Suman 104 mujeres desaparecidas en Veracruz durante gobierno de Duarte
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Suman 104 mujeres desaparecidas en Veracruz durante gobierno de Duarte

En lo que va del año se han registrado 24 casos de privación de la libertad, sin embargo, las cuentas del gobierno excluyen a las 23 mujeres que, en los últimos tres meses, han sido desaparecidas en la entidad.
Por Paris Martínez
31 de marzo, 2014
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Foto Carrusel (2)

El 11 de marzo pasado, el gobernador de Veracruz, Javier Duarte, aseguró que el secuestro en su entidad es un delito erradicado, afirmación de la que tuvo que retractarse dos semanas después, para reconocer que, tal como señalan las estadísticas del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en lo que va del año se han registrado 24 casos de privación de la libertad en su entidad… sin embargo, denunciaron familiares de víctimas, incluso esta cifra oficial está maquillada, ya que en las cuentas del gobierno no van incluidas las 23 mujeres que, en los últimos tres meses, han sido desaparecidas en Veracruz, y que no son reconocidas como víctimas de secuestro por el único hecho de que sus captores no han pedido ningún rescate.

“Y no han pedido rescate por nuestras hijas, porque a los grupos criminales no les interesa lo que una les pueda pagar –afirma la señora Mayra de la Vega, madre de Mayra Eliza Remess, una joven de 24 años, raptada en Orizaba desde julio de 2013–, lo que les interesa es explotarlas, lo que les interesa son todos los recursos económicos que le pueden sacar a las víctimas, por eso me atrevo a decir que detrás de las desapariciones de jovencitas en Veracruz hay una amplia red de trata de blancas, porque es muy claro que el importante número de jovencitas desaparecidas comparten un mismo perfil: son niñas de una cierta edad, agraciadas, con ciertos atributos físicos”, además de que, en ciertos casos, parecen haber sido raptadas en acciones coordinadas.

En total, desde que Javier Duarte asumió la gubernatura –en diciembre de 2010–, la Procuraduría de Justicia de Veracruz ha tomado registro de al menos 104 casos de mujeres desaparecidas en la entidad y que se mantienen irresueltos hasta la fecha. De ellos, 35% corresponden a niñas de 11 a 15 años; 15.5% a adolescentes de 16 y 17 años; 27% son jóvenes de 18 a 24 años; y 7% son mujeres de 25 a 29 años.

Así, de las 104 mujeres víctimas de desaparición durante la administración de Javier Duarte en Veracruz, 85% son niñas, adolescentes y jóvenes. Y según estos mismos registros oficiales, en la gran mayoría de los casos se trata de niñas y mujeres delgadas, de tez blanca o morena clara y cabello largo…

Orizaba

El 15 de julio de 2013, alrededor de las 19:50 horas, Mayra Eliza se dirigió al gimnasio y, siguiendo la rutina establecida, antes de salir de su casa, en Orizaba, Veracruz, dio aviso a su mamá. La joven abordó la camioneta familiar y tomó rumbo al establecimiento deportivo, pero nunca llegó. Desde entonces, se ignora su destino.

El mismo día de su desaparición, la camioneta que conducía Mayra Eliza fue arrojada a un barranco, a un costado de la carretera Orizaba-Puebla, de forma deliberada, tal como se registró en el parte oficial rendido por los agentes de la Policía Federal que encontraron el vehículo.

La desaparición de Mayra Eliza fue reportada a las autoridades de manera casi inmediata, ya que su madre pudo detectar su ausencia debido a que mantenían una estrecha comunicación. Por ello, un día después del rapto, éste fue registrado en la Plataforma México –el sistema de “inteligencia operativa” que enlaza digitalmente a todas las corporaciones de seguridad pública del país–, lo cual no obstó para que las autoridades enviaran el vehículo a un corralón, donde toda huella de los secuestradores quedó contaminada.

“Acuso a la Policía Federal –protesta la señora Mayra de la Vega–, porque se quedaron callados, y la camioneta estuvo 15 días en el corralón. Nosotros pensamos que, dando con el carro, podíamos dar con la niña (…) y ahora me salen con que las huellas (encontradas en el vehículo) están contaminadas (…) Los tiempos que manejan los agentes del Ministerio Público claramente parecieran definidos para encubrir al delincuente”.

La dilación con la que actúan las autoridades estatales, añadió la mamá de Mayra Eliza, “permite al delincuente poderse desplazar a otros estados e, incluso, fuera del país. Pero lo más importante es que les permite sacar a las niñas del país o desplazarlas a lugares remotos, donde se nos dificulta encontrarlas”.

–¿Qué le hace pensar que su hija es víctima de trata con fines de explotación sexual? –se pregunta a la madre de familia.

