La policía secreta mexicana espió a Gabo (imágenes)
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La policía secreta mexicana espió a Gabo (imágenes)

La Dirección Federal de Seguridad (DFS), la temida policía secreta del Gobierno mexicano, vigiló cada una de sus salidas del país, reportó la matrícula de los aviones que abordaba y de los que descendía, infiltró a sus agentes en las entrevistas que le hacían periodistas y le tomaron fotos de su casa en Jardines del Pedregal para saber quién entraba y quién salía.
Por Rafael Cabrera
18 de abril, 2014
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Foto en su expediente a su llegada a México desde Colombia, el 26 de marzo de 1981.

El par de hojas está fechado el 30 de abril 1980. Fue escrito a máquina y describe el arribo de un grupo de personas al aeropuerto de la Ciudad de México, procedentes de Cuba. En el último párrafo se lee: “(Gabriel) García Márquez es originario de Magdalena, Colombia, de 52 años de edad y porta el documento migratorio FM2 No. 200659 del Registro Nacional de Extranjeros de la Secretaría de Gobernación”. En seguida, viene el nombre del autor del documento: Miguel Nazar Haro, jefe de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), la temida policía secreta del Gobierno mexicano.

El Archivo General de la Nación (AGN) resguarda en su Galería 1 tres legajos de documentos sobre el autor de Cien años de soledad, fallecido este jueves 17 de abril de 2014, a sus 87 años. La DFS vigiló cada una de sus salidas del país, reportó la matrícula de los aviones que abordaba y de los que descendía, infiltró a sus agentes en las entrevistas que le hacían periodistas y le tomaron fotos de su casa en Jardines del Pedregal para saber quién entraba y quién salía.

Gabo, como muchos de los intelectuales y escritores de su generación, tuvo marcaje puntal por parte de la policía secreta. Y así lo constatan las más de 250 hojas que reportan a dónde iba, qué conferencias daba, a donde viajaba, qué declaraba sobre Colombia y América Latina.

Aquel 30 de abril, Gabriel y su esposa, Mercedes Barcha, regresaban a México tras haber estado en Cuba con motivo del funeral y sepelio del escritor Alejo Carpentier. De ella, Nazar Haro escribió: “Originaria de Bolívar, de 45 años de edad, emigrada, según oficio número 30704, Visa No. 1298 del 24 de marzo de 1980, por un año…”.

La DFS sabía todo lo que debía saber de ellos. Incluido su dirección exacta.

Cinco días antes, el 25 de abril, un agente de la DFS estuvo entre los reporteros congregados en una conferencia que dio Gabo en el aeropuerto, antes de partir a Cuba para despedir al autor de El siglo de las luces. Pero ese no fue su único motivo del viaje, también fue invitado por Fidel Castro para festejar el aniversario de la Revolución Cubana.

El espía venido a periodista, escribió aquel día: “Con relación a Alejo Carpentier, dijo: yo no suelo hacer frases a la muerte, este hombre pudo haber sido el Premio Nobel de la Literatura este año, ya que fue siempre un luchador por la democracia desde su más tierna juventud…”.

Párrafos más adelante, el agente adelantó una primicia literaria que dejó pasar sin mayor alboroto: “(García Márquez) señaló que tiene dos libros terminado esperando su publicación, uno de cuentos aún sin título y una novela titulada Crónica de una muerte anunciada...”.

Fue hasta 1981 que esa novela vio la luz y se convirtió en un hito de la literatura y el periodismo que distinguieron el estilo de García Márquez.

Un año más tarde, el 28 de julio de 1981, la DFS desplegó un operativo afuera de la casa de García Marquez, ubicada en la calle Fuego, número 144, en Jardines del Pedregal, al sur del DF. El asunto de la vigilancia fue la visita de amigos a su hogar, como Conchita Dumois, del Partido Comunista cubano, entre otros.

Ese reporte fue acompañado de fotos que se tomaron a las personas que entraron al domicilio. Hay una, de Gabo, en la que aparece caminando mientras lee un periódico. El pie de foto precisa: “Gabriel García Márquez, escritor de nacionalidad colombiana residente en México, en el momento en que aborda el automóvil de su propiedad, marca Ranault, color anaranjado, modelo 1976”.

Unos meses más tarde, el 19 de octubre del mismo año, la DFS volvió a vigilar su domicilio con motivo de la visita del secretario general de Partido Comunista mexicano, Arnoldo Martínez Verdugo, y Régis Debray, consejero del presidente de Francia, Francois Miterrand.

Curiosamente, en los documentos conservados en el AGN no hay ninguno sobre el vuelo que tomó para salir de México a fin de recibir el Premio Nobel de Literatura, a finales de 1982. Y, en cambio, sí se conserva una copia del primer capítulo de Crónica de una muerte anunciada, el cual publicó el diario Excélsior el 24 de abril de 1981.

