Proyecto senatorial de reforma política del DF elimina espacios para participación ciudadana
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Proyecto senatorial de reforma política del DF elimina espacios para participación ciudadana

Tanto en la concepción de la nueva Constitución, como en las nuevas estructuras de gobierno que regirán la vida política, económica, social y cultural en el territorio capitalino, argumentan asociaciones civiles.
Por Paris Martínez @paris_martínez
5 de abril, 2014
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Las principales avenidas del DF lucen casi vacías en el primer día del 2014. Foto: Cuartoscuro

Las principales avenidas del DF lucen casi vacías en el primer día del 2014. Foto: Cuartoscuro

Con la iniciativa de reforma política para el Distrito Federal que, en la actualidad, se encuentra en fase de dictaminación en el Senado de la República, la capital del país volverá a llamarse oficialmente Ciudad de México, será reconocida como una “entidad federativa” igual al resto de las que integran el Pacto de la Unión y podrá contar con una Constitución local, tal como señala el dictamen elaborado por las comisiones unidas de Puntos Constitucionales, del DF y de Estudios Legislativos de la cámara alta.

Además, establece el documento –obtenido y difundido por la red de agrupaciones ciudadanas Derechos Plenos, Capital Soberana–, las delegaciones políticas de la capital del país se convertirán en demarcaciones territoriales gobernadas ya no por un jefe delegacional, sino por un “Alcalde”, que será asistido por un “Concejo” de hasta 14 integrantes, figura similar a los cabildos municipales que operan en el resto del país.

Sin embargo, destacó Édgar Cortez, integrante del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia AC –que a su vez forma parte del movimiento ciudadano Derechos Plenos, Capital Soberana–, el proyecto de dictamen redactado por las Comisiones Unidas del Senado elimina diversas propuestas planteadas con antelación, lo mismo por legisladores que por organismos civiles, relacionadas con la participación de la ciudadanía tanto en la concepción de la nueva Constitución de la Ciudad de México, como en las nuevas estructuras de gobierno que regirán la vida política, económica, social y cultural en el territorio capitalino, las cuales, afirmó, “seguirán supeditadas a los intereses y necesidades de los partidos políticos, de tal forma que la ciudadanía sólo queda como un mero espectador de una negociación que se lleva a nivel cupular.”

En primera instancia, el proyecto de Decreto, en su artículo Séptimo Transitorio, confiere al jefe de Gobierno la “facultad exclusiva” de “elaborar y remitir el proyecto de Constitución Política de la Ciudad de México”, por lo cual, señaló Cortez, si se cumple con el anuncio de aprobar esta reforma en los próximos meses, “el único habitante de la Ciudad de México que podrá participar en la redacción de dicha constitución será Miguel Ángel Mancera, ya que no se dejan establecidos mecanismos de consulta o participación ciudadana, no se están planeando foros, ni debates, ni ningún espacio en donde los distintos habitantes de la capital, a nivel grupal o individual, puedan participar. Porque una Constitución no es sólo un documento legal, es, en el fondo, un gran pacto social en el que quedan reflejados los acuerdos de distintos sectores, en torno al tipo de espacio que quieren habitar, construir y compartir? Sin embargo –subrayó–, en el caso de la Ciudad de México, ese pacto social será establecido no por todos los integrantes de la sociedad, sino por Miguel Ángel Mancera y su grupo de asesores”.

El activista y defensor de derechos humanos recordó que, en buena medida, el proyecto de Decreto que está en dictaminación está basado en la iniciativa de reforma política presentada por el mismo Mancera, en 2013, y recogida por el grupo parlamentario del PRD en el Senado.

“Y esa fue una iniciativa que presentó el jefe de Gobierno, sin que se enriqueciera con ninguna aportación civil, no la discutió con la ciudadanía, siendo que en la capital hay muchas personas, académicos, expertos, y grupos civiles que tienen el derecho de que su opinión sea escuchada, tomada en cuenta e incluida. Sin embargo, hemos llegado a la paradoja de querer reformar la vida de una de las ciudades más importantes del país, pero sin que sus habitantes participen”.

