Arqueólogos del INAH corroboran existencia de ciudad maya oculta
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Arqueólogos del INAH corroboran existencia de ciudad maya oculta

Arqueólogos del INAH corroboraron la existencia de Noh Kah, “Ciudad Grande”, una zona arqueológica maya de 34 hectáreas y al menos seis grupos arquitectónicos ocultos en la selva de Quintana Roo.
12 de mayo, 2014
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Arqueólogos del INAH confirmarón que la selva de Quintana Roo oculta un antiguo núcleo urbano de más de 34 hectáreas, con por lo menos seis grupos arquitectónicos. Foto: Notimex.

Arqueólogos del INAH confirmarón que la selva de Quintana Roo oculta un antiguo núcleo urbano de más de 34 hectáreas, con por lo menos seis grupos arquitectónicos. Foto: Notimex.

Arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) corroboraron la existencia de Noh Kah, “Ciudad Grande”, una zona arqueológica maya de 34 hectáreas y al menos seis grupos arquitectónicos ocultos en la selva de Quintana Roo.

En un comunicado, el INAH explicó que urbe fue explorada después del descubrimiento de un muro revestido con piedras cuadrangulares de las que penden largas lianas, realizado por pobladores del ejido Botes-Rovirosa.

Sobre dicho muro, el arqueólogo Javier López Camacho destacó que se trata de una construcción posterior al auge que experimentó la urbe, hace más de mil 500 años, en el periodo Clásico Temprano, entre 250 y 600 d.C.

Así, desde hace dos años especialistas de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), en coordinación con el Centro INAH Quintana Roo, realizan la recolección de material cerámico y el levantamiento topográfico de la milenaria metrópoli, de la cual han definido los seis grupos arquitectónicos.

López Camacho mencionó que “Noh Kah pertenece a un área muy importante que es la ribera del río Hondo, colindante con Belice, donde se extienden sitios monumentales que desconocíamos totalmente y que van a arrojar datos relevantes para la reconstrucción histórica de lo que se conoce ahora en sitios como Dzibanché y Kohunlich”.

Para delimitar el territorio se utilizó el reconocimiento aéreo, pero debido a la abundancia de la selva fue necesario hacer un recorrido en superficie a fin de obtener coordenadas precisas, localizarlo y mapearlo, lo que permite al equipo de especialistas hacer lecturas de distancia mediante ondeas electromagnéticas.

“El Paredón”, un muro revestido con piedras cuadrangulares de las que penden largas lianas, evidencia clara de una antigua urbe que había “devorado” la selva. Foto: Notimex.

“El Paredón”, un muro revestido con piedras cuadrangulares de las que penden largas lianas, evidencia clara de una antigua urbe que había “devorado” la selva. Foto: Notimex.

“Ciudad Grande” incluso puede brindar conocimiento sobre la influencia de la dinastía Kaan en lo que hoy es el sur de Quintana Roo, reconocida por la presencia del glifo de la “Cabeza de Serpiente” en sitios como El Resbalón, Dzibanché” y Pol Box, o Los Alacranes en Campeche, explicó el instituto.

“Hubo un control muy fuerte por parte de esta dinastía para el Clásico Temprano, claro que el sitio Noh Kah estaría sujeto a una entidad política mayor que podría ubicarse más al norte del área geográfica”, explicó López Camacho, responsable del Laboratorio de Topografía de la ENAH.

La forma y organización de los montículos, así como la mampostería expuesta, revelan dos etapas culturales en la ciudad; la primera de ellas, para el Clásico Temprano, en relación con la expansión de instituciones de gobierno y cultura material.

Tras la derrota de Tikal, hacia 562 d.C., por parte de Calakmul, el asentamiento tuvo otro periodo de desarrollo. “Hablamos del Clásico Tardío, aproximadamente entre 600 y 800 d.C., influenciado por la provincia de Río Bec, en la región central de la península de Yucatán”, refirió el arqueólogo.

El patrón de distribución coincide con el modelo de asentamiento de otros sitios del sur de Quintana Roo, el cual se caracteriza por la separación del área nuclear de las ciudades a fin de ejercer un mayor control de la población.

Por ello, los grupos arquitectónicos de la antigua urbe han sido nombrados “El Corozal”, “El Pich”, “El Pocito”, “Hop Na” y “El Veinte”, que se hallan separados por distancias que oscilan entre 0.5 y 3.0 kilómetros.

