Por rasgos y huellas dactilares confirman muerte de Kike Plancarte
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Por rasgos y huellas dactilares confirman muerte de Kike Plancarte

Ya herido, Enrique Plancarte fue atendido pero en el traslado falleció; fue en la decimoséptima zona militar de Querétaro que elementos de la PGR realizaron las pruebas periciales específicamente en materia de dactiloscopia y comparación de imágenes.
Por Omar Sánchez de Tagle
1 de abril, 2014
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El Comisionado Nacional de Seguridad, Monte Alejandro Rubido, confirmó que tras diversas pruebas periciales, que consistieron en detectar las huellas dactilares y comparación de imágenes, se logró identificar el cuerpo de Enrique, el Kike, Plancarte, presunto líder de Los Caballeros Templarios.

En conferencia de prensa señaló que la ubicación del Kike se debió a labores de inteligencia realizadas entre la Secretaría de Marina, quienes lo ubicaron en el municipio de Colón, Querétaro, el pasado 30 de marzo.

“Desde ese día logramos tener su ubicación y desde ese momento se trasladaron elementos de la Armada para establecer perímetros de seguridad en la zona”, dijo.

Tras establecer todo el operativo de vigilancia fue la noche del pasado 31 de marzo que lograron identificar a una persona con las características de Plancarte, “el sujeto intento ocultarse y cuando le pidieron hacer alto respondió con un arma de fuego por lo que los elementos de la Armada respondieron y lo hirieron”.

El Comisionado explicó que, ya herido, El Kike Plancarte fue atendido pero en el traslado falleció; fue en la decimoséptima zona militar de Querétaro que elementos de la PGR realizaron las pruebas periciales específicamente en materia de dactiloscopia y comparación de imágenes.

De los datos que se proporcionaron se destacó que Plancarte tenía 43 años de edad y contaba con al menos 30 averiguaciones previas en su contra.

Aún quedan cuatro líderes activos de los Templarios y 13 operadores

Con la presunta muerte de Enrique “Kike” Plancarte, los Caballeros Templarios pierden un buen operador y uno de los mejores enlaces para el trasiego de droga de Michoacán a los Estados Unidos, pero aún siguen activos cuatro de sus líderes entre ellos Servando Gómez, la Tuta.

De los líderes pendientes por detener se encuentran además tres de los que durante los últimos meses controlaron las plazas más importantes Apatzingán y el puerto de Lázaro Cárdenas.

Si bien en los últimos dos meses han sido detenidos o abatidos tres de sus principales líderes, la estructura de esta organización sigue operando y contando con al menos 17 peligrosos delincuentes que no han sido capturados; se trata de cuatro líderes, cuatro jefes de plaza, dos operadores financieros y siete jefes de sicarios.

De acuerdo a la información de la Procuraduría General de la República y de la que ha proporcionado el Consejo General de autodefensas al gobierno federal, estos 17 miembros de Los Templarios siguen operando en distintas partes de la entidad y de los estados colindantes con Michoacán como son Guerrero, Jalisco y Estado de México.

Dentro de la estructura existen siete jefes de sicarios que fueron entrenados por Servando Gómez, La Tuta, y que incluso fueron parte de su escolta por varios años, a estos la PGR los busca por haber presuntamente participado en el asesinato de 12 policías federales en julio del 2009, en el municipio de Arteaga, Michoacán.

Destaca que de los siete personajes que pidieron las autodefensas fueran detenidos o abatidos por parte del gobierno federal, dos han sido detenidos y tres abatidos. Los detenidos fueron Dionisio Loya Plancarte, El Tío, Jesús Vázquez Macías, El Toro, y Enrique, el Kike, Plancarte.

Los que faltan

Líderes

Servando Gómez Martínez es identificado por la PGR como uno de los líderes de los llamados Caballeros Templarios, organización que surge tras su rompimiento con La Familia, estructura criminal que sigue reconociendo la autoridad federal. Por la Tuta, como se le conoce, también se ofrece una recompensa de 30 millones de pesos. De acuerdo con las investigaciones oficiales es el operador de Michoacán y realiza incursiones a municipios colindantes con Guerrero.

Ignacio Rentería Andrade y Samer José Servín Suárez tras la captura del Tío y el abatimiento del Chayo se convierten en parte fundamental de la estructura, pues ellos son los que en realidad controlaban la zona de Apatzingán y el puerto de Lázaro Cárdenas además de ser los encargados de controlar la contratación de “halcones” desde Morelia hasta la zona de Tierra Caliente. Además de lo anterior Servín Suárez es el operador del trasiego de droga de Michoacán a Tamaulipas.

