Helena Paz Garro, el fin de una dinastía literaria
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Helena Paz Garro, el fin de una dinastía literaria

Paz Garro, hija de los escritores Octavio Paz (1914-1998) y Elena Garro (1920-1998), falleció hoy a los 74 años de edad, de muerte natural.
30 de marzo, 2014
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Elena Garro y Helena Paz Garro. Foto: Lopategui.com.

Elena Garro y Helena Paz Garro. Foto: Lopategui.com.

Helena Paz Garro, hija de los escritores Octavio Paz (1914-1998) y Elena Garro (1920-1998), falleció hoy a los 74 años de edad, de muerte natural, en su domicilio en Cuernavaca, Morelos, informó su primo hermano Jesús Garro Velásquez.

El cuerpo de Paz Garro ha sido trasladado a una famosa agencia funeraria de la capital morelense, donde será velado dentro de un par de horas. De acuerdo con Garro Velásquez sus restos descansarán a lado de los de su madre, la autora de “Los Recuerdos del porvenir”.

La escritora Patricia Rosas Lopategui (1954) tras conocer la muerte de la hija de Octavio Paz (1914-1998) y Elena Garro (1920-1998), Helena Paz Garro, subrayó que tras la partida de la hija del Premio Nobel de Literatura 1990 se termina la “Dinastía Paz-Garro”.

Con la muerte de Helena (1939-2014), sostuvo, se pierde “la fuente y riqueza de conocimientos, porque nadie conoció tanto a su padre y a su madre, dos grandes figuras de la cultura y las letras mexicanas”.

Lamentó que la prensa y autores como ella no tuvieran acceso a Paz Garro, debido a que su primo Jesús Garro Velásquez tuviera “controlado el acceso a ella”.

“Helena no tenía la oportunidad de comunicarse con nadie. Me llama entonces la atención que no estuviera presente (en los homenajes) y no existiera comunicado alguno que dijera que estaba dedicada de salud; estoy consternada”, insistió.

También consideró que habrá que seguir muy de cerca qué sucederá con los derechos de la obra de Elena Garro, toda vez que la hija, hoy fallecida, era la heredera universal.

Termina la dinastía

Elena Garro y su hija, Helena Paz Garro. Foto: Lopategui.com.

Elena Garro y su hija, Helena Paz Garro. Foto: Lopategui.com.

Helena Paz Garro, quien murió hoy a los 74 años de edad, dejó este mundo tranquila tras asegurar que había aprendido a perdonar el abandono de su padre y había gozado plenamente la cercanía con su madre, a quien consideraba su mejor amiga.

Así lo manifestó en una entrevista publicada a unos días de que se cumpliera el centenario del natalicio de su padre, el Premio Nobel de Literatura 1990, a quien recuerda como el padre amoroso que “de niña me cargaba en sus piernas, en su espalda, y jugábamos”.

Helena Laura Paz Garro vino al mundo el 12 de diciembre de 1939, productor del matrimonio entre los escritores Octavio Paz (1914-1998) y Elena Garro (1920-1998), el cual se disolvió en 1959.

Su infancia transcurrió en Suiza, donde su padre le enviaba cartas en las que le relataba bellas historias, recuerda en el texto retomado en el portal de Internet “mexico.cnn.com”.

Luego de que su progenitor renunciara a su cargo como Embajador de México en la India, el 2 de octubre de 1968, ella y su madre, Elena Garro, fueron acusadas de ser orquestadoras del movimiento estudiantil, lo que las obligó a dejar el país.

En esos años, señala un artículo de Rene Avilés Fabila, madre e hija, perseguidas por la sombra del entonces presidente de México Gustavo Díaz Ordaz (1911-1979) huyeron rumbo al exilio, algún tiempo a España y posteriormente a Francia.

Dos décadas después, el par de escritoras regresaron a México, donde tuvieron que vivir en un modesto departamento de Cuernavaca, Morelos.

Como autora, Helena Paz Garro publicó diversos poemarios, entre los que destaca “La rueda de la fortuna”, editado por el Fondo de Cultura Económica (FCE), el cual a través de 70 poemas reúne su producción desde 1954, entre ellos destacan uno dedicado a su padre y dos en tributo a su madre.

Tras la muerte de su padre, en abril de 1998, Helena Paz Garro recibió un fideicomiso, el cual en varias ocasiones señaló era insuficiente para solventar sus gastos, razón por la que su casa, también herencia de poeta, no recibía mantenimiento.

