¿Se pueden prohibir los correos fuera del horario de oficina?
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¿Se pueden prohibir los correos fuera del horario de oficina?

Nuevas reglas en Francia protegen a los empleados de los molestos correos electrónicos fuera del horario de oficina. Pero muchos dudan de si eso sería factible en otros lugares
11 de abril, 2014
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CUBA-INTERNETUsted está en el parque, contemplando los árboles tranquilamente. De repente el teléfono emite un alerta. Es un correo electrónico de su jefe. La paz se acabó y usted siente una mezcla de intriga y estrés. ¿Qué querrá? ¿Habré hecho algo mal?

Nuevas reglas en Francia protegen a los empleados de los molestos correos electrónicos fuera del horario de trabajo. ¿Sería una ley en este sentido factible en otros lugares?

En muchos trabajos, los emails no se detienen cuando el empleado sale de la oficina. Y ahora Francia ha decidido actuar. Dos grandes sindicatos firmaron un acuerdo con dos patronales del sector de asesoría técnica, ingeniería, servicios informáticos, recursos humanos y consultoría para intentar ponerle fin a la jornada laboral interminable.

En 1999 Francia se convirtió en el primer y, hasta la fecha, único país del mundo en adoptar una semana laboral de 35 horas.

El nuevo acuerdo beneficia a los trabajadores independientes que están por fuera de las 35 horas semanales. Dice que los empleados tendrán que apagar los teléfonos de trabajo y evitar mirar el correo electrónico laboral, mientras que las empresas no pueden pretender que lean o respondan los mensajes.

Algunos correos fuera del horario de oficina estarán permitidos, pero sólo en “circunstancias excepcionales”.

Desconectarse por obligación

En diciembre de 2011, la alemana Volkswagen anunció que los servidores dejarían de enviar correos electrónicos 30 minutos después del final de los turnos de los empleados y que recién volverían a empezar media hora antes de que la persona volviera a trabajar. La decisión fue imitada por el Ministerio de Trabajo de Alemania.

Si la prohibición de correo electrónico fuera generalizada, no todo el mundo estaría protegido. Como le explica a la BBC Andrew Lilley, un abogado de temas laborales. “Me imagino que muchos puestos de trabajo estarían exentos”.

Los emails en horarios intempestivos, explica Tom de Castella, de la BBC, son principalmente un problema de los empleados de oficina o de “cuello blanco”.

Afectan principalmente a abogados, periodistas y al sector financiero, donde muchos manejan sus propios tiempos. Pero quienes están más abajo en la jerarquía quizás también necesitan protección.

La tecnología ha desdibujado los límites de la jornada de trabajo. En la película de Woody Allen “Tócala de nuevo, Sam” de 1972 hay un chiste sobre un hombre de negocios adicto al trabajo.

Interpretado por Tony Roberts, comienza cada escena llamando a la oficina para dar el número de teléfono donde se lo puede localizar y por cuánto tiempo, seguido por el siguiente número de contacto. Era la excepción: los trabajadores podían desaparecer del radar de los jefes apenas salían de la oficina. Hoy en día cualquier persona con unsmartphone está ubicable.

Michael Reid, profesor de informática, dice que sus noches se interrumpen con regularidad. “Un correo electrónico llega a las 23:45 y sé que un colega está trabajando hasta tarde y quiero apoyarlo. Cuando lo veo en mi bandeja me siento abatido. Me quita el disfrute de lo que estoy haciendo”.

Una consultora de publicidad en Londres que prefiere permanecer en el anonimato, dice que se supone que debe responder los correos electrónicos. Muchos llegan entre las 18 y las 22.

“No hace falta decir que no todos los mensajes de correo electrónico requieren una respuesta inmediata, aunque como debo decidir cuáles sí y cuáles no, al final debo mirarlos a todos”. Ella acepta que los pedidos de información son parte del trabajo. Otros “¿puedo recordarle tal cosa?” o invitaciones a reuniones sin contexto “la vuelven loca”, dice. Ahora apaga su teléfono cuando se va a la cama para asegurarse una noche de sueño ininterrumpido.

Imposible

Hacer cumplir la prohibición del correo electrónico sería casi imposible, argumenta Alief Rezza, analista petrolero en Noruega. Él revisa su correo cada media hora desde que sale del trabajo a las 16:30 hasta las 19. El mercado de valores sigue abierto y podría llegarle un mensaje urgente de sus colegas en Londres.

Cuando se despierta comprueba si los colegas de los EE.UU. o Singapur han estado en contacto. “No creo que la prohibición vaya a funcionar. Si Noruega le prohibiera a mi empresa que yo revise los correos entonces mi empresa tendría que buscar a alguien para que lea ese email en mi bandeja de entrada”, argumenta.

