Reforma al fuero militar: "Innegable victoria de las víctimas"
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Reforma al fuero militar: "Innegable victoria de las víctimas"

La restricción de la jurisdicción militar en casos donde concurren víctimas civiles es un triunfo de las víctimas y del movimiento de derechos humanos.
Por Centro de Derechos Humanos de La Montaña Tlachinollan.
29 de abril, 2014
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Policías militares. Foto: Cuartoscuro.

Policías militares. Foto: Cuartoscuro.

Cuando Inés Fernández Ortega y Valentina Rosendo Cantú fueron notificadas de que la denuncia que habían presentado durante el 2002 a causa de la violación sexual perpetrada en su contra por elementos del Ejército Mexicano sería investigada por los propios militares, supieron por primera vez qué era el “fuero militar”.

Desde su vivencia como mujeres del pueblo Me’phaa no había discusión jurídica que esclarecer: “fuero militar” era sinónimo de encubrimiento y privilegio. “Fuero militar” significaba que en México un estamento podía ser juez y parte de sus propios crímenes.

Las irregularidades en ambos casos, como en muchos otros, fueron múltiples. A Valentina, por ejemplo, el ministerio público militar la confrontó con sus agresores rodeando con un pelotón de soldados su casa, sin permitirle ningún tipo de asistencia legal o intérprete. “Reconoce al que dices que te violó”, le ordenó el agente con sorna a Valentina, que entonces era menor de edad y no hablaba español, mientras que, amenazantes, se distribuían a su alrededor los castrenses involucrados.

En aquél entonces, como muchas otras víctimas, ambas mujeres acudieron al Poder Judicial de la Federación para evitar que sus casos fueran investigados por instancias castrenses. No lo lograron. En ese entonces hablar en los juzgados federales del control de convencionalidad y del bloque de constitucionalidad despertaba risas burlonas.

Inés y Valentina tuvieron que acudir al Sistema Interamericano para buscar justicia, acompañadas por Tlachinollan y el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) les dio la razón inicialmente y después lo hizo la Corte Interamericana (CorIDH), en dos sentencias que -entre otras cosas- ordenaron la reforma del Código de Justicia Militar y señalaron que en Guerrero persistía la “violencia institucional castrense”.

Este deber también lo señaló el Tribunal Interamericano, en las sentencias que dictó dentro de los casos Rosendo Radilla Pacheco y Rodolfo Montiel Flores y Teodoro Cabrera García (“Campesinos Ecologistas”), acompañados respectivamente por la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH), la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de México (AFADEM) y la familia Radilla en el primer caso, y el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh) en el segundo.

Pero la orden de la Corte Interamericana no fue acatada con prontitud. La administración de Felipe Calderón, luego de defender con denuedo el fuero militar en cuanta instancia pudo, presentó una iniciativa trunca. La anterior legislatura, por su parte, abortó los avances en el tema, tan pronto como las presiones castrenses comenzaron a sentirse en el Senado.

Fue necesario acudir a los tribunales de nuevo. El triunfo de una familia Naua de la Montaña de Guerrero terminó por revertir la situación. En el caso de Bonfilio Rubio Villegas, sus familiares acompañados por Tlachinollan lograron que la Suprema Corte de Justicia de la Nación declarara por primera vez inconstitucional el artículo 57 del Código de Justicia Militar por hacer del fuero castrense un privilegio personal.

De acuerdo al Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan A.C. al inicio de esta legislatura, el tema parecía estancado pero diversas organizaciones exigieron que el tema se tocara en el Congreso y por tanto contribuyeron a que la reforma de la jurisdicción castrense reapareciera en la agenda legislativa.

Además, Tlachinollan publicó un informe analítico que abonó a los aspectos técnicos de la discusión.

“El proceso fue largo y por momentos pareció detenerse de nuevo. No obstante, la coordinación entre los senadores Roberto Gil (PAN), Manuel Camacho (PRD), Alejandro Encinas (PRD), y las senadoras Arely Gómez (PRI) y Angélica de la Peña (PRD), facilitada por sus diligentes equipos, contribuyó a llevar las discusiones a buen puerto. Particularmente, lograr que la SEDENA y la SEMAR pusieran sobre la mesa y en público sus propuestas fue un avance significativo en la vida institucional del país, pues en el pasado las mismas posturas se vertían en espacios informales de presión, como hoy ocurre en otros procesos legislativos -como el generado alrededor de la ley de telecomunicaciones- donde otros “poderes salvajes” ejercen sus presiones mediante otras correas de transmisión”.