En agosto de ese mismo año, Paz Garro perdió a su madre a causa de un cáncer pulmonar, lo que la sumió en una profunda depresión.

En los últimos años Helena se vio envuelta en varias polémicas relacionadas con su precaria forma de vida; su lucha al lado de la escritora Patricia Rosas Lopategui en pro del reconocimiento de la obra de su madre, y cuando la misma ex agente literaria acusó a Jesus Garro de tenerla secuestrada.

Finalmente, la vida de la escritora y poeta Helena Paz Garro terminó el 30 de marzo de 2014, a los 74 años de edad, en la ciudad de Cuernavaca, Morelos, donde sus restos son velados.

Notimex*

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Guayaquil tiene más muertos por COVID-19 que países enteros y lucha para darles un entierro digno

La propagación del coronavirus está dejando imágenes desgarradoras por todo el mundo. En la ciudad ecuatoriana de Guayaquil se multiplicaron los testimonios sobre personas muriendo en las calles y cuerpos esperando días para ser recogidos en los hogares.
1 de abril, 2020
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A las miles de imágenes de ciudades vacías y hospitales colapsados impresas alrededor del mundo por la pandemia de coronavirus, en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil se sumaron en la última semana videos y testimonios sobre personas muriendo en las calles y cuerpos esperando días para ser recogidos en los hogares.

La provincia del Guayas, donde se encuentra Guayaquil, hasta el 1 de abril había reportado más víctimas del covid-19 que naciones latinoamericanas enteras: 60 muertos y 1.937 infectados (1.301, solo en la capital).

El colapso del sistema funerario producto de esta crisis es de tal magnitud que el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, debió conformar una fuerza de tarea conjunta para poder enterrar a todas las personas fallecidas.

BBC Mundo se comunicó con algunos de los familiares y vecinos de las víctimas y los testimonios coinciden con aquellas dos palabras que Joseph Conrad destacó en su obra “El corazón de las tinieblas”: el horror, el horror.

“Mi tío murió el 28 de marzo y nadie viene a ayudarnos. Vivimos al noroeste de la ciudad. Los hospitales le decían que no tenían camillas y falleció en casa. Nosotros llamamos al 911 y nos pidieron paciencia. El cuerpo sigue ahí en la cama donde falleció, porque nadie lo puede tocar ni nada de esas cosas”, cuenta Jésica Castañeda, sobrina de Segundo Castañeda.

Dos mujeres en Guayaquil y de fondo el cuerpo de un hombre tapado en la calle.
Reuters

Guayaquil vive una crisis con decenas de muertos por el covid-19.

Otra joven guayaquileña que vive en el sureste de Guayaquil y quien pidió que no se difunda su nombre, relató que su padre murió en sus brazos y estuvo 24 horas en la casa.

“Nunca le hicieron la prueba del coronavirus, solo nos decían que nos podían agendar una cita y que tome paracetamol. Tuvimos que retirar el cuerpo por medio de particulares porque no tuvimos respuesta del Estado. Uno siente impotencia al ver a su padre así y tener que salir a pedir ayuda”.

Pero esta situación no afecta solamente a los muertos por el virus. Wendy Noboa, quien vive en el norte de Guayaquil, cerca de la terminal de autobuses, cuenta la historia de su vecino Gorky Pazmiño, quien murió el domingo 29 de marzo:

“Él se cayó y del golpe en la cabeza murió. Yo llamé al 911 y nunca vinieron. Él vivía con su papá, que tiene más de 96 años, por eso mi angustia. Permaneció en el piso todo un día, hasta que vinieron familiares con la caja para sepultarlo. Pero no lo pudieron sepultar porque no había médico que firmara el certificado de defunción”.

Los casos son tantos que la periodista Blanca Moncada, del diario Expreso, ha comenzado una cadena en Twitter solicitando información de familiares y vecinos de personas que se encuentren en esta situación.

“Tomé esta decisión por el grito desesperado de muchos ciudadanos que tienen que esperar hasta 72 horas e incluso más para que las autoridades recojan los cadáveres que permanecen en las casas; busco cuantificar la magnitud de esta tragedia porque, en cuestión de cifras, Guayaquil es en este momento una gran nube gris”.

Enfrentamiento político

El comandante de la Armada Nacional, Darwin Jarrín, quien asumió el 30 de marzo la coordinación militar y policial para la provincia del Guayas, indicó a BBC News Mundo que hasta el jueves 2 de abril, a más tardar, estarán enterrados todos los fallecidos en Guayaquil.