Al igual que muchos otros abogados, Andrew Lilley mira su email cada hora más o menos durante la tarde, y lo mismo en vacaciones. En los días previos a los teléfonos inteligentes recibía llamadas telefónicas. Un correo electrónico es menos intrusivo, argumenta. “La capacidad de estar localizable en el correo electrónico permite que mucha gente pueda salir de la oficina antes”.

Esto puede ser un inconveniente, por supuesto. “No se puede negar que hay ocasiones en las que prefiero terminar lo que estoy haciendo. He tenido que irme del gimnasio para responder un correo electrónico del trabajo. Pero si uno quiere hacer un cierto tipo de trabajo tiene que estar dispuesto a que lo interrumpan”, argumenta.

“Y es tranquilizador saber que los compañeros pueden localizarnos para comprobar algún detalle crucial”.

Paul Sellers, asesor de política de la federación de sindicatos británicos, dice que los británicos tienen el mismo problema que los franceses. Los que trabajan en el derecho, los medios de comunicación, las finanzas y el gobierno no logran desconectarse.

“¿Por qué estamos esperando que la gente trabaje a las 8.30 de la noche?” Los reglamentos relativos al tiempo de trabajo se elaboraron en la década de 1990 antes de que los teléfonos móviles estuvieran en amplia circulación. A los empleados del sistema de salud británico se les paga por estar de guardia, incluso aunque no trabajen. “Si a uno le pagan, lo valoran”, dice Sellers.

Sin embargo, otro punto de vista es que el ocio y el trabajo se mezclan cada vez más. La nueva realidad es que la gente en muchos trabajos creativos combina las vacaciones y el trabajo, dice la columnista delFinancial Times Lucy Kellaway.

Daño colateral

La prohibición de email no es la respuesta, argumenta la investigadora Ksenia Zheltoukhova. Podría incluso perjudicar a los trabajadores que necesitan horarios flexibles: poder tomar un tren, enviar correos electrónicos entre las zonas horarias y salir temprano para cuidar a los niños. Un mejor enfoque es educar a los jefes sobre el equilibrio entre la vida laboral y personal y animarles a priorizar.

Para algunos empleados, el problema no es el propio correo electrónico, sino el daño colateral a los seres queridos “Para mí, los mensajes de correo electrónico a cualquier hora son parte del trabajo”, dice el consultor de publicidad. “Pero a mi pareja le molesta”.

Lilley pensó que había perfeccionado la ojeada discreta al teléfono durante la cena. Pero ya no está tan seguro. “Sospecho que uno está más distraído de lo que crees. Puede ser muy irritante para la gente que te rodea”.

 

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6 formas en las que la pérdida de olfato por COVID-19 te puede afectar a largo plazo

Después de COVID-19, muchas personas se han quedado con impedimentos a largo plazo en su sentido del olfato.
Por Johan N. Lundström / BBC News Mundo
12 de junio, 2022
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Al principio de la pandemia, múltiples estudios mostraron que aproximadamente la mitad de las personas con COVID-19 perdieron el sentido del olfato (un trastorno llamado anosmia) en algún momento durante el curso de la infección.

Aproximadamente, entre un 20% y un 35% adicional experimentó una reducción clínica en su capacidad para oler (hiposmia).

Aunque la evidencia más reciente sugiere que Ómicron podría no conducir a la pérdida del olfato tanto como las variantes anteriores, dado que más de 500 millones de personas han tenido al menos una de las variantes hasta la fecha, todavía son muchos millones de personas que probablemente han experimentado esta condición en algún grado.

Para la mayoría, esto es solo una pérdida temporal de la función. Pero una parte considerable experimentará problemas a más largo plazo.

Estudios recientes muestran que entre 12 y 18 meses después del diagnóstico inicial de COVID-19, entre el 34% y el 46% de las personas aún experimentan una reducción clínica en su sentido del olfato.

Sin embargo, la mayoría de estas personas no son conscientes de ello.

Un problema relacionado es la parosmia, en la que la percepción de los olores de una persona cambia y, a menudo, descubre que se vuelven más desagradables.

La investigación sugiere que hasta el 47% de las personas que han tenido COVID-19 podrían verse afectadas.

Al igual que con la pérdida del olfato, la mayoría de las personas con parosmia probablemente sanarán con el tiempo. Sin embargo, algunas podrían tener problemas más duraderos.

COVID-19 no es la única enfermedad que puede conducir a la pérdida del olfato. También puede ser causada por otros virus o infecciones, o traumatismo craneoencefálico o una variedad de enfermedades neurodegenerativas.