Pablo Magaña Serrato es el principal operador de la organización en la zona de Zitácuaro y se le vincula como el responsable del atentado del 14 de junio de 2010 en el que murieron al menos 10 elementos de la Policía Federal.

Los operadores financieros

Juan Reza Sánchez y Nicandro Barrera Medrano son los dos principales operadores financieros de la organización, ambos además son los encargados de controlar el dinero que proviene del llamado cobro de derecho de piso y de invertir y blanquear las ganancias de la organización. Ambos personajes invierten de acuerdo a las averiguaciones previas el dinero en empresas de Texas, Estados Unidos.

Los jefes de plaza

Juan Reza Sánchez, Pablo Magaña, El Chicano (del cual no se sabe su nombre pero viene en la lista de los más buscados por las autodefensas) y Fernando Cruz Mendoza, el Tena, son los principales jefes de plaza que controlan algunas regiones de Tierra Caliente y son quienes tienen contratados a la mayor parte de “Halcones” y “Punteros”.

Es de resaltar que Reza Sánchez fue el principal operador de operador de Jesús Méndez Vargas, alias “El Chango” Méndez y tras su captura se unió a Los Caballero Templarios.

Los jefes de sicarios

De acuerdo a la PGR, Genero Orozco, Jesús Tapia Sánchez, Eligio Hernández García, Jaime Bustos Cabrera, Cesar Carrillo Tapia, Jovany Michel y Heriberto Hernández son el grupo principal de sicarios que tiene la organización. A ellos se les busca y se pide una recompensa de cinco millones de pesos ya que se presume que también participaron en la ejecución de 12 policías federales en julio del 2009, en el municipio de Arteaga, Michoacán.

Ayer, 31 de marzo, se dio a conocer que Enrique Plancarte cayó abatido tras un enfrentamiento con elementos de la Secretaría de Marina Armada de México la mañana del mismo lunes.

El enfrentamiento inició tras un operativo de la Marina en el municipio de Colón, cercano a la capital de Querétaro, luego que la dependencia recibiera información sobre la posible localización del líder Templario, tras un interrogatorio a Samuel Díaz, un cómplice suyo detenido recientemente.

Momentos antes de ser capturado Plancarte se escondió en una iglesia de la comunidad de Colón, en donde sucedió el enfrentamiento.

Se esperan más detalles sobre la posible ubicación de otros colaboradores de los Templarios en esta región en las próximas horas.

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"El COVID no es una pandemia": científicos creen que es una sindemia (y qué significa)

El hecho de que la enfermedad se exacerba cuando interactúa con otras condiciones de salud que prevalecen en grupos desfavorecidos social y económicamente ha llevado a algunos científicos a pensar que estamos frente a una sindemia.
10 de octubre, 2020
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Con el correr de los meses, las medidas para evitar la propagación del covid-19 se han ido endureciendo o flexibilizando en distintas partes del mundo según el aumento o disminución de los casos.

Mientras que muchos países en Europa están volviendo a restringir actividades sociales y ordenando cuarentenas después de registrar un número récord de casos, Nueva Zelanda, por ejemplo, pasó a su nivel de alerta más bajo.

Sin embargo, esta estrategia para lidiar con el coronavirus es, en opinión de numerosos científicos, demasiado limitada para detener su avance.

“Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las vías de transmisión viral, para controlar la propagación del patógeno”, escribió recientemente en un editorial Richard Horton, editor jefe de la prestigiosa revista científica The Lancet.

Pero la historia del covid-19 no es tan sencilla.

Por un lado, dice Horton, está el SARS-CoV-2 (el virus que provoca el covid-19) y por otro, una serie de enfermedades no transmisibles. Y estos dos elementos interactúan en un contexto social y ambiental caracterizado por una profunda inequidad social.

Bangladesh

Getty Images
El contagio es mucho mayor en comunidades empobrecidas que no pueden cumplir con las normas de higiene y distancia social.

Estas condiciones, argumenta Horton, exacerban el impacto de estas enfermedades y por ello debemos considerar al covid-19 no como una pandemia, sino como una sindemia.

No se trata de un simple cambio de terminología: entender la crisis de salud que estamos atravesando desde un marco conceptual más amplio abre el camino para buscar soluciones más adecuadas.

