10 crónicas de la lucha contra el narco en Tijuana, en un libro
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

10 crónicas de la lucha contra el narco en Tijuana, en un libro

En el libro 'Viajes al este de la ciudad. Una crónica de la guerra contra el narco en Tijuana', el periodista Omar Millán expone a lo largo de 10 crónicas las múltiples voces de protagonistas que explican la violencia en esta frontera, el dolor y la corrupción generada por el narcotráfico.
Por Manu Ureste
5 de mayo, 2014
Comparte
El libro está ilustrado con fotografías de Guillermo Ari Fotografía: Trilce

El libro incluye fotografías la ‘guerra contra el narco’ en Tijuana, tomadas por Guillermo Arias y Jorge Dueñes. //Fotografía: Trilce

Cuenta el periodista Omar Millán en la introducción de ‘Viajes al este de la ciudad’ que el reportero estadounidense Jon Lee Anderson, considerado como uno de los padres modernos del periodismo narrativo y de la crónica de largo aliento, tiene un aforismo que dice: “Si algo se vuelve cotidiano, nos olvidamos de los detalles”.

Sin embargo, expone Millán, hay algo peor que olvidar los detalles: y es que lo cotidiano se vuelva indiferente, invisible, y que sólo se tenga en cuenta únicamente cuando la situación –balaceras por doquier, miles de homicidios al año, secuestros, decapitaciones…- ha estallado.

Por este motivo, luego de que la editora del diario San Diego Union Tribune le encargara la tarea de buscar los nombres de las víctimas del narcotráfico en Tijuana entre 2008 y 2009 y plasmarlos en un mapa, Omar Millán comienza a dar forma a Viajes al este de la ciudad. Una crónica de la guerra contra el narco en Tijuana (editorial Trilce). Un libro que, como el propio autor destaca, no busca hablar de crímenes ligados al narco como estadísticas, sino analizar el porqué estaban sucediendo, y exponer a lo largo de 10 crónicas las múltiples voces de protagonistas que explican la violencia en esta frontera, el dolor y la corrupción generada por el narcotráfico.

“El lector no se va a encontrar solo con el fenómeno del narco como tal -señala al otro lado del hilo telefónico Omar Millán, en entrevista con Animal Político-. A mí lo que me interesa es plasmar cómo en esta frontera dos décadas antes de que estallara esta guerra ya se advertían síntomas de la tragedia; y cómo, por un lado, esta comunidad fronteriza fue muy tolerante ante la cultura del narco, y por otro, y esta es una paradoja que se van a encontrar en el libro, fue esa misma sociedad la que reaccionó ante el problema”. 

En este sentido, y cuestionado por esa paradoja –“Tijuana es una ciudad de muchas paradojas”, recalca Millán-, el periodista explica que durante décadas existió en esta ciudad fronteriza una especie de ‘síndrome de Estocolmo’, que llevaba a muchos de sus habitantes a preferir a los narcotraficantes como amigos empleando argumentos como “mientras no te metas con ellos, ellos no se van a meter contigo”. “Ese síndrome de Estocolmo surge en Tijuana porque no había ninguna confianza en la autoridad.

La gente no confiaba ni en las procuradurías de justicia, ni en ninguna corporación policiaca… De hecho, el Ejército cuando se instala en las calles de Tijuana lanza una propaganda que titula ‘Nosotros sí vamos’, porque ninguna otra corporación de seguridad le estaba respondiendo a la gente. Y ante esta situación, prevaleció la idea durante muchos años de que era mejor tener a los narcos como amigos, o no denunciarlos. O incluso, surgió la idea de que era mejor no enfadarlos y convivir con ellos”.

Pero con la declaración de la guerra contra el narco llega a Tijuana los años de hasta 800 homicidios de promedio, además de miles de desapariciones, que hicieron de esta ciudad, especialmente de su zona oriente “donde se concentró el sadismo del crimen organizado”, una de las urbes más violentas del mundo, junto con la también fronteriza Ciudad Juárez.

“Hubo un momento en el que se produce un caos en Tijuana con una serie de matanzas en las calles -señala el reportero que recuerda los viajes en su automóvil al este de la ciudad no por el morbo de ver un cadáver producto de un enfrentamiento entre grupos criminales o de un ajuste de cuentas, sino por ver en el paisaje la maldad que había ocasionado la muerte-.

