Senado ratifica a Rubido en la Comisión Nacional de Seguridad
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Senado ratifica a Rubido en la Comisión Nacional de Seguridad

Este martes Monte Alejandro Rubido también tomó protesta ante el pleno de la Cámara Alta como Comisionado Nacional de Seguridad
26 de marzo, 2014
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Monte Alejandro Rubido García, nuevo Comisionado Nacional de Seguridad. Foto: Cuartoscuro.

Monte Alejandro Rubido García, nuevo Comisionado Nacional de Seguridad. Foto: Cuartoscuro.

El pleno del Senado de la República ratificó este martes a Monte Alejandro Rubido García como le nuevo titular de la Comisión Nacional de Seguridad (CNS), órgano dependiente de la Secretaría de Gobernación (Segob), a partir de la reforma al gabinete durante los primeros meses del actual sexenio.

Con 71 votos a favor, cero en contra y una abstención, los senadores ratificaron a Rubido tras la propuesta realizada por Osorio Chong el pasado 18 de marzo.

El pasado jueves 20 de marzo, La Comisión de Seguridad Pública del Senado había aceptado ya la propuesta que pasó al pleno hasta este martes, ante la presencia del propio Rubido, quien finalmente tomó protesta esta misma tarde en la sala de plenos.

El pasado 16 de marzo Manuel Mondragón y Kalb, su predecesor en el cargo, pidió su renuncia a Osorio Chong para pasar a las tareas de planeación en las fuerzas policiacas federales.

 

¿Quién es Alejandro Rubido?

Hasta la semana pasada, Rubido García ocupaba el cargo de Secretario Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), órgano encargado de vigilar el cumplimiento de los acuerdos entre autoridades en materia de combate a la delincuencia. Rubido García fue confirmado a dicho cargo hace exactamente un año, el 20 de marzo de 2013, sólo una semana después de que el presidente Peña Nieto lo propuso al Congreso.

Al frente del SNSP, sus tareas eran concentrar las estadísticas sobre incidencia delictiva, coordinar la entrega de subsidios federales a los gobiernos estatales y municipales y registrar el avance de medidas como la certificación de los cuerpos de policía del país

El mismo día que tomó protesta ante el Congreso, Rubido propuso una ampliación, por segunda ocasión, a la certificación policiaca, que debía terminarse en octubre de 2013. La propuesta fue aprobada por el pleno del Senado en octubre mismo, fijando como nuevo plazo el 28 de octubre de 2014.

De acuerdo con la dependencia a su cargo, en junio pasado la prueba de los elementos estatales y municipales llevaba un avance del 63%. Las entidades con mayor rezago en aquel entonces eran Baja California Sur, Guerrero, Chihuahua, Jalisco, Quintana Roo, Tamaulipas, Yucatán y el Estado de México, con un porcentaje de entre 25 y 50% en policías evaluados.

Previo a dicho cargo, Rubido García era Secretario General del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) y subsecretario de Prevención, Vinculación y Derechos Humanos en la desaparecida Secretaría de Seguridad Pública (SSP).

También fue Secretario Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública durante el gobierno de Felipe Calderón (2006-2012).

Es licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México, además cuenta con estudios de posgrado en la Universidad de la Sorbonne Nouvelle (París III) en París, Francia.

Durante su comparecencia ante la Comisión de Seguridad Pública, el jueves pasado Alejandro Rubido afirmó que en el gobierno federal no compartiría el uso de la fuerza con autodefensas, pues afirmó que esa es atribución exclusiva del Estado.

*Nota publicada el 25 de marzo de 2014.

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Vacuna contra COVID: por qué algunas dosis acaban en la basura y qué se puede hacer para evitarlo

El mundo vive una carrera por hacerse con las escasas vacunas disponibles contra la COVID. ¿Por qué algunas acaban en la basura o se vacuna a personas no prioritarias?
5 de febrero, 2021
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Enfermeras cargan dosis de la vacuna en Nantes, Francia.

Reuters
Muchos países se enfrentan al reto de administrar las vacunas antes de que se estropeen.

Golpeado por la pandemia de covid, el mundo se enfrentó primero al reto de desarrollar en tiempo récord una vacuna. Ahora, al de distribuirla a escala planetaria sin malgastar una sola de las preciadas dosis.

Con la oferta de vacunas disponibles lejos aún de cubrir la ingente demanda mundial, los gobiernos han establecido rigurosos planes de vacunación que establecen los colectivos que deben ser vacunados primero: generalmente, personas mayores, enfermos crónicos y trabajadores de los servicios de salud.

Sin embargo, no han tardado en aparecer las noticias de personas no pertenecientes a estos grupos prioritarios que recibían la vacuna, o, algo más sorprendente aún, de dosis que acababan en el cubo de la basura.

En la ciudad de Trelew, en la Patagonia argentina, la prensa local informó de que hubo que desechar 140 dosis de la vacuna rusa Sputnik-V porque se había roto la cadena de frío en su conservación.