Otro ejemplo de esta situación, destacó, es que el documento elaborado por las Comisiones Unidas del Senado no prevé una convocatoria real a integrar una Asamblea Constituyente, que analice la propuesta de Constitución elaborada por el Jefe de Gobierno, y posteriormente la apruebe, sino que este rol lo cumplirán los mismos diputados de la Asamblea Legislativa, que adoptará un doble rol: el de Poder constituido y el de Poder por constituirse, “lo cual es totalmente paradójico”.

En vez de eso, señaló el representante de la red Derechos Plenos, Capital Soberana, lo conducente es que la ciudadanía elija a los “asambleístas constituyentes”, pero no entre el catálogo de políticos o de aspirantes a una curul que emanen de los partidos, sino de entre la misma sociedad.

“Hasta ahora –afirmó Cortez–, en este proyecto de dictamen está previsto que la Asamblea Constituyente esté integrada únicamente por partidos políticos, cuando tendría que verse como una asamblea plural, representativa, ya que en una ciudad como esta, los partidos no pueden ser las únicas voces que se escuchen. En esa Asamblea Constituyente tendrían que estar los académicos, los expertos, las organizaciones civiles, la ciudadanía, los pueblos originarios, los y las jóvenes, adultos mayores… Ésta es una ciudad tan diversa que el proceso constituyente tendría que reflejar esa misma pluralidad.”

Pero la ciudadanía no sólo fue ignorada al momento de elaborar la iniciativa de reforma que actualmente “se negocia a nivel cupular”, destacó, sino que de ésta iniciativa fue eliminada la propuesta de establecer un proceso de referéndum para sancionar el proyecto constitucional, que inicialmente sí estaba incluida en el paquete de proyectos legislativos que se conjuntaron en el documento de Comisiones Unidas, el cual, concluyó, tampoco prevé mecanismo alguno para remover de su cargo a quien ocupe la Jefatura de Gobierno.

A continuación, te presentamos de forma íntegra, el proyecto de “Dictamen de las Comisiones Unidas de Puntos Constitucionales; del Distrito Federal y de Estudios Legislativos, primera, con opinión de la Comisión Especial para el Desarrollo Metropolitano, en relación con la iniciativa con proyecto de Decreto por el cual se reforman y adicionan diversos artículos de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en materia de Reforma Política de la Ciudad de México”.

Dictamen_2 by http://www.animalpolitico.com

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Antártida: qué países reclaman su soberanía y por qué

El llamado "continente blanco" es el único que no pertenece a ningún país y se rige por un tratado internacional. Sin embargo, 7 naciones reclaman parte de su territorio.
1 de diciembre, 2020
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Imagen satelital de la Antártida

Getty Images
La Antártida es el único continente que no pertenece a ningún país, aunque varios reclaman una porción.

La Antártida es el continente más frío, seco y ventoso de la Tierra, y eso explica por qué es el único sin una población indígena.

Sin embargo, el cuarto continente más grande del mundo -después de Asia, América y África- es uno de los lugares más anhelados del planeta.

Siete países reivindican partes de su extenso territorio de 14 millones de kilómetros cuadrados.

Algunas son naciones lindantes, como Argentina, Australia, Chile y Nueva Zelanda.

Pero también tres países europeos -Francia, Noruega y Reino Unido- reclaman soberanía sobre sectores de la Antártida.

El primero en instalar una base permanente en la región y declarar su soberanía allí fue Argentina, en 1904. La Base Orcadas es la estación científica antártica más antigua todavía en funcionamiento.

El país sudamericano consideraba la región como una extensión de su provincia más austral, Tierra del Fuego, al igual que las islas Malvinas (o Falklands), Georgias del Sur y Sándwich del Sur.

https://www.youtube.com/watch?v=HwQIES5OuyQ

Sin embargo, Reino Unido, que controla esas islas, hizo su propia reclamación antártica en 1908, reivindicando una región que abarca por completo el sector reclamado por Argentina.

