Vladimir Putin, el hombre que tiene en vilo al mundo
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Vladimir Putin, el hombre que tiene en vilo al mundo

Pocas personas en el planeta tienen tanto poder como el presidente ruso, que juega un papel fundamental en la actual crisis de Ucrania. ¿Pero de dónde salió Putin y cómo llegó a tener tanto influjo?
10 de marzo, 2014
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1. El presidente ruso Vladimir Putin, centro, llega a una ceremonia en la villa olímpica el miércoles, 5 de febrero de 2014, en Sochi. Al lado Yelena Isinbayeva. Los Juegos Olímpicos de Invierno arrancan este viernes 7 y terminan el 23 de febrero. (Foto: AP /Vadim Ghirda)

1. El presidente ruso Vladimir Putin, centro, llega a una ceremonia en la villa olímpica el miércoles, 5 de febrero de 2014, en Sochi. Al lado Yelena Isinbayeva.  (Foto: AP /Vadim Ghirda)

En octubre de 2008, Vladimir Putin celebró su cumpleaños regalándoles a los rusos un DVD titulado “Aprendamos yudo con Vladimir Putin”.

En él, el entonces primer ministro, con su cinturón negro, aparece doblegando a sus contrincantes en la lona, uno tras otro. A sus seguidores les ofrece un consejo: “En una pelea, los compromisos y las concesiones son permitidas, pero sólo en un caso: si es para la victoria”.

Su proeza en las artes marciales le ha servido a Putin para proyectar un mensaje: él es, en últimas, quien tiene el poder en Rusia.

Aunque el país tiene un gobierno y un parlamento, un primer ministro y un Consejo de Seguridad Nacional, Putin está sentado en la cumbre de una estructura vertical de poder que él mismo creó.

Esto lo aprecian quienes quieren a un gobernante fuerte para el país más grande del mundo, pero lo rechazan quienes consideran que su gobierno se ha tornado autoritario y poco respetuoso de los derechos humanos.

Putin, quien hoy tiene 61 años, es amado u odiado, pero las pasiones que despierta parecen tenerle sin cuidado. Su rostro casi nunca lo delata.

Lea también: ¿Cuáles son los cálculos de Putin en Ucrania?

El hombre sin cara

Su estilo de mano dura y sus palabras que con frecuencia se saltan los protocolos diplomáticos van acompañados de una mirada inescrutable. Quizá por eso una biografía crítica sobre él se titula “El hombre sin cara”.

Esa apariencia fría y calculadora ha puesto a dudar a sus pares internacionales.

Poco antes del 11 de septiembre, el presidente de EE.UU. George W. Bush se vio en aprietos cuando le preguntaron si podía confiar en Putin. Bush respondió que tras mirarlo a los ojos encontró a una persona “directa y confiable” y pudo obtener “una impresión de su alma”.

No muchos saben exactamente qué quiso decir Bush, pero su secretario de Estado, Colin Powell, no estuvo de acuerdo. En un documental de la BBC, Powell recuerda haberle dicho a su jefe: “Yo todavía lo miro a los ojos y veo a la KGB”, en referencia a la agencia de seguridad de la Unión Soviética en la que Putin trabajó durante 16 años.

De su época de espía, varios analistas estiman que le quedó la noción de que el estado debe tener la prioridad absoluta -a veces incluso en detrimento de la democracia- así como una frecuente desconfianza de Occidente.

Una y otra vez, el presidente ruso ha mirado con desdén las actividades de países como Estados Unidos cerca de su territorio y rechaza que traten de “aleccionarlo”.

Pecho a la vista

Putin ha tratado de impedir una mayor influencia de Occidente a través de demostraciones de fuerza, como ocurre ahora en Crimea.

Así como ha aparecido en fotografías montando a caballo con su pecho a la vista o nadando en un río siberiano, también ha intentado presentar a un país en buen estado físico.

Para sus asesores, un mandatario que cuida de sí mismo equivale a decir que también cuida de su país.

Sus detractores lo ven narcisista, pero sus seguidores valoran esa vitalidad. Una canción tecno que sonó en 2002 en Moscú decía: “Yo quiero un hombre como Putin que esté lleno de fuerza, yo quiero un hombre como Putin que no beba”.