El especialista comentó que es interesante el acondicionamiento que se hizo del lugar dado lo accidentado de la orografía, de ese modo los antiguos constructores adecuaron las laderas para habilitar terrazas, lo que hace difícil su detección desde el aire y también motivó que se mantuviera oculto por siglos.

En “El Corozal”, próximo a la gran aguada que debió abastecer a todo el asentamiento, se observan dos conjuntos en torno a las plazas; frente a éste se ubica “El Pich”, el grupo desde cual se ejercía el poder político, según revela su arquitectura, en la sobresale un montículo alargado cuya base mide 100 metros.

También en “El Pich” se distinguen tres patios, en diferentes niveles, rodeados por estructuras habitacionales y en cada uno de ellos sobresale una edificación de mayor altura que los preside.

En “El Veinte” se reconoce un basamento piramidal sobre la loma más alta, que se orienta hacia el núcleo que forman los grupos “El Pich”, “El Pocito” y “El Paredón”, integrándose de ese modo al sitio, a pesar de su distancia de 1.5 kilómetros al sur.

El mapeo busca ver cómo se estructuraba Noh Kah, la forma en que los grupos arquitectónicos se unían a través de calzadas y la infraestructura que permitía el aprovisionamiento de agua. Estos datos ayudarán a entender la organización del sitio y su evolución temporal, desde el Clásico Temprano al Clásico Tardío, indicó el INAH.

Noh Kah, “Ciudad Grande”, se ha ido convirtiendo en una entrada de ingresos para los pobladores cercanos gracias a la implementación del Programa de Empleo Temporal para su mantenimiento, y también de reconocimiento de su propio pasado, finalizó.

Notimex*

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Los días que la reina Isabel II escuchó La cucaracha, comió recalentado y vio actuar a Pedro Vargas en México

La soberana británica visitó, junto a su esposo, el príncipe Felipe, México en 1975 y 1983. Te contamos detalles de sus viajes y los recuerdos que han evocado en la monarca.
4 de junio, 2022
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Fue sin duda un homenaje especial, que además coincidió con el Día de la Bandera.

El 24 de febrero de 1975 una multitud se congregó en el Zócalo de la capital de México para recibir a la reina Isabel II, que ese día iniciaba junto a su marido, el príncipe Felipe, la primera visita oficial de un monarca británico a ese país.

Para celebrarla hubo flores, música, cantos, aplausos, pompones, gimnastas. Y audaces apuestas artísticas.

En una de ellas, un grupo de jóvenes consiguió hacer una animación en la que se observaban a Charlie Chaplin y a Cantinflas -los emblemáticos humoristas de ambos países- correr el uno hacia el otro hasta darse la mano y finalmente abrazarse.

Seguidamente formaron la frase: “United by friendship” (“Unidos por la amistad”). También otras oraciones, en inglés y español, como “Larga vida Isabel II” y “Viva México”.

“El cariño que se le manifestaba era muy evidente. Había una demostración de alegría y de buena voluntad para enviarle un mensaje a la soberana de que era muy bienvenida a México”, le cuenta a BBC Mundo César Lajud, profesor mexicano de Economía en la Universidad Nebrija de Madrid, que estuvo presente en la ocasión.

Los diarios cubrieron en detalle el inédito viaje.

Así reseñó el diario El Universal la cena de honor que Isabel II ofreció en la embajada británica en México en honor del presidente Luis Echeverría y su esposa, María Ester Zuno, el 25 de febrero.

“Con sus exquisitos dotes de anfitriona sirvió como platillo principal pollitos tiernos rellenos de paté, con guarnición de corazones de alcachofa. Un conjunto musical ejecutó música de autores europeos y estadounidenses, además de un arreglo de ‘La Cucaracha’“.

“Recuerdo el detalle de ‘La Cucaracha’…. Entiendo que escucharla les resultó muy agradable a los visitantes”, rememora Lajud.

“Es una canción históricamente vinculada a la Revolución Mexicana, que se ha ido adaptando a la cultura del país, y se ha convertido en un referente cuando se quiere alegrar cualquier momento”, indica.

Renovar lazos

La visita de la reina conmemoraba el 150 aniversario de un importante acuerdo comercial y de navegación entre Reino Unido y México, firmado en 1825.

Hasta 1945, Reino Unido había sido el principal socio comercial de gran parte de América Latina.

La reina Isabel II con el presidente mexicano Luis Echeverría

Serge Lemoine/Getty Images
La reina Isabel II con el presidente mexicano Luis Echeverría durante su visita a México en 1975.

