La basura que se ha encontrado al buscar avión desaparecido
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La basura que se ha encontrado al buscar avión desaparecido

La gigantesca operación de búsqueda del vuelo MH370 de Malaysia Airlines no ha logrado hallar la aeronave, pero ha dejado en claro una cosa: el Océano Índico está cubierto de desechos. ¿Cómo llegaron hasta allí?
10 de abril, 2014
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Fotografía de archivo del sábado 29 de marzo de 2014 de un objeto que flota en el sur del Océano Índico, tomada desde un avión de la Real Fuerza Aérea de Nueva Zelanda, como parte de la búsqueda del avión desaparecido de Malaysia Airlines. (Foto AP/Jason Reed, Pool, Archivo)

Fotografía de archivo del sábado 29 de marzo de 2014 de un objeto que flota en el sur del Océano Índico, tomada desde un avión de la Real Fuerza Aérea de Nueva Zelanda, como parte de la búsqueda del avión desaparecido de Malaysia Airlines. (Foto AP/Jason Reed, Pool, Archivo)

La gigantesca operación de búsqueda del avión de Malaysia Airlines no ha logrado encontrar la aeronave, pero ha dejado en claro una cosa: el Océano Índico está cubierto de basura.

No es el único: todos los mares del mundo están contaminados. Y el problema es tan grave que incluso puede observarse en las imágenes satelitales de la búsqueda del vuelo MH370.

Esas imágenes difusas han mostrado cientos de objetos que, vistos de cerca por las embarcaciones, han resultado ser desde restos de barcos, desechos de contenedores, piezas de equipos de pesca, hasta bolsas de plástico y otros objetos flotantes que en medio del océano forman los que los expertos llaman “manchas” o “islas de basura marina”.

Es la versión oceánica de un vertedero terrestre. Pero en lugar de permanecer en un sitio, como en tierra firme, acumulan restos girando de manera contínua con consecuencias catastróficas para la vida marina.

Lea: ¿Cuánto ha costado buscar el avión desaparecido?

Giros oceánicos

“Todos los mares tienen corrientes que se mueven en giros, como los tornados. Son los giros oceánicos que se forman en distintos puntos del planeta y a medida que avanzan van vertiendo hacia centro todas las partículas y desechos que encuentran en el camino”, le explica a BBC Mundo Silvia García, científica marina de la organización ecologista Oceana.

“De manera que todas esas partículas, al final, quedan concentradas en zonas concretas y localizables formando las llamadas islas o manchas de basura marina”.

En cada una de las cuencas océanicas del mundo hay una isla de basura y el problema es cada vez más grave e inmanejable, dice la científica.

Los océanos Pacífico y Atlántico tienen dos islas de basura cada uno, en el norte y el sur. Y la isla del Océano Índico está centrada entre Australia y África.

“En los mares la basura flotante no se concentra con esa envergadura porque las corrientes son menores, pero también están muy contaminados principalmente por las sustancias químicas que se hunden desde la superficie. Como el Mediterráneo que es uno de los mares con más contaminación química en el mundo”, dice la científica de Oceana.

El problema es tan grave que los investigadores les han puesto nombre a estas islas. La más grande -y la más famosa- es la llamada “Gran mancha de basura del Pacífico” que fue descubierta hace cuatro años en el Pacífico norte.

Foto suministrada por las Fuerzas de Defensa Australianas tomada el 4 de abril de 2014 en la que aparece el navío Ocean Shield, que carga un localizador de señales emitidas por las cajas negras de un avión en el sur del Oceáno Índico. (Foto de AP/Fuerzas de Defensa Australianas. Teniente Kelly Lunt)

Foto suministrada por las Fuerzas de Defensa Australianas tomada el 4 de abril de 2014 en la que aparece el navío Ocean Shield, que carga un localizador de señales emitidas por las cajas negras de un avión en el sur del Oceáno Índico. (Foto de AP/Fuerzas de Defensa Australianas. Teniente Kelly Lunt)

Restos de tsunami

Está ubicada entre Hawái y California, al occidente de Estados Unidos, y se calcula que tiene una extensión de 1,4 millones de km2.

