El uso del "Big Data": ¿revolución para el futbol?
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El uso del "Big Data": ¿revolución para el futbol?

El análisis de datos en el futbol está ganando adeptos y algunos creen que, en un futuro, su uso tendrá casi tanta importancia como el mismo director técnico de un equipo.
Por Dave Lee/BBC Mundo
7 de abril, 2014
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Foto: Especial.

Foto: Especial.

Charles Reep era un comandante retirado de las Fuerzas Aéreas británicas y amante del futbol.

Más que eso: era un fanático.

La pasión por su equipo local, el Swindon Town, venía acompañada de sufrimiento cada vez que lo veía perder. Y eso, en la temporada del 1949-1950, era casi un hábito.

Reep se sentía tan frustrado que sacó su libreta y empezó a tomar notas sobre todos los jugadores: sus movimientos, posiciones y forma de juego.

Así identificó pequeños cambios que pensó podrían ayudar al equipo a marcar más goles. Estaba décadas por delante de lo que la tecnología traería luego.

Lea: ¿Estamos listos para la revolución de los “grandes datos”?

El “Big Data” y el futbol

Hoy en día, detrás de los grandes equipos de futbol del mundo hay un sofisticado sistema de recopilación de datos, métricas, análisis y estadísticas.

El éxito en el campo, y en la hoja de cálculos, tiene que ver cada vez más con los algoritmos.

Según la firma consultora Deloitte, los 20 clubes más ricos del mundo generan ingresos de US$7.400 millones.

Y la cada vez mayor cantidad de datos es crucial para maximizar el potencial de ingresos sacando el máximo partido de la mayor inversión que se hace en el futbol: los jugadores.

Así es que los datos en grandes volúmenes y el deporte más popular del mundo han tenido una estrecha relación en los últimos años.

Vea también: Cómo los grandes equipos de futbol aprovechan los datos

Mala fama

En los años 50, el Swindon Town no tenía mucho tiempo para hacer caso de las anotaciones de Reep, pero otro equipo, el Brentford, sí decidió prestarle atención.

El club estaba luchando por no irse al descenso. Reep se convirtió en su consejero y, bajo su tutela, el equipo cambió su fortuna y al final de la temporada se había salvado de caer a la división inferior.

¿Qué es el “Big Data”?

Se llama así a la gestión y análisis de enormes volúmenes de datos que superan los límites y capacidades de las herramientas habitualmente utilizadas para revisar información.

Laurie Miles, jefa de análisis de la empresa especializada en el tema SAS, explica: “El concepto de grandes datos existe desde hace décadas y hemos estado haciendo análisis durante todo este tiempo. Pero ahora no es grande (big), es enorme”.

En efecto, lo que hizo que se acuñara este término es la velocidad, la variedad y el volumen que ahora tienen los datos.

Un triunfo, a todas luces. Pero curiosamente su táctica, pese a que había sido un éxito cuantificable, generó bastante desprecio entre los fans de la época.

El análisis de sus datos sugirió que muchos de los goles se marcaban con menos de tres pases directos y que por lo tanto convenía adoptar el criticado estilo de juego de “balón largo”. Sin pases cortos.

En otras palabras, el tipo de futbol más feo que se pueda imaginar. Patear la pelota hacia adelante, contar con que la suerte abrirá un hueco y ahí tirar la pelota hacia la red.

“Desafortunadamente, ello hizo que las estadísticas en el fútbol se hicieran una muy mala fama”, dice Chris Anderson, autor de The Numbers Game, una mirada analítica e histórica al uso de datos en futbol.

“Porque la gente critica la idea del juego de balón largo en futbol y lo considera responsable de que la selección inglesa haya tenido un peor desempeño del que debía en todos estos años”.

Sensores en piernas

Reep falleció en 2002. Si siguiera vivo, hoy posiblemente sería bien recibido por el club alemán TSG Hoffenheim, donde la revolución del “Big Data” está cambiando radicalmente la preparación que antecede a cada partido.

