¿Qué estrena la Cartelera?
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¿Qué estrena la Cartelera?

Llega a nuestras pantallas la nueva versión de Godzilla que busca hacer olvidar al público la torpe producción de 1998 comandada por Roland Emmerich.
17 de mayo, 2014
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El fin de semana está dominado por un inclemente depredador, llega a nuestras pantallas la nueva versión de Godzilla que busca hacer olvidar al público la torpe producción de 1998 comandada por Roland Emmerich. Aquí pueden leer un poco sobre la historia detrás del creador del kaiju japonés: Ishirō Honda.

La polémica llega cortesía de la divisiva Ninfomanía, el nuevo opus del danés Lars von Trier narra la vida de una adicta al sexo mezclando su característica poética cinematográfica con escenas bastante explícitas.

El cine mexicano se hace presente con el retrato sobre la soledad Las horas muertas, un poco de terror/gore con Dame tus ojos y un documental sobre la vida en la playa Vestigios del paraíso que se suma a la programación de la Cineteca Nacional. Completan la parrilla, la comedia romántica Las novias de mis amigos y el drama Pasión inocente.

Para nuestros amigos con ganas de viajar y apoyar una buena causa, el documental Huicholes: los últimos guardianes del peyote tendrá su estreno mundial en la Alameda de Real de Catorce el sábado 17 de mayo. Los invitamos a conocer más sobre este proyecto que busca impulsar la lucha por salvar el desierto de Wirikuta, acá.

¿Qué se les antoja este fin de semana?

Dame tus ojos (2013)

Dirección: José Luis Gutiérrez Árias

Protagonizan: Mariana Moro,Paula Luckie,Anouck Ogueta, Raúl Méndez

Sinopsis: Abril y Mayo, dos jóvenes chicas, van huyendo de la policía. Han asesinado, decapitado y comido partes de sus víctimas. Mayo está en una búsqueda por venganza, por cerrar un círculo, por sangre. Ellas van de pueblo en pueblo buscando a alguien, un hombre. Matarán, torturarán y se comerán a muchos en su camino hasta encontrarlo. Abril controla a Mayo, manipula todos sus movimientos. Valerie, una hermosa reportera de una cadena Americana, está siguiendo el caso y documentando la historia. Su meta es encontrar la historia que elevará su carrera al estrellato. Ella y Pete, su camarógrafo y buen amigo, se mueven de escena de crimen en escena de crimen siguiéndoles la pista.

Ninfomanía: Primera parte (Nymphomaniac Vol. 1, 2014)

Dirección: Lars von Trier

Protagonizan: Shia LeBouf, Uma Thurman, Connie Nielsen, Charlotte Gainsbourg, Stacy Martin, Stellan Skarsgård, Christian Slater

Sinopsis: Un encantador soltero, de nombre Seligman(Stellan Skarsgård) encuentra a una mujer(Charlotte Gainsbourg) golpeada y abandonada en la calle. Al llevarla a su casa y cuidar de sus heridas, conoce su historia. Ella es Joe. A lo largo de sus 50 años, ha vivido una erótica pero agridulce vida a causa de su auto-diagnosticado caso de ninfomanía, costándole empleos, relaciones y su propia felicidad. Acompaña a Joe en su viaje de dos volúmenes desde que es una joven (Stacy Martin) hasta su madurez, y los numerosos encuentros sensuales que ha tenido, con sus terribles consecuencias. Nuestra crítica: Ninfomanía o el arte del disclaimer.

Las novias de mis amigos (That Awkward Moment, 2014)

Dirección: Tom Gormican

Protagonizan: Zac Efron, Miles Teller, Michael B. Jordan, Imogen Poots, Mackenzie Davis

Sinopsis: Tres amigos deciden hacer un pacto después de que uno de ellos haya quedado destrozado tras una reciente ruptura. Prometen mantener su soltería durante el máximo tiempo posible. El plan peligrará cuando llegue el amor a sus vidas y tendrán que romper su pacto, asumiendo así las consecuencias de ello.

Godzilla (2014)

Dirección: Gareth Edwards

Protagonizan: David Strathairn, Juliette Binoche, Elizabeth Olsen, Ken Watanabe, Aaron Taylor-Johnson

Sinopsis: El monstruo marino mutante más famoso del mundo, producto de mutaciones radioactivas, se enfrenta a malvadas criaturas que, impulsadas por la arrogancia científica de la humanidad, amenazan nuestra propia existencia. Nuestra crítica: Fe en las bestias.

