Así es el calvario de una persona homosexual en una estación migratoria
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Así es el calvario de una persona homosexual en una estación migratoria

Ender Manuel Martínez, migrante salvadoreño gay y activista de la comunidad LGBT en su país, estuvo encerrado siete meses en la estación migratoria ‘Las Agujas’, en Iztapalapa. Fue detenido cuando se dirigía a pedir asilo a la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado, en Tapachula, Chiapas.
Por Manu Ureste
30 de mayo, 2014
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Agentes que piden favores sexuales a cambio de un mejor menú en la comida, internos con esquizofrenia que acosan a sus compañeros y amenazan con violarlos, habitaciones vigiladas las 24 horas por cámaras de video, sin sanitarios ni duchas, con un colchón tirado sobre el suelo húmedo y con la misma sábana sin lavar para varios meses.

Ender Manuel Martínez, migrante salvadoreño gay y activista de la comunidad LGBT en su país, no está describiendo el escenario marginal que se vive dentro de una de esas cárceles de las películas, donde se reprime a criminales de alta peligrosidad. Está hablando de su experiencia dentro de la estación del Instituto Nacional de Migración (INM) en Iztapalapa; lugar donde estuvo recluido siete meses tras cruzar a México con la intención de llegar hasta las oficinas de Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (COMAR) en Tapachula, donde presentaría “un folder repleto de documentación” con pruebas sobre las amenazas y el intento de homicidio que su propio hermano perpetró contra él debido a su orientación sexual.

“Persecución siempre he tenido en El Salvador. Porque allá si tú sales del closet y decides vivir tu sexualidad libremente, de manera automática eres estigmatizado -comienza a narrar en una entrevista con Animal Político el centroamericano-. Pero a pesar de ese estigma tan brutal, quien me ha hecho la vida verdaderamente imposibe… es mi propio hermano”.

Tras la primera sentencia, Ender cuenta que el calvario que lo sumergió en “un tormento psicológico” comenzó cuando su hermano regresó de Estados Unidos a El Salvador con ideas religiosas “muy ortodoxas y fanáticas”, hasta el punto de considerarse “un enviado de Dios” destinado a liberarlo “de todas las cadenas” que, según él, lo atan a la homosexualidad.

De ahí que primero surgieran las notas anónimas “Mejor ten cuidado. Porque te puedes morir ahora mismo”, le advertían-, luego las agresiones físicas en plena calle, y finalmente el intento de homicidio que casi manda a Ender a esa escalofriante estadística que dio a conocer la ONG salvadoreña Entre Amigos, la cual apunta que, de 1994 hasta junio del pasado 2013, en El Salvador ha habido más de 150 “crímenes de odio” contra personas de la diversidad sexual.

“Un día voy caminando por la ciudad y cuatro tipos me cierran el paso; comienzan a insultarme, a pegarme –se levanta las mangas de la sudadera que viste- y me lanzan varias cuchilladas que se me quedaron marcadas en los brazos. Y después de la agresión, me dijeron: esto es para que aprendas y le hagas caso a tu hermano. Y es ahí cuando decido agarrar lo que pueda de ropa, pasar la noche en un hotel, y lanzarme a México”.

Sin imaginarlo, Ender estaba a punto de comenzar a vivir otro calvario.

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Son las 10 de la noche y Ender Manuel baja de la camioneta que lo transporta para ingresar a la Estación Migratoria Las Agujas, en Iztapalapa, donde pasará los próximos siete meses de su vida. Adentro, una comitiva de custodios lo recibe junto a otros compañeros para someterlo a una primera inspección a modo de bienvenida.

“Me revisaron como si fuera un criminal. Casi me desnudan, me tiraron al piso, me desordenaron toda la maleta… -recuerda el centroamericano tirando ligeramente la cabeza hacia atrás-. Luego me pasaron al área de población varonil y no había pasado ni cinco minutos cuando entró un oficial, gritó mi nombre y me dijo: tú no puedes estar aquí”.

El motivo, su orientación sexual.

“Me dijeron que corría peligro en la zona de migrantes varones y que era su obligación brindarme seguridad… y por eso me llevaron a un cuarto al que llaman la vitrina”.