Chile, sumó su propio reclamo años más tarde, en 1940, también sobre la base de que era una extensión natural de su territorio.

La Antártica Chilena -como se la conoce allí- forma parte de la Región de Magallanes, la más austral de las 16 regiones en que se divide el país, y se superpone en partes con los terrenos antárticos exigidos por Argentina y Reino Unido.

Las otras demandas de soberanía se basan en las conquistas realizadas por famosos exploradores antárticos a comienzos del siglo XX.

El reclamo de Noruega se funda en las exploraciones de Roald Amundsen, el primero que alcanzó el Polo Sur geográfico, en 1911.

Y las pretensiones de Nueva Zelanda y Australia se basan en las gestas antárticas de James Clark Ross, quien izó la bandera del Imperio británico en territorios que fueron puestos bajo la administración de esos dos países por la Corona británica, en 1923 y 1926, respectivamente.

En tanto, Francia también reclama una pequeña porción de suelo antártico que fue descubierta en 1840 por el comandante Jules Dumont D’Urville, quien lo bautizó Tierra Adelia, en honor a su esposa.

Países que reclaman soberanía en la Antártida

BBC

Sin dueños

Más allá de estos reclamos soberanos, otros 35 países, incluyendo a Alemania, Brasil, China, Estados Unidos, India y Rusia, tienen bases permanentes en el continente blanco.

Sin embargo, el lugar que muchos llaman el Polo Sur (porque contiene el polo sur geográfico) no pertenece a nadie.

La Base Orcadas, de Argentina, ubicada en la Isla Laurie (parte de las Islas Orcadas del Sur, de la Antártida)

Getty Images
La Base Orcadas, de Argentina, ubicada en la Isla Laurie (parte de las Islas Orcadas del Sur, de la Antártida) es la estación permanente más antigua del continente blanco.

Desde 1961 es administrado por un acuerdo internacional, el Tratado Antártico, que fue firmado el 1 de diciembre de 1959 originalmente por los siete países con pretensiones soberanas más otros cinco: Bélgica, Estados Unidos (donde se firmó el acuerdo), Japón, Sudáfrica y Rusia.

El Tratado, firmado en el contexto de la Guerra Fría, buscó evitar una escalada militar, afirmando que “es en interés de toda la humanidad que la Antártida continúe utilizándose siempre exclusivamente para fines pacíficos y que no llegue a ser escenario u objeto de discordia internacional”.

El pacto congeló las reclamaciones territoriales existentes y estableció que la Antártida se convierta en una reserva científica internacional.

También prohibió las pruebas nucleares y “toda medida de carácter militar, excepto para colaborar con las investigaciones científicas”.

Desde entonces, otras 42 naciones se han sumado al Tratado, aunque solo 29 -aquellas que realizan “actividades de investigación sustanciales”- tienen poder de voto y pueden tomar decisiones sobre el presente y futuro de la Antártida.

Hasta ahora todos miembros del pacto han acordado seguir prohibiendo cualquier otra actividad en la Antártida que no sea científica.

Render de una bandera de la Antártida

Getty Images
La Antártida no tiene dueño, pero 29 países con presencia activa en el continente deciden sobre su presente y futuro.

Riqueza

Pero ¿por qué tanto interés por un continente cubierto casi enteramente de hielo?

Uno de los principales motivos tiene que ver con lo que potencialmente yace debajo de ese hielo: abundantes recursos naturales.

“Hay una razón por la cual los geólogos a menudo tienen el lugar más destacado (en las bases científicas de la Antártida)”, señala el documentalista y periodista Matthew Teller, quien ha escrito extensamente para la BBC sobre el continente blanco.

A pesar de que la prospección petrolera y minera está prohibida por el Tratado Antártico, sí se puede explorar con fines científicos.

Así, los expertos han logrado estimar que bajo el suelo antártico hay unos 200.000 millones de barriles de petróleo, dice Teller.

“Mucho más que Kuwait o Abu Dhabi”, resalta.

