La arriesgada apuesta de Rusia en Ucrania
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La arriesgada apuesta de Rusia en Ucrania

La escalada de tensión que se vive en Ucrania se está convirtiendo rápidamente en la peor crisis entre Rusia y Occidente desde el corto conflicto entre Georgia y Rusia en 2008.
2 de marzo, 2014
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Una bandera con la consigna "Crimea es Russia" decora las oficinas gubernamentales de Simferopol, península de Crimea, Ucrania, este jueves 27 de febrero. Foto: AP

Una bandera con la consigna “Crimea es Russia” decora las oficinas gubernamentales de Simferopol, península de Crimea, Ucrania, este jueves 27 de febrero. Foto: AP

La escalada de tensión que se vive en Ucrania se está convirtiendo rápidamente en la peor crisis entre Rusia y Occidente desde el corto conflicto entre Georgia y Rusia en 2008.

Aquella guerra terminó con una Georgia humillada y con los rusos en control de dos enclaves independentistas georgianos de mayoría rusoparlante.

Osetia del Sur y Abjazia fueron posteriormente reconocidos por Moscú como Estados separados, si bien en realidad quedaron como protectorados de Rusia.

Occidente, pese a todas las condenas expresadas, quedó como mero espectador al margen.

El drama de Crimea tiene un significado totalmente distinto.

Si esto desemboca en una batalla a plena escala entre Moscú y Kiev, las consecuencias pueden ser impensables. Lo peor sería la incitación de una amarga guerra civil dentro de Ucrania, pero también está el riesgo de cultivar la inestabilidad en las fronteras de Europa.

Y los problemas entre el presidente de Rusia, Vladimir Putin, y Occidente pueden tener graves ramificaciones en todo un abanico de conflictos internacionales desde Siria hasta el destino del programa nuclear de Irán.

Lea también: Ucrania acusa a Rusia de “declarar la guerra”

Reminiscencias del pasado

Lo que de alguna manera es muy llamativo es lo predecible que está siendo el comportamiento de Rusia hasta ahora, parece recién sacado del guión de la era postsoviética.

Esto incluye una dosis de retórica política (quejas sobre las amenazas contra minorías rusas, sitios ortodoxos y demás) más una serie de amenazas de presión económica (la imposición de nuevas tasas aduaneras en la frontera entre Rusia y Ucrania) y una acción militar abierta al menos en la región de Crimea.

Allí instalaciones clave y edificios gubernamentales fueron tomados por militares en uniformes sin identificar cuyo armamento, vehículos y comportamiento los identificó como personal del servicio regular bajo órdenes de Moscú.

Después de todo lo que se ha elucubrado sobre una potencial invasión rusa de Crimea, los hechos sugieren que Rusia, en gran medida, ya tiene el control allí.

La sede de la Flota del Mar Negro en Sebastopol le da a Moscú toda la infraestructura militar que necesita para intimidar a las fuerzas locales de Ucrania y los rusos parecen haberse reforzado con pequeños grupos de unidades especiales desplegadas a la zona en días recientes.

Conforme la cámara alta del Parlamento ruso dio su aprobación a un despliegue más extenso de las tropas en Ucrania, muchos expertos se preguntan si esto es realmente una opción para el presidente ruso o si es simplemente un gesto para aumentar la presión sobre el nuevo gobierno interino de Ucrania.

Lea también: ¿Por qué es tan peligroso lo que ocurre en Crimea?

El peligro, por supuesto, es que la retórica bélica de Moscú inflame las tensiones locales en la parte más prorrusa del este de Ucrania.

Inevitablemente, los disturbios y la violencia le darían a las fuerzas rusas un pretexto para actuar, aunque lo más probable es que su participación desatara una amarga guerra civil.

Lea también: La visión rusa sobre la crisis en Ucrania

Riesgos para Putin

El comportamiento del presidente ruso es quizá predecible en relación con el manejo de anteriores crisis en los aledaños de Rusia pero, bajo otra luz, es bastante desconcertante.

El presidente de EE.UU. le dijo a su homólogo ruso que se arriesga al aislamiento político y económico.

