Las desapariciones de mujeres en Chihuahua aumentaron 130% con el gobierno de EPN
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Cuartoscuro/Archivo

Las desapariciones de mujeres en Chihuahua aumentaron 130% con el gobierno de EPN

Ninguna de las 52 mujeres desaparecidas en Chihuahua, de 2012 a la fecha, está incluida en el Registro Nacional de Personas Desaparecidas.
Cuartoscuro/Archivo
Por Paris Martínez
24 de marzo, 2014
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A pesar de que los reportes oficiales del gobierno federal señalan que en Chihuahua no ha desaparecido ninguna mujer desde octubre del año 2011, la realidad es que las desapariciones de niñas, adolescentes y mujeres adultas en esta entidad no sólo han continuado, sino que incluso han experimentado un repunte, ya que durante 2013, primer año de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, el número de casos aumentó 130% en comparación con el año anterior.

En total, de 2012 a la fecha, en Chihuahua han desaparecido por lo menos 52 mujeres –tal como dejan ver los registros públicos de la Fiscalía Estatal de Justicia–. De ellos, 13 ocurrieron durante 2012, último año de gobierno del expresidente Felipe Calderón; luego, en 2013, el primero de Peña Nieto, se registraron 30 casos más (lo que representa un incremento de 130%, de un año para otro), a los cuales se suman otras nueve desapariciones acumuladas en lo que va de 2014, la más reciente de las cuales es la de Ana Laura Mendoza Aguirre, una niña de 14 años desaparecida el pasado viernes, 21 de marzo, en Ciudad Juárez.

A pesar de ello, ninguna de esas 52 mujeres desaparecidas en Chihuahua, de 2012 a la fecha, está incluida en el Registro Nacional de Personas Desaparecidas, aún cuando 75% de los casos han ocurrido durante la actual administración federal, misma que, cabe destacar, puso en marcha dicho registro nacional de víctimas.

El Nombre de Dios…

“Desaparecida” es un eufemismo exacto e inexacto a la vez. Para los que esperan la vuelta de sus seres queridos, las víctimas desaparecen, sí, sin dejar rastro, sin encontrar explicación y sin que exista una causa. Pero, por otro lado, es cierto también que nadie se esfuma en el aire, la tierra no se traga a la gente como acto consciente, la gente no “desaparece”: alguien “se los lleva”, y sólo en casos excepcionales llega a saberse con qué fin estas víctimas, hombres o mujeres, son arrancadas de sus familias, y, menos aún, quiénes son sus victimarios.

El más reciente ejemplo de ello es el de Esperanza Manuela Chaparro, una joven de 19 años que, el pasado 26 de enero, concluyó su jornada laboral en un comercio del centro de la ciudad de Chihuahua, y luego enrumbó hacia el Vivebús, como se conoce al sistema de transporte público de carril confinado en la capital del estado. No se sabe si la joven abordó el Vivebús. Sólo se sabe que, entre las 14:00 y las 14:30 horas, a plena luz del día y en el mismo centro de la capital del estado, Esperanza desapareció.

 

Esperanza Chaparro. //Foto: Justicia para Nuestras Hijas.

Esperanza Chaparro. //Foto: Justicia para Nuestras Hijas.

Esperanza llevaba un libro de Martin Luther King Jr. en las manos, y en su bolso una hoja de cuaderno en la que había estampado algunas reflexiones personales sobre la fe católica, y es que, aunque la joven estudiaba la licenciatura de administración en ciencias agrotecnológicas, en la Universidad Autónoma de Chihuahua, su anhelo era convertirse en monja y, de hecho, estaba inscrita en un retiro espiritual de prenoviciado, que iniciaría el pasado 8 de marzo, es decir, el Día Internacional de los Derechos de la Mujer y la Paz Mundial.

La búsqueda de Esperanza se prolongó durante 39 días, hasta que el pasado 2 de marzo, el cuerpo sin vida de esta joven fue encontrado en el desierto de Chihuahua, en una zona conocida como Nombre de Dios.