Algunos informes indican que muchos desechos de madera, como vigas, postes telefónicos y otros restos de construcciones que se desprendieron durante el terremoto y tsunami de Japón en 2011, migraron hacia esta mancha de basura.

Nikolai Maximenko, oceanógrafo del Centro de Investigación Internacional del Pacífico de la Universidad de Hawái, ha estado estudiando la migración de los desechos del tsunami japonés y calcula que hay entre 100.000 y un millón de objetos grandes de madera, incluidas vigas de casas derribadas flotando en la isla de basura del Pacífico norte.

El Atlántico Norte también tiene su isla de basura, pero fue el descubrimiento de la del Pacifico Norte la que hizo sonar la alarma de los ecologistas, indica Silvia García, de Oceana.

“El problema es que cualquier vertido que flote puede eventualmente llegar a estas islas. No sólo son los desechos que vierten las industrias y las embarcaciones, sino también los que vierte el público y el turismo en las costas de las playas. Todo tiene un impacto porque los desechos se canalizan por los ríos y las ramblas y eventualmente contribuyen a la formación de las islas de basura”, agrega.

Vida marina

Además de los informes de colisiones o de embarcaciones dañadas por los desperdicios que se encuentran en el mar, el mayor impacto es en la vida marina.

Marcus Eriksen, científico marino de la Universidad de California del Sur, se ha dedicado a investigar el impacto de la contaminación del plástico en los océanos.

Tal como explica en la revista National Geographic “cerca de 90% de los desechos de las cinco manchas de basura del mundo son plástico”.

“Estamos viendo una abundante acumulación de microplásticos de todos los desechos que utilizamos una sola vez como bolsas, botellas, tapas y utensilios de plástico. He extraido colillas de cigarros de cientos de esqueletos de aves”.

Las aves, tortugas, cetáceos, mamíferos y otras especies marinas son consumidores no intencionados de plástico, explica Silvia García, de Oceana.

“En efecto tenemos datos de miles de especies que en la superficie del mar mueren o sufren sin llegar a morir al quedar atrapadas en redes, o cetáceos y focas heridas debido a los desperdicios plásticos”.

La mancha de basura del Océano Índico, que ahora está acaparando titulares, es la más desconocida pero también se cree que es la más grande del mundo.

Algunos informes dicen que puede tener una extensión de hasta 5.000 millones de km2 y debido a las fuertes corrientes de ese oceano está migrando constantemente de un lado a otro, de África hacia Australia.

“El problema al que nos enfrentamos es que hoy en día la tecnología no es suficiente para limpiar una mancha como éstas”, explica Silvia García.

“Surgen intentos contínuamente, pero económica y técnicamente es inviable. Lo único que podemos hacer es combatir el origen, es decir, dejar de verter en los mares”.

“Hay normas y convenios internacionales y naciones que prohíben el vertido en los mares, pero está claro que no están funcionando. Lo hemos visto en nuestras expediciones: hemos llegado a zonas plagadas de sedales, redes y cañas donde ni siquiera es posible investigar debido a la cobertura de basura”.

“Y no sólo es lo que vemos flotando en la superficie sino también la contaminación química que se hunde y la sólida que acaba en el fondo del mar”.

“Es necesaria más concientización pública, no sólo para la industria sino también para el público. Y son necesarios más controles para poder combatir este problema y las consecuencias catastróficas que están teniendo estas manchas que ya se convirtieron en los mayores vertederos del planeta”, afirma la científica.

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Cómo se formará el próximo supercontinente en la Tierra

Lejos de estar fijos, los continentes no han estado organizados tal como los vemos hoy día en el pasado. ¿Es posible saber dónde estarán ubicados dentro de millones de años?
9 de abril, 2022
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Hace casi 500 años, el cartógrafo flamenco Geradus Mercator produjo uno de los mapas más importantes del mundo.