–Ella es una muchacha normal, que se dedicaba a estudiar y que después puso un negocio, iba al gimnasio, es una persona completamente normal. Ella es hija única, somos una familia normal, que vive de un trabajo normal, igual que todos, jamás ha estado vinculada a negocios ilícitos, es la reina de la casa. En un principio, cuando tú pones la denuncia, las autoridades siempre te argumentan que se fue por problemas familiares o que se fue con el novio, pero yo tenía una buena relación con ella: mi hija no me hubiera hecho esto… De mi niña no tenemos ningún rastro, salvo que ella recibía amenazas de un individuo que se jactaba de pertenecer al grupo delictivo de Los Zetas.

Esta persona, señalada por la madre de Mayra Eliza como acosador de la joven y probable responsable de su rapto, no fue investigada por las autoridades de Veracruz, “argumentando que solamente era mi dicho y que no tenía ninguna prueba”.

–¿Ha recibido amenazas, o se considera en riesgo por la lucha por la presentación con vida de su hija?

–Hay gente que no le da seguimiento (a sus denuncias) por miedo, y es respetable –afirma la señora Mayra–, hay gente que tiene otros hijos y que tiene miedo, pero yo no tengo nada qué perder, Mayra Eliza es mi única hija y, lo he dicho, después de esto, ¿qué puedo perder? Nada, porque ya con ella lo perdí todo…

En grupo…

Tal como revelan los reportes divulgados por la Procuraduría General de Justicia de Veracruz, las desapariciones de mujeres en el estado han mostrado un incremento sostenido durante los tres años y cuatro meses que lleva el gobernador Javier Duarte en el cargo.

De diciembre de 2010 a diciembre de 2011, por ejemplo, en Veracruz se acumularon 14 casos de mujeres desaparecidas, que aumentaron a 31 para 2012, y que nuevamente registraron un incremento en 2013, al acumularse otras 36 desapariciones. Además, en los tres primeros meses de 2014, en esta entidad federativa se registraron 23 desapariciones más de mujeres.

Durante este año, destaca el mes de febrero no sólo por ser el que más casos de mujeres desaparecidas registró en Veracruz, con 14 expedientes, sino también porque la gran mayoría de ellas desapareció en una semana.

Según los registros de la Procuraduría estatal, durante la última semana de febrero de 2014, en Veracruz desaparecieron seis niñas de entre 11 y 17 años, así como tres jóvenes de 18, 24 y 25 años, cuyo rastro se perdió entre el día 21 y el día 28.

Este no es, sin embargo, el único caso en el que durante un periodo corto de tiempo desaparece un número elevado de mujeres en Veracruz, estado donde se encuentran los principales puerto marítimos del país en la costa del Golfo de México.

Ya antes, el 2 de agosto de 2013, se tomó registro de otra desaparición grupal, en este caso de cinco mujeres, cuatro de las cuales desaparecieron en el municipio de Atoyac, Veracruz.

Y un mes antes, en julio de 2013, otras cinco mujeres desaparecieron en un lapso de cinco días. De ellas, tres tenían entre 11 y 15 años, una más 24 y otra 45.

Asimismo, entre el 14 y el 23 de abril de 2012 desaparecieron ocho mujeres, cinco de ellas de entre 15 y 17 años. De ese grupo de víctimas, cinco desaparecieron en el municipio de Xalapa y tres en Cosoleacaque.

Los reportes oficiales revelan, también, que en Xalapa ya habían desaparecido tres jóvenes en un solo día, el 30 de noviembre de 2011, cuando la pista de una muchacha de 22 años, otra de 24 y una más de 27, se perdió en este municipio.

Cabe destacar que de las 104 casos mujeres desaparecidas en los últimos tres años, 29 de ellos se registraron en la ciudad de Xalapa, y otros 17 en el puerto de Veracruz.

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Insomnio por el coronavirus: el fenómeno que nos está impidiendo dormir durante la pandemia

Las rutinas interrumpidas y la constante incertidumbre están contribuyendo a un aumento del insomnio. ¿Qué podemos hacer al respecto?
27 de enero, 2021
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Hombre con insomnio.

Getty Images
Muchos de nosotros ahora somos insomnes a causa de la pandemia.

El año nuevo viene con resoluciones. Uno de los objetivos más populares es, como era de esperarse, dormir más.

Pero hay un problema: la actual crisis del coronavirus ha hecho que descansar bien por la noche sea mucho más difícil.

Algunos expertos incluso tienen un término para ello: “coronasomnia” o “Covid-somnia(insomnia significa insomnio en inglés).

Este es el fenómeno que afecta a personas de todo el mundo cuando experimentan insomnio relacionado con el estrés de la vida durante la covid-19.