Pero con su rol protagónico en la lucha contra los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y dado que la mayor parte de sus colonias estaban en Asia y África, comenzó a prestarle menos atención a Latinoamérica.

La situación cambiaría en la década de los 70.

Y es que ante su imagen muy eclipsada por el peso de Estados Unidos, “Reino Unido quería decir: vamos a regresar“, le explica a BBC Mundo el profesor Harim Gutiérrez, de la Universidad Autónoma Metropolitana de México.

En ese contexto, “la visita de la reina era una buena oportunidad para mejorar las relaciones con México y con otros países de América Latina y de promover la imagen del Reino Unido en la región”, señala el experto.

Un México que se proyectaba

A medida que avanzaba el siglo XX, los gobiernos mexicanos se habían dado cuenta de “la necesidad de ampliar sus horizontes internacionales” para no restringirse únicamente a las relaciones con Washington, su principal socio comercial.

La reina Isabel II y el Príncipe Felipe

Serge Lemoine/Getty Images

De acuerdo con Gutiérrez, hasta ese momento ningún mandatario había tenido una política exterior tan activa como Luis Echeverría (1970-1976).

Entre el 29 de marzo y el 24 de abril de 1973, el presidente visitó Canadá, Reino Unido, Bélgica, Francia, la entonces Unión Soviética y China. Y en su paso por Inglaterra fue invitado junto a su esposa al Castillo de Windsor a una cena privada con la reina Isabel y el príncipe Felipe.

Fue en esa gira que Echeverría invitó a jefes de Estado para que visitaran su país.

Y, por supuesto, la reina Isabel II fue una de ellas.

“Hasta lo que recuerdo, fue apenas la tercera vez que un monarca extranjero visitaba México”, indica Gutiérrez.

La reina Isabel II en México

Serge Lemoine/Getty Images

El primero fue el emperador etíope Haile Selassie I, en 1954, y la segunda fue la reina Juliana de Holanda, en 1964.

“Pero por la preponderancia económica y cultural que ha tenido el Reino Unido, despertó mucho más interés en la población mexicana la visita de la reina Isabel que las previas”, comenta el experto.

El príncipe Felipe ya había visitado México, en los años 60, en un viaje considerado no oficial.

“De alguna forma ya había un antecedente de que la realeza británica iba a ser bien recibida”.

El papel del PRI

“Algo que fue llamativo para la reina es que decía que solamente en la India había sido recibida por multitudes más numerosas que en México”, recuerda Gutiérrez.

La reina Isabel II y el Príncipe Felipe en un automóvil descubierto bañados con confeti

Serge Lemoine/Getty Images

De acuerdo con el experto, muchos de los eventos fueron organizados por el gobierno.

“El gobernante Partido Revolucionario Institucional, el PRI, era una organización que tenía muchísima habilidad y experiencia para movilizar a sus simpatizantes“, lo cual no sólo se reflejaba en los comicios electorales, sino en otro tipo de actividades, explica Gutiérrez.

“Muchas de esas personas iban con gusto a los actos que convocaba el gobierno, pues eran como una fiesta popular, no les costaba dinero, les daban transporte, algún refrigerio y, bueno, no todos los días venía la reina Isabel II a México”, indica.

“Eran contingentes de sindicatos, de obreros, de organizaciones de campesinos, de vecinos, deportistas, estudiantes, que además podían hacer espectáculos como formar, con cartones de colores, letreros y hasta animaciones”.

“En el Zócalo, por ejemplo, hicieron una tribuna y en ella cientos de personas formaron dibujos en honor a la reina”.

Y una composición gigante de los rostros de la soberana y del presidente y de las banderas de ambos países, con la palabra “Amistad” en el medio de ambos líderes.

La reina Isabel II y el Príncipe Felipe en un automóvil descubierto

Serge Lemoine/Getty Images

Un viaje cultural

Isabel II y su marido entraron a México a través de Cozumel a bordo del yate real Britannia. Desde allí volaron a Ciudad de México.

Además de la capital, visitó otros lugares.

“La reina dijo que ella había aprendido de la cultura maya en libros y que le emocionaba mucho poder visitar el lugar y conocerlo con sus propios ojos”, evoca Gutiérrez.

Estuvo en la zona arqueológica de Monte Albán, una de las ciudades más importantes de Mesoamérica, ubicada a 8 kilómetros de la ciudad de Oaxaca de Juárez, y en Yucatán inauguró el Parque Zoológico La Reina en Tizimín, que fue nombrado en su honor.

