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Cuartoscuro
"Somos soldados caídos, esperamos que EPN nos reciba": migrantes mutilados
Tras diez días esperando en Tapachula una visa humanitaria que no llega, el grupo de 15 hondureños con diversas mutilaciones que pretende marchar hasta el DF para exponer a Peña Nieto los riesgos de la migración en México, valora subir de nuevo a La Bestia para conseguir su cometido.
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Por Manu Ureste (@ManuVPC)
4 de abril, 2014
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Migrantes a su paso por Las Choapas, en el estado de Veracruz. //Foto: Cuartoscuro

Migrantes a su paso por Las Choapas, en el estado de Veracruz. //Foto: Cuartoscuro

“¿Y por qué va a ser imposible que nos reciba Peña Nieto? –la voz al otro lado de la línea telefónica suena pausada; con el cansancio propio de quien ha recorrido durante días los cientos de kilómetros que separan Honduras de la ciudad fronteriza de Tapachula, pero con una determinación fuera de lo común-. Yo les digo a mis compañeros migrantes que lo verdaderamente imposible es que me crezca de nuevo la mano que me quitó La Bestia, o la pierna que perdí, o los tres dedos que me faltan de la otra mano. Pero ver y hablar con otro ser humano que es igual que nosotros… ¿por qué va a ser imposible?”.

José Luis Hernández es quien reitera la pregunta al otro lado del hilo telefónico. Él dirige, junto a Norman Saúl Varela, la Asociación de Migrantes Retornados con Discapacidad (Amiredis); una ONG que el pasado 20 de marzo salió de Honduras con un grupo de 15 personas que marcha a la ciudad de México en representación de los migrantes que han padecido alguna mutilación, y que desde hace 10 días se encuentra varada en Tapachula en espera de una visa humanitaria que no llega. 

El objetivo de la caravana, repite varias veces el hondureño en entrevista con Animal Político, no es entrar a México y quedarse ilegalmente en el país, sino hablar en persona con Enrique Peña Nieto. Quieren que los reciba, que dialogue con ellos. Y que el mandatario observe con sus propios ojos lo que hace el acero de las ruedas del ferrocarril en los cuerpos de quienes son arrojados del convoy por el crimen organizado, se accidentan tratando de escapar de los agentes que los persiguen en busca de una extorsión, o simplemente se quedan dormidos por el cansancio y caen a las vías.

“Mi accidente fue en el 2005, llegando a una ciudad que se llama Delicias, en Chihuahua –recuerda a colación Hernández-. Llevaba 20 días sufriendo en el tren; escondiéndome de migración y tratando de evitar los asaltos. Y debido a este cansancio mi cuerpo ya no aguantó más -hace una pausa, traga saliva y exhala una respiración que distorsiona el eco del teléfono-. El cansancio me venció y me desmayé. Caí debajo de las ruedas del tren y me cortó una pierna, un brazo y tres dedos de mi otra mano”.

A pesar de la tragedia, el centroamericano admite que tuvo suerte: de haber caído en un lugar despoblado se hubiera desangrado en cuestión de minutos. Sin embargo, una ambulancia lo atendió rápidamente y salvó su vida. Tiempo después, ya de regreso a su país de origen, comenzó a dirigir la Asociación de Migrantes Retornados con Discapacidad.

“Al ver que en Honduras somos 452 mutilados por el tren nos dijimos: ‘hay que hacer algo para que esto cambie’. No puede ser que seamos tantos mutilados en nuestro país por el tren. Creo que en Estados Unidos hay menos soldados mutilados por la guerra de Irak, que migrantes mutilados en Honduras por La Bestia -plantea Hernández-. Nosotros también nos consideramos soldados caídos, y por eso decidimos salir en representación de los mutilados de Honduras y de toda Centroamérica, para que nos reciban las autoridades mexicanas y Peña Nieto en especial, porque él es quien puede hacer algo para que haya un cambio”.

En este sentido, el presidente de Amiredis resalta que el otro gran objetivo de la marcha es llamar la atención de las autoridades de su propio país, a las que acusa de ignorar el problema de la migración mientras millones de dólares fluyen desde Estados Unidos en remesas que mandan miles de connacionales que arriesgaron su vida para entrar de manera irregular a la Unión Americana.

“En el tema de migración hay un gran desinterés de Honduras. Y a pesar de que somos 452 mutilados por el tren, esto es algo que no les importa –el tono de voz suave y sereno del migrante se torna golpeado, molesto-. Lo único que ven las autoridades son los 3 mil millones de dólares en remesas que llegan cada año al país, gracias al trabajo de los hondureños que están en Estados Unidos. ¡Eso sí que les importa! Pero las consecuencias que implica el tener que ir hasta ese país a buscar un empleo no las tienen en cuenta. Por eso estamos haciendo esto: para que Peña Nieto presione a Honduras y a Centroamérica, y así estos países se preocupen de esta realidad, ya que en México se da la migración más peligrosa del mundo”.

Tras esperar visa humanitaria, analizan subir de nuevo a La Bestia

Sin embargo, por ahora las autoridades migratorias de México no están facilitando las cosas. Tras 10 días esperando en Tapachula, el grupo de 15 personas aún no ha obtenido una visa humanitaria para poder transitar libremente por México y evitar así el ferrocarril y las rutas de migrantes controladas por el crimen organizado. Por lo que, ante esta situación, José Luis Hernández admite que están valorando dejar en las próximas horas la ciudad fronteriza para dirigirse a Arriaga, en Chiapas, y de ahí subir de nuevo al tren.

“Lo estamos pensando mucho todos, porque subir de nuevo a La Bestia era algo que no habíamos pensado ni en sueños”, comenta también vía telefónica Normal Saúl Varela, vocero de Amiredis.

“La Bestia me amputó una pierna y no quiero ni recordarla. Pero es una necesidad subir de nuevo, para poder lograr el propósito que tenemos, que es hablar con el presidente de México y que él vea con sus ojos lo que provoca este tren a las personas”, añade el centroamericano.

“Cuando veamos el tren de nuevo y recordemos todo lo que vivimos… va a ser algo muy difícil -vuelve a retomar la conversación José Luis-. Pero nosotros somos guerreros. Y aunque esa maldita Bestia nos arruinó la vida físicamente, la seguimos mirando de frente. Porque el corazón sigue ahí, latiendo. Y las ganas de salir adelante siempre están. Por eso -concluye el centroamericano-, aunque hemos tenido muchas trabas en el camino, esperamos llegar a nuestro destino en el DF. Queremos hablar con el presidente Peña Nieto”. 

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