Efectos a largo plazo

Si bien la evidencia sobre la pérdida del olfato posterior a COVID-19 aún está surgiendo, los datos de otros tipos de disfunción olfativa nos dan una idea de algunos de los efectos que la pérdida del olfato a largo plazo puede tener en la vida cotidiana.

1. Seguridad alimentaria

Las personas con esta discapacidad son más propensas a ingerir alimentos en mal estado porque es el olor, ante todo, lo que nos advierte cuando algo se echó a perder.

Esto puede aumentar el riesgo de enfermedades transmitidas por los alimentos.

olfato

Getty Images

2. Gusto

Aparte de las sensaciones gustativas centrales (dulce, salado, amargo, ácido y umami), casi todo lo que experimentamos como sabor es producido por los olores que llegan a los receptores olfatorios en la nariz a través del pasaje oral-nasal en la parte posterior de la garganta.

Desafortunadamente, sin el sentido del olfato, la mayor parte de lo que comes tendrá poco o ningún sabor.

Si se elimina la capacidad de detectar olores, una manzana sabrá como una papa si cierras los ojos.

3. Apetito

Más allá de darnos placer al comer, los olores de la comida también nos estimulan el apetito.

Esto significa que cuando no podemos oler los aromas de la cena que se cocina en el horno, es menos probable que tengamos hambre.

4. Fluctuaciones de peso

La pérdida combinada de apetito y placer de comer hace que la mayoría de las personas con un trastorno del olfato recién adquirido pierdan peso inicialmente.

Sin embargo, nuestros cuerpos están diseñados para mantenernos con vida. Las personas con pérdida del olfato rápidamente comienzan a buscar el placer de otros estímulos sensoriales al comer, como la textura, por ejemplo, en el crujido de los alimentos fritos.

Y en lugar de esperar a tener hambre, muchos simplemente comerán con más frecuencia.

Estos cambios no conscientes en el comportamiento alimentario a menudo dan como resultado un aumento de peso, lo que puede provocar problemas cardiacos a largo plazo y otros problemas de salud relacionados.

5. Relaciones

Hay algunas consecuencias de la pérdida del olfato en las que quizá no pienses de inmediato.

Tomemos, por ejemplo, el hecho de que una persona que no puede oler no podrá controlar su propio olor corporal. Esto puede ser una fuente de timidez e inseguridad en situaciones sociales.

olfato y gusto

Getty Images
Cuando no podemos oler los aromas de la comida es menos probable que tengamos hambre.

Varios estudios han demostrado que un sentido del olfato deficiente está relacionado con una reducción en las interacciones sociales, el número de amigos y el disfrute sexual reportados.

Esto último también podría estar relacionado con la pérdida de la capacidad de sentir el olor de una pareja.

6. Salud mental

Un tercio de las personas que buscan tratamiento para sus problemas de olfato informan haber experimentado una reducción en su calidad de vida y bienestar general, en comparación con su vida antes de tener estos problemas.

Es probable que esto se deba a una combinación de los factores descritos anteriormente.

Las personas con disfunción del olfato a menudo reportan síntomas de depresión, y no es raro que los relacionen con sus problemas de olfato.

Opciones de tratamiento

Lamentablemente, existen pocos tratamientos para las personas que experimentan disfunción del olfato.

Para los problemas de olfato inducidos por virus, el único tratamiento que tiene algún efecto demostrable es el entrenamiento del olfato.

Esto es un poco como la fisioterapia para la nariz y consiste en una terapia de exposición, en la que se le pide al paciente que huela una variedad de olores durante unos 20 minutos, cada mañana y tarde, durante un periodo de dos a tres meses.

Aunque los pacientes rara vez se recuperarán por completo, los estudios han demostrado que el entrenamiento del olfato mejora las funciones olfativas con el tiempo.

Dicho esto, la pandemia de COVID-19 ha dado impulso a la investigación olfatoria, y varios tratamientos nuevos e interesantes se encuentran actualmente en ensayos preclínicos.

Dentro de unos años, es posible que veamos una variedad de tratamientos novedosos para la disfunción del olfato.

Mientras tanto, ¿qué debes hacer si crees que tu sentido del olfato no es como debería ser?

Puedes comenzar a entrenarte con el olfato usando olores domésticos comunes. Si no ves una mejora notable después de seis semanas de entrenamiento, comunícate con tu médico para una evaluación.

*Johan N. Lundström es profesor asociado del Departamento de Neurociencia Clínica del Instituto Karolinska. Este artículo apareció en The Conversation. Puedes leer la versión en inglés aquí.


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