“El Ministerio de Salud entrega en los hospitales el acta de defunción, Policía y CTE (Comisión de Tránsito del Ecuador) trasladan los cadáveres a los dos cementerios -Parques de La Paz en la Aurora y el Panteón Metropolitano en la vía a la costa- y las fuerzas armadas los entierran”, señaló Jarrín.

Pero lo ocurrido en la última semana de marzo en la ciudad -donde más de 300 cadáveres fueron recogidos en distintos domicilios por la policía ecuatoriana, según informa el diario El Comercio- puede tener serias consecuencias.

El gobierno del presidente Lenín Moreno impuso medidas para contener la emergencia desde inicios del mes de marzo, una vez el país reportó su primer caso de covid-19.

Getty Images
El gobierno del presidente Lenín Moreno impuso medidas para contener la emergencia desde inicios del mes de marzo, una vez el país reportó su primer caso de covid-19.

Para comenzar, la crisis ha enfrentado a la alcaldesa de Guayaquil con el gobierno nacional. Cyntia Viteri, quien se encuentra en cuarentena por haberse infectado con el coronavirus, reclamó el 27 de marzo a las autoridades nacionales por las falencias del sistema público:

No retiran a los muertos de sus casas. Los dejan en las veredas, caen frente a hospitales. Nadie los quiere ir a recoger. ¿Qué pasa con nuestros enfermos? Las familias deambulan por toda la ciudad tocando puertas para que los reciba un hospital público, donde ya no hay camas”.

Además de los muertos en los hogares, la ciudad ha tenido que enfrentarse a la pesadilla de muertos en sus calles. Jésica Zambrano, periodista del diario El Telégrafo, le contó a BBC News Mundo su experiencia desde el centro de Guayaquil.

“Mi pareja salió a hacer las compras y se encontró una persona muerta, en las calles Pedro Carbo y Urdaneta. Más temprano nos dijeron que había otro muerto unos cuantos metros más allá. Aquí estamos acostumbrados a ver a mendigos durmiendo en las calles, pero como resultado de esta crisis personas desahuciadas mueren en el centro de la ciudad”.



“Golpe a las costumbres”

El 28 de marzo, un día después de las declaraciones de la alcaldesa, el diario El Universo informó sobre los planes del gobierno municipal de enterrar a los muertos en una fosa común, pero la idea no prosperó.

“Me parece terrible que se haya lanzado la idea de una fosa común en esta ciudad”, le dice a BBC News Mundo el sociólogo guayaquileño Héctor Chiriboga.

“Esta es una ciudad donde la clase media, media baja, demoraba el velorio hasta dos días porque tenía que llegar el pariente que vivía en Europa, los migrantes que se fueron después del 2000. Aquí se vestía a los cadáveres y hasta hace poco la Iglesia católica veía con malos ojos la cremación”, explica y añade:

“Esto es un golpe para las costumbres de los sectores populares, para el ritual del fallecimiento y del entierro. El hombre que se gana el pan día a día, que tiene una veta cristiana o católica, es un hombre que se deshace al ver que no se va a poder cumplir con el rito”.

Un hombre camina por el centro de Quito.

EPA
Las calles de Ecuador están casi desiertas en medio del brote del coronavirus.

Jorge Wated, quien está al frente de la fuerza de tarea designada por el presidente Moreno para el enterramiento de los cadáveres, le dice a BBC Mundo que él no hubiese aceptado esta misión si el mandatario le hubiera pedido hacerse cargo de una fosa común.

“Presido esta fuerza de tareas para levantar a los fallecidos de las viviendas y hospitales de Guayaquil, y para que aquellos que no tienen los servicios exequiales, puedan tener una cristiana sepultura, de forma unipersonal, en un camposanto de la ciudad”.

Pero el ingeniero Wated informa que los familiares de las víctimas no podrán asistir al entierro.

El peor escenario

Policía toma la temperatura en las calles de Quito.

AFP
Mientras tanto, los controles de temperatura siguen en las calles y rutas de Ecuador.

“Siempre había personas que fallecían en su casa. Lo normal era que un médico determinaba la causa de muerte y luego venía la funeraria. Pero ahora hay un pánico generalizado y se piensa que toda persona que fallece en Guayaquil tiene coronavirus. Entonces las funerarias no se quieren hacer cargo”, explica a BBC Mundo Grace Navarrete, médica salubrista que pertenece a la Sociedad Ecuatoriana de Salud Pública.

