La fascinante historia de Naia, el esqueleto hallado en un cenote mexicano
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La fascinante historia de Naia, el esqueleto hallado en un cenote mexicano

Los restos de una adolescente de 12 mil años hallados en Yucatán, ofrecen pistas sobre los primeros pobladores de América.
16 de mayo, 2014
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Foto: BBC

Foto: BBC//Paul Nicklen National Geographic

Naia tenía alrededor de 15 años cuando se cayó en un hoyo hace unos 12 mil años, en lo que hoy forma un cenote en la península de Yucatán, México.

Desde entonces, los restos de su esqueleto casi completo permanecieron ocultos en una fascinante cueva subacuática.

Pero la increíble historia de Naia, tal es el nombre griego que le pusieron quienes la encontraron, comenzó a revelarse cuando un grupo de buzos exploradores la encontró en 2007 en su tumba sumergida.

Su hallazgo es muy importante para comprender mejor los orígenes de los primeros pobladores del hemisferio occidental y su relación con los indígenas contemporáneos.

Naia, que quiere decir ninfa del agua, fue hallada rodeada de varios animales ya extinguidos a más de 40 metros bajo el nivel del mar en Hoyo Negro, un profundo cenote en el sistema de cuevas Sac Actun.

Así nació el proyecto Hoyo Negro, dirigido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia mexicano (INAH) con el apoyo de la Sociedad Geográfica Nacional de Estados Unidos.

“Este descubrimiento es extremadamente significativo”, dijo Pilar Luna, directora de arquología subacuática del INAH.

“No solo echan luz sobre los orígenes de los modernos americanos, claramente demuestran el potencial paleontológico de la península de Yucatán y la importancia de conservar el patrimonio único de México”.

Oscuridad

“No teníamos ni idea de lo que íbamos a encontrar cuando entramos inicialmente en la cueva, que es lo fascinante de bucear en una cueva”, dijo Alberto Nava, parte del equipo de buceadores que descubrió Hoyo Negro.

“Descendimos en una piscina de agua clara y cristalina, un cenote, ubicado a 8 kilómetros del Caribe”, relata Nava.

Y tras recorrer un túnel subacuático de alrededor de 1,5 kilómetros, los espeleólogos llegaron a la cueva del tamaño de una “cancha profesional de baloncesto”, según describen los científicos.

“En el momento en que entramos en este sitio, supimos que era un lugar increíble. El suelo desapareció debajo de nosotros y no llegábamos a ver el otro lado”.

“Apuntamos con nuestras luces hacia abajo y hacia los lados, y todo lo que podíamos ver era oscuridad”.

“Sentimos como si nuestras poderosas linternas submarinas fueran absorbidas por este vacío, así que lo llamamos Hoyo Negro”, contó Nava.

De esta forma comenzó la aventura de este hallazgo, que más tarde involucró a un grupo interdisciplinario de científicos. Pero el descubrimiento, cuya descripción y análisis firman 16 personas en el estudio que publica este jueves la revista Science, presentaba muchos desafíos.

El equipo de buceadores profesionales, arqueólogos y paleontólogos, tuvo que documentar los huesos en el lugar.

“Los buceadores espeleólogos tomaron cursos especializados para recoger información con fines arqueológicos, para registrar apropiadamente el contexto general, tomar muestras, medidas, fotos, videos, etc., y seguir con extremo cuidado todos los requerimientos de los expertos, a pesar de la complejidad y los peligros de la cueva en sí misma”, explicó Pilar Luna.

La cámara subacuática, añadió James Chatters, autor principal del estudio, estuvo “oculta y sellada por el agua por al menos los últimos 8.000 años”.

“Es una cápsula del tiempo para el clima, y para la vida humana, de animales y de plantas del final de la última glaciación”.

Hubo un tiempo en que estas cuevas estuvieron secas, y varios animales y al menos una persona, quizás buscando agua dulce en sus túneles, cayeron en esta trampa, sugirió el experto.

“Hemos identificado hasta ahora al menos 26 grandes animales, incluyendo felinos dientes de sable, perezosos gigantes y gonfotéridos, parientes de los elefantes”.