Además -continúa su exposición Millán- había una completa descoordinación entre el gobierno estatal y las autoridades federales. Sin embargo, de pronto se empieza a organizar todo. El expresidente Calderón tuvo el apoyo en Tijuana que no tuvo en otras regiones del país, y además surgieron grupos de artistas que llamaron a no abandonar la ciudad, y comenzaron a darse una serie de actividades paralelas a la guerra contra el narco, como ópera en la calle, exposiciones al aire libre, festivales de música, y orquestas comunitarias que integraban a niños de los barrios más afectados por la violencia por el crimen organizado”. 

Tijuana, hoy

La ciudad había sido rescatada, o al menos una buena parte de ella. La estrategia del Gobierno Federal, señala el periodista, “tuvo relativo éxito”: los delitos de “alto impacto” -eufemismo que emplean las autoridades para referirse en realidad a asesinatos en plena luz del día, balaceras, decapitaciones y demás- se han “aminorado” en la actualidad en Tijuana. 

Además, tal y como presumió el ejecutivo de Calderón se detuvo a algunos de los principales narcos, hubo grandes decomisos de droga y armas, descrubrimiento de túneles transfronterizoss y arrestos de funcionarios públicos acusados de corrupción. Sin embargo, tal y como apunta Omar Millán en su libro, la guerra contra el narco también ha dejado como consecuencia un aumento desmedido de adictos.

“El problema del narco es de demanda de droga y económico, pero también un problema de educación. Y hoy todavía no vemos iniciativas que hablen sobre educación. Es decir, no hay una mayor inversión en las escuelas, o en construir nuevos centros educativos. Por eso el problema sigue. Y en el caso de Tijuana sí es cierto que se redujo la violencia por la reacción de la comunidad y la acción de las autoridades, pero aún el año pasado hubo poco más de 500 homicidios ligados al narco, y en el año 2012 hubo más de 400″, concluye el periodista.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Elecciones en Colombia: el país decidirá cuán profundo es el cambio que desea (y quién lo representa mejor)

Todos los candidatos de las presidenciales de este domingo, incluidos aquellos cercanos al gobierno saliente de Iván Duque, hablan de un cambio para Colombia. El favorito, Gustavo Petro, propone una ruptura en la historia. Esto es lo que está en juego.
29 de mayo, 2022
Comparte
Elecciones en Colombia

Getty Images

Todas las elecciones son históricas, pero unas más que otras. Todas las elecciones buscan un cambio, pero unas más que otras.

Lo que vive Colombia este domingo en las presidenciales promete ser histórico por la dimensión del cambio que puede significar.

Todos los candidatos, incluidos aquellos cercanos al gobierno saliente de Iván Duque, proponen un cambio; sea este moderado, profundo o conservador. Pero cambio.

Más del 85% de los colombianos piensa, según la encuesta Invamer, que el país va por mal camino. Desde los años 90, el momento más agudo del conflicto armado, no se reportaban números de pesimismo tan altos.

La política colombiana, a pesar del récord de violencia, se ha destacado por ser una de las más estables de América Latina: acá no hubo golpes de Estado, ni regímenes de facto, ni un gobierno que marcara una ruptura con los anteriores.

Pero esa estabilidad, también manifiesta en una economía sin altibajos, tiene sus críticos. O es considerada una “farsa” por una gran cantidad de colombianos que aluden a la violencia y a la desigualdad, una de las más altas del mundo, como resultados de gobiernos “oligárquicos” y “corruptos”.

Esos colombianos, la mayoría de ellos jóvenes, ahora parecen empoderados. Muchos de ellos llenaron las calles en 2019 y 2021, en olas de protestas inéditas para un país ensimismado por la guerra durante décadas.

El proceso de paz firmado con la guerrilla en 2016 parece haber abierto una caja de pandora de demandas sociales, económicas y culturales.

Elecciones en Colombia

Getty Images

Al sentimiento de indignación hacia lo que acá llaman “el establecimiento” se añaden dos elementos sensibles: la crisis económica heredada de la pandemia, que aumentó el desempleo, la pobreza y la informalidad laboral, y un conflicto armado que amenaza con resurgir.