La letra es una referencia al problema del alcoholismo en Rusia, que afecta principalmente a los hombres, y representa el contraste entre el presidente y su antecesor, Boris Yeltsin, un mandatario más viejo, más extravagante y mucho menos saludable que le abrió las puertas del poder.

Lo curioso es que, a diferencia de su importancia actual, en un comienzo no muchos apostaron por ese novato que en 1999 se convirtió en el quinto primer ministro de Rusia en 18 meses.

Pero Putin se catapultó al Kremlin cuando lideró el envío de tropas a Chechenia ese mismo año, algo que muchos vieron como un triunfo militar pero radicalizó a los rebeldes chechenos.

Lea también: Los cuatro obstáculos que enfrían la relación entre EE.UU. y Rusia

“El macho alfa”

Desde que se convirtió en mandatario en 2000, su meta ha sido volver a convertir a Moscú en un gran poder global. No ha ocultado su nostalgia por la Unión Soviética (calificó su colapso como “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”) y no ha dudado en defender su zona de influencia.

Cuando Yeltsin le entregó la presidencia, un país desmoralizado y en crisis económica, Putin afirmó que “por primera vez en los últimos 200 o 300 años, Rusia enfrenta la amenaza real de resbalarse al segundo o incluso al tercer escalón de los estados del mundo”.

Para evitar ese resbalón se dispuso a recuperar la economía impulsado por los vastos recursos naturales del país y quitarles a los oligarcas la gran influencia política que tuvieron bajo Yeltsin. Fue controvertido, pero le ayudó a asegurar un mayor control en Moscú.

Sus aliados también controlan buena parte de los medios de comunicación y ha incrementado las restricciones para organizaciones no gubernamentales con vínculos extranjeros, muchas de las cuales se enfocan en reportar abusos de derechos humanos.

Esas políticas las combinó con un componente militar que ha sido un fundamento tanto de su ascenso político como de su gobierno. Eso incluye las acciones en Ucrania, pero también el misil intercontinental que probó en los últimos días o sus intentos recientes de tener una mayor presencia en países como Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Todavía está por verse qué resultará de esos intentos. Lo que nadie duda es que mientras Putin siga aferrado al poder -y ya lleva casi 15 años en él- hará lo posible para que la visión de Rusia se destaque en el plano internacional por más polémica que resulte.

Occidente sabe que tendrá que contar con él: no por nada Putin aparece descrito en los cables diplomáticos revelados por WikiLeaks en 2010 como el “macho alfa” de Rusia.

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Qué tanto contamina el bitcoin, la moneda que consume más electricidad que Finlandia, Suiza o Argentina

La minería del bitcoin utiliza gigantescas cantidades de energía para mantener funcionando servidores que trabajan día y noche en busca de la divisa digital. Pero.... ¿proviene toda esa energía de combustibles fósiles?
22 de febrero, 2021
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Bitcoins

Getty Images
En las últimas semanas el precio del bitcoin ha llegado a máximos históricos.

Si el bitcoin fuera un país, consumiría más electricidad al año que Finlandia, Suiza o Argentina, según un análisis del Centro de Finanzas Alternativas de la Universidad de Cambridge (CCAF, por sus siglas en inglés).

Eso ocurre porque el proceso de “minar” la criptomoneda -utilizando gigantescos servidores que no cesan de trabajar- consume mucha energía.

Según los investigadores, la minería de bitcoins utiliza cerca de 121,36 teravatios-hora (TWh) de electricidad al año, un récord que provoca un fuerte impacto en el medioambiente y supera a una larga lista de países.

El tema volvió al debate luego que Elon Musk, a través de su empresa de autos eléctricos Tesla, reportó la compra de US$1.500 millones en bitcoin, disparando el precio de la divisa y encendiendo críticas por la contaminación que genera.

Esta última subida del precio del bitcoin -que ha seguido una meteórica tendencia alcista en los últimos meses- le ha dado nuevos incentivos a los mineros de la divisa para hacer funcionar más y más ordenadores con el objetivo de generar más criptomonedas.

A medida que sube el precio del bitcoin, sube el consumo de electricidad, dice Michel Rauchs, investigador del CCAF, donde crearon una herramienta en línea que permite hacer este tipo de cálculos.

