¿Quién gana la guerra entre la NSA y los defensores de la libertad de internet?
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¿Quién gana la guerra entre la NSA y los defensores de la libertad de internet?

En la guerra por el cifrado entre la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) y los defensores de la privacidad, ¿quién está ganando?
Por Gordon Correa / BBC
24 de marzo, 2014
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Un grupo de manifestantes protesta frente a las oficinas de los senadores federales Charles Schumer y Kristen Gillband en Nueva York, el miércoles. Foto: AP.

Un grupo de manifestantes protesta frente a las oficinas de los senadores federales Charles Schumer y Kristen Gillband en Nueva York, el miércoles. Foto: AP.

En la guerra por el cifrado entre la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) y los defensores de la privacidad, ¿quién está ganando?

Ladar Levison está exhausto y se deja caer en un sofá con su perra, Princesa, en su regazo. Está rodeado de cajas, un día después de mudarse a una nueva casa en los suburbios de Dallas, Texas.

Describe su nuevo hogar como un “monasterio para programadores”. Levison y sus colaboradores planean vivir y trabajar allí mientras crean un nuevo servicio de correo electrónico que les permitirá a las personas comunicarse de manera totalmente segura y privada.

Su objetivo, dice, es “llevar el cifrado a las masas”.

Están haciendo un nuevo servicio de correo electrónico luego de que el propio Levison cerrara el que había – llamado Lavabit – tras haber recibido una visita del FBI.

Todo comenzó con una tarjeta de visita en mayo del año pasado. El FBI estaban detrás de uno de sus clientes. Levison no puede decir quién era, pero todo el mundo sabe que era Edward Snowden, que acababa de salir del país con una pila de documentos secretos y estaba usando su email Lavabit para comunicarse.

La pelea con el FBI derivó en una orden judicial para que Levison entregara las claves y así entrar a su servicio de correo electrónico. Esto dejaría vulnerables a sus 400.000 usuarios, por lo que se le ocurrió un plan. Las claves cifradas consisten en miles de caracteres aparentemente aleatorios.

En lugar de entregarlas en forma electrónica, las imprimió. En letra pequeña. Y entregó la pila de hojas de papel.

“¿Queremos que nuestras comunicaciones sean totalmente privadas para que absolutamente nadie aparte del destinatario pueda saber lo que se dice? ¿O estamos dispuestos a permitir el acceso del Estado, por ejemplo, cuando dice que está investigando un crimen o protegiendo la seguridad nacional?”

“Me encontré con los agentes del FBI en el vestíbulo y les entregué el sobre. El agente del FBI lo miró a contraluz, lo sacudió un poco y me miró con cara de ‘¿Estas son las claves?’ Y yo le dije, ‘sí. Las imprimí'”.

Levison sabía que el FBI iba a tardar en procesar las claves, lo que le dio tiempo para cerrar todo su sistema. Les había puesto a las máquinas los nombres de sus exnovias, y dice que apagarlas fue una “experiencia surrealista… Ver que todas las luces siguen parpadeando en el éter mientras los usuarios intentan acceder a su correo electrónico a pesar de que el sistema ya estaba apagado”.

En el centro del caso de Ladar Levison resuena una pregunta. ¿Queremos que nuestras comunicaciones sean totalmente privadas para que absolutamente nadie aparte del destinatario pueda saber lo que se dice? ¿O estamos dispuestos a permitir el acceso del Estado, por ejemplo, cuando dice que está investigando un crimen o protegiendo la seguridad nacional?

Esta cuestión ha llegado al debate público ahora a causa de Edward Snowden. Pero lo que se conoce como “criptoguerras” existen, de hecho, desde hace 40 años.

1976

Podríamos fechar el comienzo en una reunión en la Universidad de Stanford en California en 1976. De un lado de la mesa estaban un par de matemáticos, Martin Hellman y Whit Diffie. Del otro, un equipo del gobierno federal, incluyendo la NSA.

Hellman y Diffie creían que la NSA le había quitado fuerza deliberadamente a una propuesta de ley para cifrar los datos para permitir que sus supercomputadoras intervinieran las comunicaciones.

“En ese momento yo era Luke Skywalker en La Guerra de las Galaxias y la NSA era Darth Vader.”

Martin Hellman

También hubo sospechas sobre las llamadas “puertas traseras” (en inglés backdoors, sistema informático que evita los sistemas de seguridad) que le dan a la NSA acceso secreto a las comunicaciones. En un intercambio cada vez más acalorado ambas partes discutían cuánta energía de computadoras hacía falta para saltarse la norma.

