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Indígenas de todo el país van al Edomex para defender el Bosque Otomí-Mexica

Para apoyar la lucha de los pueblos del Bosque Otomí-Mexica contra la destrucción de la zona por la construcción de una carretera, los próximos 22 y 23 de marzo sesionará en San Francisco Xochicuautla el Congreso Nacional Indígena.
Por Paris Martínez
12 de marzo, 2014
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Hace siete años, a mediados de 2007, los habitantes del poblado indígena San Francisco Xochicuautla (ubicada en el municipio de Lerma, Estado de México) detectaron a un grupo de personas, ajenas a la región, que excavaban zanjas y talaban los árboles de una zona del Bosque Otomí-Mexica, para realizar mediciones topográficas. Aún cuando estas personas carecían de autorización de los pobladores para operar en sus tierras, éstos los dejaron actuar con tal de no desatar una confrontación, pero tan pronto como los extraños se retiraron, los habitantes de Xochicuautla reforestaron la zona “aplanada” y retiraron todas las marcas que habían hecho en el suelo.

Sin saberlo aún, los indígenas otomíes que habitan este bosque (uno de los más importantes del centro del país, catalogado como “Santuario del Agua”, “Zona Natural Protegida” y “Patrimonio Ecológico del Estado de México”) veían así iniciar una lucha contra un proyecto carretero privado, la autopista Naucalpan-Toluca, en el que se invertirán 5 mil 110 millones de pesos, y que busca conectar la zona residencial de Santa Fe con el aeropuerto internacional de Toluca, partiendo por la mitad sus tierras ancestrales y sus recintos sagrados.

Foto 1

Obras en el Bosque Otomí-Mexica. //Foto: Más de 131.

Según las autoridades del Estado de México, este proyecto carretero (lanzado durante la gubernatura del hoy presidente Enrique Peña Nieto) medirá 39 kilómetros de largo, que beneficiarán a 7 mil 400 vehículos diariamente.

La carretera, se informó, será de propiedad estatal, pero está concesionada (desde su construcción) a la empresa Autopistas de Vanguardia SA de CV, la cual obtendrá todas las ganancias que ésta genere, durante los 30 años que corran a partir de su puesta en funcionamiento.

Mapa de la autopista Naucalpan-Toluca.

Mapa de la autopista Naucalpan-Toluca.

No obstante, denunciaron los pobladores de la zona, esta obra implicará talar alrededor de un millón de árboles del bosque que genera la mitad del agua del Río Lerma, por lo que, con la afectación programada, se dejarán de producir 250 millones de litros de agua al año (en detrimento del abasto que reciben de este caudal tanto el Valle de Toluca como el Valle de México). Por otro lado, subrayaron, la carretera romperá el flujo natural de distintas especies animales, además de que pasa por encima de “la ruta de peregrinación tradicional indígena” que, cada año, desde la época prehispánica, realizan los otomíes hacia el cerro de La Campana, el cual, según su cosmovisión ancestral, es el punto donde se inició la vida.

Por ello, en 2011 (es decir, cuatro años después de que en los pueblos de la zona comenzó la presión de autoridades estatales, así como de la constructora Autopistas de Vanguardia, para que cedan sus tierras comunales para la realización de este proyecto), los habitantes de los cuatro poblados afectados por la autopista integraron el Frente de Pueblos Indígenas en Defensa de la Madre Tierra, el cual ha promovido cinco amparos contra el arranque de la obra, todos los cuales resultaron en órdenes judiciales para que todo trabajo sea suspendido. Sin embargo,  denunciaron este 10 de marzo de 2014, las obras no sólo han seguido su curso, incluso con resguardo de la policía estatal, sino que se han intensificado.

 

Pueblos otomíes denunciaron que las obras de la autopista Naucalpan-Toluca continúan, pese a suspensiones decretadas por el Poder Judicial.

Pueblos otomíes denunciaron que las obras de la autopista Naucalpan-Toluca continúan, pese a suspensiones decretadas por el Poder Judicial.//Foto: Frente de Pueblos Indígenas en Defensa de la Madre Tierra.

Ocupación previa

La estrategia empleada por las autoridades y por la empresa Autopistas de Vanguardia para concretar el proyecto carretero, explica Esther Goujón, abogada de los pueblos indígenas del Bosque Otomí-Mexica, ha sido la cooptación de los comités de bienes comunales de los pueblos afectados (San Francisco Xochicuautla, Santa Cruz Ayotuzco, San Mateo Atarasquillo y Santa María Atarasquillo), los cuales, “han establecido ‘acuerdos de ocupación previa’ de las tierras comunitarias por las que quieren pasar su carretera, mediante actas falsificadas de asambleas comunales”.