Aquí hay enormes riesgos para una Rusia que, por el momento, puede estar animada por los altos precios del petróleo y el gas pero que es muy susceptible a las fluctuaciones de los mercados energéticos.

Rusia se ha restablecido como jugador diplomático en el escenario mundial, sin olvidar su papel crucial –y no exento de controversia– en el conflicto sirio.

¿Realmente está Putin preparado para poner su posición internacional en riesgo?

La pregunta es vigente especialmente en el contexto ucraniano, porque si bien esto está derivando en una crisis con reminiscencias de las tensiones de la Guerra Fría, la realidad de las dificultades de Ucrania se resume en una simple verdad: el país va camino de ser un caso perdido por la mala gestión y el despilfarro del liderazgo anterior en Kiev.

Ucrania necesita un enorme apoyo financiero del exterior. Esto no puede llegar sólo desde Rusia. Sería como una roca alrededor del cuello de la economía rusa.

Opciones limitadas

Cualquier solución económica debe contar también con las instituciones financieras internacionales y los gobiernos occidentales. 

Esto implicará algún tipo de asociación con Moscú y ahora mismo no va a haber demasiada buena voluntad hacia el Kremlin.

Más allá de todo el ruido por parte de líderes europeos e incluso desde Washington por el rumbo que está tomando Rusia, hay poco que estos países puedan hacer a corto plazo, que no sea mostrar su descontento.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha subrayado que habrá consecuencias para Rusia si interviene militarmente en Ucrania. Pero las opciones de EE.UU. son limitadas.

Esta crisis pone en evidencia las dificultades de los dos gobiernos de Obama para formar una nueva relación con Rusia.

El fracasado “reinicio” de los lazos con Moscú del primer mandato de Obama ha dado paso a un complicado esfuerzo para gestionar los conflictos en el segundo.

La decisión de Obama de no asistir a los Juegos Olímpicos de invierno de Sochi fue interpretada por muchos como un gesto de desaprobación ante el creciente acoso contra los homosexuales en Rusia.

Washington y la Unión Europea quizá busquen elaborar políticas de mayor apoyo para las nuevas autoridades de Kiev.

Pero el presidente ruso ha movido ficha antes para asegurar los intereses de Rusia, con la esperanza de garantizar que Moscú seguirá jugando un papel clave en el diseño del futuro político de Ucrania.

Mapa de Ucrania

Datos clave

Presencia militar rusa

  • Por un acuerdo de 2010 Ucrania extendió hasta 2042 el arriendo de la zona militar del puerto de Sebastopol, en Crimea, a Rusia, donde este país tiene su base de operaciones para el Mar Negro.
  • El acuerdo también autoriza a Rusia a tener hasta 161 aeronaves en las bases aéreas de Kacha y Gvardeyskaya, en Crimea; hasta 388 naves de guerra y otros buques en aguas ucranianas; y hasta 25.000 tropas en los puertos de Sebastopol y Fedosia, en Crimea.

El gas

  • Por el acuerdo de 2010 Rusia se comprometió a bajar el precio del gas que le vende a Ucrania.
  • Las exportaciones rusas cubren más de la mitad de las necesidades de gas natural de Ucrania.
  • Un 80% del gas ruso que se exporta a Europa pasa por Ucrania.
  • Alrededor del 40% del gas que importa Europa proviene de Rusia. Y representa un 25% del total consumido en el continente.

Demografía de Crimea

  • Población total: 2.000.000
  • De origen ruso: 58,5%
  • De origen ucraniano: 24,4%
  • Tártaros de Crimea: 12,1%

Reunión del Consejo de Seguridad

El Consejo de Seguridad de la ONU celebró el sábado una reunión de emergencia sobre la crisis ucraniana, en la que no se logró ningún punto de compromiso.

Estados Unidos y Reino Unido atacaron a Moscú por su intervención militar en territorio ucraniano y le exigieron dar marcha atrás, mientras que el embajador ruso defendió las medidas adoptadas por el Kremlin y acusó a Occidente de estar detrás de la actual inestabilidad en Ucrania.