Pasión inocente (Breathe In, 2012)

Dirección: Drake Doremus

Protagonizan: Guy Pearce, Amy Ryan, Felicity Jones, Mackenzie Davis

Sinopsis: Keith Reynolds es un maestro de música y violonchelista sustituto en la Sinfónica de Manhattan. Su hija, Lauren, disfruta del último año de secundaria; mientras que su esposa, Megan, decide que la familia debe de hospedar a Sophie, una estudiante británica de intercambio. Un apasionado drama que cuenta una grandiosa historia de amor y dolor dentro de una familia disfuncional.

Las horas muertas (2013)

Dirección: Aarón Fernández

Protagonizan: Adriana Paz, Eliseo Lara Martínez, Fermín Martínez, Kristyan Ferrer

Sinopsis: Sebastián, un joven de 17 años, tiene que administrar por sí solo el motel de habitaciones por horas que su tío posee en una parte desolada de la costa de Veracruz. Miranda, una vendedora de departamentos y cliente habitual, visita el lugar para encontrarse con su amante quien llega siempre con retraso. Durante esos tiempos muertos, Miranda traba amistad con Sebastián y un fugaz juego de seducción se establece entre ellos. Los invitamos a leer nuestra crítica –El efímero consuelo– o nuestra entrevista con el director: La acción y el ensueño.

Vestigios del paraíso (2012)

Dirección: Antonio Hernández

Sinopsis: Chacahua es una isla turística de la costa de Oaxaca. Sus habitantes han permanecido invisibles para el mundo, incluyendo los ojos de sus visitantes. Vestigios del paraíso cuenta la historia de los niños de esta isla, cuyo sueño de participar en un torneo de surf se hará realidad. Como trasfondo de sus costumbres, salen a relucir los problemas que aquejan la comunidad: padres ausentes, una educación deficiente y dilemas morales respecto al cuidado del medio ambiente. El documental cuestiona si los niños de Chacahua están condenados a repetir el destino de sus antecesores o si las esperanzas tienen un porvenir.

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Qué es el Síndrome de Ulises y cómo afecta a los migrantes

La sintomatología de este síndrome que padecen muchos migrantes puede confundirse con depresión o estrés postraumático y no tratarse bien.
6 de agosto, 2022
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“No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza”, decía el poeta argentino Juan Gelman.

Sin embargo, en el mundo hay alrededor de 281 millones de migrantes internacionales (el 3.6 % de la población), según los datos de 2020 de la ONU.

Hay quienes emigran porque así lo desean, pero también quienes se ven obligados a ello. A finales de 2019, las personas desplazadas a la fuerza eran más de 79.5 millones según ACNUR.

Sea algo elegido o no, los migrantes, con las raíces a miles de kilómetros, puede que nos sintamos como decía Gelman: como una “planta monstruosa”. Y habrá circunstancias en nuestra llegada a destino que suavizarán esa condición o la empeorarán.

Y esto, sin duda, puede repercutir en nuestra salud mental.

En la frontera entre la salud mental y el trastorno

El psiquiatara español Joseba Achotegui trabaja con temas relacionados con migración en la Asociación Mundial de Psiquiatría, de la que es secretario. A partir de 2002 empezó a ver que algo cambiaba. “Se cerraron las fronteras, empezaron políticas más duras contra la migración, la gente dejó de tener acceso a papeles, había una enorme lucha por la supervivencia”, cuenta a BBC Mundo.

Y esto se reflejó en cómo acudían los pacientes a su consulta: “Estaban indefensos, asustados, sin poder salir adelante”.

En concreto, vio que muchos migrantes que viven situaciones difíciles presentaban “un cuadro reactivo de estrés muy intenso, crónico y múltiple”.

Achotegui le puso nombre: Síndrome de Ulises.

Aclara el psiquiatra que esto no es una patología, ya que “el estrés y el duelo son cosas normales en la vida”, pero sí remarca la peculiaridad del síndrome que deja al migrante, de nuevo, en la frontera. Pero esta vez entre la salud mental y el trastorno.