Después de un largo proceso, el pasado 24 de abril el Pleno del Senado aprobó por unanimidad el dictamen de reformas que presentaron las comisiones, por el que entre otras cosas se restringe la extensión de la jurisdicción militar en casos donde las víctimas sean civiles. El voto unánime pone de relieve el tamaño de la victoria de las víctimas: si antes en prácticamente todos los partidos surgían voces temerosas a restringir el fuero castrense por temor al poder militar o por estimar infundadas las denuncias sobre la parcialidad de esos órganos, ahora todas las fuerzas políticas reconocieron la veracidad de los señalamientos que por años han sostenido quienes han experimentado la impunidad castrense.

La restricción de la jurisdicción militar en casos donde concurren víctimas civiles es un triunfo de las víctimas y del movimiento de derechos humanos. Se trata de una modificación que va en la ruta adecuada para la reconstrucción de los controles civiles sobre las fuerzas armadas, mismas que nunca fueron suficientemente sólidos en el México del partido hegemónico y que se diluyeron aún más con la militarización de la vida pública que ha caracterizado a los últimos años.

De acuerdo a los representantes del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan A.C, la reforma deja algunos pendientes, como ya lo ha puesto de relieve la Oficina en México de la Alta Comisionado para los Derechos Humanos.

“Algunas voces han querido señalar que se trata incluso de riesgos vinculados a las funciones de la Policía Ministerial Militar; siendo comprensible la desconfianza que siempre permea en estos procesos, es preciso aclarar que esta fuente de preocupación es errónea, pues dicha policía investigadora sólo puede intervenir en delitos cometidos contra la disciplina militar. Más bien, el gran pendiente de la reforma tiene que ver con que seguirán ventilándose en los órganos castrenses los delitos que constituyan violaciones a los derechos humanos de militares, siempre que sean cometidas por sus pares. La reticencia de los altos mandos militares a ceder en este tema debe reabrir la discusión sobre la situación de los derechos humanos de los castrenses dentro del Ejército y la Marina. Sería deseable que los propios militares y marinos protagonicen esta discusión pública”.

Es por ello que diversas organizaciones aseguran que la reforma del Código de Justicia Militar no resuelve todos los problemas asociados a la militarización de la seguridad. Ni siquiera resuelve todos los problemas que presenta el Código de Justicia Militar, legislación anquilosada a la que le urge una reforma integral para garantizar los principios del sistema penal acusatorio y para preservar la independencia e imparcialidad judiciales. Pero no aquilatar en su justa dimensión y como un triunfo de las víctimas el paso dado, sería tanto como minimizar el avance paulatino pero certero de la agenda de derechos humanos frente a un contexto más que adverso.

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VIH/Sida: qué hace este virus al sistema inmunitario y por qué es tan difícil encontrar una cura o una vacuna

Han pasado casi cuatro décadas desde que se reportaron los primeros casos, y pese a todos los esfuerzos sigue siendo una enfermedad incurable. ¿Por qué?
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1 de diciembre, 2020
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Dibujo, infección de VIH

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El blanco del virus son los linfocitos CD4.

Desde que se detectaron los primeros casos a principios de la década de los 80, el VIH (virus de inmunodeficiencia humana) se ha cobrado alrededor de 33 millones de vidas, según cifras de la Organización Mundial de la Salud.

Este virus, que de no tratarse da lugar al síndrome de inmunodeficiencia adquirida o sida, continúa siendo una amenaza para la salud pública: se estima que hay cerca de 38 millones de personas viviendo con VIH (hasta finales de 2019).

Si bien se han hecho grandes avances en cuanto a su tratamiento y prevención, y en la actualidad las personas infectadas pueden llevar una vida saludable, aún no se ha podido hallar una cura para la enfermedad.

Solo dos pacientes hasta la fecha —uno, conocido como el “paciente de Berlín, que falleció en septiembre de este año a raíz de otra enfermedad; el otro, un venezolano establecido en Londres— parecen haberse curado definitivamente del virus.