EU consideró fundamental el envío de una misión de mediación internacional a Crimea para tratar de calmar la situación.

Dicha misión no cuenta con el respaldo de Moscú, que se declaró contrario a una “mediación impuesta”.

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La carrera contrarreloj de Alemania por llevar ante la justicia a los últimos criminales nazis

La justicia alemana intenta ajustar cuentas con los últimos responsables vivos del Holocausto, todos ellos mayores de 90 años de edad.
Por BBC
14 de febrero, 2021
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Tienen más de 90 años de edad y el dudoso honor de ser considerados como los últimos criminales nazis en enfrentar la justicia.

No formaron parte del alto mando militar de Adolf Hitler, ni comandaron algún escuadrón de las SS. Eran guardias de seguridad, secretarias o empleados administrativos que trabajaron en los campos de exterminio del Tercer Reich y ahora, más de 75 años después del final de la II Guerra Mundial, finalmente están enfrentando a la justicia.

El martes pasado, fiscales en Alemania acusaron a un hombre de 100 años de edad por ayudar en el asesinato de 3.518 personas que fallecieron mientras él trabajaba como guardia de la SS en el campo de concentración de Sachsenhausen, ubicado a unos 35 kilómetros de Berlín.

La semana anterior, una mujer de 94 años de edad que trabajó como secretaria en el campo de concentración de Stutthof (Polonia) fue imputada como cómplice en 10.000 casos de asesinato e intento de asesinato por su trabajo en apoyo a las atrocidades que se cometieron allí.

Aunque ahora es nonagenaria, dado que era menor de 21 años cuando ocurrieron esos hechos, es probable que esta mujer termine siendo juzgada ante una corte juvenil.

Entrada del campo de exterminio de Auschwitz.

Getty Images
Las investigaciones recientes han logrado imputar a varios exfuncionarios del campo de exterminio de Auschwitz.

Sus casos forman parte de un pequeño grupo de empleados de bajo nivel del régimen nazi que en los últimos años han estado siendo investigados por las autoridades alemanas en un último esfuerzo por ajustar las cuentas pendientes con el pasado nazi: una carrera contrarreloj pues cada vez quedan menos sobrevivientes de aquella época.

Persiguiendo los crímenes del Tercer Reich

Pero, ¿por qué se está investigando ahora a exfuncionarios que ni siquiera tenían puestos de mando durante el Holocausto?

Las indagaciones sobre las atrocidades cometidas por el Tercer Reich comenzaron formalmente en 1943, cuando se creó una comisión internacional para investigar los delitos cometidos por las potencias del Eje. Su trabajo llegó a la imputación de 36.000 funcionarios alemanes y japoneses, de los cuales al menos 10.000 fueron condenados en juicios realizados hasta 1948.

Imagen de los juicios de Nuremberg.

Getty Images
Muchos de los principales líderes nazis fueron condenados en los juicios de Nuremberg.

Al mismo tiempo, entre 1945 y 1949, los tribunales en la zona de Alemania occidental dictaron unas 4.600 condenas por crímenes del nazismo.

Sin embargo, tras el establecimiento de la República Federal Alemana (RFA) en 1949, decayó el interés de seguir persiguiendo los crímenes nazis y, de hecho, se dictaron numerosas amnistías e incluso se aprobó una legislación que permitió que antiguos soldados nazis accedieran a cobrar pensiones.

“Durante la década de 1950, en Alemania occidental no había mucho deseo de perseguir los crímenes nazis, lo que resultó en un verdadero escándalo en el resto del mundo. Alemania oriental, en particular, impulsó una campaña de propaganda que destacaba cómo había antiguos líderes nazis en posiciones destacadas tanto en el sector privado como en el sector público. Eso fue verdaderamente embarazoso para el gobierno de la RFA”, explica Devin Pendas, profesor del Boston College especializado en la historia de los juicios contra los nazis tras la II Guerra Mundial.

La respuesta de la RFA fue la creación en 1958 de la Oficina Central de Investigación de Delitos del Nacional Socialismo, que es la instancia que hasta ahora se sigue encargando de indagar sobre estos temas.

