Fallece Adolfo Suárez, el maquinista de la Transición
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Fallece Adolfo Suárez, el maquinista de la Transición

El expresidente español murió a los 81 años tras una larga enfermedad neurobiológica degenerativa.
Por Eldiario.es
23 de marzo, 2014
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Adolfo Suárez (izquierda) con el entonces presidente de EU, Jimmy Carter, el 14 de enero de 1980. Foto: AP

Adolfo Suárez (izquierda) con el entonces presidente de EU, Jimmy Carter, el 14 de enero de 1980. Foto: AP

Adolfo Suárez ha fallecido este domingo en Madrid a los 81 años de edad tras una larga enfermedad neurológica degenerativa. El portavoz de la familia, Fermín Urbiola, lo ha anunciado hace escasos minutos. El expresidente se encontraba ingresado desde el pasado lunes en la clínica Cemtro por una neumonía que complicó su estado de salud, deteriorado desde hace años por la enfermedad de alzhéimer. Su hijo, Aldolfo Suárez Illana, anunció en una rueda de prensa el pasado viernes que el fallecimiento era “inminente”.

Sus familiares tomaron la decisión de retirarle este viernes el apoyo mecánico para respirar, según fuentes cercanas a la familia. Adolfo Suárez Illana expresó ante los medios de comunicación que la enfermedad degenerativa del expresidente había “avanzado mucho” y que, pese a la mejoría en la neumonía, el fallecimiento podía producirse en las siguientes 48 horas, como así ha ocurrido.

Adolfo Suárez fue designado por el rey en 1976 como sucesor de Carlos Arias Navarro al frente del Gobierno tras las muerte del dictador Francisco Franco. Su nombramiento salió de una terna de candidatos preparada por Torcuato Fernández Miranda, presidente de las Cortes y del Consejo del Reino, cumpliendo los deseos del monarca. Los otros dos nombres eran Federico Silva Muñoz y Gregorio López-Bravo, dos exministros del franquismo con una amplia experiencia política.

La elección de Suárez fue una completa sorpresa para los políticos y periodistas de la época. La reacción más recordada fue la del historiador Ricardo de la Cierva en un artículo con el titular “¡Qué error, qué inmenso error!”. Se creía que Suárez, un político con una carrera gris dentro de las trincheras del franquismo, representaba la opción más continuista. Algunos dirigentes de la extrema derecha del régimen mostraron su alborozo por la elección.

Los planes preparados por Fernández Miranda, la confianza del rey y la ambición de Suárez marcaron los primeros pasos. El primer paso era dinamitar las instituciones del régimen desde dentro. Las Cortes aprobaron su muerte política con una mayoría superior a la esperada por Fernández Miranda, y Suárez certificó ese paso con un referéndum que diera legitimidad popular a la Ley de Reforma Política en diciembre de 1976.

La legalización del Partido Comunista, hecha posible por los acuerdos pactados en secreto por Suárez y Santiago Carrillo, fue la medida más espectacular antes de las primeras elecciones democráticas. El regreso del PCE a la legalidad se convirtió en la primera fricción grave del presidente con la cúpula militar, lo que sería una constante en toda la Transición.

Suárez dejó claro que no iba a ser una figura de transición y puso en marcha lo que se llamó un “partido del presidente” frente a las suspicacias que sentían el rey y Fernández Miranda ante un proceso de esas características. Manuel Fraga se tuvo que conformar con reunir a un grupo de exministros del franquismo para formar Alianza Popular. En un escaso periodo de tiempo, Suárez formó UCD, una coalición de pequeños, y en algunos casos hasta insignificantes partidos, que se basaba en el carisma de su líder y en todos los recursos de la Administración.

Ganó las elecciones de 1977, aunque no con mayoría absoluta, y repitió la victoria en 1979. El consenso básico entre los grandes partidos de esa época permitió la aprobación de la Constitución de 1978. Sin embargo, Suárez nunca pudo formar un auténtico partido político. La derecha económica, liderada por la CEOE, siempre confió más en Fraga, y la Iglesia, ya desde la legalización del divorcio, nunca escondió su malestar por las decisiones del Gobierno. El Ejército se dividió entre los que aceptaron la legalidad o la monarquía, o ambas cosas, y los que conspiraron contra Suárez desde el primer momento.

