Investigan a director de policía y agentes de Yucatán por agresiones a periodista
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Investigan a director de policía y agentes de Yucatán por agresiones a periodista

El día 24 pasado, el Juzgado Quinto de Distrito en el estado de Yucatán emitió órdenes de detención contra el director de la policía municipal de Seyé, Juan Manuel Chuc Aldana, y cuatro de sus subalternos.
Por Luis Castrillón
31 de mayo, 2014
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Foto: Luis Castrillón

El primer edil, Ermilio Dzul Huchim. //Foto: Luis Castrillón

El director de la policía, así como cuatro agentes bajo su mando, del municipio de Seyé, Yucatán, enfrentarían cargos por la detención arbitraria y las lesiones provocadas después de casi dos horas de golpes y amenazas a un periodista de ese municipio, cuya “advertencia” fuera ordenada directamente por el primer edil, Ermilo Dzul Huchim.

La agresión contra Edwin Canché Pech, quien desde hace 10 años decidió dedicarse al periodismo en forma alterna a su actividad como comerciante, representa el segundo atentado en su contra ordenado por Dzul Huchim.

El otro incidente similar ocurrió en 2010 cuando el hoy presidente municipal era integrante de la directiva municipal del Partido Revolucionario Institucional (PRI); hoy pertenece al de la Revolución Democrática (PRD).

El día 24 pasado, el Juzgado Quinto de Distrito en el estado de Yucatán emitió órdenes de detención contra el director de la policía municipal Juan Manuel Chuc Aldana, y cuatro de sus subalternos: Felipe Antonio Tut Chale, Fernando Chuc Pech, Andrés Díaz Kantún y Adrián Vázquez Pantoja, señalados directamente por haber agredido al reportero.

Previamente, el día 6 de ese mismo mes, los elementos de la corporación también fueron llamados a presentarse ante el órgano judicial para que respondieran por las acusaciones de abuso de autoridad, en lo que significó una represalia contra el periodista por su labor en la cobertura de un accidente automovilístico que involucró a un pariente del alcalde.

A la fecha, los cinco elementos policiacos se encuentran libres luego de haber pagado una fianza establecida entre los siete mil 400 a ocho mil 333 pesos, determinada por el Juzgado.

En tanto, el presidente municipal, cuyo desempeño público ha sido cuestionado e incluso denunciado por la población del municipio ante el Congreso del estado, se encuentra libre y sin que pueda procederse en su contra gracias a la protección que le otorga su fuero constitucional como autoridad electa popularmente.

El hecho de que tanto el director de la policía municipal, como los cuatro agentes y el mismo alcalde estén libres, ha puesto en alerta permanente a Edwin Canché Pech quien se ha replanteado su trabajo de comunicador por miedo a mayores represalias ahora que decidió ir “con todo” el proceso legal contra sus agresores.

“Tú sabes cómo son las cosas en las comunidades pequeñas”, dice refiriéndose al municipio de Seyé, una localidad ubicada a unos 35 kilómetros al oriente de Mérida, de mayoría de población mayahablante. “Aquí todos se conocen y sabemos dónde anda cada quien y qué hace. Todo es muy diferente desde el 1 de enero, ahora hay que andarse con cuidado”.

No ha publicado más que un par de notas desde el día del incidente a la fecha, en el Diario de Yucatán, donde desde hace unos 10 años a la fecha ha sido un constante colaborador. Dice sentirse anímicamente afectado por la constante preocupación. Es que ya es la segunda vez que lo atacan por orden de la misma persona, expone en charla con Animal Político.

Año nuevo entre golpes

Cerca de las 20:00 horas del 1 de enero pasado, Edwin Canché Pech recibió una llamada de vecinos de la localidad, quienes le reportaron que una camioneta se había estrellado contra un domicilio ubicado a unas cuatro calles de la presidencia municipal.

Ocupado en otras cosas, el también propietario de un acuario y pequeño porcicultor –actividades por las que es bien conocido en Seyé- llegó casi media hora después de la llamada al lugar del incidente para encontrarse con una camioneta identificada como propiedad de Sergio Dzul Huchim, hermano del alcalde.