En España, el general al mando de las Fuerzas Armadas tuvo que dimitir después de que se hiciera público que había recibido la vacuna, pese a que algunos de sus colaboradores les dijeron a los medios españoles que lo había hecho precisamente para evitar que se echaran a perder las dosis sobrantes en su departamento tras vacunar a las personas prioritarias.

En México, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, condenó por “inmoral” al médico que vacunó a dos familiares después de un error en el sistema de citas del hospital en el que trabaja.

Son solo algunos ejemplos de noticias que han provocado malestar y críticas en muchos países cuando la mayoría de la gente sigue a la espera y en muchos casos aún sujeta a distintos grados de confinamiento.

El desafío de optimizar las vacunas

Lo cierto es que los sanitarios se pueden ver a veces ante un incómodo dilema, ya que las vacunas requieren condiciones especiales de conservación y, en algunos casos, sobre todo en pequeñas localidades o lugares alejados, no pueden cumplirse a rajatabla los estrictos criterios fijados por los gobiernos.

La vacuna fabricada por Pfizer, por ejemplo, debe conservarse a temperaturas muy bajas y, una vez descongelada, ha de usarse antes de 5 días.

La Sputnik-V se comercializa en ampollas de cinco dosis, por lo que si se quiere evitar malgastar ninguna, debe haber un número igual de pacientes listos para recibir el pinchazo.

Una profesional de la salud recibe la vacuna en un hospital de Ciudad Juárez, México.

Reuters
Los trabajadores sanitarios figuran entre los colectivos prioritarios en la mayoría de países.

Como explicó en conversación con BBC Mundo el doctor Pablo Bonvehí, jefe de la sección Infectología y Control de Infecciones del CEMIC, un centro de investigación médica de Buenos Aires, “la prioridad es no desperdiciar la vacuna“.

“Una campaña de vacunación, y más una como esta, es siempre un gran desafío de ingeniería”, indica el experto. Y no siempre es posible acomodar la disponibilidad de vacunas con el número de pacientes dispuestos a ponérsela, su disponibilidad para acercarse a los centros de vacunación a recibirla y las necesidades de espacio para mantener la distancia social en ellos.

A esto se suma el problema de los pacientes que no acuden a las citas programadas, sea porque no pueden desplazarse o porque, como los seguidores del movimiento antivacunas, rechazan la inmunización o desconfían de los gobiernos y los fabricantes de medicamentos.

¿Qué hacer entonces con la dosis sobrante cuando ya se ha cubierto el cupo de pacientes prioritarios agendados para el día?

Contenedores de residuos sanitarios en Manchester, Inglaterra.

Getty Images
En algunos países ya ha habido noticias de vacunas que acaban en la basura.

En Estados Unidos ya ha habido centros sanitarios que han empezado a convocar por la emisora de emergencias a los paramédicos que quieran vacunarse una vez cubierto el cupo diario para evitar que se echen a perder las dosis sobrantes.

Y un equipo médico del estado de Oregón que quedó atrapado en una congestión de tráfico comenzó a vacunar a otros automovilistas retenidos ante la imposibilidad de volver a refrigerar a tiempo las dosis que llevaban consigo.

Mejor en un brazo que en el cubo de la basura

Ante la emergencia sanitaria global, los centros médicos a nivel local se enfrentan al desafío de vacunar a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo posible, conservando adecuadamente las vacunas y priorizando a los grupos de población de riesgo establecidos por las autoridades nacionales.

En esa tarea titánica, han encontrado una inesperada colaboración en los grupos de espontáneos que hacen fila junto a las clínicas y los centros de vacunación a la espera de que se les administre alguna de las dosis no utilizadas, una imagen cada vez más frecuente en Estados Unidos y en Israel, el país que lidera la frenética carrera global por la vacunación.

“A todas las dificultades se suma la de la incertidumbre acerca de las dosis que se van recibir y cuándo”, señala el doctor Bonvehí.

Para los dispensarios locales se complica aún más llevar una planificación adecuada de la vacunación ya que en muchos casos los gobiernos tampoco han podido ofrecer un calendario claro de vacunación y son ellos quienes centralizan la adquisición de los medicamentos.

Un hombre carga una bombona de oxígeno en Manaos, Brasil.

Reuters
América Latina es una de las regiones más golpeadas por la pandemia y muchos países aún no han podido comenzar a vacunar.

Para los países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, que se encuentran detrás de los más ricos en la lista de espera global por recibir la vacuna en la cantidad y con la regularidad suficientes, hacer un uso óptimo de las que llegan se hace más crítico si cabe.

Bonvehí propone que “en las citas se llame a pacientes suplentes, para que, si alguien no se presenta, no haya que desperdiciar ninguna dosis”.

Y la Organización Mundial de la Salud ha pedido que los países más prósperos, que han comprado muchas más dosis de las necesarias para vacunar a toda su población, envíen las que no usen a los países en desarrollo.

Todo, porque, como le dijo Amesh Adalja, especialista en enfermedades infecciosas de la Johns Hopkins University, a la cadena NPR, “una vacuna en un brazo siempre va a ser mejor que una vacuna en el cubo de la basura”.


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