Estudiando a Naia

En base a una combinación de datación directa por radiocarbono e indirecta por el método de uranio-torio, los científicos pudieron determinar que el de Naia es uno de los esqueletos más antiguos descubiertos en el contintente.

Pero además es el más completo de más de 12 mil años, ya que incluye todos los huesos principales del cuerpo, el cráneo intacto y varios dientes.

Gracias a eso, la tarea de desentrañar la historia de la joven a partir de su ADN dio sus frutos en el laboratorio.

Esta es la primera vez que los investigadores pudieron vincular un esqueleto con las características faciales y del cráneo de un poblador americano primitivo o paleoamericano con el ADN relacionado con los cazadores-recolectores que cruzaron el puente terrestre de Bering desde el noreste de Asia hace entre 26 mil y 18 mil años.

Pero la forma del cráneo de Naia es diferente de los indígenas americanos modernos. Esas formas han llevado a que los científicos creyeran en el pasado que esos pueblos provenían de una población separada que pudo haber llegado desde tan lejos como la Polinesia.

Sin embargo, el análisis genético econtró un vínculo entre Naia y los indígenas modernos, algo que apoya la teoría de que ambos provienen de una población que “evolucionó en el lugar” en América.

De acuerdo con James Chatters, autor principal del estudio, “esta expedición produjo una de las más convincentes evidencias hasta la fecha de un vínculo entre los paleoamericanos, los primeros pobladores de América tras la última glaciación, e indígenas americanos modernos”.

“Lo que esto sugiere es que las diferencias entre los dos son resultado de la evolución in situ, en lugar de migraciones separadas de distintos orígenes del Viejo Mundo”.

Los científicos han debatido desde hace tiempo sobre el origen de los primeros pobladores del continente Americano.

La teoría más aceptada –y varios análisis genéticos apoyan esta visión– sugiere que los inmigrantes originales cruzaron un puente terrestre que conectó alguna vez el noreste de Asia con lo que hoy es Alaska.

Los análisis genéticos independientes realizados en tres laboratorios distintos llegaron al mismo resultado: el linaje genético de Naia sólo es compartido por indígenas americanos.

“Pudimos identificar su linaje genético con una alta certeza”, dijo Ripan Malhi, del Instituto de Biología Genómica de la Universidad de Illinois, uno de los laboratorios implicados en el estudio.

“Esto muestra que los actuales indígenas americanos y los restos de esta antigua joven que analizamos provienen de la misma población de cuando América comenzaba a poblarse”.

Los laboratorios de Brian Kemp de la Universidad Estatal de Washington y de Deborah Bolnick en la Universidad de Texas también extrajeron y analizaron AND mitocondrial de los dientes de Naia.

“Naia es uno de los pocos esqueletos encontrados en América que datan de hace 12.000 a 13.000 años, así que nos gustaría secuenciar su genoma entero”, dijo Kemp.

“Nuestro siguiente paso se enfocará en intentar secuenciar el ADN nuclear de Naia, determinar la edad y la genética de los otros esqueletos de animales de la cueva y reconstruir el entorno en el que ellos y Naia vivieron”, adelantó Chatters.

La investigación fue un esfuerzo internacional que involucró a científicos, buceadores y técnicos de más de diez instituciones.

*Nota publicada el 15 de mayo 2014.

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Migrantes en Texas: 'Estamos honrando a personas cuyas familias aún no saben que han muerto'

San Antonio, una ciudad del sur de Texas cercana a la frontera con México, la migración está muy presente. Y muchos sienten como propia la tragedia de las 53 personas que murieron de calor en el remolque de un camión abandonado.
30 de junio, 2022
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“Mírenme: ¿a ustedes les parezco estadounidense? ¿Saben la de veces que me llamaron come-frijoles en el colegio? ¿Cómo vi a mi madre esclavizarse para conseguir unos papeles? Y me preguntan por qué estoy tan afectada”.

