Marchan miles en Tampico contra la inseguridad
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Marchan miles en Tampico contra la inseguridad

Con la consigna "Tampico, Madero, la paz es primero", miles de personas se dieron cita en el centro de Tampico para realizar una marcha y pedir el restablecimiento de la paz en Tampico, Tamaulipas.
Por Redacción Animal Político
12 de mayo, 2014
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Foto: Twitter.

Foto: Twitter.

Con la consigna “Tampico, Madero, la paz es primero”, miles de personas se dieron cita ayer, 11 de mayo, en el centro de Tampico para realizar una marcha y pedir el restablecimiento de la paz en Tampico, Tamaulipas, ante una ola de crímenes y enfrentamientos con el crimen.

En todo Tampico si hay una balacera por donde sea se paraliza la ciudad, la gente se encierra, pero no aguanta estar más de 24 horas en su casa, tiene que salir y seguir con su vida”, dice Andrea, propietaria de dos locales en la colonia Petrolera, en uno sirve jugos y licuados y en el otro raspados de sabores para quitar aunque sea un ratito el calor.

“Hubo un momento en que estuvieron bien fuerte las balaceras y en mi negocio dejaron de ir un día, otro día y al tercer día dijeron venimos por provisiones porque estamos hartos de estar encerrados. Se llevaron palomitas, paletas, raspas y se volvieron a encerrar”, comenta.

Ella es uno de los miles de ciudadanos que se sumaron a la marcha por la paz que se organizó por segunda ocasión ayer en Tampico, municipio que tuvo uno de sus fines de semana más violentos, pero sólo tres hechos fueron informados en la cuenta de Twitter @SSPTAM, mientras que Valor por Tamaulipas reportó más de diez tan sólo el domingo 11 de mayo.

“Queremos paz”, fue el reclamo ciudadano de quienes transitaron entre 10 y 11 de la mañana por avenida Hidalgo con ropas blancas, globos y hasta mascotas con disfraces de super héroes, imágenes que circularon en las redes sociales.

“A mi me tocó una balacera en calle Cerro Azul, se venían persiguiendo, se balearon y ahí dejaron la camioneta, los que estaban con vida se fueron corriendo, tiraron las armas en el parque y empezaron a caminar como si nada, pero los otros malos los fueron a rematar, iba pasando un niña al Oxxo y una bala perdida le dio, ahí perdió la vida”, recuerda Andrea.

A su entrada al centro histórico sus voces se unificaron en un reclamo “queremos paz”, mientras en la plaza de Armas-ubicada frente al Palacio Municipal de esa ciudad y a escasos de metros de la Libertad- una orquesta tocaba melodías de los Beatles.

Escoltados por un grueso contingente de seguridad, los marchistas hicieron suya la plaza de la Libertad.

Aquí se observó de todo. Mujeres llorando sin control, jóvenes reclamando espacios públicos seguros y hombres criticando “el mundo blindado de caramelo” en el que habitan los funcionarios del estado.

“Vi cómo cargaban un cuerpo por la playa y lo aventaban a un agujero. Iba en unas camionetas grandes, blindadas, me entró curiosidad de ver, pero mi prima no me quiso acompañar”, recuerda Gloria, habitante de la zona centro de Madero.

Al filo del mediodía el sol cae a plomo y la humedad adhiere la ropa al cuerpo. Sobre el entarimado se alza Eduardo José Cantú Elías, representante de la organización en proceso de registro “Tamaulipas por la Paz” y desde ahí pide al gobierno del estado que solicite ayuda internacional para abatir, de una vez por todas, al crimen organizado.

Minutos antes de la marcha que inició cerca de las 10 de la mañana, Valor por Tamaulipas ya daba cuenta de una persona asesinada afuera del bar Coco Beach.

Mientras los hechos violentos no daban tregua en Tampico, Cantú Elías pedía un minuto de silencio para honrar a los caídos y enseguida solicitar la renuncia del gobernador Egidio Torre Cantú, los 43 alcaldes y las autoridades de seguridad pública.

“En Tamaulipas no caben comparaciones con estados como Michoacán y Estado de México, ya que de nada servirán para modificar la realidad que vive el estado”, en donde, dijo, debe aplicarse una estrategia como la que implementó el gobierno de Nuevo León hace tres años.

Ya es suficiente con que las autoridades callen ¿y ahora también la sociedad civil debe hacerlo? No basta con ver alarmados, con justificada razón, cómo se han adueñado de nuestro estado, nos han convertido en rehenes en nuestros hogares, han pisoteado nuestra dignidad, envilecido nuestras calles y nos quieren conformar diciendo que no critiquemos eso, que hay otros lugares peores”, expresó.