Ficha de Adolf Hitler en la la Oficina Central de Investigación de Delitos del Nacional Socialismo.

Getty Images
La Oficina Central de Investigación de Delitos del Nacional Socialismo tiene un archivo con más de 1,7 millones de fichas de personas y eventos relacionados con los crímenes del Tercer Reich.

Algunos expertos han señalado que esta agencia gubernamental hizo un muy buen trabajo durante las décadas siguientes, mientras otros destacan que había mucha resistencia de parte de las autoridades judiciales alemanas ante estas investigaciones, Pendas cree que estos dos hechos coexistieron.

“Claramente, muchos jueces y fiscales estaban renuentes en las décadas de 1950, 1960 y 1970 de procesar con fuerza los crímenes nazi, en parte, porque muchos de ellos habían estado trabajando en el Poder Judicial durante el Tercer Reich pero también porque no querían lavar ante el mundo los paños sucios de su país”, dice Pendas a BBC Mundo.

“Pero también es cierto que la Oficina Central y muchos fiscales y jueces individuales se tomaron esto muy en serio, sacando a la luz mucha evidencia y prestando un gran servicio al llevar ante las justicia muchas de estas atrocidades”, agrega.

El trabajo de la Oficina Central se vio limitado además por varias cuestiones legales como el hecho de que las leyes alemanas no contenían disposiciones específicas para procesar crímenes de guerra y por las normas vigentes entonces sobre prescripción de los delitos, que dificultaban que muchos de los casos pudieran ser llevados a juicio después de 1960.

Una fila de mujeres prisioneras en el campo de concentración nazi de Auschwitz.

Getty Images
Se estima que más de un millón de personas, la mayoría judíos europeos, murieron en el campo de Auschwitz.

Esta dependencia gubernamental sufrió además un fuerte revés cuando, en 1969, la Corte Suprema revocó la condena de un antiguo miembro de las SS que trabajó como dentista en el campo de Auschwitz (Polonia) con el argumento de que trabajar en un campo de exterminio no era un crimen en sí mismo.

Como resultado de ese dictamen, la Oficina Central debió abandonar una investigación sobre la Oficina Central de Seguridad del Reich, una dependencia del ministerio de Interior controlada por las SS que era la principal responsable para ejecutar la política de asesinatos masivos de Hitler.

A estas limitaciones hay que sumar el hecho de que la Oficina Central es una entidad pequeña, dotada de poco personal y solamente tiene la potestad para investigar los casos, pues una vez que encuentra evidencias de posibles hechos punibles debe pasar los expedientes a los fiscales que son los responsables finales de llevar a juicio a los presuntos criminales.

El impulso del 11 de septiembre

Todas estas restricciones redujeron la capacidad de acción de la Oficina Central durante muchos años.

Pero las cosas cambiaron a partir de 2007, cuando un tribunal alemán condenó a 15 años de cárcel al marroquí Mounir el Motassadeq por haberle transferido dinero a Marwan al Shehhi, el presunto responsable de estrellar el vuelo 175 de United Airlines en contra de la torre sur del World Trade Center en Nueva York, según la Comisión que investigó los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Mounir el Motassadeq

Getty Images
Mounir el Motassadeq fue condenado a prisi[on por haber enviado dinero a uno de los atacantes del 11-S.

Este precedente impulsó al entonces fiscal de la Oficina Central Thomas Walther a buscar el enjuiciamiento de guardias y otros funcionarios de los campos de concentración, aunque no hubieran participado directamente de estos crímenes.

Siguiendo esta argumentación se logró que en 2011 un tribunal alemán condenara a John Demjanjuk, un antiguo guardia del campo de exterminio de Sobibor (Polonia), por colaborar con el asesinato de las 28.000 personas que fueron muertas allí.