Duelo migratorio vs. síndrome de Ulises

Normalmente asociamos la palabra “duelo” al sentimiento tras las muerte de un ser querido. Los psicólogos lo relacionan con cualquier pérdida que tenga el ser humano, como dejar un trabajo, la separación de una pareja o cambios en nuestro cuerpo.

“Cada vez que experimentamos un pérdida, tenemos que acostumbrarnos a vivir sin eso que teníamos y adaptarnos a la nueva situación. Es decir, hay que elaborar un duelo”, explica la psicóloga experta en duelo migratorio Celia Arroyo.

Así, el duelo migratorio está asociado a este gran cambio en la vida de una persona. Pero tiene características que lo hacen especial, ya que es un duelo “parcial, recurrente y múltiple”.

Paisaje de Caracas

Getty Images
Se puede sufrir duelo por el habla, las costumbres… O por el paisaje.

Parcial porque no es una pérdida total como ocurre con la muerte de alguien; recurrente porque con cualquier viaje, comunicación con el país o echar un simple vistazo a una fotografía en instagram puede reabrirse; y múltiple porque no es solo una cosa la que se pierde, sino muchas.

Joseba Achotegui agrupó estas pérdidas en 7 categorías. La más evidente suele ser la pérdida de la familia y los seres queridos. También está la pérdida de estatus social, algo que, dice Arroyo, suele pasar por la condición de migrante pero si, además, “el país de origen es xenófobo, supone una gran adversidad”.

Otro duelo que el migrante pasa es el de la pérdida de la tierra. Por ejemplo, extrañar un paisaje montañoso o los días llenos de sol.

Se suma el duelo del idioma, que será más fuerte en la medida en que se migre a un país con otra lengua. Puede ser una verdadera barrera para, por ejemplo, hacer un trámite burocrático y mandar un simple correo electrónico.

Por último, está la pérdida de los códigos culturales, que puede significar algo tan sencillo como no tener con quién “echar un pie” y bailar salsa o con quien compartir un mate.

Y, asociado a esto, y como último duelo, está la pérdida de contacto con el grupo de pertenencia, con aquellos con quien podemos hablar en los mismos códigos, que entenderán nuestros modismos y forma de ver la vida.

El síndrome de Ulises es cuando, además de tener que pasar estos siete duelos normales para un migrante, se hace en condiciones difíciles, explica Achotegui.

Ilustración persona migrante con preocupaciones a su alrededor.

BBC MUNDO
Hay varios detonantes que pueden estresar a una persona en el país de acogida.

Cuáles son los detonantes

“Cuando hay dificultades o se rechaza a la persona en la sociedad de acogida puede darse este síndrome”, explica Guillermo Fauce, profesor de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid y presidente de Psicología sin Fronteras.

No es lo mismo llegar a un país nuevo con un trabajo ya estable que sin nada en firme; tener o no un techo y comida asegurados, entrar ya con visa o con un estatus legal por definir. Tener o no ciertas condiciones suma puntos y estrés.

El rechazo que puede tener más impacto es no tener papeles o no poder acceder a determinados recursos”, dice el psicólogo.

A su vez, Achotegui explica que esta situación hace que los migrantes no puedan salir adelante y genera tensión y problemas de supervivencia, otro detonante más.

Al coctel puede sumarse el no tener personas a nuestro alrededor que nos brinden apoyo, no solo material (donde vivir, comer, dormir), sino también emocional. “Muchos migrantes sufren situaciones de soledad, están aislados”, remarca Achotegui.

Fauce señala que también hay un apoyo simbólico que, de no darse, es otro detonante más. Se trata de que el entorno del migrante entienda y reconozca su condición, “que está pasando por un situación complicada, transitando muchos duelos y que se le permita un periodo de transición en la sociedad de acogida”.

Dos hombres en una fiesta.

Getty Images
Los expertos recomiendan hacer lazos con nuestra comunidad pero también con la sociedad de acogida.

A veces puede pensarse que “lo peor” ha pasado tras cruzar una frontera en malas condiciones, pero, en el país de acogida, la sensación de indefensión, de estar sin derechos y los posibles abusos laborales y sexuales pueden dar lugar a un cuarto detonante: el miedo.

Los expertos consultados añaden que esta situación de vulnerabilidad que puede dar lugar al síndrome de Ulises se hace mayor cuando se es mujer.