Minutos antes de las 13:00 horas la marcha concluyó, no así las situaciones de violencia en avenida Monterrey y las colonias Laguna de la Puerta y Del Bosque.

A diferencia de la primera marcha, realizada hace más de dos semanas, los contingentes desfilabann en medio de un fuerte dispositivo de seguridad encabezado por la Policía Estatal Acreditable de Tamaulipas y el coordinador general de la Secretaría de Seguridad Pública de la región, Miguel Amado Jiménez González.

Durante el recorrido, contingentes se fueron sumando a la marcha, incluso en algunas esquinas de la avenida se observaron personas esperando que pase el desfile y unirse a ellos.

Esta es la segunda marcha por la Paz que se realizó en este puerto y la más concurrida que la primera donde se reportó la asistencia de unas mil 500 personas. La anterior tuvo lugar el pasado 13 de abril, durante este mes se reportaron alrededor de 70 asesinatos en esta entidad relacionados con el combate al crimen organizado.

De acuerdo a reportes de Seguridad Pública y Protección Civil de Tampico, fueron de 2 mil a 2 mil 500 personas las que participaron en la caminata, aunque varios medios locales manejaron la cifra de 12 mil manifestantes.

Mitin en la Plaza de la Libertad

Al llegar a la plaza de la Libertad los manifestantes hicieron un alto para escuchar el discurso por parte de Eduardo Cantú, donde pidió acciones concretas y eficaces a las autoridades de los tres niveles.

“No queremos más declaraciones conformistas, más retórica que contradice la realidad cotidiana, más promesas incapaces de ser cumplidas, más comparaciones con lugares peores, aquí vivimos y aquí queremos formar a nuestros hijos, lejos del temor y la angustia”, agregó.

Cantú afirmó estar esperanzado luego que Osorio Chong eligiera a Tampico en su gira de este martes por Tamaulipas, y le pidió ser recibido “para dialogar con él, para expresarle nuestras inquietudes para que le diga Enrique Peña Nieto para que ponga sus ojos en Tamaulipas”.

“Invitamos a las autoridades a que se sumen, como padre de familia estoy angustiado me preocupa que la ciudad no es la misma, no sé si esto vaya a servir o no, siento que sí, y si las autoridades se tocaran el corazón y admitan que lo que están haciendo no ha sido insuficiente y pidan ayuda a instancias federales o internacionales”.

Explicó que el movimiento se dará de alta como una ONG, para fomentar el desarrollo en la zona. “Queremos ser una asociación vigilante y que le pique las costillas a las autoridades para que reaccionen, esperamos su reacción, y le pedimos a los medios de comunicación que no traten de ensuciar este movimiento, porque yo no pertenezco a ningún partido político”.

Con información de ReformaMilenio y El Financiero.

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El Halconazo: cómo fue la masacre que dejó cientos de estudiantes muertos en México y fue investigada como genocidio

Luego de la matanza de estudiantes de 1968, los universitarios de México volvieron a salir a las calles el 10 de junio de 1971. La fecha es recordada como el "halconazo", pues enfrentaron otro tipo de represión encubierta.
9 de julio, 2022
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La masacre del 2 de octubre de 1968 fue un suceso traumático para los estudiantes universitarios en Ciudad de México.

Militares usaron sus armas para terminar con una protesta estudiantil en la plaza de Tlatelolco, la cual dejó cientos de muertos, heridos, desaparecidos y detenidos.

Los universitarios no dejaron morir su movimiento, pero pasaron más de dos años sin organizar una nueva marcha masiva contra el gobierno.

Hasta el 10 de junio de 1971.

En esa fecha, un jueves de Corpus en el calendario católico -que luego daría nombre a lo ocurrido-, vieron la oportunidad de nuevamente salir a las calles y manifestarse a favor de la educación pública y el movimiento estudiantil de la época.

“Testimonios de manifestantes ese día dicen que la emoción era mucha. Era volver a tomar las calles que les habían intentado arrebatar en 1968. Entonces el 10 de junio era volver a tomar las calles y tenía un simbolismo muy importante”, le explica a BBC Mundo el historiador Camilo Vicente Ovalle.

Pero todo terminó en una nueva matanza.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Los universitarios se reunieron en Ciudad de México el 10 de junio de 1971.

Un grupo paramilitar, llamado los “halcones” y organizado por el gobierno mexicano, paró la protesta en seco.

A las agresiones con palos les siguió el uso de armas de fuego. Incluso los heridos fueron “rematados” en las salas de emergencias de los hospitales.

Desde entonces se conoció a lo ocurrido como el “halconazo” o la “masacre del “jueves de Corpus”, un hecho que incluso una fiscalía especial calificó décadas después como “genocidio”, pero por el que nadie fue condenado.