Todo esto ha hecho que los colombianos, en contra de todo pronóstico, se hayan puesto de acuerdo en algo: que hay que cambiar.

La pregunta, y eso es lo que tendrán que definir en estas presidenciales, es cómo y cuánto.

Alexander Vega

Getty Images
Por primera vez en muchos años el registrador, Alex Vega, es protagonista central de las elecciones. Y eso se deba a que el sistema electoral está cuestionado.

Los tipos de cambio

Las encuestas vaticinan que la de este domingo será la primera de dos rondas electorales. Para ganar en primera vuelta se necesita la mitad más uno de los votos, una ventaja que, según las encuestas, ningún candidato tiene a su favor.

En el tarjetón habrá ocho opciones, pero dos de ellas ya se retiraron.

Para sumar a las facetas inéditas de esta elección está que por primera vez existe un manto de dudas sobre el proceso electoral: los candidatos han declarado estar preocupados por la falta de garantías del sistema de votación. El terreno, quizá en como ninguna otra elección reciente, está embarrado.

El líder de las encuestas es Gustavo Petro, un viejo conocido de la política nacional cuyo triunfo, sin embargo, significaría una ruptura en la historia. La larga campaña ha estado marcada por su figura, que desafía a los gobernantes “de siempre”. Incluso existe la mínima posibilidad de que gane en primera vuelta.

Un gobierno de izquierda como el que él propone sería un hito histórico para un país sin experiencias realmente progresistas o revolucionarias en el poder. Muchos lo ven como “un salto al vacío”.

Exguerrillero del M19, valiente congresista y polémico alcalde de Bogotá entre 2012 y 2016, Petro ha hecho una carrera política a partir del enfrentamiento con la clase política gobernante y de la denuncia de la corrupción y la violación de derechos humanos.

Gustavo Petro

Getty Images
Petro hace campaña con un enorme esquema de seguridad. Da los discursos con escudos antibalas. Candidatos como él en el pasado han sido asesinados.

Esta es la tercera vez que se lanza a la presidencia. Ahora propone un “pacto histórico” que congregue “diferentes”, al que se han adherido políticos de todas las ramas, incluidos algunos cuestionados en el pasado por el mismo Petro.

Su personalidad, catalogada por algunos como de “déspota” y “megalómana”, le genera un rechazo y una desconfianza que pueden pasarle factura en segunda vuelta.

El economista, especializado en medio ambiente, propone profundas reformas en pensiones, salud, educación, impuestos y subsidios. Promete una reforma agraria, pendiente por décadas en un país de enorme desigualdad en la propiedad de la tierra. Asegura que va a transformar la economía extractiva basada en exportaciones por una industrialista y agrícola con altos aranceles a las importaciones.

Su programa, de ser ejecutado, supondría un shock para un modelo económico que no sufrió grandes cambios por décadas. Un programa que asusta a algunos e ilusiona a otros. Y que vaticina un choque de poderes que puede traducirse en ingobernabilidad.

“Llegó el momento”, pregonó Petro en su cierre de campaña en Bogotá. “No necesitamos fusiles como ellos ni apuntar con una escopeta de gases lacrimógenos a nadie. Ni todos los fusiles juntos podrían cambiar la historia como sí lo puede cambiar un esfero (un bolígrafo). Un esfero es más importante que un fusil y lo vamos a demostrar”.

“El domingo cambiaremos la historia de Colombia”, dijo.

Federico Gutiérrez

Getty Images
Federico Gutiérrez se muestra como un colombiano común, que habla y trabaja como el común. Es la carta del establecimiento gobernante.

En el segundo lugar de las encuestas está Federico Gutiérrez, mejor conocido como “Fico”.

Alcalde de Medellín entre 2016 y 2019, Gutiérrez es el candidato más cercano a la derecha gobernante, aunque él se percibe como una opción de “cambio responsable” que busca “cambiar lo que no sirve y mejorar lo que sí sirve”, sobre todo en términos de seguridad y creación de empleo.