Las desavenencias en el seno del partido, el alejamiento del rey Juan Carlos de Borbón y la presentación de una moción de censura por parte del PSOE fueron incrementando la soledad del presidente, hasta que este decidió presentar su dimisión en 1981. Casi un mes después, durante el debate de investidura de su sucesor, Leopoldo Calvo-Sotelo, se produjo el intento de golpe de Estado perpetrado por Antonio Tejero.

En las siguientes elecciones generales Adolfo Suárez se presentó con una nueva formación, Centro Democrático y Social (CDS), con el que sufrió una estrepitosa derrota al conseguir solo dos diputados en el Congreso. Como líder de CDS mantuvo su escaño hasta que presentó su dimisión en 1991 y abandonó la esfera política. En 1996, la Fundación Príncipe de Asturias le concedió el premio de la Concordia, con el que galardonaron el papel que tuvo durante la Transición.

En el plano personal, sufrió después dos grandes reveses: los fallecimientos de su esposa, María Amparo Illana, en 2001 y de su hija Marian tres años después, ambas como consecuencia del cáncer.

La última aparición pública de Suárez fue en 2003 durante un mitin del PP al que fue a apoyar a su hijo Adolfo, que se presentó a las elecciones autonómicas de Castilla-La Mancha como candidato de la formación que entonces lideraba José María Aznar. En el discurso aparecieron los primeros síntomas del alzhéimer, enfermedad que padeció durante más de diez años y que reconoció su hijo por primera vez en una entrevista concedida a TVE en 2005. “Tengo un lío de mil diablos con los papeles”, ironizó Suárez tras leer dos veces seguidas el mismo folio.

El silencio se mantuvo desde entonces y, en 2008, trascendió su última imagen con el rey, que fue a visitarle a su domicilio en la urbanización madrileña de La Florida para entregarle el Collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro, que le fue concedido por ser el primer presidente de la democracia. Como le ocurría con otras personas, Adolfo Suárez no reconoció al monarca.

Información de Eldiario.es

*Nota publicada el 23 de marzo de 2014.

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¿Por qué tantos niños mueren en Brasil por COVID-19?

La pandemia no da tregua en Brasil y estudios muestran que las cifras oficiales pueden ser menores respecto a la cantidad de niños fallecidos por el virus. Una madre relata como perdió a su hijo porque no consiguió que la enfermedad fuera detectada a tiempo.
15 de abril, 2021
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Un año después de la declaratoria de la pandemia del coronavirus, las muertes en Brasil se encuentran en su punto máximo.

Sin embargo, a pesar de la abundante evidencia de que la COVID-19 rara vez mata a niños pequeños, en la nación sudamericana han fallecido más de 800 menores por esa enfermedad, según cifras oficiales. Y esas cifras pueden ser mayores, de acuerdo a estudios.

Uno de esos casos tiene que ver el hijo de un año de la profesora Jessika Ricarte, al que un médico se negó a realizar una prueba bajo el argumento de que sus síntomas no se ajustaban al perfil del coronavirus.

Dos meses después, el menor murió por complicaciones asociadas con la enfermedad. Sucedió en Tamboril, una ciudad en el estado de Ceará, en el noreste de Brasil.

La historia

Luego de un par de años de intentos y tratamientos de fertilidad fallidos, Ricarte casi había renunciado a tener una familia hasta que quedó embarazada de Lucas.

“Su nombre proviene de ‘luminoso’. Y fue una luz en nuestra vida. Demostró que la felicidad era mucho más de lo que imaginamos”, cuenta.

El primer cumpleaños de Lucas.

Jessika Ricarte
El primer cumpleaños de Lucas.

Primero sospechó que algo andaba mal cuando Lucas, que siempre tenía buen apetito, dejó de sentir hambre.

Jessika se preguntó entonces si era debido a que le estaban saliendo los dientes.

