El secreto de las construcciones antisísmicas de Chile
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El secreto de las construcciones antisísmicas de Chile

Un fuerte terremoto sacudió el martes el norte de Chile y, sin embargo, la destrucción en la infraestructura fue menor en proporción a su intensidad. ¿Cuáles fueron las razones?
4 de abril, 2014
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Un guardia de seguridad camina junto a un vehículo aplastado por los escombros tras el terremoto que demolió la Zona Franca de Iquique, en Chile, el viernes 4 de abril de 2014. //Foto: AP

Un guardia de seguridad camina junto a un vehículo aplastado por los escombros tras el terremoto que demolió la Zona Franca de Iquique, en Chile, el viernes 4 de abril de 2014. //Foto: AP

El norte de Chile se remeció este martes con un fuerte terremoto y, sin embargo, la destrucción que produjo en la infraestructura fue bastante menor en relación a su magnitud: 8,2 grados en la escala de Richter.

Las imágenes del palacio presidencial de Haití desplomado después del terremoto de 2012 o, más atrás, de Ciudad de México hecha ruinas en 1985 llevan a preguntarse cómo es posible que en Chile eso no ocurra cuando vive sismos más fuertes. O al menos no en esas proporciones.

La respuesta de los expertos consultados por BBC Mundo es clara: hormigón armado, disipadores de energía y estudios de suelo exigidos por una normativa muy estricta, que con muy pocas excepciones suele cumplirse.

En el “país más sísmico del mundo” rara vez se desploma un edificio.

En el terremoto del martes murieron seis personas, solo una por aplastamiento.

Y en el fuerte sismo de 2010, en el que perdieron la vida más de 500 personas, la mayoría de las muertes fueron causadas por el tsunami que le siguió.

En Alto Hospicio, una de las localidades más afectadas por el sismo del martes, el municipio estima que unas 2 mil viviendas presentan daños estructurales de distinta gravedad. Al menos un 60% son viviendas sociales, cita el diario chileno La Tercera.

“La norma asegura que en Chile las estructuras mantengan una resistencia tal que permitan salvar vidas humanas, pero no obliga a que no sufran daños”, le dice a BBC Mundo el arquitecto Jaime Díaz, profesor de la Universidad de Chile.

Lea también: Terremoto de magnitud 8,2 con alerta de tsunami

¿Cómo se hace?

Las normas de construcción son fundamentales. Exigen uso de materiales y estudios que encarecen mucho la construcción, y aun así, como se demuestra sismo tras sismo, parecen respetarse.

“Es impensable construir, por lo menos en zonas urbanas, sin atender al cuerpo normativo legal“, le dice a BBC Mundo el presidente del Colegio de Arquitectos de Chile, Sebastián Gray.

“Chile ha sufrido terremotos tan devastadores que también eso, de alguna manera, impacta en la conciencia colectiva en el sentido de que más vale cumplir ciertas normas”, agrega.

Los expertos coinciden en que una clave está en la estructura de hormigón armado y acero, suficientemente flexible y resistente para dejar que el edificio se mueva, se balancee y no se caiga.

Lea también: Las imágenes del terremoto en Chile

El arquitecto Díaz explica que las construcciones modernas, además tienden “a incorporar elementos como los aisladores y los disipadores sísmicos que permiten que el movimiento de la tierra no se transmita al edificio y, si se transmite, que esa energía sea absorbida”.

“En el fondo, el terremoto es una cantidad enorme de energía que se traspasa a las construcciones. Si no tiene modo de ser disipada, termina destruyendo todas las estructuras”, precisa.

Otro elemento crucial es el estudio del suelo para que los cimientos sean los adecuados. “A cada tipo de suelo corresponde un cálculo específico para el tamaño, forma, profundidad y resistencia de las fundaciones”, explica Gray.

“Es un análisis muy especializado que garantiza la estabilidad del edificio”, agrega.

Iquique

Las normas chilenas prevén tres tipos de terremotos en función de su intensidad.

Para los “moderados”, las construcciones deben estar preparadas para moverse y volver a la posición original sin daños. En los “fuertes”, como el del martes, se aceptan pequeñas fisuras y deformaciones, a lo sumo.

