Policías desaparecidos, la otra cara de la violencia en Coahuila
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

Policías desaparecidos, la otra cara de la violencia en Coahuila

Las autoridades de Coahuila no han hecho nada por encontrarlos, ni para dar con sus raptores.
Por Paris Martínez
28 de abril, 2014
Comparte

Diego Fernando Aguirre Pantaleón y Mario Alberto Morales Cano son dos muchachos que no se conocen entre sí, pero sus vidas comparten características que los igualan, que los unen estrechamente, tal como si caminaran uno junto al otro: ambos son jóvenes veinteañeros que destacan por sus aptitudes físicas, ambos fueron reconocidos por su carácter disciplinado y su vocación de servicio, ambos se enrolaron como policías en el estado de Coahuila, y ambos fueron raptados y desaparecidos por el crimen organizado, tan pronto como comenzaron a portar el uniforme oficial.

Y una característica más debe sumarse al historial de estos agentes de seguridad pública: que las autoridades de Coahuila no han hecho nada por encontrarlos, ni para dar con sus raptores.

El señor Miguel Ángel Aguirre, papá de Diego Fernando, pone un ejemplo claro de esta situación: “Luego de dos años de buscarlo, hace diez meses, el 7 de junio de 2013, el mismo gobernador de Coahuila, Rubén Moreira, se comprometió personalmente a darme una audiencia para atender el caso de mi hijo, pero nunca me recibió. Lo estuve yendo yo a buscar a su oficina, a su despacho de gobierno, incluso le dejé cartas diciéndole quién era yo, diciendo que por favor me recibiera, que había un compromiso de su parte, que estaba filmado en un video en donde él se compromete a atender mi caso, y aún así, nunca me recibió.

La explicación de ello, tal como lo ve la señora Rosario Cano, mamá de Mario Alberto, es muy simple: “Las autoridades no están haciendo nada por encontrar a nuestros hijos porque están apostándole a que nosotros, sus padres y madres, nos muramos, y que, con nosotros, muera también la exigencia de justicia. Eso es, a resumidas cuentas, lo que están haciendo, nos están matando de dolor… en vez de regresarnos a nuestros hijos, están cometiendo contra nosotros algo así como un asesinato silencioso.”

Una víctima más

El pasado 4 de febrero murió el papá de Mario Alberto. Llevaba tres años y siete meses esperando el regreso de su hijo.

“Mi compañero murió de depresión –narra la señora Rosario–. Él era instructor de educación física, pero cuando se llevaron a mi hijo, en 2010, mi compañero empezó a sufrir mucha ansiedad, que se manifestó haciéndolo comer mucho. En muy poco tiempo su peso se disparó y, debido a la obesidad, ya no pudo conservar su trabajo ni encontrar uno nuevo, a pesar de que contaba con formación universitaria… por eso mismo, mi compañero comenzó a tener dificultades para acompañarme en la búsqueda de nuestro hijo, y entonces él decidió someterse a una operación para reducir su peso, porque él no podía, no quería dejar de buscarlo; sin embargo, no resistió esa intervención quirúrgica, y murió, convirtiéndose en una víctima más.”

La señora Rosario deja correr las lágrimas libremente mientras habla. “El corazón necesita sacarlas –explica–, cuando el corazón está muy saturado, las lágrimas tienen que salir, y eso, para nosotros, ocurre diariamente, cada vez que los mencionas, cada vez que los recuerdas.”

Si esto es así, Rosario suma, hasta este 28 de abril de 2014, mil 396 días de llanto.

“A mi hijo Mario Alberto se lo llevaron el 2 de julio de 2010 –narra–. Él tenía en ese momento 24 años de edad, y un mes y medio como policía municipal de Torreón, Coahuila, ciudad en la que vivía junto con su esposa… Él tenía formación militar, había sido durante tres años integrante de la Fuerza Aérea, y luego se dio de baja para irse a Coahuila, de donde es originaria su mujer. Pero él amaba su trabajo, él había sido muy disciplinado y en su cabeza siempre estuvo que él estaba para defender a la nación, ayudar a la ciudadanía, así que, cuando vio que la Policía Municipal de Torreón estaba reclutando nuevos agentes, Mario Alberto se enroló.”