El ingeniero civil de 47 años se presenta como el “presidente de la gente” y usa un lenguaje simple e informal para sustentarlo. Dice haber ejecutado el 95% de su plan como alcalde. Su gran ventaja es el apoyo de los partidos tradicionales y las grandes élites regionales ligadas al empresariado. Esa es la fuerza que ha definido quién es presidente prácticamente toda la vida.

“Sí necesitamos el cambio”, exclamó en su arenga de cierre en Medellín.

“Un cambio que signifique un país sin hambre, sin odios, sin discursos de lucha de clases, sin corruptos y sin violentos”.

“Unamos a Colombia”, clamó, en lo que ha sido una de sus principales líneas de campaña: la unión.

Rodolfo Hernández

Getty Images
Rodolfo Hernández está rodeado de jóvenes, pero tienen 77 años. Hizo una fortuna construyendo vivienda social. Es un enigma político.

El tercero en la mayoría de las encuestas es Rodolfo Hernández, una de las revelaciones de la elección.

De 77 años, el empresario de finca raíz y exalcalde de Bucaramanga ha hecho una campaña novedosa a través de TikTok, ejecutada por decenas de jóvenes que él llama “la muchachada” y en la que se presenta como un arrollador de la corrupción. Un personaje del común hastiado con quienes gobernaron este país.

No es claro si es de derecha o de izquierda, si votó sí o no por el acuerdo paz de 2016 con la guerrilla, pero promete reducir el gasto público, bajar impuestos, condonar deudas estudiantiles, modificar las prisiones y negociar con las guerrillas vigentes.

Desconocido a nivel nacional hace seis meses, el discurso chabacano y vehemente de Hernández parece seducir a la gente, de edades y clases diversas, sin ideología política pero preocupada por la corrupción y el clientelismo históricos. La gente que ve atractivo un candidato diferente, un “outsider”.

Si avanza a la segunda vuelta, como revelaron algunas encuestas justo antes de la veda electoral hace una semana, sería un sacudón para la campaña. El timing de su subida pudo haber sido perfecto.

Sergio Fajardo

Getty Images
Sergio Fajardo, el candidato profesor, usa la educación como principal carta para cambiar el país.

El último candidato que en las encuestas tiene cierta chance de calificar a la segunda vuelta es Sergio Fajardo, quien hace cuatro años no entró por apenas 200.000 votos de diferencia con Petro.

El también exalcalde de Medellín, crítico de la derecha y de la izquierda, representa un “cambio sin rabia” que acabe con la polarización y una a los colombianos. Fajardo es un obsesivo de las formas, de la ética, de la decencia, del perjuicio de los atajos y el utilitarismo: “Como se llega al poder, se gobierna”, suele decir.

El doctor en Matemáticas ha sido uno de los grandes impulsores de la educación como base de los cambios económicos y políticos que pide Colombia. Tiene de su lado a economistas, ingenieros y gestores culturales de reconocimiento internacional.

La diferencia del Fajardo de ahora con el de hace cuatro años no es grande en términos discursivos ni programáticos. Su campaña ha estado plagada de errores y divisiones. Eso en parte explica una caída en las encuestas que él pide no tener en cuenta, sino “votar a conciencia”.

Colombiano votando

Getty Images

Un país distinto

Aunque históricamente la abstención en Colombia ha sido alta, hasta ahora los colombianos nunca eligieron una opción de cambio tan drástica como la que podrían significar Petro o Hernández.

Solo el hecho de que ellos tengan opciones de ganar ya es un desarrollo histórico.

El hartazgo con el estado de las cosas es notable e inédito. Pero además se da tras una profunda transformación de las prioridades y preocupaciones de la gente.

Durante décadas los presidentes fueron elegidos por su postura ante el conflicto armado, las guerrillas, el terrorismo. Eso explica la inmensa popularidad de Álvaro Uribe en los últimos 20 años.

Pero este año la cosa cambió. Uribe, de hecho, está casi ausente en la campaña. El silencio sobre la guerra asombra. En su lugar se habla de pensiones, racismo, desigualdad, corrupción, medio ambiente.

Los colombianos, por primera vez, esperan cambios de fondo en estos temas. Y ahora irán a las urnas en busca de alguien que pueda ejecutarlos.

El país ya cambió. Ahora veremos si sus gobernantes también.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=asyDLF9LXlI

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.