En el Reino Unido, un estudio de agosto de 2020 de la Universidad de Southampton, mostró que la cantidad de personas que experimentan insomnio aumentó de una de cada seis a una de cada cuatro, con más problemas de sueño entre las madres, los trabajadores esenciales y los grupos de minorías étnicas.

En China, las tasas de insomnio aumentaron del 14,6% al 20% durante el confinamiento más estricto.

En Italia se observó una “prevalencia alarmante” de insomnio clínico, y en Grecia, casi el 40% de los encuestados en un estudio de mayo demostraron tener insomnio.

La palabra “insomnio” se buscó en Google más en 2020 que nunca antes.

En resumen, muchos de nosotros ahora somos insomnes.

Con la pandemia en su segundo año, meses de distanciamiento social han sacudido nuestras rutinas diarias, borrado los límites de la vida laboral y traído una incertidumbre constante a nuestras vidas, con consecuencias desastrosas para el sueño.

A causa de ello nuestra salud y productividad podrían enfrentar serios problemas.

Mujer en la cama con insomnio.

Getty Images
Debido a la falta de sueño nuestra salud y productividad podrían enfrentar serios problemas.

Sin embargo, la magnitud del problema podría generar cambios. Podría introducir nuevos elementos en la forma en que tratamos los trastornos del sueño para volver a encarrilar nuestras vidas.

Vidas trastornadas

Es difícil vivir con insomnio, ya sea en una pandemia o no.

Tener problemas constantes para conciliar el sueño o tener un sueño de mala calidad puede provocar impactos a largo plazo en la salud, como obesidad, ansiedad, depresión, enfermedades cardiovasculares y diabetes.

La insuficiencia de sueño -que muchas autoridades sanitarias clasifican como menos de siete horas por noche- también afecta tu trabajo.

Muchos estudios han demostrado que aumenta las probabilidades de cometer errores, arruina tu concentración, aumenta los tiempos de reacción y afecta tu estado de ánimo.

El hecho de que muchos de nosotros experimentemos insomnio se debe a la actual configuración de difíciles circunstancias, “casi bíblicas”, dice el Dr. Steven Altchuler, psiquiatra y neurólogo que se especializa en medicina del sueño en la Clínica Mayo, una de las organizaciones de investigación médica más grandes de EE.UU.

“Si tienes insomnio, no eres el único. Gran parte del mundo también lo sufre. Es una consecuencia de todos los cambios que estamos experimentando con la covid “, señala.

Hay múltiples factores en juego. En primer lugar, nuestras rutinas y entornos diarios se han visto alterados, lo que dificulta mantener intacto nuestro ritmo circadiano.

Mujer con celular en la cama.

Getty Images
“El insomnio es una consecuencia de todos los cambios que estamos experimentando con el coronavirus”.

Normalmente, nuestros días se llevan a cabo en un horario de despertadores, viajes diarios, descansos y horas de dormir, pero el coronavirus ha cambiado todo eso.

“Perdimos muchas de las señales externas que están presentes en las reuniones de la oficina o los descansos programados para el almuerzo”, dice Altchuler.

“Lo que estás haciendo es interrumpir el reloj de tu cuerpo”.

“Tu cerebro está condicionado: siempre que estás en tu lugar de trabajo estás trabajando, y luego cuando estás en tu casa, te estás relajando. Hay una diferenciación ahí. Ahora, estamos todos en casa todo el tiempo “, dice Angela Drake, profesora de salud clínica en la Universidad de California Davis, que trata a pacientes con trastornos del sueño y que ha escrito sobre el “coronasomnio”.

También señala el hecho de que cuando trabajamos desde casa, podemos hacer menos ejercicio y potencialmente menos exposición a la luz natural, los cuales contribuyen a dormir mejor.

También está la cuestión del rendimiento laboral.

Muchos países tienen el más alto desempleo en años, por lo que no sorprende que quienes están empleados quieran trabajar duro para mantener sus trabajos.

El problema es que trabajar desde casa puede difuminar las líneas que solían estar marcadas, y muchas personas informan que trabajan más horas u horas irregulares.

“Tendemos a tener límites mucho menos claros entre el hogar y el trabajo”, dice Altchuler. “La gente tiende a quedarse despierta más tarde”.

Mujer

Getty Images
Nuestra sensación general de incertidumbre y falta de control también puede alimentar los problemas del sueño.

Para muchos de nosotros, dejar el “trabajo en el trabajo” es ahora completamente imposible, y desconectarse de las listas de tareas pendientes y el estrés diario de la jornada laboral es más difícil que nunca.

A esto se suma el hecho de que extrañamos nuestros pasatiempos y amigos, canales vitales de relajación y alivio del estrés.