Debido a su entrenamiento militar, este joven, que estaba a punto de convertirse en papá, no sólo fue inmediatamente aceptado en la policía de Torreón, sino que fue asignado a la escolta personal del mayor retirado Paúl Hernández Ruiz, entonces subdirector de dicha corporación, encabezada por el general en retiro Bibiano Villa. Sin embargo, “no sabemos qué presenció mi hijo, o qué no le gustó, porque un mes después, él pidió que lo sacaran de la escolta del mayor Paúl, y que mejor lo mandaran a patrullar las calles… pero esto no fue la solución, porque pocos días después, el crimen organizado lanzó una granada contra un grupo de compañeros suyos y todos murieron, fue entonces que Mario Alberto decidió darse de baja de la Policía Municipal. Dos días antes de su secuestro, él personalmente me dijo que tan pronto como iniciara la semana siguiente, él entregaría los uniformes y la placa, él me dijo que ya lo había notificado a la corporación, eso fue un miércoles, y para el viernes, se lo llevaron”.

Foto 1

Mario Alberto Morales Cano.

Mario Alberto se encontraba con su esposa, en casa de familiares que asistían a la joven, quien presentaba un embarazo de alto riesgo. Fue cuando Mario Alberto salió por un refresco que un grupo de hombres, armados con rifles de alto calibre, lo abordaron y golpearon, para luego obligarlo a subir en el cajón de una camioneta pick up roja y se lo llevaron, no sin antes encañonar a los familiares que intentaron defenderlo.

Desde entonces, se ignora su paradero.

“Acudimos con todas las autoridades imaginables: la policía municipal, la procuraduría estatal, el Ejército y la PGR, pero nadie ha hecho nada. La procuraduría de Coahuila integró un expediente, pero en él sólo hay información sacada de internet, ninguna prueba pericial, ninguna búsqueda de campo, ninguna línea de investigación, nada… Y la misma gente de la PGR, aún cuando no aceptaron investigar el caso, sí me enseñaron un video en donde un grupo de sicarios del Cártel del Pacífico interroga a policías de Torreón, y esos agentes dicen que detrás del crimen organizado en ese municipio estaba el general Bibiano Villa, o sea que mi hijo fue directo a meterse en la boca del lobo, y por eso, alto y bajito, yo acuso a Bibiano Villa y al mayor Paúl Hernández de haber desaparecido a mi hijo… lamentablemente, ninguno ha sido nunca investigado, al contrario, los mandaron a Quintana Roo, para ahora encargarse allá de la policía.”

Siete meses después, la esposa de Mario Alberto dio a luz a un niño que lleva el nombre de su padre, quienes en la actualidad subsisten por sus propios medios, ya que les fue negada la pensión para policías caídos o incapacitados en el cumplimiento del deber, con el argumento de que “Mario Alberto tenía muy poco tiempo en la corporación…”

La señora Rosario se limpia las lágrimas y sonríe. “Mario Alberto ahorita tiene 28 años… primero Dios.”

Palabra empeñada

El 7 de diciembre de 2011, Diego Fernando Aguirre Pantaleón se graduó, junto con otros 224 jóvenes, como integrantes de la primera generación de agentes de la Policía Acreditable de la ex Fiscalía General de Justicia de Coahuila (hoy Procuraduría estatal), primer camada de uniformados que fue calificada como “punta de lanza del nuevo esquema de policía en el estado”, por el entonces fiscal general Jesús Torres Charles.

Diego Fernando, sin embargo, no tuvo tiempo de poner en práctica su formación, ya que un día después de graduarse, él y otros seis policías, así como un civil, fueron secuestrados por un grupo del crimen organizado que, en los siguientes días, liberó a seis de las ocho víctimas, pero de Diego Fernando y de su compañero Víctor Hugo Espinoza Yaber no ha vuelto a saberse nada.

Foto 2

Diego Fernando Aguirre Pantaleón.

“Lo que los secuestradores le dijeron los muchachos liberados –narra el señor Miguel Ángel– es que que se habían equivocado, que los disculparan, que ellos eran Zetas y que no mataban inocentes, que había sido un error… sin embargo, yo no creo que eso que les dijeron fuese verdad, porque en esos momentos había una abierta confrontación entre los Zetas y la policía, a cada rato se agarraban a balazos, entonces, ¿cómo sería posible que los zetas levantaran a ocho elementos y luego les dijeran ‘disculpen ustedes, nos equivocamos, váyanse a sus casas’? Eso me suena muy ilógico. Yo creo, más bien, que los quisieron asustar, porque iban a ser nuevos elementos, que iban a tratar de cambiar aquí el sistema, y eso no les convenía a los delincuentes.”