Ciertamente no fue el primer intento de crear un atlas mundial, y tampoco fue particularmente preciso: Australia está ausente y las Américas están dibujadas de forma aproximada.

Desde entonces, los cartógrafos han producido versiones cada vez más precisas de esta configuración continental, corrigiendo los errores de Mercator, así como los sesgos entre hemisferios y latitudes creados por su proyección.

Pero el mapa de Mercator, junto con otros producidos por sus contemporáneos del siglo XVI, reveló una imagen verdaderamente global de las masas terrestres de nuestro planeta, una perspectiva que, desde entonces, ha persistido en la mente de la gente.

Lo que Mercator no sabía es que los continentes no siempre han estado posicionados de esta manera. Él vivió alrededor de 400 años antes de que se confirmara la teoría de la tectónica de placas.

Al mirar las posiciones de los siete continentes en un mapa, es fácil suponer que están fijos. Durante siglos, los seres humanos han librado guerras y hecho la paz por conquistar estos territorios, bajo el supuesto de que su tierra, y la de sus vecinos, siempre ha estado allí y siempre lo estará.

Sin embargo, desde la perspectiva de la Tierra, los continentes son hojas a la deriva en medio de un estanque. Y las preocupaciones humanas son una gota de lluvia en la superficie de la hoja.

Los siete continentes alguna vez estuvieron reunidos en una sola masa, un supercontinente llamado Pangea. Y antes de eso, hay evidencia de otros que se remontan a más de tres mil millones de años: Pannotia, Rodinia, Columbia/Nuna, Kenorland y Ur.

Ilustración de la Tierra durante el Jurásico temprano

Getty Images
Los siete continentes alguna vez estuvieron reunidos en una sola masa, un supercontinente llamado Pangea.

Los geólogos saben que los supercontinentes se dispersan y ensamblan en ciclos: ahora estamos en la mitad de uno.

Entonces, ¿qué tipo de supercontinente podría existir en el futuro en la Tierra? ¿Cómo se reorganizarán las masas de tierra tal como las conocemos a muy largo plazo?

Un terremoto inusual

Resulta que hay al menos cuatro trayectorias diferentes que podrían seguir. Y muestran que los seres vivos de la Tierra algún día residirán en un planeta muy diferente, más parecido a un mundo alienígena.

Para el geólogo Joao Duarte de la Universidad de Lisboa, el camino para explorar los futuros supercontinentes de la Tierra comenzó con un evento inusual en el pasado: un terremoto que sacudió Portugal un sábado por la mañana en noviembre de 1755.

Fue uno de los terremotos más poderosos de los últimos 250 años, que dejó un saldo de 60.000 muertos y provocó un tsunami a través del océano Atlántico. Lo que lo hizo particularmente raro fue su ubicación.

“No debería haber grandes terremotos en el Atlántico”, dice Duarte. “Fue extraño”.

Ilustracion del terremoto de Lisboa

Getty Images
Ilustracion del terremoto de Lisboa de 1755.

Los terremotos de esta escala generalmente ocurren en o cerca de las principales zonas de subducción, donde las placas oceánicas se sumergen debajo de los continentes y se derriten y consumen en el manto caliente.

Involucran colisión y destrucción. El terremoto de 1755, sin embargo, ocurrió a lo largo de un límite “pasivo”, donde la placa oceánica que subyace al Atlántico se transforma suavemente en los continentes de Europa y África.

Proyecciones

En 2016, Duarte y sus colegas propusieron una teoría de lo que podría estar pasando: los puntos de sutura entre estas placas podrían estar deshaciéndose y podría estar avecinándose una ruptura importante.

“Podría ser una especie de mecanismo infeccioso”, explica. O como el vidrio que se astilla entre dos pequeños agujeros en el parabrisas de un automóvil.

Si es así, una zona de subducción podría estar a punto de extenderse desde el Mediterráneo a lo largo de África occidental y tal vez más allá de Irlanda y Reino Unido, generando volcanes, formación de montañas y terremotos en estas regiones.