El motivo de la protesta

La protesta del “jueves de Corpus” se dio en respaldo a los estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León, del norte del país, que se habían ido a huelga por conflictos con el gobierno estatal.

Le sumaron sus propias demandas, como la liberación de presos políticos y la democratización de la educación pública.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

INEHRM
La marcha exigía la liberación de presos políticos de 1968, entre otras demandas.

“Hay un golpe brutal a las movilizaciones sociales y populares en 1968, pero los estudiantes se continuaron organizando”, señala Ovalle, autor de “Tiempo suspendido”, un libro que documenta -incluso con archivos clasificados- lo ocurrido entorno a episodios como el de 1971.

Los universitarios en la ciudad de Monterrey pidieron la solidaridad del resto del país, así que los alumnos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN) -las dos instituciones superiores más importantes del país- respondieron al llamado.

En ese contexto, alumnos de la UNAM y del IPN convocaron la marcha del 10 de junio.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

INEHRM
La manifestación estudiantil no estaba autorizada por el gobierno. Pero los jóvenes dijeron que había garantías de que sería pacífica.

Pese a que la huelga de la UANL ya se había suspendido antes de esa fecha, y las demandas se habían atendido, los estudiantes de Ciudad de México decidieron mantener la cita para protestar.

El inicio del ataque

A las 4 de la tarde, la protesta dio inicio con unos 10.000 estudiantes concentrados en el Casco de Santo Tomás, uno de los campus del IPN.

Planeaban caminar hacia el Zócalo, la plaza más importante de Ciudad de México.

“Era una marcha no autorizada. Entonces los estudiantes se encuentran calles bloqueadas por granaderos y policías que impiden que avance la marcha o que tomen otras calles”, explica Ovalle.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
La policía y el ejército no buscaba disuadir activamente la protesta, pero sí bloquearon calles.

Resueltos a avanzar pacíficamente, habían caminado un kilómetro cuando se encontraron con el grupo de los “halcones” -reportes dicen que eran al menos 400 o 500- en el cruce de dos avenidas.

Esta vez no eran uniformados de la policía del Departamento del Distrito Federal (DDF), ni del ejército, los que intentaban “romper” la protesta, como en 1968. El ataque vino de jóvenes vestidos de civil que cargaron contra el contingente estudiantil.

“Los halcones estaban esperando en el punto definido para el ataque. Sí había algunos infiltrados en la marcha, pero el grueso del grupo paramilitar entra por esa parte de la avenida y se lanza en contra de la manifestación”, explica Ovalle.

Miembros del grupo los "Halcones"

INEHRM
Los miembros de los “halcones” fueron armados con apoyo de la policía y el ejército, según se supo después.

Víctor Guerra, uno de los líderes estudiantiles de la época, relata que él estaba integrándose a la marcha cuando empezó todo.

“Vi que la policía se bajaba para apoyar a los halcones. Vi cómo les proporcionaban varas de bambú. Minutos después de eso empezaron los disparos“, explicó Guerra a la agencia estatal mexicana Notimex.

“Fue una ratonera”

Como luego reconocería el coronel Manuel Díaz Escobar, entonces funcionario del DDF, los “halcones” fueron financiados y capacitados por el gobierno. El militar también había estado al frente del batallón “Olimpia” que atacó a los estudiantes de la masacre de 1968.

Estudiantes protestando en México el 10 de junio de 1971

CUEC-UNAM

El grupo portaba varas de bambú porque fueron entrenados en artes marciales y usaban los palos como arma kendo. La película “Roma”, de Alfonso Cuarón, así lo retrata.

Pero su actuación fue combatida por los estudiantes aquel 10 de junio.

“Son repelidos por los manifestantes. Y al ver la resistencia, se repliegan. Entran en su lugar halcones que ya llevan fusiles M-1 y otras armas de fuego que comienzan a disparar contra la manifestación”, explica Ovalle en base en la documentación que obtuvo.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Los “halcones” utilizaron armas de fuego incluso en hospitales.

Por su parte, Guerra cuenta algo similar: “Vi a un sujeto, en una foto muy famosa, que está disparando afuera de la Escuela Nacional de Maestros, hincado, disparando hacia adentro”, relata.

También asegura que desde lo alto de un edificio contiguo pudo ver disparos “hacia la multitud”.

Fue un ataque indiscriminado, que tuvo toda la intención de dispersar a los manifestantes y, nuevamente, mostrar el poder del Estado, pues la policía y el ejército respaldaron las acciones.

“Fue una ratonera (…) Como la táctica de yunque y martillo: hay una fuerza que empuja al enemigo contra una fuerza superior que los aplasta“, explica el historiador.