La vitrina, explica Ender Manuel con más detalle al ser cuestionado, es la zona donde personas de la comunidad LGTB comparten espacio con otros internos que padecen problemas como esquizofrenia, o tendencias suicidas. Se trata de un cuarto vigilado las 24 horas hasta por tres cámaras de video, con custodios resguardando el perímetro de la habitación, y en el que si quieres ir al baño tienes que pedir permiso para que un oficial -“que poco falta que entre contigo hasta la taza”-, te escolte al sanitario.

Además, continúa denunciando el migrante, tienes que solicitar permiso para ducharte, “y muchas veces pasan hasta tres días sin que las personas se bañen porque, o no les da la gana a los de trabajo social llevarte, o simplemente no te escuchan”.

Sin embargo, Ender hace hincapié en que lo que más padeció en estos siete meses en la estación migratoria fue el acoso sexual y la homofobia que se respira al interior de Las Agujas.

“Ahí dentro hay acoso sexual de parte de custodios, de los agentes de migración, y también de extranjeros que están alojados… Llegué a un punto donde necesitaba medicamentos para poder dormir. No dormía pensando a qué hora se me tirarían encima, porque a veces en la madrugada llegaban a acostarse a mi lado, o cuando yo me iba a duchar se metían conmigo, y en dos ocasiones intentaron abusar de mí, a pesar de denunciar a las autoridades lo que estaba pasando. Sin embargo, ellos insistían que era el lugar más seguro para mí, porque era más fácil controlar a siete que a los 400 que hay en población (zona de migrantes varones)”.

“El INM disfraza su homofobia diciendo que todo es por tu seguridad –agrega el centroamericano-. Pero todo ese hostigamiento es para que renuncies a tu solicitud de refugio. Porque es tan grande la homofobia dentro de la estación migratoria que hasta para ponerte una inyección en el glúteo hacen fiesta. Es la broma de la semana: los mismos doctores te hacen albures diciéndote cosas como ‘hoy sí te voy a ponchar’. Es algo estúpido el tipo de homofobia que existe ahí dentro”.

En este mismo sentido, Julio Campos, de la ONG Migrantes LGTB –organización civil que junto a otras como Sin Fronteras, Ustedes somos nosotros, o Insyde, han llevado el caso de Ender Manuel- denuncia al respecto que la ausencia de una política de atención específica a personas de la diversidad sexual en las estaciones migratorias mexicanas “es parte del acoso para la que persona renuncie a su derecho de solicitar asilo”.

“Es decir –apunta Campos-, las autoridades te acosan para que te aburras y desistas de pedir asilo y te vayas a tu país de regreso”.

Por su parte, Andrea González, del Colectivo Ustedes somos nosotros, recalca al respecto que, tras un año  de visitas a la estación migratoria de Iztapalapa, han constatado que las violaciones a derechos humanos a los migrantes de la comunidad LGBT “son una constante”, como lo es “el acoso sistemático por parte de los custodios”, debido “a la falta de un política de atención adecuada para esta población”.

Otra forma de acoso, retoma la denuncia Ender, es el de obtener favores sexuales a cambio de una mejor dieta alimenticia.

“Los agentes de migración piden favores sexuales. En una ocasión, tres migrantes transgénero me comentaron que les pedían favores a cambio de dejarlos salir de la estación migratoira, o a cambio de mejorarles la alimentación, porque ésta es también pésima. De hecho, parte del acoso es darte de comer lo que te hace daño para que tú desistas y pidas que te regresen a tu país. Porque si tú peleas para que se respeten tu derechos, eres una persona muy peligrosa para migración”.

****

Tras soportar “siete meses de acoso psicológico, moral, sexual, y emocional”, Ender Manuel obtuvo, gracias en gran medida al apoyo que organizaciones de la sociedad civil le han brindado todo este tiempo, un oficio de salida del INM para continuar con el trámite de refugio fuera de la estación migratoria.

A pesar del calvario sufrido, y de que “las autoridades de migración se encargan de dar a conocer el lado más feo de las políticas mexicanas, el centroamericano asegura categórico que su intención es quedarse en México una vez que consiga el refugio.

“En El Salvador si sales a la calle y paseas de la mano y te besas con tu pareja te linchan literalmente, o te tiran a la carretera cuando pase un camión. En cambio aquí, sólo el hecho de tener la posiblidad de casarme con alguien de mi mismo sexo, o tener la posibilidad de adoptar un hijo, ya dice mucho a nivel internacional y a nivel político de las oportunidades que la comunidad LGBT tiene en este país”.

“Por eso –concluye-, mi intención es quedarme aquí y ser parte de México. Quiero ser tomado en cuenta como un ciudadano que lucha por sacar adelante a su país”.