La camioneta, narra Canché Pech, iba manejada por un menor de edad que estaba ebrio, a quien el hermano del alcalde había prestado la camioneta sin importar las dos agravantes que implicaba el uso del vehículo.

El reportero llegó al sitio “cuando ya casi no había nadie”. Se puso a trabajar, haciendo las preguntas de rutina en el caso de una colisión con un automóvil sin fijarse más. Fue entonces cuando llegó el Ermilo Dzul Huchim, quien se presentó para hablar y negociar con los propietarios de la vivienda y llegar a un acuerdo para el pago de los daños.

Al percatarse de la presencia del reportero, por los disparos del flash de su cámara fotográfica, el primer edil se retira sin decir nada a quien posteriormente sería agredido.

Apenas pasados unos minutos se estacionaron frente a la casa dos vehículos, uno del DIF municipal y una camioneta habilitada como patrulla. De la segunda bajaron cerca de seis elementos quienes directamente se fueron contra Canché Pech comenzando a insultarlo y agredirlo, en primera instancia con un par de golpes y empujones en cada costado.

Sin orden de aprehensión de por medio y sin que mediara flagrancia de delito alguno, los policías le piden –con algo de fuerza- acompañarlo a la presidencia municipal donde ya lo esperaba, a las puertas de su oficina, el alcalde Ermilo Dzul Huchim.

“Ahí me dijo ‘pasa’ y como yo no quería y preguntaba por qué me llevaron, me metieron a la fuerza ahí en un cuarto como de cuatro por cuatro metros. Dos policías me tenían agarrado mientras los otros me insultaban y me decían que no me metiera en lo que no es asunto mío”.

En medio de los insultos y advertencias a grito abierto, el reportero solo alcanzó a distinguir la voz enojada del alcalde una vez más: “¡rómpanle la madre!”. Luego vino la andanada de patadas, macanazos e incluso el intento del propio Dzul Huchim de golpearlo en el rostro, más de una decena de veces.

“Creo que como estaba aconchado no pudo darme, pero sí me pegó varias veces en la cabeza y en la espalda, mientras me seguía amenazando”.

Gracias a la popularidad con la que cuenta en la población, mientras era llevado por los policías, un grupo de vecinos que atestiguaron la detención ilegal dio aviso a otros y prácticamente después de la llegada del reportero al ayuntamiento se congregaron afuera a pedir su liberación, que llegaría unas dos horas después, pasadas las 22:00 horas de esa misma noche.

“Lo que pasa también es que ya todos conocen al alcalde, no es la primera vez que abusa. Así tiene intimidadas a muchas personas en la población. Detiene a cualquiera por cualquier cosa y cobran multas de 300 a 400 pesos por lo que sea, pero siempre de forma arbitraria”, explica el reportero.

Es ahí cuando en la charla recuerda que no es la primera vez en su contra, sino la segunda: “fue en 2010, en tiempos de campaña electoral. El alcalde ya estaba ahí en el PRI y andaba armando unos chanchullos para el día de las elecciones, pero lo supimos y la nota se publicó”.

“Fue que mandó uno de sus colaboradores, José Guadalupe Collí, que ahora es el regidor de Obras Públicas del ayuntamiento, para que me golpeara. Y lo mismo: me amenazaron y dijeron que no me metiera o que iba a ser peor”. En esa ocasión denunció, pero su caso no procedió.

“Te digo que conmigo ya la trae desde hace cuatro años, y lo bueno es que mi caso ahora ya se sabe, porque me apoyó la organización Artículo 19 y el grupo Indignación –una organización local dedicada a la defensa de los derechos humanos-, pero hay muchas otras personas que no saben cómo denunciar, o tienen miedo o no tienen dinero para ir a las instancias y hacer todos los trámites”, lamenta.

Canché Pech decidió poner una denuncia ante la Fiscalía General del estado luego de las agresiones de enero pasado. La denuncia fue atraída por la Fiscalía Especial de Atención a Delitos contra la Libertad de Expresión. Además, tomaron nota del caso y solicitaron actuar como coadyuvantes Indignación y el Artículo 19.