Uno más uno es más que dos

El término sindemia (un neologismo que combina sinergia y pandemia) no es nuevo.

Fue acuñado por el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer en los años 90 para explicar una situación en la que “dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades”.

“El impacto de esta interacción está además facilitado por condiciones sociales y ambientales que juntan de alguna manera a estas dos enfermedades o hacen que la población sea más vulnerable a su impacto”, le explica Singer a BBC Mundo.

La interacción con el aspecto social es lo que hace que no se trate sencillamente de una comorbilidad.

Merrill Singer

Merrill Singer
Singer acuñó el término “sindemia” en los años 90.

El concepto surgió cuando el científico y sus colegas investigaban el uso de drogas en comunidades de bajos ingresos en EE.UU., hace más de dos décadas.

Descubrieron que muchos de quienes se inyectaban drogas sufrían de una cantidad de otras enfermedades (tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, entre otras), y los investigadores se empezaron a preguntar cómo éstas coexistían en el cuerpo, y concluyeron que, en algunos casos, la combinación amplificaba el daño.

En el caso del covid-19, “vemos cómo interactúa con una variedad de condiciones preexistentes (diabetes, cáncer, problemas cardíacos y muchos otros factores), y vemos un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas“, explica Singer.

Y enfermedades como la diabetes o la obesidad —que son factores de riesgo para el covid-19— son más comunes en individuos de bajos recursos, añade en conversación con BBC Mundo Tiff-Annie Kenny, investigadora de la Universidad Laval, en Canadá, y quien trabaja en el Ártico con poblaciones afectadas por la inseguridad alimentaria, el cambio climático y condiciones de vivienda que dificultan cumplir con las recomendaciones sanitarias como lavarse las manos o mantener la distancia social.

¿Pero no es el este el caso de la mayoría de enfermedades? ¿No tienen la mayoría de las veces un impacto mayor en los grupos con menos acceso a salud, alimentación, educación e higiene? ¿No se potencian casi siempre cuando se combinan con otra o con una condición médica de base?

En cuanto a la interacción biológica, no es necesariamente siempre así, destaca el científico.

Cementerio en La Paz, Bolivia

Getty Images
La pandemia de covid-19 no se resuelve únicamente por la vía médica, creen los científicos que analizan la situación actual desde el marco conceptual de la sindemia.

“Hay evidencia creciente de que la influenza y el resfriado común son contrasindémicos. Es decir: la situación no empeora. Si una persona está infectada con los dos (virus), una (de las enfermedades) no se desarrolla”.

Y en cuanto al aspecto social, el elemento clave en el caso de una sindemia es que añade la interacción de las enfermedades.

Cambio de estrategia

Analizar la situación a través de la lente de la sindemia, dice Kenny, nos permite pasar de la aproximación de la epidemiología clásica sobre el riesgo de transmisión, a una visión de la persona en su contexto social.

Es una postura compartida por muchos científicos que creen que para frenar el avance y el impacto del coronavirus es crucial poner atención a las condiciones sociales que hacen que ciertos grupos sean más vulnerables a la enfermedad.

“Si realmente queremos acabar con esta pandemia cuyos efectos han sido devastadores en la gente, en la salud, en la economía, o con futuras pandemias de enfermedades infecciosas (hemos visto venir una detrás detrás de otra con cada vez mayor frecuencia: sida, ébola, SARS, zika y ahora covid-19), la lección es que tenemos que abordar las condiciones subyacentes que hacen posible una sindemia”, opina Singer.

“Tenemos que abordar los factores estructurales que hacen que a los pobres les resulte más difícil acceder a la salud o a una dieta adecuada”, agrega.

“El riesgo de no hacerlo es enfrentarnos con otra pandemia como la de covid-19 en el tiempo que tome que una enfermedad existente se escape del mundo animal y pase a los humanos, como ha sido el caso del ébola y el zika, y que continuará ocurriendo a medida que sigamos invadiendo el espacio de las especies salvajes, o a raíz del cambio climático y la deforestación”.

El editor de The Lancet Richard Horton es concluyente: “No importa cuán efectivo sea un tratamiento o cuán protectora una vacuna, la búsqueda de una solución para el covid-19 puramente biomédica fracasará”.

Y concluye: “A menos que los gobiernos diseñen políticas y programas para revertir disparidades profundas, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras frente al covid-19”.


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