El 14 de agosto de 2011, ejemplificó la abogada, “un millar de policías sitió el pueblo de San Francisco Xochicuautla, para que se llevara a cabo una asamblea en la que no se permitió el acceso a la comunidad”. En esa asamblea, 74 comuneros (3% de los habitantes del lugar) aceptaron la cesión de las tierras para el proyecto carretero, mientras fuera, el resto de la población se manifestaba en contra.

Presencia policiaca durante asamblea comunal de San Francisco Xochicuautla en la que se aprobó la cesión de tierras, mientras a los pobladores opuestos a la obra se les impedía el acceso.

Presencia policiaca durante asamblea comunal de San Francisco Xochicuautla en la que se aprobó la cesión de tierras, mientras a los pobladores opuestos a la obra se les impedía el acceso. //Foto: Frente de Pueblos Indígenas en Defensa de la Madre Tierra.

“Por esa asamblea irregular y los acuerdos suscritos, la comunidad de San Francisco Xochicuautla promovió un juicio agrario, exigiendo la nulidad del acta con la que supuestamente se aprobaba el convenio de ocupación previa de las tierras, y se obtuvo una suspensión que, no obstante, la empresa constructora no ha respetado, y las obras siguen, se han talado ya muchos árboles y destruido mantos acuíferos, incluso desapareció ya la cascada de La Canaleja, y las obras se realizan siempre con protección de la policía del Estado de México.”

La mayor de las irregularidades, destacó la abogada, es que “los convenios de ocupación previa están previstos en la Ley Agraria dentro del capítulo de expropiaciones, el cual establece que queda prohibido celebrar este tipo de convenios de ocupación previa, si no es determinado por la voluntad de la asamblea, dentro de un procedimiento de expropiación. Sin embargo, resulta que no existe ningún decreto de expropiación, ni siquiera se ha iniciado un procedimiento para expropiar las tierras de los núcleos agrarios donde se piensa construir la carretera, y las obras ya están en marcha”, y aún cuando se ha denunciado la violación a la suspensión decretada por el Tribunal Agrario, “resulta que los juzgados no hacen caso de estas denuncias, aún cuando se les demuestra con fotografías y actas de fedatarios públicos que la empresa sigue trabajando, y que sigue talando el bosque y destruyendo los cuerpos de agua.”

 

Tala en el Bosque Otomí-Mexica, para el paso de la autopista.

Tala en el Bosque Otomí-Mexica, para el paso de la autopista.//Foto: Más de 131.

 

Epílogo: la solidaridad

Para apoyar la lucha de los pueblos del Bosque Otomí-Mexica, los próximos 22 y 23 de marzo sesionará en San Francisco Xochicuautla el Congreso Nacional Indígena, con el lema “Ya no dejaremos que nos quiten nuestra Madre Tierra”, y que contará con representantes de comunidades indígenas de Morelos, Hidalgo, Tlaxcala, Puebla, Michoacán, Distrito Federal y el Estado de México.

Asimismo, el pasado 10 de marzo fue anunciada la conformación del Comité en Defensa del Bosque Otomí-Mexica, integrado por 34 agrupaciones comunitarias, comités juveniles, organizaciones civiles de derechos humanos y colectivos independientes de todo el país (así como dos grupos de solidaridad de España y uno de Colombia), que como primera acción convocó a la ciudadanía a suscribir la “Carta en Solidaridad con las comunidades Otomíes y afectadas por el proyecto carretero Toluca-Naucalpan”, que puedes firmar dando clic aquí.

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Qué es el “Big One”, el devastador terremoto que espera California en la falla de San Andrés

Los terremotos de mayor magnitud en 20 años que sacudieron el sur de California la semana pasada dejaron a más de uno en estado de alerta ante el llamado "Big One", un terremoto que, según los científicos, puede ocurrir en cualquier momento.
Getty Images
10 de julio, 2019
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Los terremotos de la semana pasada volvieron a recordarles a los habitantes de California que en algún momento va a llegar el temido “big one”.

Así es como conocen al hipotético gran terremoto de efectos catastrófico que los científicos esperan sacuda la costa oeste de Estados Unidos, específicamente California.

No se trata de si habrá un gran terremoto sino de cuándo ocurrirá“, es lo que dicen los geólogos que han estudiado la zona.

Los sismos de días recientes, los más potentes en 20 años, se hicieron sentir con más fuerza en la ciudad de Ridgecrest, a unos 250 kilómetros al norte de Los Ángeles.

No hubo muertes que lamentar, aunque sí se desataron incendios y hubo daños a infraestructuras y vías.

Un panorama que alarmó a residentes en ciudades como Los Ángeles, que vieron cómo las tiendas de artículos para acampar y kits de primeros auxilios agotaron su inventario durante el fin de semana.