En la vigilia para recordar a los migrantes hallados sin vida el lunes en un camión abandonado en el suroeste de San Antonio, Texas, y a los que fallecieron después en hospitales de la ciudad —40 hombres y 13 mujeres, 53 en total—, Wanda Pérez Torrescano no puede ocultar su enojo.

“Es que estamos honrando a personas cuyas familias aún no saben que han muerto, que siguen esperando esa llamada que diga: ‘Mami, llegué a la frontera, estoy bien'”, dice enérgica, micrófono en mano, ante las decenas de congregados este miércoles en el céntrico parque Travis.

“Y lo sé porque yo he estado del otro lado del teléfono”.

Nacida en Ciudad de México y criada en San Antonio, no es la única que siente como propia la mayor tragedia migratoria que se recuerde en suelo estadounidense.

En un acto solemne similar, el día anterior, la hondureña Jessica recordó cómo ella misma estuvo en su día en la piel de los migrantes que ahora dejaron sin agua ni aire acondicionado en un remolque con una temperatura exterior de 40 grados.

“Yo vine aquí a los 14 años, también en un tráiler (18 wheeler) y perdí el conocimiento por el calor”, dijo con emoción durante la vigilia. Preguntada después si quería contar su historia a BBC Mundo, contestó: “Me sigue desencadenando muchas emociones. Aún tengo mucho que procesar y no me siento preparada para dar detalles”.

Mujer sostiene cartel durante vigilia.

Getty Images

Mientras eso ocurría en el casco histórico de San Antonio, otros honraban a los muertos en el mismo lugar en el que fue hallado el camión: un polvoriento camino entre un almacén de madera y la vía del tren, en un paisaje salpicado de ventas de autopartes.

Las primeras dos cruces —bien coloridas— las colocaron allí el martes Angelita Olvera, hija de un potosino, y Debra Ponce, quien advierte que “hay que tener un ojo en Texas, porque se van a cambiar los derechos civiles tal como los conocemos”.

Desde entonces, aquella esquina desangelada se ha llenado de flores y velas, como las depositadas por la hondureña Gabriela y sus dos hijas, y de carteles llamando al respeto y a la solidaridad. El artista Roberto Márquez, quien él mismo cruzó desde Tijuana a EE.UU. hace ya 40 años, pinta un mural que se da cierto aire al Guernica de Picasso.

Y es que la migración está muy presente en esta ciudad situada a apenas 250 kilómetros al norte de la frontera con México.

Señalización en la calle que en la que se encontró el camión.

Getty Images
Señalización en la calle que en la que se encontró el camión.

Ciudad clave en el tránsito migratorio

Expertos y organizaciones que BBC Mundo consultó para este artículo y funcionarios que pidieron no publicar su nombre describen a la urbe de 2,5 millones de habitantes como un “centro de tránsito”, un lugar estratégico en el que confluyen varias rutas migrantes, rodeado de autopistas que cruzan el país de norte a sur y de este a oeste.

Edward Reyna, un empleado de seguridad de la empresa maderera situada a escasos metros de donde fue dejado el camión, ya perdió la cuenta de las veces que ha visto a mexicanos y centroamericanos, entre gente de otras nacionalidades, saltar del tren que pasa por ahí mismo.

“Ya sabía que tarde o temprano alguien saldría lastimado”, le dijo a la BBC. “A los carteles que los traen no les importan nada”.

Los que él se encuentra durante sus guardias son los que no han sido interceptados por las autoridades migratorias.

En mayo la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) registró casi 240.000 “encuentros”, un tercio más que el mismo mes el año anterior.

Eso a pesar de que el gobernador de Texas, el republicano Greg Abbott, lanzara en marzo de 2021 la Operación Lone Star y ese mayo emitiera una “declaración de desastre” que le permite desplegar la Guardia Nacional en la frontera y ahora cubre 53 condados. Todo ello para tratar de frenar el aumento de los cruces fronterizos, que él atribuye a las políticas migratorias del presidente Joe Biden.

La policía investiga un camión en el que fueron hallados 46 personas muertas.

Getty Images
San Antonio queda aproxidamente a 250 km de la frontera con México.