En colaboración con la firma SAP, que se especializa en el manejo de grandes volúmenes de datos para uso empresarial, el club ha incorporado datos de medición en tiempo real en sus rutinas de entrenamiento.

“Es una forma muy nueva de entrenar”, dice Stefan Lacher, jefe de tecnología en SAP.

La información que se genera en las prácticas puede ser analizada al instante por expertos en datos, y las rutinas de entrenamiento se pueden adaptar en consecuencia.

“El área de entrenamiento entera es accesible virtualmente, colocando sensores y rastreadores en todo lo que es importante: en la portería, en los palos, en los laterales”, revela Lacher.

Cada jugador tiene varios -uno en cada espinillera o canillera, por ejemplo- y por supuesto la pelota también tiene el propio.

“Si entrenas sólo diez minutos con diez jugadores y tres pelotas, generas más de siete millones de puntos de datos, que entonces se pueden procesar en tiempo real”, cuenta el experto.

El programa de SAP es capaz de procesar estos datos y sugerir cambios o adaptaciones en la rutina de cada jugador.

“Se trata de entender mejor las fortalezas y debilidades de los jugadores -dice Lacher- e invertir más tiempo trabajando en las debilidades y sacando provecho de las fortalezas”.

La revolución que está en marcha es una transición, dicen los expertos, de la intuición al uso analítico de números.

Lesiones

Pero es en la mesa de dirección de los clubes donde los datos del futbol tienen un papel más crítico en el éxito del equipo, dice Paul Neilson, de la firma especialista en tecnología del fútbol Prozone.

“Una de las cosas más importantes en el deporte de élite es asegurarse que los jugadores estén disponibles para entrenamientos y partidos tanto como sea posible. Los cambios que trae la tecnología apuntan a mitigar los riesgos de lesiones”, cuenta el especialista.

“Si haces esto (del análisis de datos) seguramente serás capaz de reducir la sobrecarga física y reducir el riesgo de una lesión”.

Y agrega: “Cuando a los jugadores les pagas tanto como se les paga hoy en día en el futbol de grandes ligas, es muy importante asegurarse que estén en el campo de juego el mayor tiempo posible”.

Los jugadores que tienen que quedarse fuera de un campeonato por baja médica son una fuente de preocupación financiera para los clubes de futbol. Un famoso ejemplo es el caso de Jonathan Woodgate, que dejó Newcastle United en 2004 para unirse al Real Madrid por unos US$22 millones.

Debido a varias lesiones, Woodgate jugó para el Real Madrid sólo nueve partidos antes de dejar el club en 2007. Lo que representó un costo de casi US$2,5 millones por partido para el club, y eso sin tener en cuenta su salario semanal.

Análisis de movimientos

Los estudios de Prozone pretenden reducir este riesgo para los clubes, usando las técnicas del “Big Data” para analizar los movimientos del cuerpo e identificar, antes que pueda percibirlo un médico o un fisioterapeuta, dónde pueden darse futuras lesiones.

En jugadores jóvenes, los análisis de movimiento pueden proporcionar una alerta temprana para aquellos propensos a desarrollar lesiones que afecten su carrera.

Recopilar estos datos es una labor sofisticada. Prozone se basa en una compleja red de cámaras alrededor del estadio, registrando movimientos de los jugadores desde varios ángulos a la vez.

A los representantes de futbolistas y entrenadores les gusta pensar que es su instinto, y no los datos, lo que da resultados. Y por lo tanto la adopción de sistemas de análisis de datos ha sido lenta y no ha gozado de buena recepción entre todos los que participan del negocio del futbol.

Futbol conservador

“El futbol, particularmente en Reino Unido, puede ser un poco conservador”, dice Neilson.

“Si miras el rugby, el entrenador a menudo está rodeado de datos, tecnología y análisis durante todo el partido”.

“Comparemos eso con el futbol y los entrenadores todavía están a oscuras, tratando de influir en los jugadores personalmente, a través de instrucciones y gritando y mayormente formando parte de la algunas veces caótica naturaleza del futbol”.