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Homero Zamorano, el conductor acusado de la muerte de al menos 53 migrantes en Texas

El chofer del tráiler en el que murieron decenas de migrantes cerca de San Antonio, Texas, ha sido acusado y enfrenta una posible cadena perpetua o hasta la pena de muerte.
1 de julio, 2022
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Cuatro días después del hallazgo de decenas de migrantes muertos en un tráiler en Texas, Homero Zamorano está frente a un proceso judicial que podría llevarlo a pasar el resto de su vida en la cárcel o incluso enfrentar la pena de muerte.

El estadounidense de 45 años era el conductor que manejaba el vehículo en el que murieron al menos 53 personas. Es el más grande caso de migrantes fallecidos en EE.UU. del que haya registro.

Zamorano ya recibió cargos federales por “tráfico de extranjeros con resultado mortal”, informó el Departamento de Justicia de EE.UU.

“Si es declarado culpable, Zamorano enfrenta cadena perpetua o posiblemente la pena de muerte”, señala.

Junto a él, otro estadounidense, Christian Martínez, enfrenta los mismos cargos. Dos mexicanos, Juan Claudio D’Luna Méndez y Juan Francisco D’Luna Bilbao, están siendo procesados bajo distintos cargos por su posible participación en el fatal incidente.

Conforme ha avanzado la investigación, han surgido más detalles de quién es Zamorano y por qué se le responsabiliza de la tragedia que ha puesto de luto a decenas de familias en México, Guatemala, Honduras y El Salvador.

¿Qué se sabe de Zamorano?

Zamorano, de 45 años, es originario de Brownsville, una ciudad de Texas fronteriza con México.

Familiares han señalado que desde muy joven hizo su vida apartado de ellos y que sabían que se metía en problemas frecuentemente. Supuestamente trabajaba como empleado de mantenimiento en Houston.

Una ilustración de Zamorano en el tribunal

Reuters
Zamorano tuvo su primera comparecencia ante una jueza el jueves.

“Se perdía durante años y aparecía de vez en cuando. Básicamente se crió a sí mismo”, dijo uno de sus cuñados al diario The Texas Tribune.

“Él siempre ha tenido un problema con las drogas”, señaló la hermana de Zamorano, Tomasita Medina, al diario Los Angeles Times. “Él siempre estaba dentro y fuera de nuestras vidas por eso”.

Según el congresista Henry Cuellar, que ha accedido a detalles de la investigación, un examen toxicológico después del incidente mostró que Zamorano había consumido metanfetamina, una potente droga sintética.

¿Qué se sabe de su participación?

El pasado 27 de junio, Zamorano condujo el tráiler en el que aparecieron los migrantes en la ruta que va de Laredo, en la frontera, a San Antonio, un trayecto de unos 250 km.

Fue captado por las cámaras en un punto de inspección del servicio de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) a unos 50 km de distancia desde Laredo.

El conductor al pasar por Encinal

INAMI
Al pasar por el filtro de revisión del CBP en Encinal, el conductor fue captado por las cámaras de seguridad.

Sin embargo, el vehículo no fue revisado debidamente. El gobernador de Texas, Greg Abbott, aseguró que ocurrió así “porque la Patrulla Fronteriza no tiene los recursos para poder inspeccionar todos los camiones”.

Horas después, cuando ocurrió el hallazgo de los migrantes, Zamorano “fue encontrado escondido en la maleza después de intentar fugarse”, según la investigación del Departamento de Justicia.

En un principio, los servicios de emergencia le prestaron ayuda, pero luego fue detenido por la policía de San Antonio.

La investigación ha revelado que, aparentemente, Zamorano no sabía que el aire acondicionado del tráiler no funcionaba. Los migrantes estaban en el vehículo con mínima ventilación en un día que rozó los 40 °C a la sombra.

Los cuerpos de emergencia que hallaron a los migrantes muertos dijeron que estaban “calientes al tacto”.

Mapa del presunto trayecto del camión

BBC

Según los documentos de la acusación, Christian Martínez envió mensajes de celular a Zamorano para indicarle la ubicación de una casa de seguridad de traficantes donde recogió a los migrantes en Laredo.

En camino a San Antonio, el conductor ya no respondió a los mensajes.

Fue a través de una revisión del teléfono de Zamorano que las autoridades dieron con los otros presuntos cómplices.


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