El titular del capítulo decía: “Santiago Nasar murió un lunes en la mañana”. Abajo, dos balazo explicaban al lector lo que leería: “Tiempo fúnebre y un cielo turbio; denso olor de agua quieta. Había dormido poco y mal, sueños felices en un bosque de pájaros”.

Gabo no murió un lunes sino un jueves. Quizá haya dormido poco y mal en sus últimos días a causa de su enfermedad. Quizá ahora tenga sueños felices en un bosque de pájaros, donde no habrá espías del Gobierno mexicano vigilando su último viaje.

Aquí algunas de las imágenes del archivo sobre Gabriel García Márquez:

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La matanza de Tlatelolco: qué pasó el 2 de octubre de 1968 en México

Las protestas estudiantiles comenzaron a intensificarse conforme se aproximaban los Juegos Olímpicos y esa no era la imagen que el gobierno de México quería proyectar.
2 de octubre, 2020
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La historia que derivó en una masacre empezó con una pelea de estudiantes en el centro de Ciudad de México.

El grupo antimotines de la policía capitalina, conocido como Cuerpo de Granaderos, intervino para calmar la riña. Pero lo hizo de manera brutal.

Golpeó a decenas de estudiantes y testigos de la pelea. Persiguió a los jóvenes hasta las escuelas donde buscaron refugio y también allí agredió a alumnos y profesores que impartían clase.

Era el 23 de julio de 1968. En esa época la policía mexicana tenía fama de cometer abusos, pero la agresión a los estudiantes fue excesiva.

Cuatro días después, estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN) organizaron una marcha contra la violencia policial.

Pero la caminata, a la que se sumaron miembros del Partido Comunista Mexicano, fue reprimida por los granaderos.

A partir de ese momento empezó un movimiento estudiantil que en pocas semanas creció rápidamente. La UNAM, el IPN y otras universidades del país se declararon en huelga.

Las autoridades reportaron autobuses quemados y el estallido de artefactos explosivos. Decenas de jóvenes fueron detenidos y en el Zócalo, la plaza central del país, se desplegaron tanquetas y decenas de militares.

Cientos de estudiantes fueron detenidos tras la masacre de Tlatelolco en 1968.

Colección Justina Lori
Cientos de estudiantes fueron detenidos tras la masacre de Tlatelolco en 1968.

El Ejército ocupó las instalaciones de la UNAM y el IPN, pero no logró contener el movimiento agrupado en el Consejo Nacional de Huelga (CNH).

El rector de la Universidad Nacional, Javier Barros Sierra, renunció en protesta por la invasión a la autonomía universitaria.

El movimiento sólo fue contenido hasta la tarde del 2 de octubre. Ese día se había convocado una nueva marcha de protesta que partiría de la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco.

Cientos de soldados rodearon el sitio. Cuando los estudiantes anunciaban que se cancelaba la caminata para evitar violencia, inició una balacera contra la multitud.

Cincuenta años después, aún no está claro dónde empezaron los disparos. Tampoco se sabe realmente cuántas personas murieron o fueron heridas.

Pero el ataque se convirtió en un parteaguas en la historia del país. Desde el 2 de octubre de 1968 México fue otro, social y políticamente distinto al del día anterior.

La década anterior

Plaza de las tres culturas

Getty Images
La masacre tuvo lugar en la Plaza de las Tres Culturas de la Ciudad de México

Esta es la historia que se recuerda cada año durante el aniversario de la masacre.

Pero se habla poco del entorno social y político que había en el país por esos años, que motivó el acelerado crecimiento del movimiento estudiantil de 1968.

Un momento que explica también la fuerte reacción del gobierno del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz.

Desde los años 50 y en la siguiente década, en el país se registró una serie de movimiento de médicos, ferrocarrileros, electricistas, campesinos y estudiantes.

En todos los casos, las protestas fueron disueltas por policías y militares.

Los sobrevivientes de la masacre recuerdan al movimiento estudiantil como "alegre, creativo".

Portal 68. Archivo Histórico. UNAM
Los sobrevivientes de la masacre recuerdan al movimiento estudiantil como “alegre, creativo”.

Las movilizaciones estudiantiles de 1968 fueron consecuencia de ese largo proceso, explica Gilberto Guevara Niebla, uno de los fundadores del CNH.

“El movimiento de 68 no se comprendería si no se considera que en esa época existía un régimen autoritario y represivo”, le dice a BBC Mundo.

“Sobre todo en los años 60 hubo una sucesión de intervenciones militares en las universidades, que fue creando un ambiente de descontento y de malestar entre la juventud”.

Ese 1956, por ejemplo, los estudiantes del IPN protagonizaron una huelga que terminó con la ocupación militar de sus instalaciones. La vigilancia de los soldados permaneció durante un año.

Otro caso fue la huelga de 1963 en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, también disuelta por el Ejército.