El terremoto de magnitud 7,1 del pasado viernes rompió el suelo en varias partes de la ciudad de Ridgecrest.

Getty Images
El terremoto de magnitud 7,1 del pasado viernes rompió el suelo en varias partes de la ciudad de Ridgecrest.

¿Por qué lo llaman “Big One”?

En inglés, “big one” se puede traducir como “el grande”.

“En California, tendemos a utilizar el término Big One para referirnos a un terremoto muy grande en la falla de San Andrés, un evento de magnitud 7,8 u 8″, declaró recientemente a medios locales Lucy Jones, sismóloga de referencia en la región.

Por su parte, el periodista Jacob Margolis, presentador de un podcast llamado The Big One, le aclara a BBC Mundo que “‘Big One’ quiere decir que no solo debemos considerar la magnitud del terremoto sino el nivel de daño“.

Y es que grandes ciudades como Los Ángeles, San Francisco y San Bernardino han sido construidas en las cercanías de la activa e imponente falla de San Andrés, que recorre California de norte a sur a lo largo de 1.300 kilómetros y delimita la placa norteamericana de la placa del Pacífico.

La de San Andrés es una de las fallas más estudiadas del planeta ya que en su práctica totalidad se encuentra sobre la superficie terrestre.

Fue la causante del terremoto de magnitud de 7,8 que destruyó gran parte de San Francisco en 1906, provocando la muerte de más de 3.000 personas.

La falla de San Andrés atraviesa California y se extiende a lo largo de 1.300 kilómetros.

Getty Images
La falla de San Andrés atraviesa California y se extiende a lo largo de 1.300 kilómetros.

A los científicos les preocupa específicamente la sección sur de la falla pues, según estimaciones, lleva demasiado tiempo sin descargar cantidades grandes de energía.

Estudios geológicos muestran que en los últimos 1.500 a 1.400 años, terremotos grandes han ocurrido con una periodicidad de unos 150 años en la sección sur de la falla.

El sismo más grande ocurrido en esa región fue en 1857, por lo que esa zona se considera un lugar probable para la ocurrencia de un fuerte terremoto en las próximas décadas.

Los sismólogos aclaran, sin embargo, que no tienen manera de anticipar cuándo ocurrirá un terremoto.

Destrucción causada por el terremoto de Northridge

Getty Images
El terremoto de Northridge en 1994 causó daños graves en Los Ángeles, pese a que registró una magnitud de 6,7.

Los cálculos más conservadores apuntan a que, de producirse un sismo de magnitud 7,8 en esa sección -que tendría un impacto directo en Los Ángeles, la segunda ciudad más poblada de EE.UU.- cerca de 2.000 personas morirían y habría más de 50.000 heridos.

Los daños materiales superarían los US$200.000 millones.

¿El “Big One” solo está asociado con la falla de San Andrés?

Por su extensión y por el hecho de delimitar dos placas tectónicas, un terremoto en la falla de San Andrés es a menudo citado como ese Big One que muchos californianos temen.

Pero el término bien puede utilizarse para hablar de otros sismos que, de ocurrir, también pueden causar graves daños.

El sismo fracturó vías en el sur de California.

Reuters
El sismo de 7,1 del viernes fracturó vías en zonas del sur de California cercanas al epicentro.

Por ejemplo, la falla de Hayward, localizada en el este de la bahía de San Francisco fue calificada como “una suerte de bomba de tiempo tectónica” por el geólogo emérito del USGS David Schwartz.

El USGS consideró en un reporte de 2018 que esta falla “es una de las más activas y peligrosas porque recorre una región densamente urbanizada e interconectada”.

En la zona viven unos siete millones de personas.

“Cada quien, dependiendo de en qué zona de California estés, tiene su propio Big One“, señala Margolis.

El periodista hace referencia a otra falla, la de Puente Hills, ubicada debajo de la ciudad de Los Ángeles.

Un incendio desatado tras el terremoto de 7,1 en Ridgecrest, California.

AFP
Uno de los peligros inmediatos tras un terremoto son los incendios ocasionados por fallas eléctricas.

Científicos del USGS enfatizan que una ruptura de esa falla es un evento inusual, que ocurre “cada 3.000 años”.

“Los científicos se preocupan menos por esta porque no es tan activa como la de San Andrés, pero un sismo allí podría ser muy destructivo en Los Ángeles”, advierte Margolis.

Según estimaciones publicadas por el USGS en 2005, un terremoto de 7,5 en Puente Hills podría resultar en la muerte de 3.000 a 18.000 personas y pérdidas valoradas en US$250.000 millones.

En años recientes y para prevenir peores daños, sin embargo, las autoridades de Los Ángeles han requerido que los dueños de edificios fortalezcan las estructuras consideradas como débiles y vulnerables a colapsar en un terremoto.


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