“En ese momento yo era Luke Skywalker en La Guerra de las Galaxias”, dice Hellman en su casa en el campus de Stanford, “y la NSA era Darth Vader”.

Poco después de esa reunión, Diffie y Hellman revolucionaron el mundo de los códigos al publicar un documento sobre un concepto conocido como “cifrado de clave pública”.

Hasta entonces, el proceso de cifrado de la información era algo que sólo hacían los gobiernos, pero la clave pública ofreció la oportunidad de que la gente común pudiera comunicarse de manera segura.

Bobby Ray Inman asumió el cargo de director de la NSA en 1977. Vio que su equipo estaba preocupado por la invasión de lo que había sido su dominio. “Nuestra gran preocupación era generar sistemas de cifrado que no se pudieran invadir, y no sólo nos preocupaban criminales como los traficantes de drogas”, dice en su oficina en Austin, Texas.

“El problema era que pudieran ser tomados por países extranjeros”.

Inman decidió que las dos partes necesitaban hablar y fue a ver a Hellmann, lo que dio lugar a un diálogo entre la NSA y la comunidad académica.

Masificación

Pero el cifrado se estaba extendiendo. Las empresas comerciales comenzaron a desarrollar productos que querían vender y exportar. Y los activistas comenzaron a hacer sistemas que la gente pudiera usar. El más significativo es Phil Zimmermann, cuyo programa de cifrado PGP se terminó distribuyendo gratis en las primeras épocas de internet.

El FBI y la NSA comenzaron a preocuparse. “Resulta que el mercado más grande y más entusiasta para el cifrado son las personas que tienen mucho que ocultar”, dice Stewart Baker, que asumió el cargo de abogado de la NSA en 1992 y agrega que los delincuentes, incluidos los pedófilos, y los espías extranjeros son los que más utilizaban los nuevos sistemas.

Los que se oponen a la NSA afirman sin embargo que estas preocupaciones no deberían estar por encima del derecho a la intimidad.

Pero a finales de la década de 1990, el cifrado era moneda corriente y la criptoguerra parecía haber sido ganada. Al menos eso es lo que parecía en ese momento.

En la conferencia anual sobre seguridad RSA en San Francisco hace unas semanas, los asistentes dieron a elegir cuál era su película preferida para comer palomitas de maíz en el cine. Eligieron “Enemigo público”, un thriller donde Will Smith encarna a un agente renegado de la NSA.

Edward Snowden se ha convertido en un enemigo del Estado, pero para muchos defensores de la privacidad es el Estado – y, específicamente, la NSA – el enemigo.

Las cuestiones planteadas por Snowden – especialmente la afirmación de que la NSA había trabajado para combatir el cifrado – sobrevuelan la reunión.

“El gobierno perdió la criptoguerra”, dice el criptógrafo principal y crítico de la NSA Bruce Schneier. “Los códigos cifrados están disponibles gratuitamente, pero en cierto punto ellos ganaron porque hay muchas maneras de obtener los datos de las personas pasando por alto la criptografía”, agrega.

“Lo que estamos aprendiendo de los documentos de Snowden no es que la NSA y el GCHQ (Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno) puedan descifrar la criptografía, sino que muy a menudo pueden hacerla irrelevante… Aprovechan fallos en el hardware y el software, claves débiles o directamente ingresan, entran en los sistemas y roban datos”.

Secretismo

La NSA se ha envuelto en un velo de secretos. Pero en los últimos meses se ha dado cuenta de que tiene que dar pelea.

Pude ingresar en su sede principal en Fort Meade, Maryland, para tener una visión general de su trabajo, pero sin ningún dispositivo de grabación.

En un hotel del centro de Washington, sin embargo, hablé con Chris Inglis, quien dejó el cargo de subdirector de la NSA. Es un hombre cuidadoso con sus palabras, pero su enojo por las revelaciones de Edward Snowden sale a la superficie. “Hay una sensación de traición en que alguien haga de juez y parte”, dice, y añade que los adversarios de Estados Unidos tendrán más claro cómo evitar la atención de la NSA.

Argumenta que “la NSA no tiene puertas traseras en la encriptación a gran escala”.

La “principal fortaleza” de la NSA, dice, “es que intenta encontrar aquellas cosas que son inherentes, accidentales o simplemente son errores de personas que no implementan estas cosas correctamente”.

El cifrado es invisible pero está en todas partes hoy en día. Cada vez que usted hace consultas bancarias o compra algo en línea, cuando hace una llamada en su celular o cuando su llavero abre su coche, los sistemas cifrados intervienen. Y todo indica que la criptoguerra -la batalla entre los que creen que la privacidad es lo más importante y los que apoyan el derecho del Estado a escuchar– se va a recrudecer.