Por ahora Canché Pech se queda nada más con las expectativas de que algo proceda. No confía mucho y es más su temor. Sabe que al presidente municipal no le harán nada por su fuero, que a los policías los pueden sentenciar, pero que queda gente aun en la comunidad que también está “con ellos”. No se preocupa solo por él mismo, sino también por su familia.

En enero de este mismo año, un grupo de habitantes de Seyé –comunidad que apenas rebasa una población de nueve mil personas- solicitó al Congreso del estado abrir una investigación por los abusos de autoridad que habría cometido Ermilo Dzul Huchim.

Un total de 370 personas firmaron un documento que fue entregado ante la Oficialía de partes del Legislativo estatal. A la fecha la solicitud no ha procedido y el presidente municipal sigue en funciones.

Canché Pech, el reportero de Seyé, es una referencia en la población. El pequeño negocio de venta de peces y algunos artilugios para peceras es tan solo una de sus varias ocupaciones, pero la que más le ha ganado simpatía entre sus vecinos en la comunidad es la del trabajo reporteril.

“Yo empecé para dar a conocer mi municipio, las cosas bellas que tiene, lo que hace la gente. No solo lo cultural o la artesanía, sino lo que la gente hace todos los días. Que mi pueblo se note. Lo de la nota política vino después, porque eso se vende mucho en los periódicos y eso había que cubrirlo también”, cuenta ya al final de la charla.

Y añade: “yo no ando atacando a nadie, a mí eso no me interesa. Nosotros hacemos nuestro trabajo, somos el medio para que muchas personas puedan ser conocidas por lo que hacen de bueno o para que otras puedan tener justicia, sino legal, al menos social, que la gente se entere”.

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Elecciones en Colombia: el país decidirá cuán profundo es el cambio que desea (y quién lo representa mejor)

Todos los candidatos de las presidenciales de este domingo, incluidos aquellos cercanos al gobierno saliente de Iván Duque, hablan de un cambio para Colombia. El favorito, Gustavo Petro, propone una ruptura en la historia. Esto es lo que está en juego.
29 de mayo, 2022
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Elecciones en Colombia

Getty Images

Todas las elecciones son históricas, pero unas más que otras. Todas las elecciones buscan un cambio, pero unas más que otras.

Lo que vive Colombia este domingo en las presidenciales promete ser histórico por la dimensión del cambio que puede significar.

Todos los candidatos, incluidos aquellos cercanos al gobierno saliente de Iván Duque, proponen un cambio; sea este moderado, profundo o conservador. Pero cambio.

Más del 85% de los colombianos piensa, según la encuesta Invamer, que el país va por mal camino. Desde los años 90, el momento más agudo del conflicto armado, no se reportaban números de pesimismo tan altos.

La política colombiana, a pesar del récord de violencia, se ha destacado por ser una de las más estables de América Latina: acá no hubo golpes de Estado, ni regímenes de facto, ni un gobierno que marcara una ruptura con los anteriores.

Pero esa estabilidad, también manifiesta en una economía sin altibajos, tiene sus críticos. O es considerada una “farsa” por una gran cantidad de colombianos que aluden a la violencia y a la desigualdad, una de las más altas del mundo, como resultados de gobiernos “oligárquicos” y “corruptos”.

Esos colombianos, la mayoría de ellos jóvenes, ahora parecen empoderados. Muchos de ellos llenaron las calles en 2019 y 2021, en olas de protestas inéditas para un país ensimismado por la guerra durante décadas.

El proceso de paz firmado con la guerrilla en 2016 parece haber abierto una caja de pandora de demandas sociales, económicas y culturales.

Elecciones en Colombia

Getty Images

Al sentimiento de indignación hacia lo que acá llaman “el establecimiento” se añaden dos elementos sensibles: la crisis económica heredada de la pandemia, que aumentó el desempleo, la pobreza y la informalidad laboral, y un conflicto armado que amenaza con resurgir.

Todo esto ha hecho que los colombianos, en contra de todo pronóstico, se hayan puesto de acuerdo en algo: que hay que cambiar.