Tlateloco

Colección Justina Lori
El rector de la UNAM en 1968, Javier Barrios Sierra.

Dos años más tarde, hubo una serie de paros y marchas de médicos y enfermeras en demanda de mejor salario. A las protestas se sumaron también estudiantes de la carrera de medicina.

Esos acontecimientos estaban muy presentes en el ánimo de los estudiantes en 1968, recuerda Rolando Cordera quien fue consejero por la Escuela de Economía ante el CNH.

Tlateloco

Portal 68. Archivo Histórico. UNAM
La UNAM, el IPN y otras universidades del país se declararon en huelga.

“En algunos que se convirtieron en dirigentes de la movilización existía algún tipo de memoria”, le dice a BBC Mundo.

“Antes de nosotros hubo otros mexicanos que habían reclamado más o menos lo mismo: cumplimiento de la ley, respeto a los derechos y la Constitución”.

“Vivíamos un mar de estímulos”

Pero el enojo por las intervenciones militares y la decisión de las autoridades para disolver las protestas son una parte de la historia tras el movimiento de 1968.

Ese año en Europa ocurrió una serie de protestas estudiantiles, sobre todo en Francia. Un elemento que influyó en México, pero su impacto fue menor a lo que sucedía en Estados Unidos, recuerda Guevara Niebla.

En ese país había una intensa oleada de protestas contra la guerra en Vietnam, la lucha por los derechos civiles de algunas minorías así como un creciente proceso de liberalización sexual y feminismo.

“Coincidieron muchos factores”, recuerda el fundador del CNH. “A través de la televisión sabíamos lo que ocurría en Estados Unidos y con los jóvenes de Francia”.

Manifestación de estudiantes en julio de 1968.

Portal 68. Archivo Histórico. UNAM.
“Los estudiantes del 68 en México se unieron a un reclamo internacional frente al orden existente en aquel tiempo”, dijo Rolando Cordera.

“Los estudiantes de México vivíamos en un mar de estímulos que jugaron un papel decisivo para explicar la revuelta estudiantil”.

Rolando Cordera recuerda. “Los estudiantes del 68 en México se unieron a un reclamo internacional frente al orden existente en aquel tiempo”.

“En el caso nuestro era un orden muy autoritario, que no respetaba las movilizaciones de reclamo social”.

Con tal escenario el movimiento estudiantil creció en poco tiempo. A las primeras manifestaciones, en julio de ese año, acudieron cientos de jóvenes.

Al paso de los meses aumentó el número de asistentes. En la llamada Marcha del Silencio, el 13 de septiembre, participaron más de 150.000 personas.

Tlatelolco

Getty Images
La matanza fue un parteaguas en la historia de México.

No todos eran estudiantes. El movimiento logró el respaldo de sindicatos, grupos de vecinos y hasta amas de casa. Las protestas se extendieron por varias ciudades del país.

Las demandas del CNH también cambiaron. Al inicio era la disolución del cuerpo de granaderos, eliminar de las leyes el delito de disolución social y castigo a los responsables de agredir estudiantes.

Luego el pliego petitorio incluyó la liberación de todos los presos políticos, y un diálogo público y abierto del Consejo Nacional con el gobierno federal.

Juegos Olímpicos

Más allá de la creciente inconformidad, ¿por qué ocurrió la masacre en Tlatelolco?

Hubo varios elementos, coinciden algunos historiadores. Ese 1968 México era sede de los Juegos de la XIX Olimpiada, programada para empezar el 12 de octubre de ese año.

Semanas antes del evento llegaron periodistas enviados por medios internacionales. Además sería la primera vez que los Juegos Olímpicos se transmitirían por satélite a todo el mundo.

Portal 68. Archivo Histórico. UNAM

Portal 68. Archivo Histórico. UNAM
Las protestas estudiantiles comenzaron a intensificarse conforme se aproximaban los Juegos Olímpicos y esa no era la imagen que el gobierno de México quería proyectar.

Para ese momento, las protestas estudiantiles eran más intensas. Muchos periodistas empezaron a cubrir las movilizaciones.

No era la imagen de país que pretendía enviar el gobierno de Díaz Ordaz. Además, el presidente estaba convencido que los estudiantes formaban parte de una especie de conjura comunista en contra de los juegos.

La decisión fue enviar un mensaje contundente para terminar con la rebeldía de varios años, señala Guevara Niebla.

“Después de 1968, Díaz Ordaz declaró que al enfrentar el conflicto se habían agotado los recursos políticos y se tuvo que acudir a la fuerza”, recuerda.

“Lo que se quería era destruir de un solo golpe el movimiento estudiantil para dar paso a las Olimpiadas. La represión tuvo lugar diez días antes de que empezaran, estaban obligados a sofocar las protestas, pero lo hicieron de una manera brutal”.

Soldados en la UNAM.

Portal 68. Archivo Histórico. UNAM.
La represión fue brutal.

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