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Vacuna COVID: qué significa el porcentaje de efectividad de la inmunización y cómo se mide

Aunque el dato varía de una vacuna a otra, los expertos aconsejan vacunarse con la que esté disponible y haya sido aprobada en su país.
6 de febrero, 2021
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Las cifras de efectividad de las vacunas contra la covid-19 se acumulan en los titulares, aumentando las esperanzas de un mundo ávido por superar la pesadilla de la pandemia.

La última cifra conocida fue el 92% de eficacia que un artículo publicado en la revista científica The Lancet atribuye a la vacuna rusa Sputnik-V, que se suma al 95% reportado por la desarrollada por Pfizer-BioNtech, el 94.1% de la de Moderna y el 70% de la de la Universidad de Oxford y AstraZeneca.

Son todos datos alentadores que invitan a pensar que los programas de vacunación masiva deberían servir para poner bajo control al coronavirus SARS-Cov-2, que ya ha causado más de dos millones de muertes en el mundo, y una crisis sanitaria y social sin precedentes en la historia reciente.

Al contrario que las desarrolladas por Pfizer y Moderna, que se basan en una novedosa tecnología que permite la exposición del organismo a un fragmento del ARN del coronavirus, la Sputnik-V utiliza un virus del resfriado común que se modifica para que actúe como vector y provoque una respuesta controlada del sistema inmune que se repetirá si detecta la presencia en el cuerpo del SARS-Cov-2

De acuerdo con las cifras de “Our world in data”, más de 103 millones de personas han sido ya vacunadas en todo el mundo, la gran mayoría en países desarrollados.

Según los expertos, harán falta muchas más para controlar una pandemia que acumula casi 104 millones de casos confirmados y más de 2.24 millones de muertes.

Vacuna contra la covid.

Getty Images
Algunas de las vacunas aprobadas requieren la aplicación de dos dosis.

Pese a que aún no se cuenta con datos concluyentes sobre por cuánto tiempo quedan inmunizadas frente al contagio las personas que reciben las diferentes vacunas, los científicos insisten en que vacunar a cuantos más cuanto antes es la prioridad en este momento.

La experta infectóloga María Elena Bottazzi, del Colegio Baylor de Medicina de Houston, en EE.UU., le dijo a BBC Mundo que “no hay que ponerse a comparar vacunas; hay que ponerse la vacuna que esté disponible en el lugar donde uno resida. Lo importante es vacunarse porque eso reducirá mucho el riesgo de tener una enfermedad grave o morir, y nos ayudará a empezar a controlar este virus”.

Aunque la información disponible es aún escasa, debido a la fase temprana en la que se encuentra la vacunación a nivel mundial y a que tampoco hay evidencia concluyente sobre en qué medida las vacunas previenen la propagación del virus en los pacientes asintomáticos, los primeros indicios apuntan a que la alta efectividad de las vacunas contribuye significativamente a la reducción de los contagios.

Es lo que se ha observado entre los mayores de 60 años vacunados en Israel, donde de las más de 750.000 personas de esta franja de edad que recibieron la vacuna solo un 0.07% dio después positivo por coronavirus.

Según la doctora Bottazzi, “la alta efectividad que están mostrando las vacunas es la mejor noticia que tenemos hasta el momento”.

Gráfico comparativo de las vacunas.

BBC
Cada vacuna tiene características diferentes.

Lo cierto es que cuando investigadores en todo el mundo trabajaban en los laboratorios en busca de una vacuna contra la covid, entre la comunidad científica se consideraba que sería un éxito lograr una que tuviera un 50% de efectividad y pocos pronosticaban que se fuera a obtener una en tan pocos meses, ya que ese es un proceso que suele durar años.

Botazzi recuerda que “la mayoría de las vacunas contra la gripe tienen una efectividad que ronda el 40% y aún así salvan millones de vidas cada año”.

Pero ¿cómo se mide realmente la efectividad de una vacuna?

Eficacia y efectividad

Aunque puedan parecer sinónimos, para los científicos la efectividad y la eficacia de una vacuna no son la misma cosa.

Tal como lo explica el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), “la eficacia y la efectividad de una vacuna miden la reducción proporcional de casos entre las personas vacunadas”. Pero el término eficacia se usa cuando se refiere a “un estudio que se lleva a cabo en condiciones ideales, por ejemplo durante un ensayo clínico”. El término efectividad es el que se emplea en “un estudio que se lleva a cabo bajo las condiciones ambientales típicas, es decir, menos controladas”.