Tampoco se ha logrado dar con una fórmula para una vacuna, pese a que su búsqueda se inició muy poco después de que se reportaran los primeros casos.

Para entender por qué esta infección es tan difícil de erradicar (en contraposición al coronavirus SARS-CoV-2, que en menos de un año desde que se desató la pandemia cuenta con varias candidatas de vacunas prometedoras), es fundamental comprender primero cómo afecta el VIH a nuestro sistema inmunitario, el arma que tiene nuestro organismo para protegernos de las enfermedades.

Ataque directo al centro de defensa

El VIH entra en nuestro cuerpo a través del intercambio de ciertos fluidos corporales como la sangre, la leche materna, el semen o las secreciones vaginales de una persona infectada.

Es, además, un retrovirus. Es decir, su material genético está en forma de ARN (ácido ribonucleico) y no de ADN. Por ello, antes de insertar sus genes en el genoma de la célula huésped para replicarse, tiene primero que convertir su ARN en ADN.

Esto lo hace mediante un proceso que se conoce como de transcripción inversa (los virus en cambio usan uno de transcripción normal), lo cual genera muchos errores en sus copias -puede que esta explicación te sobre en esta instancia, pero guárdala en tu mente porque te ayudará a entender más adelante por qué es tan difícil desarrollar un tratamiento y una vacuna-.

Investigación

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En el campo de investigación sobre tratamientos para el VIH se han logrado muchos avances.

A diferencia, por ejemplo, del SARS-CoV-2 que ataca y se replica en las células del pulmón y otros órganos que tienen en su superficie el receptor ACE2, el VIH tiene como objetivo principal un tipo de células de nuestro sistema inmunitario: los llamados linfocitos CD4 (o también T CD4).

“Los linfocitos CD4 son una parte fundamental del sistema inmunitario. Son predominantes en todos los procesos de lucha contra distintos patógenos —virus, bacterias, parásitos— y forman parte del centro de coordinación de otra parte del sistema inmune”, le explica a BBC Mundo José Luis Casado, médico del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Ramón y Cajal, en Madrid, España.

“Son una especie de capitanes de las defensas que no solo manejan soldados, sino que coordinan a otros oficiales para luchar contra el enemigo”, añade.

Una vez dentro del CD4, el virus introduce su propio material genético y secuestra el mecanismo de esta célula para replicarse.

Los nuevas copias de VIH salen de la célula y se propagan por el cuerpo, infectando a su vez a otras células y destruyendo gradualmente linfocitos CD4. La reducción de estos linfocitos provoca, en consecuencia, una deficiencia en el sistema inmunitario.

“Cuando el sistema inmunitario reconoce que hay CD4 infectados, activa otras células para matar a estos CD4, y esa inmunoactivación estimula la producción de linfocitos CD4 para compensar a los soldados caídos en batalla”, explica Casado.

Pero este es un proceso compensatorio temporal. “El organismo no sabe mantener altos niveles de activación inmune persistente”, agrega, con lo cual esta estrategia no resulta eficaz a largo plazo, y no se consigue erradicar a todos los CD4 infectados.

Timothy Ray Brown

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Timothy Ray Brown, conocido como el “paciente de Berlín”, fue la primera persona en curarse de VIH. Falleció de cáncer en septiembre de este 2020.

A medida que la infección avanza y el cuerpo va perdiendo su capacidad para defenderse, el individuo infectado se vuelve vulnerable a sufrir otras infecciones conocidas como enfermedades oportunistas.

Cuando la cantidad de linfocitos CD4 cae por debajo de 200 células por milímetro cúbico de sangre (una persona con un sistema inmunitario sano tiene entre 500 y 1.600), o cuando aparecen una o más infecciones oportunistas más allá del recuento de CD4, se considera que una persona infectada tiene sida.

Por qué los tratamientos no logran curar el VIH

Los tratamientos que han dado muy buenos resultados y que se utilizan para controlar el VIH consisten en una combinación de fármacos antirretrovirales que atacan varios aspectos del ciclo de vida del VIH, y evitan así que el virus se multiplique y pueda penetrar células sanas.

Al reducir la carga viral, el sistema inmune tiene más posibilidades de recuperarse y combatir infecciones. Por eso los pacientes en tratamiento —que debe seguirse de por vida— pueden tener una vida prolongada y sin síntomas.