Duarte se dio cuenta de que, si esto sucede, podría provocar el cierre del Atlántico. Y si el Pacífico continuara cerrándose también, lo que ya está ocurriendo a lo largo del “Anillo de Fuego” que lo rodea, eventualmente se formaría un nuevo supercontinente. Lo llamó Aurica, porque las antiguas masas de tierra de Australia y las Américas se ubicarían en su centro.

Se vería así:

Aurica

Davies et al
Aurica, el supercontinente que podría formarse si el Atlántico y el Pacífico se cerraran (Credit: Davies et al).

Luego de que Duarte publicara su propuesta para Aurica, se preguntó por otros escenarios futuros. Después de todo, la suya no era la única trayectoria supercontinental que habían propuesto los geólogos.

Entonces, comenzó a conversar con el oceanógrafo Matthias Green, de la Universidad de Bangor, en Gales. La pareja se dio cuenta de que necesitaban a alguien con habilidades computacionales para crear modelos digitales.

“Esa persona tenía que ser alguien un poco especial, a quien no le importara estudiar algo que nunca sucedería en escalas de tiempo humanas”, explica.

Esa resultó ser su colega Hannah Davies, otra geóloga de la Universidad de Lisboa. “Mi trabajo consistía en convertir dibujos e ilustraciones de geólogos anteriores en algo cuantitativo, georreferenciado y en formato digitalizado”, explica Davies. La idea era crear modelos que otros científicos pudieran desarrollar y perfeccionar.

Pero no fue sencillo. “Lo que nos ponía nerviosos es que se trata de un tema increíblemente nuevo. No es lo mismo que un artículo científico normal”, dice Davies. “Queríamos decir: ‘Está bien, entendemos mucho sobre la tectónica de placas después de 40 o 50 años. Y entendemos mucho sobre la dinámica del manto y todos los demás componentes del sistema. ¿Hasta dónde podemos llevar ese conocimiento al futuro?'”.

Esto llevó a cuatro escenarios. Además de modelar una imagen más detallada de Aurica, exploraron otras tres posibilidades, cada una de las cuales se proyecta hacia el futuro en aproximadamente entre 200 y 250 millones de años a partir de ahora.

El primero fue lo que podría pasar si continúa el statu quo: el Atlántico permanece abierto y el Pacífico se cierra. En este escenario, el supercontinente que se forma se llamará Novopangea. “Es el más simple y el más plausible según lo que entendemos ahora”, dice Davies.

Novopangaea

Davies et al
Novopangea se formará si la actividad tectónica conocida hoy continúa sin sorpresas (Crédito: Davies et al).

Sin embargo, también podría haber eventos geológicos en el futuro que conduzcan a situaciones diferentes.

Un ejemplo es un proceso llamado “ortoversión” donde el océano Ártico se cierra y el Atlántico y el Pacífico permanecen abiertos. Esto cambia las orientaciones dominantes de la expansión tectónica, y los continentes se desplazan hacia el norte, todos dispuestos alrededor del Polo Norte, excepto la Antártida.

En este escenario, se forma un supercontinente llamado Amasia:

Amasia

Crédito: Davies et al).
Si se forma Amasia, será porque los continentes se desplazaron hacia el norte (Crédito: Davies et al).

Finalmente, también es posible que la expansión del lecho marino en el Atlántico pueda disminuir. En el medio del océano, hay una cresta gigante que divide dos placas y atraviesa Islandia hasta el océano Antártico.

Aquí, se está formando nueva litosfera, que es como una cinta transportadora. Si esta expansión se ralentizara o se detuviera, y si se formara un nuevo límite de placa en subducción a lo largo de la costa este de las Américas, se obtendría un supercontinente llamado Pangea Ultima, que parece un enorme atolón:

Pangea Ultima

Crédito: Davies et al
Pangea Ultima se vería rodeado por un gran océano, pero tiene un mar central dentro (Crédito: Davies et al).