Esto explica que muchos expertos vaticinen que los inesperadamente altos porcentajes de eficacia que han mostrado en los ensayos de laboratorio las vacunas aprobadas descenderán cuando se apliquen en las condiciones ambientales reales de la población, cuando se deje de hablar de eficacia para empezar a hacerlo de efectividad.

Aún así, seguirán siendo junto al distanciamiento social la mejor arma con la que cuenta la humanidad en su guerra contra el virus.

Los doctores David Spiegelhalter, de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, y Anthony Masters, de la Sociedad Real Estadística Británica, propusieron en un artículo publicado en The Guardian una manera de visualizar de qué hablamos cuando nos referimos de la eficacia de las vacunas.

“Imaginen a 100 personas con covid. Una eficacia del 90% significa que de haber recibido la vacuna, solo 10 hubieran caído enfermas. La eficacia de la vacuna es la reducción relativa del riesgo: sea cual sea tu riesgo, se reduce en un 90% si te vacunan”.

Los investigadores llegan a estas cifras en los ensayos comparando las cifras entre grupos de personas vacunadas y no vacunadas. Por eso en los ensayos hay voluntarios que reciben la vacuna en pruebas y otros solo una sustancia placebo, y ninguno sabe qué fue lo que realmente se le administró.

Las vacunas que hasta el momento han publicado datos sobre su efectividad han sido probadas en decenas de miles de personas, y no han presentado mayores problemas de seguridad ni se han reportado reacciones adversas inesperadas..

En el ensayo de la vacuna desarrollada por Pfizer BioNtech, se registraron 8 casos entre las 22.000 personas a las que se administró la vacuna. Entre los otros 22.000 voluntarios que recibieron el placebo, el número de contagiados escaló hasta 162. Eso significa que el riesgo de caer enfermo entre la población vacunada fue de 0,04%.

En cualquier caso, como las condiciones sobre el terreno nunca serán las mismas que las recreadas por los investigadores en el laboratorio, se deberá seguir evaluando la efectividad de las vacunas, ya no su eficacia. La doctora Bottazzi señala que “deberemos seguir monitoreando, también para desarrollar nuevos esquemas en el caso de que la efectividad se reduzca ante nuevas mutaciones del virus”.

Y recuerda: “Los científicos ya estamos trabajando en eso”.

Niño tosiendo en un bus.

Getty Images
La distribución de las vacunas a los países menos desarrollados es uno de los grandes desafíos para poner fin a la pandemia.

Qué pasará ahora con la Sputnik-V

Las vacunas aprobadas varían en función de los países. Hasta ahora, las de Pfizer-BioNtech, Moderna, y la elaborada por la Unversidad de Oxford y AstraZeneca, han recibido el visto bueno en Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea.

Las chinas de CanSino, Sinopharm y Sinovac han sido aprobadas en China y, en algunos casos también en otros países como Brasil o Emiratos Árabes Unidos. En la India se ha autorizado el uso de emergencia de la del fabricante local Bharat Biotech.

La Sputnik-V despertó recelos entre algunos en la comunidad científica occidental porque apreciaban falta de transparencia en las prácticas del Centro Gamaleya, el laboratorio ruso que la desarrolló. Pero ahora ahora que una prestigiosa revista científica ha avalado sus resultados es posible que su uso sea aprobado también por algunos países que hasta ahora no la contemplaban como opción

Mapa del mundo con una inyectadora.

Getty Images
Expertos estiman que el 60-70% de la población mundial necesita ser inmune al virus para evitar que se siga propagando.

En América Latina, varios gobiernos han suscrito acuerdos para usarla, como los de Venezuela, Argentina y México.

La doctora Mottazzi señala un aspecto en el que la vacuna rusa no parece a la altura de las occidentales basadas en ARN modificado. “Ofrece una alta protección, pero en comparación con otras el número de anticuerpos neutralizantes que induce es bastante bajo”. Esto, señala la experta, podría perjudicar a la duración de la inmunidad que provee y su potencial efectividad frente nuevas mutaciones del virus.

Sin embargo, la experta recuerda que aún no hay información concluyente sobre cuánto dura la inmunidad de otras vacunas y la incorporación de la Sputnik-V al arsenal médico frente a la enfermedad debe ser visto como una buena noticia.

Como dijo dijo el secretario mexicano de Salud, Hugo López-Gatell, en la rueda de prensa en que anunció su aprobación: “Esto es alentador; tenemos una nueva vacuna en el repertorio”.

Teniendo en cuenta que el desafío principal ahora es producir las vacunas en cantidad suficiente y distribuirlas también los países en desarrollo, donde muchas veces no se cuenta con las condiciones adecuadas para su conservación y manipulación, cuantas más se sumen a la lista mayor será la esperanza de terminar con la pandemia.


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