La pregunta, y eso es lo que tendrán que definir en estas presidenciales, es cómo y cuánto.

Alexander Vega

Getty Images
Por primera vez en muchos años el registrador, Alex Vega, es protagonista central de las elecciones. Y eso se deba a que el sistema electoral está cuestionado.

Los tipos de cambio

Las encuestas vaticinan que la de este domingo será la primera de dos rondas electorales. Para ganar en primera vuelta se necesita la mitad más uno de los votos, una ventaja que, según las encuestas, ningún candidato tiene a su favor.

En el tarjetón habrá ocho opciones, pero dos de ellas ya se retiraron.

Para sumar a las facetas inéditas de esta elección está que por primera vez existe un manto de dudas sobre el proceso electoral: los candidatos han declarado estar preocupados por la falta de garantías del sistema de votación. El terreno, quizá en como ninguna otra elección reciente, está embarrado.

El líder de las encuestas es Gustavo Petro, un viejo conocido de la política nacional cuyo triunfo, sin embargo, significaría una ruptura en la historia. La larga campaña ha estado marcada por su figura, que desafía a los gobernantes “de siempre”. Incluso existe la mínima posibilidad de que gane en primera vuelta.

Un gobierno de izquierda como el que él propone sería un hito histórico para un país sin experiencias realmente progresistas o revolucionarias en el poder. Muchos lo ven como “un salto al vacío”.

Exguerrillero del M19, valiente congresista y polémico alcalde de Bogotá entre 2012 y 2016, Petro ha hecho una carrera política a partir del enfrentamiento con la clase política gobernante y de la denuncia de la corrupción y la violación de derechos humanos.

Gustavo Petro

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Petro hace campaña con un enorme esquema de seguridad. Da los discursos con escudos antibalas. Candidatos como él en el pasado han sido asesinados.

Esta es la tercera vez que se lanza a la presidencia. Ahora propone un “pacto histórico” que congregue “diferentes”, al que se han adherido políticos de todas las ramas, incluidos algunos cuestionados en el pasado por el mismo Petro.

Su personalidad, catalogada por algunos como de “déspota” y “megalómana”, le genera un rechazo y una desconfianza que pueden pasarle factura en segunda vuelta.

El economista, especializado en medio ambiente, propone profundas reformas en pensiones, salud, educación, impuestos y subsidios. Promete una reforma agraria, pendiente por décadas en un país de enorme desigualdad en la propiedad de la tierra. Asegura que va a transformar la economía extractiva basada en exportaciones por una industrialista y agrícola con altos aranceles a las importaciones.

Su programa, de ser ejecutado, supondría un shock para un modelo económico que no sufrió grandes cambios por décadas. Un programa que asusta a algunos e ilusiona a otros. Y que vaticina un choque de poderes que puede traducirse en ingobernabilidad.

“Llegó el momento”, pregonó Petro en su cierre de campaña en Bogotá. “No necesitamos fusiles como ellos ni apuntar con una escopeta de gases lacrimógenos a nadie. Ni todos los fusiles juntos podrían cambiar la historia como sí lo puede cambiar un esfero (un bolígrafo). Un esfero es más importante que un fusil y lo vamos a demostrar”.

“El domingo cambiaremos la historia de Colombia”, dijo.

Federico Gutiérrez

Getty Images
Federico Gutiérrez se muestra como un colombiano común, que habla y trabaja como el común. Es la carta del establecimiento gobernante.

En el segundo lugar de las encuestas está Federico Gutiérrez, mejor conocido como “Fico”.

Alcalde de Medellín entre 2016 y 2019, Gutiérrez es el candidato más cercano a la derecha gobernante, aunque él se percibe como una opción de “cambio responsable” que busca “cambiar lo que no sirve y mejorar lo que sí sirve”, sobre todo en términos de seguridad y creación de empleo.

El ingeniero civil de 47 años se presenta como el “presidente de la gente” y usa un lenguaje simple e informal para sustentarlo. Dice haber ejecutado el 95% de su plan como alcalde. Su gran ventaja es el apoyo de los partidos tradicionales y las grandes élites regionales ligadas al empresariado. Esa es la fuerza que ha definido quién es presidente prácticamente toda la vida.