Finalmente está el terremoto “severo”, como el de 2010, el quinto terremoto más fuerte del que se tiene registro, que aunque hará daños de consideración que tal vez no se pueda reparar, no causará un colapso.

Los peores de los últimos años fueron el del Chillán de 1939 (grado 8,2), que dejó más de 5 mil muertos; el de Valdivia de 1960, con magnitud 9,5, el más potente registrado en la historia y que dejó casi 2 mil muertos; el de Algarrobo de 1985 (7,8) cuyo balance de víctimas fue 180. Y el de 2010, de magnitud 8,8 dejó más de 500 fallecidos.

A la lista hay que añadir el del martes, que se sintió con gran intensidad en la ciudad Iquique, donde la arquitecta Godeliver Arriagada, encargada regional de planificación para el ministerio de Vivienda y Urbanismo, le confirmó a BBC Mundo que “no se desplomó ningún edificio”.

Según Arriagada, después de una revisión preliminar de los daños y antes de las inspecciones en profundidad que requiere el caso, hay algunos edificios con su estructura afectada pero son de construcción anterior a 1985.

“Hay que salir a inspeccionar y ver el resultado, pero diría que el 98% de las construcciones en Iquique están paradas y están bien (…). Lo que hay que ver es el interior, como Alto Hospicio, que no sabemos qué pasó porque la carretera está cortada”.

Aprender de cada terremoto

Arriagada explica que la normativa sísmica es revisada constantemente, en especial después de un gran evento. El terremoto de 1985 llevó a publicar una estricta regulación que fue puesta al día y profundizada en 1996, 2009 y también en 2010.

El ingeniero Ricardo Guendelman, experto en análisis sísmico de edificios, explica que tras cada terremoto se estudia lo que no ha funcionado y lo que requiere mejoras.

“Si un edificio se dañó de consideración y al de al lado no le pasó nada, es porque algo falló”, comenta. “Cumple la normativa en el sentido de no haberse caído, pero un perito debe determinar por qué se dañó, si es que estaba mal calculado”.

En concreto, en 2010, “todo lo que mostró algún tipo de falla, se estudió través de juntas de ingenieros, mecánicos del suelo y toda la gente relacionada con la construcción”, afirma Guendelman.

Con todo, los expertos se muestran confiados en que las más modernas construcciones de Chile están preparadas para resistir lo que pueda venir, salvo que se trate de un cataclismo de magnitud superior a 9 y mucha intensidad por la cercanía.

Eso deja a Chile como un país construido a prueba de terremotos y hace preguntarse por qué en todo el mundo no es igual. Para responder, un indicio: es muy caro.

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Qué tanto contamina el bitcoin, la moneda que consume más electricidad que Finlandia, Suiza o Argentina

La minería del bitcoin utiliza gigantescas cantidades de energía para mantener funcionando servidores que trabajan día y noche en busca de la divisa digital. Pero.... ¿proviene toda esa energía de combustibles fósiles?
22 de febrero, 2021
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Bitcoins

Getty Images
En las últimas semanas el precio del bitcoin ha llegado a máximos históricos.

Si el bitcoin fuera un país, consumiría más electricidad al año que Finlandia, Suiza o Argentina, según un análisis del Centro de Finanzas Alternativas de la Universidad de Cambridge (CCAF, por sus siglas en inglés).

Eso ocurre porque el proceso de “minar” la criptomoneda -utilizando gigantescos servidores que no cesan de trabajar- consume mucha energía.

Según los investigadores, la minería de bitcoins utiliza cerca de 121,36 teravatios-hora (TWh) de electricidad al año, un récord que provoca un fuerte impacto en el medioambiente y supera a una larga lista de países.

El tema volvió al debate luego que Elon Musk, a través de su empresa de autos eléctricos Tesla, reportó la compra de US$1.500 millones en bitcoin, disparando el precio de la divisa y encendiendo críticas por la contaminación que genera.

Esta última subida del precio del bitcoin -que ha seguido una meteórica tendencia alcista en los últimos meses- le ha dado nuevos incentivos a los mineros de la divisa para hacer funcionar más y más ordenadores con el objetivo de generar más criptomonedas.

A medida que sube el precio del bitcoin, sube el consumo de electricidad, dice Michel Rauchs, investigador del CCAF, donde crearon una herramienta en línea que permite hacer este tipo de cálculos.