Este choque de culturas supone que no hay muchos entrenadores que se paseen por el campo con una tableta… todavía. Pero tras bambalinas hay una realidad muy distinta.

Prozone proporciona datos complejos a más de 300 clubes de futbol en todo el mundo, incluyendo todos los equipos de la lucrativa Liga Premier inglesa.

Tan importantes como el entrenador

Pero para que los datos tengan algún sentido es necesario talento en su utilización y Neilson cree que pronto llegará la hora de los científicos de datos en los clubes, que los aficionados del club admirarán o detestarán con la misma pasión con que hoy en día tratan a los directores técnicos.

“En un típico club de futbol tienes gente técnica, como los analistas deportivos, que muestran un perfil muy técnico, son objetivos y minuciosos. Y del otro lado tienes a los que toman decisiones: el presidente ejecutivo que firma los cheques, el entrenador que toma las decisiones semanales sobre los jugadores”.

“El reto es conectar estos dos mundos, para que los que toman las decisiones confíen en esos datos”, sugiere el experto.

Tristemente, Reep no vivió para ver cómo su habilidad de registrarlo todo era apreciada en una cancha de futbol.

Hasta hoy, su filosofía del balón largo es criticada por muchos que dicen que su recopilación de datos era muy primitiva como para establecer conclusiones certeras.

Sin embargo, su trabajo fue pionero y se ha convertido en un hito del bello juego moderno.

En algún lugar, en un futuro no tan distante, en un partido que se pierda de local por 3-0, los hinchas proferirán insultos y cantarán “que te despidan ya”.

Pero el destinatario de su furia no será el entrenador, sino el hombre que maneja los datos.

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Cómo fue estar con Donald Trump el día que perdió la carrera por la Casa Blanca

Cómo el presidente que nunca ha dudado de sí mismo se enfrentó a la derrota después de cuatro años en el poder.
8 de noviembre, 2020
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En los últimos cuatro años he visto al presidente de EE. UU. en sus días buenos y en sus días malos.

Pero este 7 de noviembre, el día en que perdió las elecciones, fue un día muy distinto a todos esos otros.

Vestido con una chaqueta negra, pantalón deportivo oscuro y un gorro con la inscripción MAGA (las iniciales de su lema de campaña en inglés, Make America Great Again), Donald Trump dejó la Casa Blanca un poco después de las 10 de la mañana del sábado.

Antes, se la había pasado tuiteando sobre las elecciones y, sobre todo, sobre el fraude electoral que considera tuvo lugar en torno a los comicios generales del 3 de noviembre.

Salió por la puerta de la residencia presidencial y se subió a su vehículo oficial que lo llevó en dirección de su club de golf Trump National, en la ciudad de Sterling, Virginia, a unos 40 kilómetros de Washington.

En ese momento, proyectaba un aire de autoconfianza. Era un día precioso, perfecto para el golf, y por eso decidió que iba a pasarlo en su club.

Trump jugando al goflf.

Getty Images
Trump pasó gran parte del día jugando al golf.

Pero, a la vez, se notaba que las personas que trabajaban con él estaban incómodas. Como al borde de una situación muy tensa.

“¿Cómo la están pasando?”, le pregunté a una de sus empleadas.

“Bien”, respondió. Y sonrió, pero sus ojos se entrecerraron y bajó rápido la mirada hacia la pantalla de su celular.

Trauma electoral

La Casa Blanca ha estado en una especie de trauma en los días que han pasado desde la elección.

Aunque fue apenas el martes, parece que hubiera ocurrido hace mucho tiempo.

La mayoría de los escritorios del ala oeste de la Casa Blanca estaban vacíos cuando pasé por el edificio en la mañana de este sábado. Muchos miembros del personal han resultado infectados por el covid-19 y no pueden ir a la oficina. Los otros están en cuarentena.