Qué nos puede pasar y cuándo estar alerta

Los síntomas pueden ser los mismos, dice Achotegui, que podemos tener cuando pasamos una mala época: dormimos mal, nos cuesta relajarnos, dolores musculares o de cabeza, enfado, nerviosismo, tristeza.

Fauce señala que, por un lado, se puede entrar en una suerte de estado depresivo y de tristeza, de encerrarnos en nosotros mismos y, por otro, estar hiperactivos y ansiosos, algo que al final nos va a quitar energía.

Esto puede hacer que el síndrome de Ulises se confunda con otras enfermedades mentales como depresión o estrés postraumático y que trate de medicalizarse.

Pero, en este caso, cuando se solucionan los obstáculos que dieron lugar al síndrome (hay trabajo, cierta estabilidad, menos estrés, etc,), desaparece.

“Si se sigue adelante, se consigue trabajo y hay una cierta estabilidad pero sigue habiendo síntomas, ahí hay algo más que evaluar y hay que intervenir de otra manera, porque puede que haya otra cosa ya del plano psiquiátrico, como un cuadro depresivo”, sostiene Achotegui.

Grupo de mujeres jugando al fútbol.

Getty Images
Hacer ejercicio y juntarse con la comunidad de origen pueden ayudar a bajar el estrés.

Así, cuando el malestar se convierte en permanente o impide que hagamos nuestra vida, hay que prender las alarmas. Otras muestras de alarma que señala Fauce son si aparecen ataques de ira, nuestras relaciones personales se ven afectadas o “se cogen atajos, como consumir drogas, alcohol, hay gastos desmesurados o se hacen deportes de riesgo”.

Qué hacer y qué no hacer

“Es fundamental crear una red de apoyo social, estar en contacto con otros inmigrantes y compartir vivencias”, señala Celia Arroyo. Para esto es bueno buscar migrantes de nuestra nacionalidad o grupos de apoyo específicos donde vivamos.

Al respecto, Achotegui dice que esto hace que haya “menos riesgo de trastorno mental”, pero quedarse muy anclado con nuestra comunidad puede hacer que se prospere menos. “Si no te metes en la sociedad de acogida, costará progresar. Es un equilibrio”.

Al final se trata de mantener “la raíz” con agua, pero no olvidarnos de nuestras hojas, del lugar donde reciben el sol.

También recomienda Achotegui hacer ejercicio y actividades que bajen el estrés.

Fauce remarca que “los cortes radicales no funcionan, ni las decisiones drásticas” ya sea respecto al país de origen o al de acogida y a las relaciones creadas en ambos.

Arroyo señala que, aunque es complicado dar un tiempo preciso, si tres meses después de haber conseguido una estabilidad el sufrimiento que sentimos no ha disminuido, es buen momento para pedir ayuda psicológica.

Qué pueden hacer los demás

La sociedad de acogida juega un papel importante, pero quien no ha vivido esta situación puede que no entienda qué implica el duelo migratorio ni el estrés sostenido que deriva en el síndrome de Ulises. Esto puede hacer que no sepamos cómo ayudar, qué decir o hacer.

Celia Arroyo recomienda que el entorno permita a quien esté esta situación que se exprese libremente y pueda hablar de qué le pasa y cómo se siente.

“Es importante no minimizar su sufrimiento ni generar falsas esperanzas” ante un futuro que es incierto cuando, por ejemplo, hay una visa o un trabajo que no llega.

Como en cualquier duelo, hay que evitar frases del estilo “ya se te pasará”, “no es para tanto”, “eso son miedos tuyos” o “todo saldrá bien”.

Achotegui sugiere ni compadecer ni victimizar: “Hay que acercarse con respeto, incluso con cierta admiración. El migrante es una persona fuerte, alguien que está yendo hacia adelante”.

A la vez, es importante respetar su cultura, mentalidad y cosmovisión.

Si nos cuesta conectar emocionalmente con alguien en esta situación, Fauce recuerda que todos hemos sufrido alguna pérdida y que es un buen ejercicio conectar con la emoción que tuvimos para empatizar con el migrante. Y pensar que, como escribió la uruguaya Cristina Peri Rossi, emigrar, partir al fin, es siempre partirse en dos.


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