El comportamiento de las funerarias durante la crisis fue investigado por la periodista Susana Morán, del sitio digital de noticias Plan V, en el artículo “Morir dos veces en Guayaquil”.

Morán entrevistó a la dueña de una funeraria que cerró su negocio por temor a un contagio. “Yo ya tengo mis añitos, por ganarme unos centavitos yo no voy a poner en peligro a mi familia”, le dijo esta señora a la periodista.

Este miedo se replica también entre los familiares, dice la doctora Navarrete.

En las casas pasa lo mismo, se muere alguien y nadie toca el cuerpo, en una ciudad en donde el calor hace que el nivel de descomposición de los cadáveres sea más acelerado que en otras partes del país. Yo escuché de un caso de una persona fallecida en su dormitorio cuyos familiares sacaron el cuerpo sobre el colchón a la vereda”.

Para el ingeniero Wated, se trata de un conjunto de factores que se combinan en el peor escenario.

“Las funerarias están colapsadas, incluso no tienen personal; los camposantos no tienen capacidad de recibir tanta gente a tanta velocidad; la gente no puede salir de sus casas a hacer los trámites para enterrar a sus fallecidos; el número de muertos crece entre los diagnosticados con covid y la gente sospechosa de haber muerto de covid a la que no se le hizo una prueba: esto genera un cuello de botella“.

La enfermedad pública

Dos mujeres con mascarillas caminan por las calles de Quito.

EPA
Ecuador atraviesa un colapso del sistema funerario en medio del brote por el coronavirus.

El médico Ernesto Torres cree que la tragedia debe entenderse como un tema de salud pública, ya que, en sus palabras, esto “rebasa el ámbito de la medicina porque tiene que ver con políticas de Estado y del interés real de los gobiernos en la salud de su población”.

Para este experto en salud pública, en esta crisis se les ha dado demasiada importancia a los hospitales y no se ha trabajado a nivel comunitario.

“Si trabajáramos intensamente a ese nivel, podríamos evitar que tantas personas congestionen los hospitales. Ahora en los hospitales se trata de apagar incendios con baldes de agua. Podrías haber usado esos baldes de agua para apagar los incendios a nivel local con una brigada sanitaria, donde se involucren personas de la comunidad”.

En estas comunidades, sobre todo en las más periféricas, se está produciendo “una verdadera y profunda crisis humanitaria”, en palabras de Paúl Murillo, responsable del área de incidencia comunitaria del Comité Permanente de los Derechos Humanos:

“Está bien llamarnos a un aislamiento en los domicilios, pero nunca se pensó en planes de contingencia que garanticen, al menos, la seguridad alimentaria en los barrios periféricos y marginales”.

Adriana Rodríguez, profesora de Derecho la Universidad Andina y especialista en derechos humanos, piensa que no es sorprenderte que esto ocurra en una ciudad con una alta desigualdad social.

“Guayaquil es una ciudad que tiene aproximadamente el 17% de su gente en la pobreza y en la pobreza extrema. Lo que ocurre ahora con los cadáveres nos hace pensar en qué cuerpos importan y qué cuerpos no importan. Los recortes en salud pública nos dicen que hay cuerpos que no importan”.

Policía en Ecuador

AFP
Ecuador vive “una verdadera y profunda crisis humanitaria”, dice Paúl Murillo, responsable del área de incidencia comunitaria del Comité Permanente de los Derechos Humanos.

Sin embargo, para el ingeniero Jorge Wated, esto que ocurre hoy en Guayaquil puede ocurrir en cualquier lugar del continente.

“Yo veo lo que pasa en el resto de Latinoamérica, por ejemplo, lo que pasa en Argentina hoy, y es lo que pasaba aquí tres semanas atrás; las cosas se van a ir complicando, dependiendo de cada país, nosotros estamos tratando de actuar lo más rápido que podemos”.

El escritor Milan Kundera decía en su libro “La lentitud” que la velocidad era directamente proporcional al olvido. Es difícil pensar que por más rápido que actúen las autoridades en estas horas, alguien olvide en Guayaquil estos últimos siete días de espanto.

Por ejemplo, en las últimas horas, la Revista Vistazo informó que en la noche del 30 de marzo circuló un video con un grupo de personas en el suroeste de Guayaquil, quemando llantas para reclamar el retiro de un cadáver.

“Incluso, los moradores habrían amenazado con quemar el cuerpo del fallecido, en señal de protesta”, cierra la noticia.

El horror, el horror.

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BBC

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