El “remate” en hospitales

La manifestación se dispersó al transcurrir los siguientes minutos.

Muchos estudiantes intentaron esconderse en las escuelas, negocios y viviendas de la zona. Pero ni los heridos, que habían llegado a clínicas como el Hospital Rubén Leñero estuvieron a salvo.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Algunos recuentos indican que ese día murieron hasta un centenar de jóvenes, pero la documentación muestra que fue una treintena.

“Hay periodistas, pacientes, médicos y enfermeras que fueron testigos de cómo grupos de halcones entraron al hospitaly agredieron a estudiantes con armas de fuego”, explica Ovalle.

La acción se calificó como el “remate” de los heridos, documentado en numerosas notas y crónicas en los medios que, pese al control informativo del gobierno en aquella época, salieron a la luz ya que los periodistas fueron también atacados.

“La prensa estaba muy enojada con el gobierno federal. Estaban tan molestos que Luis Echeverría tuvo que reunirse con ellos a los dos días del ataque para ofrecer disculpas”, señala Ovalle.

Estudiantes protestando en México el 10 de junio de 1971

CUEC-UNAM
Las autoridades de ese entonces culparon de lo ocurrido a los propios universitarios. Luego se sabría que no fue así.

Nunca se ha podido determinar cuántas víctimas hubo. Pero se calculan unos 30 muertos, cientos de heridos de distinta gravedad y decenas de detenidos.

Un “genocidio” descalificado

El líder estudiantil Félix Hernández dice que si bien la “represión” de 1968 “no se justifica y no se entiende”, la del 10 de junio “se entiende menos”.

“El gobierno decidió no utilizar a la tropa uniformada. Entonces utilizó a los halcones, un grupo paramilitar que, sin embargo, estaba formado por exmilitares o militares en activo”, señaló Hernández a Notimex.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Los periodistas también fueron atacados por los “halcones”, lo que dio pie a la publicación de notas y crónicas muy negativas para el gobierno.

En una primera reacción, la Procuraduría General de la República (PGR) indicó que, en base en una investigación, había determinado que un grupo de estudiantes estaba armado.

“Muchos de los integrantes portaban palos, varillas y otras armas”, dijo la PGR al diario El Universal. Otro grupo cargó “contra los manifestantes y fue cuando se provocó una riña colectiva en la que se dispararon armas de diverso calibre”.

Las autoridades constataron la “existencia de francotiradores que hacían sus disparos en contra de los manifestantes y de la policía”.

Pero con el paso de los días, reconocieron que los “halcones” era un grupo que había sido entrenado por el gobierno.

Luis Echeverría

Getty Images
Luis Echeverría gobernó México entre 1970 y 1976.

El alcalde Alfonso Martínez y su jefe de policía, Rogelio Flores, renunciaron a sus cargos. El presidente Luis Echeverría ordenó una investigación.

50 años después, nadie ha sido juzgado ni encarcelado por lo ocurrido.

En la década de 2000, el gobierno de México creó una fiscalía especial para investigar sucesos como el de 1971. Se intentó que el expresidente Echeverría fuera procesado por “genocidio”.

La Suprema Corte determinó que ese delito no había prescrito para Echeverría y su secretario de Gobernación (Interior), Mario Moya Palencia, por lo que podían ser juzgados.

Pero la magistrada del caso, Herlinda Velasco, consideró que no se acreditaba el delito de “genocidio”, sino de “homicidio simple”, que sí había prescrito luego de transcurridos más de 30 años de lo ocurrido.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Nadie fue encarcelado ni juzgado por la matanza de 1971.

Para Ovalle, la matanza del “Halconazo” se explica dando un paso atrás y mirando qué ocurría en aquellos momentos en México.

“El 71 no fue una repetición del 68”, sostiene. “Fue parte de la estrategia contrainsurgente” para combatir a grupos sociales, en momentos en que el comunismo se consideraba un peligro geopolítico en el occidente liderado por Estados Unidos.

“No fueron eventos excepcionales, medidas exageradas de fuerza. Era parte de la estrategia contrainsurgente que el gobierno tenía desplegadas”, señala el historiador.

“Hoy a simple vista parece un error, volver a cometer una masacre, pero no. En esos años había una estrategia en la que los sucesos de 1968 y 1971 cobran sentido”.


Fotografías del acervo del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) y de la Coordinación de Memoria Histórica y Cultural de México.

El INEHRM y la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Secretaria de Gobernación editaron una antología con documentos de agencias de inteligencia, cables diplomáticos y notas de prensa de México y Estados Unidos sobre el “halconazo. El libro estará en línea para su consulta y descarga gratuita en su web.


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