablo Bonvehí, jefe de la sección Infectología y Control de Infecciones del CEMIC, un centro de investigación médica de Buenos Aires, “la prioridad es no desperdiciar la vacuna“.

“Una campaña de vacunación, y más una como esta, es siempre un gran desafío de ingeniería”, indica el experto. Y no siempre es posible acomodar la disponibilidad de vacunas con el número de pacientes dispuestos a ponérsela, su disponibilidad para acercarse a los centros de vacunación a recibirla y las necesidades de espacio para mantener la distancia social en ellos.

A esto se suma el problema de los pacientes que no acuden a las citas programadas, sea porque no pueden desplazarse o porque, como los seguidores del movimiento antivacunas, rechazan la inmunización o desconfían de los gobiernos y los fabricantes de medicamentos.

¿Qué hacer entonces con la dosis sobrante cuando ya se ha cubierto el cupo de pacientes prioritarios agendados para el día?

Contenedores de residuos sanitarios en Manchester, Inglaterra.

Getty Images
En algunos países ya ha habido noticias de vacunas que acaban en la basura.

En Estados Unidos ya ha habido centros sanitarios que han empezado a convocar por la emisora de emergencias a los paramédicos que quieran vacunarse una vez cubierto el cupo diario para evitar que se echen a perder las dosis sobrantes.

Y un equipo médico del estado de Oregón que quedó atrapado en una congestión de tráfico comenzó a vacunar a otros automovilistas retenidos ante la imposibilidad de volver a refrigerar a tiempo las dosis que llevaban consigo.

Mejor en un brazo que en el cubo de la basura

Ante la emergencia sanitaria global, los centros médicos a nivel local se enfrentan al desafío de vacunar a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo posible, conservando adecuadamente las vacunas y priorizando a los grupos de población de riesgo establecidos por las autoridades nacionales.

En esa tarea titánica, han encontrado una inesperada colaboración en los grupos de espontáneos que hacen fila junto a las clínicas y los centros de vacunación a la espera de que se les administre alguna de las dosis no utilizadas, una imagen cada vez más frecuente en Estados Unidos y en Israel, el país que lidera la frenética carrera global por la vacunación.

“A todas las dificultades se suma la de la incertidumbre acerca de las dosis que se van recibir y cuándo”, señala el doctor Bonvehí.

Para los dispensarios locales se complica aún más llevar una planificación adecuada de la vacunación ya que en muchos casos los gobiernos tampoco han podido ofrecer un calendario claro de vacunación y son ellos quienes centralizan la adquisición de los medicamentos.

Un hombre carga una bombona de oxígeno en Manaos, Brasil.

Reuters
América Latina es una de las regiones más golpeadas por la pandemia y muchos países aún no han podido comenzar a vacunar.

Para los países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, que se encuentran detrás de los más ricos en la lista de espera global por recibir la vacuna en la cantidad y con la regularidad suficientes, hacer un uso óptimo de las que llegan se hace más crítico si cabe.

Bonvehí propone que “en las citas se llame a pacientes suplentes, para que, si alguien no se presenta, no haya que desperdiciar ninguna dosis”.

Y la Organización Mundial de la Salud ha pedido que los países más prósperos, que han comprado muchas más dosis de las necesarias para vacunar a toda su población, envíen las que no usen a los países en desarrollo.

Todo, porque, como le dijo Amesh Adalja, especialista en enfermedades infecciosas de la Johns Hopkins University, a la cadena NPR, “una vacuna en un brazo siempre va a ser mejor que una vacuna en el cubo de la basura”.


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