Muchos de nosotros estamos experimentando problemas de salud mental, que pueden contribuir a los problemas del sueño o viceversa.

Nuestra sensación general de incertidumbre y falta de control también puede alimentar los problemas del sueño.

Además, la longevidad de la pandemia también es un factor. Lo que comenzó como un período de “resguardarte” para jugar videojuegos y almacenar papel higiénico se ha convertido en un panorama de por vida que se siente como semipermanente.

“Al principio, la gente tendía a sentirse motivada para superar el estrés . Pero a medida que ésta continúa, la mayoría de las personas se vuelven menos capaces de afrontar la situación, lo que genera mayores problemas, incluido el insomnio”, señala Drake.

Algunos problemas de sueño se habrán vuelto “crónicos y duraderos”, agrega, porque la pandemia ha provocado en algunos casos retrasos en la obtención de tratamiento.

Esto debido a que las personas solo han buscado atención médica en emergencias, mientras que algunos centros de atención médica se han quedado cortos de personal o están abrumados con pacientes con covid-19.

De hecho, los trabajadores de la salud se han visto particularmente afectados por el insomnio durante los últimos 12 meses.

En diciembre, la Universidad de Ottawa analizó 55 estudios globales de más de 190.000 participantes para medir la relevancia del insomnio, la depresión, la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático (TEPT) desde el comienzo de la pandemia.

Todos los trastornos aumentaron al menos 15% entre los trabajadores de la salud, y el insomnio registró el mayor aumento, de casi 24%.

Altchuler señala que el insomnio está “comúnmente asociado con el trastorno de estrés postraumático” y, ya sea que sea un trabajador de salud de primera línea o no, es común que el insomnio aumente después de eventos mundiales grandes y negativos.

En general, cada vez que alguien experimenta un trauma, ya sea una emergencia de salud generalizada como covid-19, un desastre público como el 11 de septiembre o algo más individual como un accidente automovilístico, puede experimentar problemas persistentes del sueño que acompañan al TEPT.

Cómo resolverlo

Los expertos dicen que es importante buscar ayuda cuando persisten los problemas para dormir, especialmente en estos días.

“Dado que la pandemia ha continuado durante un período de tiempo significativo, no solo un par de meses, existe una alta posibilidad de que las tasas de insomnio no disminuyan”, dice Lisa Artis, directora ejecutiva adjunta de Sleep Charity en el Reino Unido.

“Porque si las personas no buscan ayuda cuando comienzan a sufrir con el sueño, es probable que sus problemas de sueño se conviertan en un trastorno del sueño, es decir, insomnio, y desafortunadamente no hay una solución rápida … Es difícil romper los hábitos que se han formado”.

Mujer con celular y televisión.

Getty Images
Estar expuestos a luz azul antes de ir a dormir retrasa la llegada del sueño.

Pero hay buenas noticias. Doce meses después de la pandemia, algunos expertos creen que ésta ha provocado avances en el tratamiento de los trastornos del sueño.

Altchuler apunta a la “rápida expansión de la telemedicina: medicina virtual y visitas virtuales” vinculada a la cuarentena y nuestra incapacidad o desgana para visitar las instalaciones médicas en persona.

El tratamiento más común para los problemas de sueño es la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (conocida como TCC-I), que mejora tu “higiene del sueño” (no fumar ni beber antes de acostarse, por ejemplo) y entrena tu cerebro para asociar la cama con el sueño solo con cambios de comportamiento (no trabajar en la cama).

Un estudio de la Universidad de Michigan del año pasado mostró que los pacientes que buscaron TCC-I a través de la telemedicina recibieron un tratamiento tan efectivo como el que hubieran recibido en persona, lo que podría brindar un mejor acceso a la asistencia.

También hay cosas que las personas pueden hacer para tratar de abordar el problema.

“Una de mis grandes reglas es que no puedes trabajar en tu laptop en la cama”, dice Drake. “No me importa lo cómodo que sea”.

“Eventualmente, el cerebro asocia el trabajo con la cama, es una especie de refuerzo”.

También limita tu consumo de noticias para evitar la ansiedad que te mantiene despierto por la noche, no uses tu teléfono como reloj despertador (otro elemento asociado con el trabajo, además de que la “luz azul” que emiten los dispositivos es mala para su sueño) y voltea el reloj en tu mesita de noche para que no te estreses mientras intentas conciliar el sueño.

Y recuerda, estas circunstancias están lejos de ser ordinarias, por lo que no es sorprendente que estemos enfrentando desafíos.

“La última vez que hubo este tipo de evento fue hace más de 100 años”, dice Drake. “Esto no es algo que ninguno de nosotros haya experimentado antes”.


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