“Realmente es por su diseño que el bitcoin consume tanta electricidad”, le explica Rauchs a la BBC. “Esto no es algo que cambiará en el futuro, a menos que el precio de bitcoin baje significativamente”.

Los investigadores trabajan con el Índice de Consumo Eléctrico del Bitcoin de Cambridge (CBECI, por sus siglas en inglés), el cual provee estimaciones en tiempo real sobre cuánta electricidad consume la generación de la divisa.

El bitcoin usa más energía que Argentina. Si el bitcoin fuera un país, estaría entre los 30 países que más utilizan energía en el mundo. Uso nacional de energía en teravatios-hora (TWh).

Este índice funciona con base en un modelo que asume que las máquinas utilizadas para minar en el mundo funcionan con distintos niveles de eficiencia.

Siguiendo la relación entre un precio promedio de electricidad por kilovatio hora (US$0.05) y la demanda de energía de la red bitcoin, la herramienta estima cuánta electricidad se consume en un momento dado.

“El bitcoin es anti eficiente”, dice David Gerard, autor del libro “Attack of the 50 Foot Blockchain”.

“Es muy malo que toda esta energía se desperdicie literalmente en una lotería”.

¿Por qué el bitcoin consume tanta electricidad?

Las máquinas dedicadas a “minar” o extraer bitcoins, son ordenadores especializados que se conectan a la red de criptomonedas.

Su trabajo es verificar las transacciones realizadas por las personas que envían o reciben la divisa, en un proceso que implica resolver complejos acertijos matemáticos.

Granja de minado en Islandia.

Getty Images
Los lugares donde se ha ce la minería del bitcoin consumen gigantescas cantidades de electricidad.

Como recompensa, los mineros ocasionalmente reciben pequeñas cantidades de bitcoin en lo que a menudo se compara con una lotería.

Para aumentar las ganancias, los mineros conectan una gran cantidad de computadores, con el objetivo de aumentar sus posibilidades de conseguir bitcoin.

Y como los computadores trabajan casi día y noche para completar los rompecabezas, el consumo eléctrico es muy alto.

El consumo eléctrico vs la huella de carbono

Existe una gran diferencia entre el consumo de energía y la huella de carbono, argumenta Nic Carter, socio fundador de la firma de capital de riesgo Castle Island Ventures, especilizada en el sector de blockchains (cadenas de bloques).

“Si miramos solamente el consumo de energía no estamos contando toda la historia”, le dice a BBC Mundo.

hOMBRE MINANDO BITCOINS

Getty Images
En las provincias chinas de Sichuan y Yunnan los mineros del bitcoin utilizan energía hidroeléctrica excedente.

Aunque es cierto que la mayor parte de la electricidad se produce a partir de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo o el gas -que son altamente contaminantes- también se utilizan energías renovables (como la hidroeléctrica o la eólica) o energía nuclear.

Entonces, si bien importa el nivel de consumo de electricidad, también hay que tomar en cuenta cómo se genera aquella electricidad, apunta Carter.

Por ejemplo, señala, hay mineros en China que aprovechan la energía hidroeléctrica excedente en las represas. Si no la usaran, esa energía simplemente se perdería.

Eso explica por qué la minería del bitcoin se ha expandido tanto en las provincias de Sichuan y Yunnan.

Otro caso ocurre cuando algunos mineros capturan el metano descargado o quemado (que es un subproducto de la extracción de petróleo) y lo utilizan para generar la electricidad que requieren sus computadoras.

sÍMBOLO DE BITCOIN EN VITRINA

Getty Images
“Es muy malo que toda esta energía se desperdicie literalmente en una lotería”, dice David Gerard.

Muchos activistas consideran que esos ejemplos son casos puntuales que no le quitan la responsabilidad ambiental a la industria del bitcoin.

De todos modos, Carter advierte que la minería del bitcoin se acabará en unos años, puesto que el sistema fue diseñado de tal manera que los acertijos matemáticos que resuelven las computadoras llegarán a su fin.

“Este proceso está completado en un 88%, apunta, lo que en la práctica significa que cada vez se hace más difícil seguir minando.

Sin embargo, en la medida que el precio siga disparándose, es probable que el consumo energético también aumente.


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