Pero los migrantes siguen llegando y transitando por el estado, algunos ocultos en camiones, un modus operandi muy específico —aunque no exclusivo— de esta zona fronteriza, le dice a BBC Mundo Guadalupe Correa-Cabrera.

Profesora de la Universidad George Mason de Faixfax, Correra-Cabrera lleva años estudiando las rutas migratorias, incluida la que transita desde Nuevo Laredo, en México, hasta Laredo, en EE.UU., a través de la aduana terrestre para mercancías más importante del hemisferio.

Eso mismo hace que sea imposible revisar toda la carga que cruza a diario por ese puente, explica la experta. “No hay cifras oficiales, pero se calcula que es menos del 5% lo que se llega a verificar”.

Aunque aclara que el tráfico de migrantes en tráilers no necesariamente arranca en México. En base a testimonios recopilados por ella misma, cuenta que en algunos casos los traficantes los recogen en camiones ya del lado texano.

Es lo que los investigadores del Departamento de Seguridad Nacional que lideran las indagatorias creen que ocurrió en el caso del camión abandonado el lunes, según le dijo a la agencia AP el congresista Henry Cuellar.

Niña deja flores en el lugar en el que se encontró el camión.

Getty Images

Los que se van, los que quedan

Vengan por la vía que vengan, por el medio de transporte que sea, gran parte de los migrantes que llegan a San Antonio suelen estar de paso, le confirman a BBC Mundo las autoridades migratorias. Suelen hacer noche en un espacio facilitado por distintas organizaciones que los apoyan o en el aeropuerto o la estación de autobuses.

Aunque hay quienes se quedan, como Lemi, un cubano que llegó hace cuatro años y trabaja de taxista en la ciudad. Su plan es, en algún momento del año que viene, irse con su mujer y su hijo de 11 meses a Florida.

O su compatriota Jose, quien tras pasar penurias en la selva del Darién, en Ecuador y otros países por los que transitó, cruzó a EE.UU. y se entregó a Migración el 25 de mayo, al día siguiente del tiroteo que dejó 21 muertos en una escuela primaria de Uvalde —una localidad a poco más de hora y media por carretera de la frontera—.

Nada más ser liberado se subió a un bus de la empresa Greyhound —en el que me contó su historia— dirección a la estación de San Antonio.

También se quedó en la ciudad, al menos de momento, Carlos, un emigrante venezolano de 34 años que, tras atravesar varios países, cuando llegó a la frontera sur de México decidió que la mejor manera de dirigirse al norte era en moto.

“En Monclova (en el estado norteño de Coahuila, que limita con EE.UU.) tuve un accidente, me operaron y ahora llevo una placa aquí”, dice señalando el muslo izquierdo.

Mientras recupera fuerzas en la pierna para poder trabajar, aguarda en la Posada Guadalupe, que gestiona el padre Phil Ley.

Originario de Indiana, instaló el primer albergue para migrantes en San Antonio hace 16 años. “Empecé a recibir a personas enviadas de hospitales, porque estaban lesionadas o eran diabéticas y necesitaban diálisis. Hasta que un abogado (especializado en migración) me pidió permiso para albergar a un cliente que acababa de cumplir los 18 años y ya no podía estar en el Centro de Detención para menores del ICE”, recuerda para BBC Mundo.

“Así se corrió la voz entre otros abogados”, dice, y el suyo terminó siendo una casa de acogida especialmente para migrantes jóvenes. Este miércoles tenía a 21. “Mañana llega otro, y el sábado uno más”, cuenta.

Preguntado por lo ocurrido con el camión abandonado con los migrantes dentro, dice que es una desgracia que lo “entristece y enfurece al mismo tiempo”.

Son los mismos sentimientos que compartía Wanda Pérez con los asistentes a la vigilia este miércoles, los que sienten la tragedia como propia, los que expresaron todos aquellos que hablaron con BBC Mundo para este reportaje y describieron el suceso como un “asesinato en masa”.

“Tragedias como esta visibilizan el problema, mientras nos hacen pensar en cuán sofisticadas son estas redes, cuánta gente y dinero mueven, y qué poco sabemos de ellas”, cierra la investigadora Correra-Cabrera.


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