Eliminan protección ambiental en zona con mayor "potencial turístico" del Nevado de Toluca
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Eliminan protección ambiental en zona con mayor "potencial turístico" del Nevado de Toluca

La Peñuela tiene una riqueza excepcional: congrega distintas especies forestales, un ojo de agua, dos cascadas, dos arroyos, varios peñascos aptos para escaladores, así como distintos puntos de observación de paisajes, riquezas naturales que no podían ser explotadas mientras fuera parte del área de protección, situación que quedó resuelta con el decreto del presidente Peña.
Por Paris Martínez
19 de marzo, 2014
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Nevado de Toluca.

Nevado de Toluca.

Con el cambio de estatus legal del Nevado de Toluca –que en octubre de 2013 dejó de ser Parque Nacional, para convertirse en Área de Protección de Flora y Fauna, permitiéndose así la explotación de sus recursos–, a esta área natural protegida le fueron retiradas 397 hectáreas de su territorio original, entre las cuales se encuentran 100 hectáreas de La Peñuela, que es considerado como el punto con “más alto valor potencial turístico” en toda esta región.

Así, con el decreto emitido por el presidente Enrique Peña Nieto, en La Peñuela dejaron de tener aplicación todas las restricciones ambientales que protegen las riquezas del Nevado de Toluca, incluidas aquellas que prohíben la edificación de fraccionamientos residenciales o desarrollos turísticos en esta zona de bosques.

Según la Universidad Autónoma del Estado de México, cuyos expertos promovieron que La Peñuela dejara de ser parte de la reserva natural, éste es un pequeño poblado ubicado en las faldas de la montaña y rodeado de bosques, de apenas 159 casas, habitado por 655 campesinos, cuyo promedio educativo no supera la primaria y quienes enfrentan “alto” grado de marginación. Sin embargo, a pesar de su extrema pobreza, los campesinos de La Peñuela heredaron unas tierras de riqueza excepcional, que congregan distintas especies forestales, un ojo de agua, dos cascadas, dos arroyos, varios peñascos aptos para escaladores, así como distintos puntos de observación de paisajes, riquezas naturales que no podían ser explotadas mientras fuera parte del área de protección, situación que quedó resuelta con el decreto del presidente Peña.

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En naranja, los puntos desincorporados del Nevado de Toluca, por decreto del presidente Enrique Peña Nieto.

Estacionamiento en potencia

La Peñuela es un poblado tan carente de toda infraestructura pública que, aun cuando se ubica a 34 kilómetros de la capital del estado, Toluca, en 2010 sus habitantes quedaron incomunicados durante una semana entera, cuando un deslave (producto de la tala clandestina y el desmonte para la agricultura) tapó el sendero que lleva a esta localidad.

Pero, aún con las afectaciones que la actividad humana ha ocasionado en esta región boscosa, su peculiar concentración de atractivos naturales hacen de La Peñuela “el lugar de más alto valor potencial turístico (…) en toda el área natural protegida” del Nevado de Toluca, según concluyó el estudio denominado Análisis social sobre los habitantes de la comunidad La Peñuela, elaborado por la Universidad Autónoma del Estado de México en 2013, meses antes de que cien hectáreas de este poblado fueran desincorporadas del área protegida.

Dicha investigación fue realizada por distintos catedráticos de la Universidad Autónoma del Estado de México, encabezados por Sergio Franco Maass (secretario de Investigación y Estudios Avanzados de la institución) y por Gabino Nava Bernal (subdirector Académico de su Centro de Investigación en Ciencias Agropecuarias y Rurales), mandos universitarios que fungen en la lista de especialistas que elaboraron el Estudio Previo Justificativo para la Recategorización del Nevado de Toluca –documento en el que se basó el decreto del presidente Enrique Peña Nieto para, entre otras cosas, desincorporar las 397 hectáreas que antes pertenecían al Nevado–.

Estos dos académicos de la UAEM, además, encabezaron en 2013 otro estudio de esa institución titulado Planificación del desarrollo recreativo-turístico sustentable en el ejido La Peñuela, el cual está expresamente basado en el Estudio Previo Justificativo y en la desincorporación de terrenos, cambios que, afirman, permitirán adecuar esta área natural protegida “a las condiciones ambientales, sociales y económicas actuales”.

En este segundo estudio, la UAEM enfatiza que La Peñuela posee ocho atractivos naturales “susceptibles de aprovechamiento”: el manantial conocido como Ojo de Agua; la formación rocosa conocida como La Peña (atractivo para escaladores y observadores de paisajes); la cascada La Peñuela (de 15 metros de caída); la cascada El Hoyito (de 5 metros), el río Ojo de Agua (de mansa corriente); el río El Puente (cuya cristalinidad permite su uso doméstico); el mirador natural La Peñuela; y las ruinas conocidas como El Túnel, por donde solía pasar el tren que iba del Estado de México a la capital del país.