Esperanza fue atacada sexualmente, asesinada con un golpe contundente en el cráneo y abandonada en descampado, y pese a ello, un día después de localizar su cuerpo, el fiscal general del estado, Jorge González Nicolás, insinuó que, aún sin haber sido un suicidio típico, Esperanza había sido responsable de su muerte por haber tomado “decisiones riesgosas” derivadas de una supuesta “depresión”, hipótesis oficial sustentada en el hecho de que, entre sus pertenencias, las autoridades encontraron una “carta” en la que evidenciaba problemas personales…

Dicha carta era, en realidad, el texto con reflexiones doctrinales que Esperanza estaba escribiendo al momento de ser raptada y que, además, forma parte de una colección de pensamientos sobre fe que la joven redactaba en su tiempo libre.

 El Día…

Este año, la conmemoración del Día Internacional de los Derechos de la Mujer tendría lugar, en Chihuahua, un día antes de la fecha oficial, el 7 de marzo, puesto que ese fue el plazo anunciado por las autoridades para devolver el cuerpo de Esperanza a sus familiares. El féretro de la joven encabezaría la marcha ciudadana con la que, como cada año, las familias del estado salen a gritar la ya conocida consigna “¡Ni una más!”.

Con el cuerpo de Esperanza a cuestas, madres de mujeres asesinadas en el estado pensaban acudir ante el Palacio de Gobierno, para exigir cuentas al gobernador César Duarte.

Eso, sin embargo, no fue posible ya que, “el mero 7 de marzo, las autoridades decidieron que no entregarían el cuerpo –narra Rosario Cano, integrante de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en México y de la organización chihuahuense Justicia para Nuestras Hijas–. Como que sintieron que la gente, toda la ciudadanía, estaba muy indignada… Pero aún sin tener con nosotras a Esperanza todavía, nosotras fuimos, hubo mucha gente”.

–¿Fueron recibidas por alguna autoridad? –se le pregunta.

–No, qué nos van a recibir, si hasta nos cerraron la puerta del Palacio, siempre nos la cierran, incluso cuando hay reuniones pactadas, lo primero que hacen cuando ven a las mamás es cerrar, como que los policías tienen esa orden.

No fue sino hasta el día siguiente, 8 de marzo, durante la madrugada, que el gobierno estatal entregó por fin el cuerpo de Esperanza a sus familiares, “y la gente se solidarizó mucho: en la misa, la iglesia se llenó… y luego, el panteón, donde fue sepultada ese mismo día, también se llenó de gente, de ciudadanía, pero luego de que terminó todo, la gente dijo ‘adiós’ y cada quien a su casa. Y yo me pregunto, ¿por qué? ¿Por qué la gente vuelve a sus casas como si nada, a esperar? ¿Por qué la gente se espera a tener indignación ya que pasan esas cosas? ¿Dónde estamos, qué nos pasa? Yo vi ese día a mucha gente conmovida, y a todos les pregunto, ¿por qué no hacemos algo? ¿Vuelven a casa porque aún no les pasa nada? Como si no supiéramos bien que puede pasarnos en cualquier momento… no lo entiendo.”

 Epílogo…

Entre 1997 y octubre de 2011, las autoridades federales reconocen 803 casos de víctimas de desaparición forzada en Chihuahua, de las cuales, 666 son hombres y 137 son mujeres.

A la estadística federal de mujeres desaparecidas en Chihuahua, además, se deben sumar –según los informes oficiales del gobierno estatal– tres casos ocurridos entre noviembre y diciembre del mismo 2011, más las 52 víctimas acumuladas de 2013 a la fecha, que dan, en total, 192 mujeres víctimas de desaparición forzada en la entidad.

Asimismo, según cálculos de la organización Justicia para Nuestras Hijas, en Chihuahua se han registrado al menos 2 mil 200 feminicidios en los últimos 20 años.

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Atentados del 11S: la icónica foto de la "dust lady" cubierta de polvo tras los ataques a las Torres Gemelas

Marcy Border fue fotografiada cuando logró refugiarse en un edificio cercano a las torres. Te contamos su historia.
11 de septiembre, 2021
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En agosto de 2015 fallecía a consecuencia de un cáncer Marcy Borders, recordada como la “dust lady” (dama del polvo) y cuya fotografía se convirtió en una de las más icónicas de los ataques contra las Torres Gemelas de Nueva York del 11 de septiembre de 2001.