La madrina de Lucas, una enfermera, sugirió que podría tener dolor de garganta. Pero después de que desarrolló fiebre, luego fatiga y dificultad para respirar, la madre lo llevó al hospital y pidió que le hicieran la prueba de COVID-19.

“El médico puso el oxímetro. Los niveles (de oxígeno) de Lucas eran del 86%. Ahora sé que eso no es normal”, dice Jessika.

Como no tenía fiebre, el médico dijo: “No se preocupe, no hay necesidad de una prueba de COVID-19. Probablemente sea solo un dolor de garganta leve”.

Le afirmó a Jessika que el coronavirus era raro en los niños y solo le dio algunos antibióticos.

A pesar de las sospechas de la madre, no había ninguna opción para que Lucas hiciera una prueba en laboratorios privados en ese momento.

Y Ricarte relata que algunos de sus síntomas se disiparon al final de su tratamiento de antibióticos de 10 días, pero el cansancio permaneció.

Lucas

Jessika Ricarte
Jessika tomaba videos de su hijo y las enviaba a familiares porque estaba preocupada por su condición.

“Le envié varios videos a su madrina, a mis padres, a mi suegra, y todos decían que estaba exagerando, que debía dejar de ver las noticias, que me estaba volviendo paranoica. Pero yo sabía que mi hijo no era el mismo, que no respiraba normalmente”, recuerda.

Inesperado

Era mayo de 2020 y el contagio del coronavirus estaba creciendo. Dos personas ya habían muerto en la ciudad donde vive Ricarte.

“Todos se conocen aquí. La ciudad estaba en shock“, afirma.

Israel, el esposo de Jessika, estaba preocupado de que una visita al hospital pudiera aumentar el riesgo de que ella o el hijo de ambos se infectaran con el virus.

Pasaron las semanas y Lucas se volvió cada vez más somnoliento. Finalmente, el 3 de junio, el pequeño vomitó una y otra vez después de almorzar y Ricarte entendió que tenía que hacer algo.

Regresaron al hospital donde el médico examinó a Lucas para evaluar si se trataba de un contagio de COVID-19.

La madrina de Lucas, que trabajaba allí, le dio la noticia a la pareja de que el resultado de la prueba era positivo.

“En ese momento, el centro de salud ni siquiera tenía un reanimador clínico”, dice Jessika.

El menor fue trasladado a una unidad de cuidados intensivos pediátricos en la ciudad de Sobral, a más de dos horas de distancia, donde le diagnosticaron una afección llamada síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico (PIMS, por su sigla en inglés).

Se trata de una respuesta inmune extrema al virus que puede causar inflamación severa de órganos vitales.

Niños

Los expertos dicen que el síndrome, que afecta a los niños hasta seis semanas después de que se infectan con el coronavirus, es un fenómeno raro.

Sin embargo, la reconocida epidemióloga de la Universidad de Sao Paulo Fatima Marinho dice que, durante la pandemia, está viendo más casos de PIMS que nunca antes.

Lucas

Jessika Ricarte

Cuando Lucas fue intubado, a Jessika no se le permitió quedarse en la misma habitación. Llamó a su cuñada para intentar distraerse de la preocupación.

“Podíamos escuchar el sonido de la máquina (de la unidad de cuidados intensivos), el ‘bip’. Hasta que la máquina se detuvo y escuchamos ese pitido constante. Y sabemos que eso sucede cuando la persona muere. Después de unos minutos, la máquina comenzó a funcionar nuevamente y comencé a llorar”, cuenta.

La doctora Manuela Monte, la pediatra que trató a Lucas durante más de un mes en la unidad de cuidados intensivos de Sobral, afirmó que le sorprendió que la condición del niño fuera tan grave porque no tenía ningún factor de riesgo.

La mayoría de los menores afectados por coronavirus tienen enfermedades o trastornos (afecciones existentes como diabetes o problemas cardiovasculares) o sobrepeso, según Lohanna Tavares, infectóloga pediátrica del Hospital Infantil Albert Sabin en Fortaleza, la capital del estado de Ceará.

Pero ese no fue el caso de Lucas.

Durante los 33 días que Lucas estuvo en cuidados intensivos, a Jessika solo se le permitió verlo tres veces.