“Se volvió más fácil conseguir una condena. Hasta entonces tenías que demostrar que alguien había estado involucrado directamente en una muerte. En este caso, la Fiscalía argumentó que -y el tribunal estuvo de acuerdo- que dado que estos campos eran centros de exterminio, cualquiera que hubiera pertenecido al personal nazi que estaba allí contribuyó con esas muertes. Ya no tenías que demostrar que un guardia mató a alguien en ese campo, basta con demostrar que había sido un guardia que trabajó allí”, explica Pendas.

Justicia e historia

La condena de Demjanjuk le dio un nuevo impulso al trabajo de la Oficina Central, que durante la última década ha remitido a los fiscales más de 200 casos para su imputación.

Thomas Walther

Getty Images
El abogado Thomas Walther impulsó el enjuiciamiento de exfuncionarios de bajo nivel que trabajaron en los campos de concentración nazis.

No se trata de una cifra menor cuando se considera que esta agencia gubernamental solamente cuenta con un puñado de investigadores, que para armar los casos tienen que buscar información en distintas partes del mundo y que, por su avanzada edad, muchas veces los presuntos criminales mueren antes de que el expediente esté concluido.

Sin embargo, hasta ahora, solamente se han producido un puñado de condenas, incluyendo la de Oskar Groening, un exmiembro de las SS conocido como el “contador de Auschwitz”, pues trabajó en las oficinas de este campo de exterminio y, entre otras cosas, se encargaba de contar el dinero robado a las víctimas.

En 2015, Groening, quien entonces tenía 94 años de edad, fue sentenciado en 2015 a cuatro años en prisión por haber facilitado el asesinato de 300.000 prisioneros. Sin embargo, falleció en 2018 sin haber ingresado en prisión a la espera del resultado de sus apelaciones.

Oskar Groening

Getty Images
Oskar Groening, el llamado “contador de Auschwitz” falleció sin pagar su condena.

Reinhold Hanning fue condenado en 2016 -a los 95 años de edad- por cooperar con la muerte de 170.000 personas en Auschwitz, donde trabajó como guardia de las SS. Aunque durante el juicio dijo estar avergonzado por haber presenciado las muertes sin hacer nada para evitarlas, negó ser culpable de las mismas y apeló la sentencia. Murió al año siguiente sin haber ido a la cárcel.

En 2020, una corte de Hamburgo sentenció a Bruno Dey, un exguardia del campo de concentración de Stutthof, por haber colaborado con el asesinato de las 5.230 personas fallecidas en ese centro mientras él trabajó allí.

Sin embargo, como él era adolescente cuando ocurrieron los hechos fue procesado por un tribunal juvenil y fue recibió una sentencia suspendida de dos años de cárcel.

Bruno Dey.

Getty Images
Bruno Dey intentó ocultar su rostro usando carpetas en las audiencias del juicio en el que fue condenado por colaborar en el asesinato de 5.230 personas.

Aunque han tenido mucha visibilidad, el hecho de que se trate de juicios contra exfuncionarios de bajo rango que ahora están tan mayores y que, hasta ahora, no han cumplido sus sentencias de forma efectiva ha llevado a algunos críticos a cuestionar si tiene sentido seguir con estos procesos.

“Creo que no hay ninguna razón para que una persona tenga inmunidad ante la justicia criminal debido a que era un funcionario de bajo rango”, dice Todd Buchwald, exembajador y coordinador especial de Justicia Criminal Global de Estados Unidos, a BBC Mundo.

Indica que estos juicios tienen muchos objetivos incluyendo llevar a la justicia a algunos de los responsables de las terribles atrocidades que se cometieron, crear un registro histórico de lo que ocurrió y fortalecer el mensaje disuasorio para todos aquellos funcionarios de bajo nivel que en el futuro se encuentren en una situación en la que se vean tentados a pensar que por su bajo rango no pagarán por estos crímenes.

“No está bien ayudar a perpetuar semejantes atrocidades, así que conviene reforzar el mensaje disuasorio de cara al futuro”, señala Buchwald.

“Los crímenes que se cometieron en Alemania fueron tan devastadores que entiendo bien el esfuerzo por intentar llevar ante la justicia a quienes tuvieron responsabilidad en lo ocurrido”, concluye.

 

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