“Sí necesitamos el cambio”, exclamó en su arenga de cierre en Medellín.

“Un cambio que signifique un país sin hambre, sin odios, sin discursos de lucha de clases, sin corruptos y sin violentos”.

“Unamos a Colombia”, clamó, en lo que ha sido una de sus principales líneas de campaña: la unión.

Rodolfo Hernández

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Rodolfo Hernández está rodeado de jóvenes, pero tienen 77 años. Hizo una fortuna construyendo vivienda social. Es un enigma político.

El tercero en la mayoría de las encuestas es Rodolfo Hernández, una de las revelaciones de la elección.

De 77 años, el empresario de finca raíz y exalcalde de Bucaramanga ha hecho una campaña novedosa a través de TikTok, ejecutada por decenas de jóvenes que él llama “la muchachada” y en la que se presenta como un arrollador de la corrupción. Un personaje del común hastiado con quienes gobernaron este país.

No es claro si es de derecha o de izquierda, si votó sí o no por el acuerdo paz de 2016 con la guerrilla, pero promete reducir el gasto público, bajar impuestos, condonar deudas estudiantiles, modificar las prisiones y negociar con las guerrillas vigentes.

Desconocido a nivel nacional hace seis meses, el discurso chabacano y vehemente de Hernández parece seducir a la gente, de edades y clases diversas, sin ideología política pero preocupada por la corrupción y el clientelismo históricos. La gente que ve atractivo un candidato diferente, un “outsider”.

Si avanza a la segunda vuelta, como revelaron algunas encuestas justo antes de la veda electoral hace una semana, sería un sacudón para la campaña. El timing de su subida pudo haber sido perfecto.

Sergio Fajardo

Getty Images
Sergio Fajardo, el candidato profesor, usa la educación como principal carta para cambiar el país.

El último candidato que en las encuestas tiene cierta chance de calificar a la segunda vuelta es Sergio Fajardo, quien hace cuatro años no entró por apenas 200.000 votos de diferencia con Petro.

El también exalcalde de Medellín, crítico de la derecha y de la izquierda, representa un “cambio sin rabia” que acabe con la polarización y una a los colombianos. Fajardo es un obsesivo de las formas, de la ética, de la decencia, del perjuicio de los atajos y el utilitarismo: “Como se llega al poder, se gobierna”, suele decir.

El doctor en Matemáticas ha sido uno de los grandes impulsores de la educación como base de los cambios económicos y políticos que pide Colombia. Tiene de su lado a economistas, ingenieros y gestores culturales de reconocimiento internacional.

La diferencia del Fajardo de ahora con el de hace cuatro años no es grande en términos discursivos ni programáticos. Su campaña ha estado plagada de errores y divisiones. Eso en parte explica una caída en las encuestas que él pide no tener en cuenta, sino “votar a conciencia”.

Colombiano votando

Getty Images

Un país distinto

Aunque históricamente la abstención en Colombia ha sido alta, hasta ahora los colombianos nunca eligieron una opción de cambio tan drástica como la que podrían significar Petro o Hernández.

Solo el hecho de que ellos tengan opciones de ganar ya es un desarrollo histórico.

El hartazgo con el estado de las cosas es notable e inédito. Pero además se da tras una profunda transformación de las prioridades y preocupaciones de la gente.

Durante décadas los presidentes fueron elegidos por su postura ante el conflicto armado, las guerrillas, el terrorismo. Eso explica la inmensa popularidad de Álvaro Uribe en los últimos 20 años.

Pero este año la cosa cambió. Uribe, de hecho, está casi ausente en la campaña. El silencio sobre la guerra asombra. En su lugar se habla de pensiones, racismo, desigualdad, corrupción, medio ambiente.

Los colombianos, por primera vez, esperan cambios de fondo en estos temas. Y ahora irán a las urnas en busca de alguien que pueda ejecutarlos.

El país ya cambió. Ahora veremos si sus gobernantes también.


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