Lucas's parents, Israel and Jessika

BBC

Lucas necesitaba inmunoglobulina, un medicamento muy caro, para desinflamar su corazón.

Afortunadamente un paciente adulto que había comprado donó una ampolla sobrante al hospital.

Lucas estaba tan enfermo que necesitó recibir una segunda dosis. Desarrolló una erupción en su cuerpo y tenía fiebre persistente. Necesitaba apoyo para respirar.

Luego el niño comenzó a mejorar y los médicos decidieron sacarle el tubo de oxígeno. Hicieron videollamadas a Jessika e Israel para que no se sintiera solo cuando recuperara la conciencia.

“Cuando escuchó nuestras voces se puso a llorar“, relata la madre.

Era la última vez que la pareja vería a su hijo reaccionar. Durante la siguiente videollamada “tenía la mirada paralizada”.

El hospital solicitó una tomografía computarizada y descubrió que Lucas había tenido un derrame cerebral.

Pese a ello, a la pareja se le dijo que Lucas se recuperaría bien con la atención adecuada y que pronto sería trasladado a una sala general.

Cuando Jessika e Israel fueron a visitarlo, el médico estaba tan esperanzado como ellos, cuenta la mujer.

“Esa noche, puse mi celular en silencio. Soñé que Lucas se me acercó y me besó la nariz. Y el sueño fue un gran sentimiento de amor, gratitud y me desperté muy feliz. Luego vi mi celular y vi las 10 llamadas que había hecho el médico”, narra.

Jessika

BBC
Jessika Ricarte

El doctor encargado le dijo a Jessika que la frecuencia cardíaca y los niveles de oxígeno de Lucas habían bajado repentinamente y que había muerto temprano esa mañana.

Ella está segura de que si le hubieran hecho una prueba cuando ella la solicitó, a principios de mayo, habría sobrevivido.

“Es importante que los médicos, incluso si creen que no es coronavirus, hagan el examen para eliminar la posibilidad”, dice.

Indica que “un bebé no dice lo que siente, así que todo depende de las pruebas“.

Un menor en una sala de cuidados intensivos

BBC
Un menor en una sala de cuidados intensivos.

Jessika cree que la demora en el tratamiento adecuado agravó la condición de su hijo.

“Lucas tuvo varias inflamaciones, el 70% del pulmón estaba comprometido, el corazón aumentó en un 40%. Era una situación que podría haberse evitado”, indica.

La doctora Monte está de acuerdo. Ella dice que aunque una situación de PIMS no se puede prevenir, el tratamiento es mucho más exitoso si la condición se diagnostica y se trata temprano.

“Cuanto antes hubiera recibido atención especializada, era mejor. Llegó al hospital ya críticamente enfermo. Creo que podría haber tenido un resultado diferente si lo hubiéramos tratado antes”, señala.

Jessika ahora quiere compartir la historia de Lucas para ayudar a otras personas que pueden prevenir esa clase de síntomas críticos en los menores.

“En el caso de todos los niños que conozco y fueron salvados por alguna advertencia mía, la madre me dice: ‘Vi tus publicaciones, llevé a mi hijo al hospital y ahora está en casa’. Es como si fuera una parte de Lucas“, cuenta.

Los médicos usan teléfonos móviles para que los menores puedan verse con sus familiares.

BBC
Los médicos usan teléfonos móviles para que los menores puedan verse con sus familiares.

El problema

Existe la idea errónea de que los niños corren cero riesgo de un contagio de coronavirus, según Fatima Marinho, quien también es asesora principal de la ONG de salud Vital Strategies.

La investigación de la doctora sostiene que un número sorprendentemente alto de niños y bebés fueron afectados por la enfermedad.

Entre febrero de 2020 y el 15 de marzo de 2021, la COVID-19 mató al menos a 852 niños de Brasil, incluidos 518 bebés menores de un año, según cifras del Ministerio de Salud de ese país.

Pero la experta estima que más del doble de esta cantidad de niños murieron a causa de esa enfermedad dado que, señala, existe un problema grave de bajo registro debido a la falta de pruebas que reduce las cifras.