“Realmente es por su diseño que el bitcoin consume tanta electricidad”, le explica Rauchs a la BBC. “Esto no es algo que cambiará en el futuro, a menos que el precio de bitcoin baje significativamente”.

Los investigadores trabajan con el Índice de Consumo Eléctrico del Bitcoin de Cambridge (CBECI, por sus siglas en inglés), el cual provee estimaciones en tiempo real sobre cuánta electricidad consume la generación de la divisa.

El bitcoin usa más energía que Argentina. Si el bitcoin fuera un país, estaría entre los 30 países que más utilizan energía en el mundo. Uso nacional de energía en teravatios-hora (TWh).

Este índice funciona con base en un modelo que asume que las máquinas utilizadas para minar en el mundo funcionan con distintos niveles de eficiencia.

Siguiendo la relación entre un precio promedio de electricidad por kilovatio hora (US$0.05) y la demanda de energía de la red bitcoin, la herramienta estima cuánta electricidad se consume en un momento dado.

“El bitcoin es anti eficiente”, dice David Gerard, autor del libro “Attack of the 50 Foot Blockchain”.

“Es muy malo que toda esta energía se desperdicie literalmente en una lotería”.

¿Por qué el bitcoin consume tanta electricidad?

Las máquinas dedicadas a “minar” o extraer bitcoins, son ordenadores especializados que se conectan a la red de criptomonedas.

Su trabajo es verificar las transacciones realizadas por las personas que envían o reciben la divisa, en un proceso que implica resolver complejos acertijos matemáticos.

Granja de minado en Islandia.

Getty Images
Los lugares donde se ha ce la minería del bitcoin consumen gigantescas cantidades de electricidad.

Como recompensa, los mineros ocasionalmente reciben pequeñas cantidades de bitcoin en lo que a menudo se compara con una lotería.

Para aumentar las ganancias, los mineros conectan una gran cantidad de computadores, con el objetivo de aumentar sus posibilidades de conseguir bitcoin.

Y como los computadores trabajan casi día y noche para completar los rompecabezas, el consumo eléctrico es muy alto.

El consumo eléctrico vs la huella de carbono

Existe una gran diferencia entre el consumo de energía y la huella de carbono, argumenta Nic Carter, socio fundador de la firma de capital de riesgo Castle Island Ventures, especilizada en el sector de blockchains (cadenas de bloques).

“Si miramos solamente el consumo de energía no estamos contando toda la historia”, le dice a BBC Mundo.

hOMBRE MINANDO BITCOINS

Getty Images
En las provincias chinas de Sichuan y Yunnan los mineros del bitcoin utilizan energía hidroeléctrica excedente.

Aunque es cierto que la mayor parte de la electricidad se produce a partir de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo o el gas -que son altamente contaminantes- también se utilizan energías renovables (como la hidroeléctrica o la eólica) o energía nuclear.

Entonces, si bien importa el nivel de consumo de electricidad, también hay que tomar en cuenta cómo se genera aquella electricidad, apunta Carter.

Por ejemplo, señala, hay mineros en China que aprovechan la energía hidroeléctrica excedente en las represas. Si no la usaran, esa energía simplemente se perdería.

Eso explica por qué la minería del bitcoin se ha expandido tanto en las provincias de Sichuan y Yunnan.

Otro caso ocurre cuando algunos mineros capturan el metano descargado o quemado (que es un subproducto de la extracción de petróleo) y lo utilizan para generar la electricidad que requieren sus computadoras.

sÍMBOLO DE BITCOIN EN VITRINA

Getty Images
“Es muy malo que toda esta energía se desperdicie literalmente en una lotería”, dice David Gerard.

Muchos activistas consideran que esos ejemplos son casos puntuales que no le quitan la responsabilidad ambiental a la industria del bitcoin.

De todos modos, Carter advierte que la minería del bitcoin se acabará en unos años, puesto que el sistema fue diseñado de tal manera que los acertijos matemáticos que resuelven las computadoras llegarán a su fin.

“Este proceso está completado en un 88%, apunta, lo que en la práctica significa que cada vez se hace más difícil seguir minando.

Sin embargo, en la medida que el precio siga disparándose, es probable que el consumo energético también aumente.


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