Fue fotografiada cuando logró refugiarse en un edificio cercano a las torres.

Tenía su rostro y todo su cuerpo cubierto por el polvo que envolvió la Zona Cero después de que los edificios se vinieron abajo.

Dieciocho años después de los atentados, recordamos la historia detrás de esta emblemática imagen.

La fotografía

El 11 de septiembre de 2001, Borders recién cumplía su primer mes de trabajo en el Bank of America, cuyas oficinas se encontraban en el piso 81 de la Torre Norte del World Trade Center.

Lady Dust

Getty Images
En 2002 Marcy Borders posó con el fotógrafo que tomó su imagen cubierta por el polvo en la Zona Cero.

“El edificio comenzó a temblar y balancearse. Yo perdí todo el control. Luché a mi manera por salir de ese lugar”, dijo Borders al diario Daily Mail en 2011.

Desafiando las instrucciones de su jefe de que no debían salir, huyó por las escaleras y se refugió en el vestíbulo de un edificio cercano. Allí su imagen fue capturada por el fotógrafo Stan Honda.

El autor de la instantánea recordó aquel momento en una publicación de Facebook en el décimo aniversario de los ataques.

“Una mujer entró completamente cubierta de polvo gris. Se notaba que estaba muy bien vestida para el trabajo y por un segundo se detuvo en el lobby. Pude hacer una toma de ella antes de que un agente de policía comenzara a dirigir a la gente hacia las escaleras”, escribió Honda en 2011.

Borders, nacida en Nueva Jersey, no se dio cuenta que había sido fotografiada hasta que su madre vio la imagen al día siguiente y se puso en contacto con Stan Honda.

Complicaciones

Ataques del 11 de septiembre de 2001

Getty Images
Miles de personas que se encontraban en la Zona Cero el 11-S fueron diagnosticadas con cáncer en años posteriores,

En los años posteriores a los ataques, Borders sufrió cuadros de depresión severa y adicción a las drogas. Incluso perdió la custodia de sus dos hijos.

“No trabajé en casi 10 años y en 2011 era un completo desastre”, le dijo a The New York Post en ese entonces. “Cada vez que veía un avión me entraba el pánico”.

Sin embargo, después de una temporada en rehabilitación, logró desintoxicarse y recuperó la custodia de sus hijos.

En noviembre de 2014 se conoció que padecía de cáncer de estómago.

Borders afirmó que su mal fue el resultado de lo que vivió en 2001. “Definitivamente lo creo porque no tenía ninguna enfermedad”, dijo al diario estadounidense New Jersey Journal.

“Yo no tengo la presión arterial alta, ni el colesterol alto, ni diabetes”.

Miles de personas que se encontraban en la Zona Cero el 11-S fueron diagnosticadas con cáncer en años posteriores, particularmente los rescatistas que trabajaron en los escombros de los edificios en los días y semanas posteriores a los atentados.

Eso llevó a la creación de un fondo compensatorio durante el gobierno de Barack Obama.

Smoke from the burning World Trade Center towers fills up the downtown Manhattan skyline

Getty Images
Muchas personas sufrieron las consecuencias físicas y psicológicas de los ataques del 11S.

Fallecimiento

En entrevistas en los años que siguieron al ataque, Borders culpó de su cáncer al polvo y las sustancias contaminantes que aspiró mientras escapaba del World Trade Center.

Tras su fallecimiento en 2015, Juan Borders, primo de Marcy, la llamó “heroína” y aseguró que “sucumbió a las enfermedades que cargó en su cuerpo desde el 11-S”.

“Además de la pérdida de tantos amigos, compañeros de trabajo y colegas durante y después de ese trágico día, los dolores del pasado han encontrado una manera de resurgir”, dijo.

Noelle, hija de Marcy Borders, le dijo al diario estadounidense New York Post que su madre “peleó una batalla increíble”.

“Ella no sólo es la ‘dust lady’, es mi heroína y vivirá para siempre a través de mí”, concluyó.

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