Marinho revisó el exceso de muertes por síndrome respiratorio agudo durante la pandemia y encontró que hubo al menos 10 veces más muertes que en años anteriores.

Considerando esas estimaciones sostiene que el virus mató a un aproximado de 2.060 niños menores de nueve años, incluidos 1.302 bebés.

¿Qué está pasando?

Los expertos señalan que la gran cantidad de casos de coronavirus en Brasil, el segundo en cantidad de contagios más alto del mundo, elevó la probabilidad de que bebés y niños se vean afectados.

“Por supuesto, cuantos más casos tengamos y, por ende, más hospitalizaciones, mayor será el número de muertes en todos los grupos de edad, incluidos los niños. Pero si se controlara la pandemia, este escenario evidentemente podría minimizarse“, explica Renato. Kfouri, presidente del Departamento Científico de Inmunizaciones de la Sociedad Brasileña de Pediatría.

Dr Cinara Carneiro

BBC
Dra Cinara Carneiro

Una tasa de infección tan alta sobrepasó el sistema de salud de Brasil. En todo el país, el suministro de oxígeno está disminuyendo, hay escasez de medicamentos básicos y en muchas unidades de cuidados intensivos de todo el país simplemente no hay más camas.

El presidente Jair Bolsonaro todavía se opone a los encierros estrictos y se estima que la tasa de infección está siendo impulsada por la variante llamada P.1, considerada más contagiosa y posiblemente surgida en el norte de Brasil.

En marzo murió el doble de personas que en cualquier otro mes de la pandemia y la tendencia al alza continúa.

Otro problema que impulsa las altas tasas de contagios en los niños es la falta de exámenes.

Marinho dice que para los menores es usual que el diagnóstico llegue demasiado tarde, cuando ya están gravemente enfermos.

“Tenemos un grave problema en la detección de casos. No tenemos suficientes pruebas para la población en general, menos aún para los niños. Debido a que hay un retraso en el diagnóstico, hay un retraso en la atención del menor”, explica.

Esto no se debe solo a que exista poca capacidad de prueba, sino también a que es más fácil pasar por alto, o diagnosticar erróneamente, los síntomas de los niños que padecen COVID-19, ya que la enfermedad tiende a presentarse de manera diferente en las personas más jóvenes.

Una salubrista en Brasil

Departamento de Salud de Ceará

“Un niño tiene mucha más diarrea, mucho más dolor abdominal y dolor en el pecho que el visto en un cuadro clásico de COVID-19. Debido a que hay un retraso en el diagnóstico, cuando el menor llega al hospital está en una condición grave y puede complicarse y morir”, señala Marinho.

Problemas sociales

Aunque todo esto también se trata de pobreza y acceso a la atención médica.

Un estudio de 5 mil 857 pacientes con COVID-19 menores de 20 años, realizado por pediatras brasileños dirigido por la Facultad de Medicina de Sao Paulo identificó tanto las enfermedades de base como las vulnerabilidades socioeconómicas como factores de riesgo para el peor resultado en menores.

Marinho está de acuerdo en que este es un factor importante.

“Los más vulnerables son los niños afrodescendientes y los menores de familias muy pobres, ya que tienen más dificultades para acceder al auxilio. Estos son los niños con mayor riesgo de muerte”, indica.

Ella dice que esto se debe a que las condiciones de vivienda hacinadas hacen que sea imposible distanciarse socialmente cuando se infectan, y porque las comunidades más pobres no tienen acceso a una unidad de cuidados intensivos local.

Estos niños también corren riesgo de desnutrición, lo que es “terrible para la respuesta inmunológica”, afirma Marinho.

Cuando se detuvieron las subvenciones en medio de la pandemia, millones volvieron a entrar en graves problemas de subsistencia.

“Pasamos de 7 millones a 21 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza en un año. Así que la gente también pasa hambre. Todo esto tiene un impacto en la mortalidad”, afirma la experta.

Braian Sousa, líder de la investigación de la Universidad de Sao Paulo, dice que su estudio identifica ciertos grupos de riesgo entre los niños a los que se debe dar prioridad para la vacunación. Aunque actualmente, no hay vacunas disponibles para menores de 16 años.


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