Sin embargo, hoy no es viable explotar esos recursos, porque -además de que está expresamente prohibido- el costo de extracción sería demasiado alto.

Esto se debe a que, a diferencia del Ártico, que está conformado principalmente por océano congelado, la Antártida es un continente rocoso cubierto de hielo.

Y esa capa de hielo puede alcanzar los cuatro kilómetros de profundidad.

En tanto, construir plataformas petroleras off shore en las proximidades de la costa antártica, donde se cree hay vastos depósitos de petróleo y gas, también resultaría muy costoso debido a que allí el agua se congela en invierno.

Un pingüino en la Antártida

Getty Images
Hoy la Antártida está protegida, pero en 2048 eso podría cambiar.

No obstante -advierte Teller- “es imposible predecir en qué estado estará la economía mundial en 2048, cuando sea el momento de renovar el protocolo que prohíbe la prospección antártica”.

“En ese escenario, un mundo hambriento de energía podría estar desesperado”, afirma.

Además de petróleo y gas, se cree que la región antártica es rica en carbón, plomo, hierro, cromo, cobre, oro, níquel, platino, uranio y plata.

Plataforma continental

El Océano Antártico también tiene grandes poblaciones de kril y peces, cuya pesca es regulada por la Comisión para la Conservación de los Recursos Marinos Vivos Antárticos.

Todas estas riquezas naturales explican por qué los países que reivindican partes de la Antártida también han realizado reclamos ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) para demandar sus derechos de propiedad sobre el lecho marino adyacente a los territorios antárticos que pretenden.

En 2016, la Comisión de Límites de la Plataforma continental (CLPC) de la ONU reconoció el derecho de Argentina de extender sus límites externos en el Atlántico Sur, lo que le permitió al país sudamericano sumar 1,6 millones de kilómetros cuadrados de superficie marítima.

Sin embargo, la CLPC no se pronunció sobre el reclamo relacionado con los territorios antárticos (ni de Argentina ni de ningún otro país) ya que el organismo no considera ni emite recomendaciones sobre áreas en disputa.

Antártida

Getty Images
El Tratado Antártico, que fue firmado el 1 de diciembre de 1959.

Beneficios menos conocidos

Hay dos potenciales utilidades más que tiene el continente blanco, que son únicas, pero menos conocidas que las riquezas naturales tradicionales.

Mientras muchos se enfocan en los potenciales beneficios económicos que yacen kilómetros debajo del hielo o en los mares, pasan por alto lo que muchos consideran será el bien más preciado en el futuro: el agua dulce.

Y es que el hielo que cubre la Antártida es la mayor reserva de agua dulce del mundo, un recurso esencial escaso que algún día podría valer más que el oro.

Se calcula que la Antártida contiene el 70% del agua dulce del planeta, ya que allí se concentra el 90% de todo el hielo de la Tierra.

Y hay mucha más agua dulce congelada que la que se halla debajo del suelo, y en ríos y lagos.

Si se considera que el 97% del agua en el mundo es salada, se comprende la importancia que tiene ese recurso hídrico congelado en el extremo sur del planeta.

La otra ventaja poco conocida de la Antártida tiene que ver con sus cielos, que son particularmente claros e inusualmente libres de interferencias de radio.

Esto los hace ideales para la investigación del espacio profundo y el seguimiento satelital.

El cielo de la Antártida

Getty Images
El cielo antártico es tan potencialmente rico como su suelo y agua.

“Pero también son ideales para el establecimiento de redes de vigilancia encubierta y el control remoto de sistemas de armas de ataque”, advierte Teller.

Australia ha advertido que China podría utilizar su base científica Taishan -la cuarta del país en territorio antártico, construida en 2014- para realizar tareas de vigilancia.

“Las bases antárticas se utilizan cada vez más para un ‘doble uso’: la investigación científica que es útil para fines militares”, denunció el gobierno australiano en 2014.

Sin embargo, el sistema de navegación satelital chino, BeiDou, cumple con las reglas del Tratado Antártico, al igual que el sistema Trollsat de Noruega.


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