La mayoría de estos atractivos turísticos siguen dentro del área natural protegida, sin embargo, las cien hectáreas de tierra que están frente a ellos, y que representan, en sí, un atractivo más, al ser un paraje apacible rodeado por bosques de oyamel y  colindante con el manantial Ojo de Agua, ya no cuentan con ningún tipo de resguardo ambiental.

De hecho, el propio manantial Ojo de Agua, calificado por la UAEM como uno de los puntos de La Peñuela que resulta “altamente calificado” para la actividad turística, está en esa franja de tierra que ya no es parte de la reserva.

No obstante, el estudio de la Universidad Autónoma del Estado de México lamenta  que en La Peñuela “las posibilidades de uso (turístico) actual son muy reducidas”, ya que este poblado campesino, dedicado al cultivo de elote, papa y avena, aquejado por la migración de sus habitantes más jóvenes hacia centros urbanos del país o hacia Estados Unidos, carece “de instalaciones elementales, como un estacionamiento” para los visitantes.

Por ello, en su estudio la UAEM plantea la necesidad de que en esta zona sea lanzado un proyecto turístico que, en una primera etapa, edifique en La Peñuela un estacionamiento y un “paradero” con servicios sanitarios, y que se brinden servicios de renta de caballos, “renta de equipo especializado”, venta de alimentos y artesanías, así como que se tracen caminos para ciclistas y senderistas, cuyos guías serían los pobladores de la región.

En una segunda etapa, además, la UAEM propone que en La Peñuela sea erigido un “servicio de alojamiento” construido con “ecotecnias”, que cuente, también, con zona de acampado.

Sobre el muerto, las coronas

Al ser inquirida sobre la ubicación exacta de las 397 hectáreas desincorporadas del Nevado de Toluca, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), perteneciente a la Semarnat, inicialmente negó conocer dónde estaban esos terrenos y, a través de un oficio remitido en enero pasado, descartó que estos predios existieran legalmente, ya que, según explicó la institución, los decretos del presidente Lázaro Cárdenas con los cuales fue establecida esta reserva ambiental (en 1936 y 1937) “no expresaron en hectáreas la superficie”, dando pie a un cálculo impreciso.

Así, abundó la CONANP, un cálculo moderno realizado con “herramientas tecnológicas de medición actuales”, le permitió a esta institución trazar con exactitud los márgenes de esta área natural protegida, siguiendo como parámetro los 3 mil metros de altura sobre el nivel del mar, con lo cual determinó que el Nevado de Toluca abarca 397 hectáreas menos de las que, por más de 75 años, se había creído.

No obstante, un mes después, el 11 de febrero pasado, la misma Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas informó que, tras realizar una “búsqueda minuciosa” en sus archivos, se descubrió que este mismo organismo había encabezado diez reuniones con otros entes gubernamentales –tanto federales como del Estado de México– para discutir la desincorporación de las 397 hectáreas, encuentros tras los cuales se llegó a “una decisión consensada (sic)” en favor de la medida.

Gracias a esa búsqueda minuciosa, la CONANP también pudo hallar un mapa en el que tenía plenamente identificada la ubicación de esas tierras, repartidas en seis puntos distintos de la montaña, cuyas coordenadas incluso pudo señalar con precisión, así como su altitud sobre el nivel del mar y, contrario a lo argumentado en enero, en todos los casos se trata de terrenos que están por encima de los 3 mil metros, es decir, dentro del perímetro al que Cárdenas dio protección en 1936.

Pero el segundo oficio de la CONANP no sólo contradice su primera versión acerca de que estas tierras estaban por debajo de los 3 mil metros de altura y que, por lo tanto, no debían ser consideradas como parte del Nevado de Toluca, sino que, además, reconoce que “el principal criterio para excluir estas zonas” del área protegida es que representan una superficie “integrada principalmente por asentamientos humanos y zonas agrícolas”.

Así, con el decreto del 1 de octubre, que asegura atender precisamente la problemática de asentamientos humanos y expansión agrícola en los bosques del Nevado de Toluca, las autoridades renunciaron a proteger algunas de las regiones más afectadas por estas problemáticas, mediante su desincorporación de la reserva natural.

Aparte de las cien hectáreas de La Peñuela, los otros puntos que quedaron fuera del Nevado de Toluca con su cambio de estatus legal y nuevos márgenes son: 63.8 hectáreas de la localidad San José de Contadero; 67.7 hectáreas de Rosa Morada; 28.9 hectáreas de El Capulín; 46.9 hectáreas de Agua Bendita; y 89.8 hectáreas de la localidad Ojo de Agua.

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El caso del hombre con superanticuerpos contra la COVID (y por qué da esperanza a los científicos)

Los anticuerpos de John Hollis son tan potentes que es inmune incluso a las variantes recién descubiertas de la COVID-19.
18 de marzo, 2021
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John Hollis

BBC
Se podrían diluir los anticuerpos de John Hollis al uno por mil y seguirían matando el 99% de los virus, aseguran los expertos.