Estos cuatro modelos digitales ahora significan que los geólogos tienen una base para probar otras teorías. Por ejemplo, los escenarios podrían ayudar a los científicos a comprender los efectos de diferentes arreglos supercontinentales en las mareas, así como el clima del futuro profundo: ¿cómo sería el clima en un mundo con un océano enorme y una masa terrestre gigante?

Para modelar el clima de un supercontinente, “no se pueden usar los modelos del IPCC , y punto, porque no están diseñados para eso”, dice Duarte. “No puedes cambiar las variables que necesitas cambiar”.

Exoplanetas

Los modelos de los futuros supercontinentes de la Tierra también pueden servir como indicador para comprender el clima de los exoplanetas. “La futura Tierra es completamente ajena”, explica Davies. “Si estuvieras en órbita sobre Aurica, o Novopangea, probablemente no lo reconocerías como la Tierra, sino como otro planeta con colores similares”.

Esta idea llevó al trío a colaborar con Michael Way, físico del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA. Él y sus colegas buscan estudiar climas en mundos alienígenas modelando las variaciones del nuestro a lo largo del tiempo.

“Solo tenemos tantos ejemplos de cómo puede verse un clima templado. Bueno, tenemos un ejemplo para ser honesto: la Tierra, pero tenemos la Tierra a través del tiempo”, dice Way. “Tenemos los escenarios del pasado, pero al movernos hacia el futuro y usar estos maravillosos modelos tectónicos para el futuro, esto nos brinda otro conjunto para agregar a nuestra colección”.

Necesitas tales modelos porque puede ser difícil saber qué buscar al analizar exoplanetas potencialmente habitables desde lejos.

Planeta

Getty Images
¿Qué tipo de configuración continental podrían tener los mundos extraterrestres rocosos?

Lo ideal sería saber si un planeta tiene un ciclo de supercontinente, porque la presencia de vida y la tectónica de placas activas podrían estar entrelazadas. El posicionamiento continental también podría afectar la probabilidad de agua líquida.

A través de los telescopios, no se pueden ver los continentes y la composición atmosférica solo se puede inferir. Entonces, los modelos de variaciones climáticas podrían revelar alguna señal indirecta que los astrónomos podrían detectar.

Variaciones

El modelo de Way de los climas del supercontinente -que se demoró meses usando una supercomputadora- reveló algunas variaciones sorprendentes entre los cuatro escenarios.

Amasia, por ejemplo, conduciría a un planeta mucho más frío que el resto. Con la tierra concentrada alrededor del Polo Norte y los océanos menos propensos a llevar corrientes cálidas a latitudes más frías, se acumularían capas de hielo.

Aurica, por el contrario, sería más suave, con un núcleo seco pero con costas similares a las de Brasil hoy día, con más agua líquida.

Paisaje verde

Getty Images
Un planeta con una configuración continental diferente, tendría otro clima.

Es útil saber todo esto, porque si un exoplaneta similar a la Tierra tiene placas tectónicas, no sabremos en qué etapa del ciclo del supercontinente se encuentra actualmente y, por lo tanto, necesitaremos saber qué buscar para inferir su habitabilidad.

No debemos suponer que las masas terrestres se dispersarán, a mitad de ciclo, como la nuestra.

En cuanto al futuro de nuestro propio planeta, Davies reconoce que los cuatro escenarios de supercontinentes que han modelado son especulativos, y puede haber sorpresas geológicas imprevistas que cambien el resultado.

“Si tuviera una Tardis para ir a ver, no me sorprendería que, en 250 millones de años, el supercontinente no se pareciera en nada a ninguno de estos escenarios. Hay tantos factores involucrados”, dice.

Sin embargo, lo que se puede decir con certeza es que las masas de tierra que damos por sentadas algún día se reorganizarán en una configuración completamente nueva.

Los países que alguna vez estuvieron aislados unos de otros serán vecinos cercanos. Y si la Tierra aún alberga seres inteligentes, podrán viajar entre las antiguas ruinas de Nueva York, Pekín, Sídney y Londres sin ver un océano.

Este artículo se publicó en BBC Future. Haz clic aquí para leer la versión original en inglés.


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