Desde que inició su capacitación, destaca su papá, Diego Fernando fue reconocido por sus instructores como un joven con amplia destreza física y disciplina, pero sus planes no incluían únicamente convertirse en policía, sino que, en el corto plazo, pretendía iniciar una maestría en seguridad pública.

Foto 3

Víctor Hugo Espinosa Yaber.

“Estos nuevos reclutas iban a sustituir a los viejos policías ministeriales y a los agentes de investigación con los que contaba la exfiscalía, y que eran agentes corruptos y vinculados con el crimen organizado –señala el señor Miguel Ángel–, sin embargo, contrariamente a esa idea, el entonces fiscal Jesús Torres integró a ese nuevo equipo en formación, a viejos policías estatales ya viciados, quienes, yo creo, más bien funcionaron como ‘halcones’, para poder identificar a los reclutas destacados y poder hacer lo que hicieron: amedrentarlos, torturarlos y desaparecerlos.”

La búsqueda de Diego Fernando, de hecho, quedó en manos del entonces fiscal especial ministerial Domingo González Favela, quien poco después se dio a la fuga, junto con Humberto Torres Chalres (el hermano de quien en ese momento fungía como fiscal general del estado) tras ser acusados de brindar protección a la delincuencia organizada.

“Para mí, fue ese mismo señor, Domingo González Favela, el que los levantó. No les convenía que entraran nuevos elementos, estando tan viciado el sistema.”

Hasta la fecha, ambos expolicías se mantienen prófugos.

“Desde que se llevaron a mi hijo –concluye el señor Miguel Ángel–, yo no he recibido una sola llamada de la Procuraduría estatal, para informarnos de algún avance en las investigaciones, para notificarnos de alguna acción realizada, nada…”

Es por eso que en junio de 2013, el papá de Diego Fernando encaró al gobernador Rubén Moreira, durante un foro sobre desapariciones forzadas en el estado, para solicitar su intervención ante la nula actuación de las autoridades estatales, recibiendo una inmediata oferta de atención, la cual, insiste, “fueron puras palabras, el señor nunca me atendió.”

A continuación, te presentamos el video del momento en que Rubén Moreira promete atender al señor Miguel Ángel Aguirre, hace ya más de diez meses…

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

"El COVID no es una pandemia": científicos creen que es una sindemia (y qué significa)

El hecho de que la enfermedad se exacerba cuando interactúa con otras condiciones de salud que prevalecen en grupos desfavorecidos social y económicamente ha llevado a algunos científicos a pensar que estamos frente a una sindemia.
10 de octubre, 2020
Comparte

Con el correr de los meses, las medidas para evitar la propagación del covid-19 se han ido endureciendo o flexibilizando en distintas partes del mundo según el aumento o disminución de los casos.

Mientras que muchos países en Europa están volviendo a restringir actividades sociales y ordenando cuarentenas después de registrar un número récord de casos, Nueva Zelanda, por ejemplo, pasó a su nivel de alerta más bajo.

Sin embargo, esta estrategia para lidiar con el coronavirus es, en opinión de numerosos científicos, demasiado limitada para detener su avance.

“Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las vías de transmisión viral, para controlar la propagación del patógeno”, escribió recientemente en un editorial Richard Horton, editor jefe de la prestigiosa revista científica The Lancet.

Pero la historia del covid-19 no es tan sencilla.

Por un lado, dice Horton, está el SARS-CoV-2 (el virus que provoca el covid-19) y por otro, una serie de enfermedades no transmisibles. Y estos dos elementos interactúan en un contexto social y ambiental caracterizado por una profunda inequidad social.

Bangladesh

Getty Images
El contagio es mucho mayor en comunidades empobrecidas que no pueden cumplir con las normas de higiene y distancia social.

Estas condiciones, argumenta Horton, exacerban el impacto de estas enfermedades y por ello debemos considerar al covid-19 no como una pandemia, sino como una sindemia.

No se trata de un simple cambio de terminología: entender la crisis de salud que estamos atravesando desde un marco conceptual más amplio abre el camino para buscar soluciones más adecuadas.

Uno más uno es más que dos

El término sindemia (un neologismo que combina sinergia y pandemia) no es nuevo.