El escritor estadounidense John Hollis, de 54 años, pensó que iba a contraer la covid-19 cuando un amigo con el que compartía casa se infectó y enfermó gravemente en abril de 2020.

“Fueron dos semanas en las que sentí mucho miedo”, dice John Hollis. “Durante dos semanas esperé que la enfermedad me golpeara, pero nunca ocurrió”.

Hollis simplemente pensó que había tenido suerte por no contraer la enfermedad.

Pero en julio de 2020, de manera absolutamente casual, Hollis mencionó esa convivencia con una persona muy enferma en una conversación con el médico Lance Liotta, profesor de la Universidad George Mason, en Estados Unidos, donde Hollis trabaja en tareas de comunicación.

Liotta, quien investiga formas de combatir el coronavirus, invitó a Hollis a participar como voluntario en un estudio científico sobre el virus que se estaba desarrollando en la universidad.

De este modo, Hollis descubrió que no sólo había contraído la covid-19, sino que su cuerpo tenía superanticuerpos que le hacían permanentemente inmune a la enfermedad, es decir, que los virus entraban en su cuerpo, pero no lograban infectar sus células y hacerle enfermar.

“Esta ha sido una de las experiencias más surrealistas de mi vida”, reconoce Hollis.

“Una mina de oro”

“Recogimos la sangre de Hollis en diferentes momentos y ahora es una mina de oro para estudiar diferentes formas de atacar el virus”, explica Liotta.

En la mayoría de las personas, los anticuerpos que se generan para combatir el virus atacan las proteínas de las espículas del coronavirus, formaciones puntiagudas en la superficie del Sars-Cov-2 que le ayudan a infectar las células humanas.

virus

Getty Images
Los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

“Los anticuerpos del paciente se adhieren a las espículas y el virus no puede pegarse a las células e infectarlas”, indica Liotta.

El problema es que cuando una persona entra en contacto con el virus por primera vez, su organismo tarda en producir estos anticuerpos específicos, lo que permite la propagación del virus.

Pero los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

Son tan potentes que Hollis es inmune incluso a las nuevas variantes del coronavirus.

“Podrías diluir sus anticuerpos al uno por mil y seguirían matando el 99% del virus”, asevera Liotta.

Los científicos están estudiando estos superanticuerpos de Hollis y de algunos otros pacientes como él con la esperanza de aprender a mejorar las vacunas contra la enfermedad.

“Sé que no soy la única persona que tiene anticuerpos de este tipo, sólo soy una de las pocas personas a quien se le han descubierto“, opina Hollis.

Experimento

BBC
La población negra es poco proclive a participar en estudios por escándalos como el de Tuskegee, una investigación sobre la sífilis en pacientes negros que los tuvo sin tratamiento durante décadas aunque existía el remedio.

Prejuicios raciales en las investigaciones

Sin embargo, este tipo de descubrimientos no suceden algunas veces debido a un sesgo racial en las investigaciones científicas: la mayor parte se realizan con pacientes blancos.

La participación de los individuos negros en los estudios suele ser mucho menor que su representación en la sociedad.

“Hay una larga historia de explotación (de pacientes negros) que hace que la comunidad afroamericana desconfíe a la hora de participar en las investigaciones”, revela Jeff Kahn, profesor del Instituto de Bioética de la Universidad John Hopkins.

“Es comprensible que exista esa desconfianza”, reconoce.

Uno de los experimentos más conocidos en el que participaron afroamericanos es el estudio de la sífilis de Tuskegee: durante más de 40 años, científicos financiados por el gobierno estadounidense estudiaron a hombres negros que tenían sífilis en Alabama sin proporcionarles medicamentos para la enfermedad.

“A lo largo de los años, durante la elaboración del estudio, los antibióticos se volvieron un remedio ampliamente disponible y no se les ofrecieron a estas personas”, relata.

“Los investigadores mintieron sobre lo que se les hacía y se les negó el tratamiento en nombre de la investigación”, sentencia Kahn.

“Cuando el estudio de Tuskegee salió a la luz, se establecieron normas y regulaciones para la investigación con seres humanos, que están en vigor desde los años 70”.

Esta historia es una de las razones por las que un segmento de la población, el cual se ha visto muy afectado por la pandemia, suele ser reacio a participar en los estudios o a vacunarse.

Poblacion negra

Getty Images
La población negra está siendo muy afectada por el coronavirus y hay que asegurarse de que reciban “los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, consideran los expertos.

“Queremos asegurarnos de que las comunidades más afectadas reciban los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, afirma Kahn.

“Y para ello, esas poblaciones también deben formar parte de los estudios”.

“Debemos honrar a esas personas, a las víctimas del estudio de Tuskegee, iniciando un proceso para asegurarnos de que eso no vuelva a ocurrir. Y también para salvar vidas, especialmente en la comunidad afroamericana, que se ha visto muy afectada por la pandemia”, sostiene Hollis.

“Protegernos los unos a los otros es un deber para con nosotros mismos y para con las personas que amamos”, zanja el escritor.


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