Entonces, a eso de las 11:30 y mientras el presidente estaba jugando al golf, la BBC y varias cadenas comenzaron a proyectar que Joe Biden había ganado las elecciones.

Estaba sentada en un restaurante italiano ubicado a un poco más de un kilómetro de distancia del Trump National cuando recibí el dato.

Trump regresa a la Casa Blanca después de jugar al golf

Reuters
El presidente Trump se enteró de la noticia de la victoria de Joe Biden en su campo de golf en el estado de Virginia.

Yo hago parte del grupo permanente de periodistas que cubren la Casa Blanca, un conjunto de colegas de medios distintos que viajan con el presidente de EE.UU.

Todos estábamos esperando que saliera del club.

“Él es una persona tóxica”, dijo una mujer en las afueras del restaurante. Ella, como muchos de sus vecinos en ese distrito de mayoría demócrata, habían votado por el rival de Trump.

Otros se preguntaban en voz alta cuándo el presidente dejaría el club y volvería a la Casa Blanca.

Pasaron los minutos. Pasaron las horas.

“Se está tomando su tiempo”, le dijo un funcionario a otro.

El presidente no tenía prisa en marcharse. En el club estaba rodeado de amigos. Fuera de esas puertas, sus seguidores me gritaban a mí y a los otros periodistas “Acaben con los medios”.

Una mujer, vestida con tacones altos y un gorro rojo, azul y blanco, llevaba un cartel en el que se leía: “Detengan el robo”.

Un hombre pasó conduciendo su camioneta por enfrente del club mientras hacía ondear varias banderas, incluso una en la que se mostraba al presidente encima de un tanque, como si fuera el comandante de los ejércitos del mundo.

Críticos del presidente.

BBC
Un mensaje claro: “Usted está a punto de perder su trabajo”.

Era una muestra de cómo sus seguidores ven al presidente, e incluso cómo Trump se veía a sí mismo.

Finalmente, el presidente decidió abandonar el club y regresar a la Casa Blanca.

Allí, miles de sus críticos lo esperaban.

“Has perdido. Nosotros hemos ganado”

La caravana presidencial avanzó por Virginia. Yo iba en una camioneta que hacía parte de la caravana, que por poco se estrella en una de las calles del condado de Fairfax. Se encendieron las sirenas.

Entre más cerca estábamos de la Casa Blanca, más grande era el tumulto: la gente estaba en las calles celebrando la derrota del mandatario.

Alguien llevaba en alto un cartel: “Has perdido y todos nosotros hemos ganado”. Había clima festivo y cánticos.

Con un letrero de "Hasta nunca" algunas personas saludaron la caravana de Trump en el Sterling (Virginia).

Getty Images
Con un letrero de “Hasta nunca” algunas personas saludaron la caravana de Trump en el Sterling (Virginia). La campaña del mandatario estadounidense anunció este sábado que no reconocen los resultados y que la “elección está lejos de haber terminado”.

Cuando llegamos a la Casa Blanca, el presidente ingresó por una puerta lateral, una entrada que ha utilizado poco durante sus cuatro años de mandato. Sus hombros estaban hundidos y la cabeza, gacha.

Entonces levantó la vista hacia los periodistas que estábamos allí y levantó su pulgar. Fue un gesto a medias. No levantó su mano ni apretó su puño, como suele hacer.

Tanto en la Casa Blanca como en el club de golf, el presidente nunca vaciló: siempre hizo reclamos sin sustento sobre el fraude electoral e insistió que será reivindicado.

Durante toda esa mañana escribió en su cuenta de Twitter sobre los “votos ilegales” y por la tarde declaró, desafiante y en mayúsculas, “YO GANÉ ESTAS ELECCIONES”.

Pero eso fue Trump en Twitter. El hombre que yo vi me dejó una impresión muy distinta. Cuando entró por la puerta lateral de la Casa Blanca por la tarde, la arrogancia se había ido.

Texto de Tara McKelvey, corresponsal de la BBC en la Casa Blanca

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BBC

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