Fue acuñado por el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer en los años 90 para explicar una situación en la que “dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades”.

“El impacto de esta interacción está además facilitado por condiciones sociales y ambientales que juntan de alguna manera a estas dos enfermedades o hacen que la población sea más vulnerable a su impacto”, le explica Singer a BBC Mundo.

La interacción con el aspecto social es lo que hace que no se trate sencillamente de una comorbilidad.

Merrill Singer

Merrill Singer
Singer acuñó el término “sindemia” en los años 90.

El concepto surgió cuando el científico y sus colegas investigaban el uso de drogas en comunidades de bajos ingresos en EE.UU., hace más de dos décadas.

Descubrieron que muchos de quienes se inyectaban drogas sufrían de una cantidad de otras enfermedades (tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, entre otras), y los investigadores se empezaron a preguntar cómo éstas coexistían en el cuerpo, y concluyeron que, en algunos casos, la combinación amplificaba el daño.

En el caso del covid-19, “vemos cómo interactúa con una variedad de condiciones preexistentes (diabetes, cáncer, problemas cardíacos y muchos otros factores), y vemos un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas“, explica Singer.

Y enfermedades como la diabetes o la obesidad —que son factores de riesgo para el covid-19— son más comunes en individuos de bajos recursos, añade en conversación con BBC Mundo Tiff-Annie Kenny, investigadora de la Universidad Laval, en Canadá, y quien trabaja en el Ártico con poblaciones afectadas por la inseguridad alimentaria, el cambio climático y condiciones de vivienda que dificultan cumplir con las recomendaciones sanitarias como lavarse las manos o mantener la distancia social.

¿Pero no es el este el caso de la mayoría de enfermedades? ¿No tienen la mayoría de las veces un impacto mayor en los grupos con menos acceso a salud, alimentación, educación e higiene? ¿No se potencian casi siempre cuando se combinan con otra o con una condición médica de base?

En cuanto a la interacción biológica, no es necesariamente siempre así, destaca el científico.

Cementerio en La Paz, Bolivia

Getty Images
La pandemia de covid-19 no se resuelve únicamente por la vía médica, creen los científicos que analizan la situación actual desde el marco conceptual de la sindemia.

“Hay evidencia creciente de que la influenza y el resfriado común son contrasindémicos. Es decir: la situación no empeora. Si una persona está infectada con los dos (virus), una (de las enfermedades) no se desarrolla”.

Y en cuanto al aspecto social, el elemento clave en el caso de una sindemia es que añade la interacción de las enfermedades.

Cambio de estrategia

Analizar la situación a través de la lente de la sindemia, dice Kenny, nos permite pasar de la aproximación de la epidemiología clásica sobre el riesgo de transmisión, a una visión de la persona en su contexto social.

Es una postura compartida por muchos científicos que creen que para frenar el avance y el impacto del coronavirus es crucial poner atención a las condiciones sociales que hacen que ciertos grupos sean más vulnerables a la enfermedad.

“Si realmente queremos acabar con esta pandemia cuyos efectos han sido devastadores en la gente, en la salud, en la economía, o con futuras pandemias de enfermedades infecciosas (hemos visto venir una detrás detrás de otra con cada vez mayor frecuencia: sida, ébola, SARS, zika y ahora covid-19), la lección es que tenemos que abordar las condiciones subyacentes que hacen posible una sindemia”, opina Singer.

“Tenemos que abordar los factores estructurales que hacen que a los pobres les resulte más difícil acceder a la salud o a una dieta adecuada”, agrega.

“El riesgo de no hacerlo es enfrentarnos con otra pandemia como la de covid-19 en el tiempo que tome que una enfermedad existente se escape del mundo animal y pase a los humanos, como ha sido el caso del ébola y el zika, y que continuará ocurriendo a medida que sigamos invadiendo el espacio de las especies salvajes, o a raíz del cambio climático y la deforestación”.

El editor de The Lancet Richard Horton es concluyente: “No importa cuán efectivo sea un tratamiento o cuán protectora una vacuna, la búsqueda de una solución para el covid-19 puramente biomédica fracasará”.

Y concluye: “A menos que los gobiernos diseñen políticas y programas para revertir disparidades profundas, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras frente al covid-19”.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=32WN2Ssveis

https://www.youtube.com/watch?v=fTCVrVu3V4c&t=

https://www.youtube.com/watch?v=pYIf6wjvCOI

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.