Con el tratamiento antirretroviral se logra que no desarrollen sida ni infecciones oportunistas.

Por otra parte, “si no hay replicación viral, no hay transmisión“, dice Casado, de modo que no hay posibilidad de contagio.

Sin embargo, el virus no desaparece: una vez que penetró la célula puede quedarse allí, en estado latente.

“Tenemos una serie de células CD4 activas y muchas CD4 en reposo. Están allí por si hay una guerra, una infección. Se estima que solo un 2% de células CD4 están activas habitualmente, porque el resto, en situación basal, no las necesitamos”, explica Casado.

Según le dice a BBC Mundo Mundo Nadia Roan, profesora de la Universidad de California, San Francisco, en Estados Unidos, “este reservorio latente de células infectadas es, esencialmente, la principal barrera para encontrar una cura para el VIH”.

Preservativos

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Los preservativos son fundamentales para prevenir el contagio del VIH.

“Sabemos de su existencia desde hace mucho tiempo, pero no hemos podido atacarlo o controlarlo. Y una de las razones es porque no hay un biomarcador en la superficie de estas células que nos permita distinguir entre una célula sana y una célula infectada con VIH”, dice la experta, cuya investigación se centra en encontrar una forma de caracterizar a estas células infectadas.

Estos reservorios de VIH se establecen pocos días después de que una persona se ha infectado, y mientras el virus está escondido dentro de las células no puede ser combatido ni por el sistema inmunológico que no lo reconoce, ni por los fármacos que no pueden destruirlo hasta que entre en acción.

Tratamiento de alto riesgo

Cuando una persona infectada deja el tratamiento antirretroviral por la razón que fuere, el virus se reactiva al poco tiempo.

Solo hubo dos casos en los que el virus parece haber quedado eliminado por completo.

El primero se logró con un trasplante de médula en un paciente que tenía leucemia (el paciente de Berlín), de un donante con una mutación específica en su ADN resistente al VIH.

El otro caso fue el de un paciente venezolano establecido en Londres que padecía linfoma de Hodgkin (un tipo de cáncer), al que se le suministró quimioterapia y se le implantaron células madre también de un donante con la mutación resistente al VIH.

“Básicamente, tuvieron que deshacerse de sus propios sistemas inmunitarios”, explica Roan.

Pero este tratamiento, que en estos casos fue necesario por las otras enfermedades que sufrían los dos pacientes, “no puede utilizarse ampliamente porque el riesgo es muy elevado”, añade.

Hasta el momento, todas las estrategias que se han investigado —incluyendo una que intenta reactivar los reservorios para que el virus salga de la célula y los anticuerpos del plasma puedan erradicarlo— han conseguido disminuir el reservorio, pero no llevarlo a cero.

“El problema es que con quede un solo clon viable de VIH, solo es cuestión de tiempo para que vuelva a infectar a otra célula y vuelva a recomenzar todo el proceso”, dice Casado.

Vacuna

Desde hace décadas investigadores trabajan para encontrar una vacuna sin éxito.

Pastillas

Getty Images
Los antirretrovirales atacan distintas fases del ciclo vital del virus.

Además del problema de la latencia del virus, que lo transforma en un objetivo casi imposible de atacar mientras está “invisible” dentro de la célula, una de las principales razones por las que es difícil dar con una vacuna es su alto grado de mutabilidad.

La mayor parte de las vacunas eficaces estimulan la producción de anticuerpos para neutralizar al virus. Pero como el virus comete muchos errores en su proceso de replicación -lo que te explica más arriba cuando hablaba de la transcripción inversa-, los anticuerpos que produce el sistema inmune para neutralizarlos se vuelven inefectivos contra estas nuevas formas del virus.

“Al virus no le importa tener hijos mutantes siempre que consiga sobrevivir”, dice Casado. “Su variabilidad genética es muy alta, y eso hace que sea muy difícil establecer zonas del VIH que sean buenas desde el punto de vista antigénico, es decir, que creen una respuesta inmunológica adecuada”.

Y no olvidemos que el virus ataca precisamente las células encargadas de orquestar el ataque para combatirlo.

En fin, concluye Casado, “tenemos todo para que sea la vacuna más difícil posible: por el tipo de virus, por el tipo de replicación y por dónde lo hace. Lo tiene todo”.


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