Además, paseó por mercados y asistió a exposiciones de arte y artesanías organizadas exclusivamente para ella, recibió muchos regalos y aprovechó la ocasión para comprar cerámicas, cobijas, manteles.

La reina Isabel II en México

Serge Lemoine/Getty Images
La soberana visitó la zona arqueológica de Uxmal.

“También fue algo muy notorio en la prensa de la época, que una señora rompió la valla (de seguridad) y le obsequió un rebozo y que la reina lo usó durante el resto de esa jornada”.

Y aprovechando la visita de la reina, el gobierno mexicano promovió la idea de que México era un lugar seguro para visitar y un destino turístico atractivo.

“Así que si la reina era bien recibida y la prensa internacional cubría los lugares más atractivos que visitó, como por ejemplo Guanajuato, Yucatán y Oaxaca, había una posibilidad muy razonable de que eso ayudara a promover el turismo extranjero en el país, empezando por el británico y el europeo”, asegura Gutiérrez.

“Si iba a mercados de artesanía, visitaba las zonas arqueológicas, acudía a los mercados populares, le regalaban comida típica, tlacoyos, tortillas y otros platos típicos, entonces también se volvía otra promoción para el país”, afirma.

La reina Isabel II en México

Serge Lemoine/Getty Images

El canto del Rey

De acuerdo con la crónica realizada por el diario El Universal, el 27 de febrero la reina comió recalentado mientras sonaba música de Agustín Lara, ‘popurrís’ de canciones mexicanas” interpretadas en órgano.

Pedro Vargas, ‘El Tenor Continental’, hizo su aparición y después de cantar ‘Solamente una vez’, siguió con ‘Noches de ronda’ y recibió los aplausos de todos. Al pasar ante la reina, le hizo una reverencia y ella le sonrió”.

La reina Isabel II en México, bajando de un tren

Serge Lemoine/Getty Images
Quintana Roo, Guanajuato, Oaxaca y Yucatán estuvieron entre los lugares que la soberana visitó.

La monarca también visitó la Alhóndiga de Granaditas, “el edificio histórico más famoso de Guanajuato”, indica Gutiérrez.

La reina y su marido estuvieron en México hasta el 1 de marzo.

Antes de partir, la monarca destacó “el encanto y amabilidad” de los mexicanos.

“Nuestro profundo agradecimiento a todos los que planearon y organizaron nuestra visita con tanta meticulosidad e imaginación”, dijo Isabel.

Una segunda visita diferente

La reina regresó en 1983. “Volver consolidó la relación entre su país y México”, dice Lajud.

“En 1983, dado que la situación económica de México era mucho más apremiante que en 1975, la visita de la reina no tuvo tanta repercusión popular”, indica Gutiérrez.

“El ánimo del país no era festivo porque el año anterior había ocurrido una crisis económica muy fuerte causada por la baja del precio del petróleo”.

La reina Isabel II en un autobús en México

Eddie Sanderson/Getty Images
La agencia de fotografía Getty cuenta que en el interior del autobús solo estaba la reina, su asistente personal y el conductor.

Se trató, según el experto, de una visita más discreta, aunque miles de personas salieron a recibirla con alegría en las diferentes localidades a donde fue.

“También me puedo aventurar a decir que ese momento (la visita) sirvió para mejorar las relaciones entre México y Reino Unido”, tras la guerra de las Malvinas/Falklands en 1982, cuando México apoyó la demanda argentina sobre las islas.

Lajud coincide: “De alguna manera, trató de suavizar y mejorar la presencia de Gran Bretaña en Latinoamérica”.

Además, explica Gutiérrez, a diferencia de los años 70, la oposición de izquierda, “aunque minoritaria todavía, ya tenía mayor visibilidad pública”.

Y desde una posición antimperialista, republicana y antimonárquica, protestaron contra la visita de la reina Isabel “e incluso pidieron oficialmente al gobierno de México que no fuera recibida”.

La reina Isabel II en México en 1983

John Shelley Collection/Avalon/Getty Images

Aunque un tanto diferentes, ambas visitas hicieron historia en México y dejaron huella en la reina.

En marzo de 2015, en un discurso que ofreció a propósito de la visita a Reino Unido del entonces presidente de México, Enrique Peña Nieto, la monarca dijo:

“El Príncipe Felipe y yo guardamos cálidos recuerdos de nuestras visitas a México en 1975 y 1983, y también nos dio mucho gusto que hace apenas unos meses el Príncipe de Gales y la Duquesa de Cornwall hayan disfrutado una inolvidable visita a su país”.


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