Rescatan en California a mujer secuestrada durante diez años
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Rescatan en California a mujer secuestrada durante diez años

Fue raptada a los quince por el novio de su mamá.
22 de mayo, 2014
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En esta foto del martes 20 de mayo de 2014 difundida por el Departamento de Policía de Santa Ana muestra a Isidro García, de 41 años, quien fue arrestado en Santa Ana, California, por presuntamente haber secuestrado a una joven de 15 años en 2004 y luego haberla violado en el transcurso de los últimos 10 años. (Foto AP/Departamento de Policía de Santa Ana)

En esta foto del martes 20 de mayo de 2014 difundida por el Departamento de Policía de Santa Ana muestra a Isidro García, de 41 años, quien fue arrestado en Santa Ana, California, por presuntamente haber secuestrado a una joven de 15 años en 2004 y luego haberla violado en el transcurso de los últimos 10 años. (Foto AP/Departamento de Policía de Santa Ana)

Una mujer que tenía 15 años cuando desapareció hace una década de su casa en California, se reunió con su familia después que se puso en contacto con la policía y les dijo que el ex novio de su madre la narcotizó y la secuestró en 2004, para luego obligarla a casarse con él, informaron el miércoles autoridades.

La víctima tuvo un hijo con su secuestrador ochos años después de cometido el rapto.

La policía arrestó a su captor, Isidro García, de 41 años, bajo sospecha de secuestro para cometer violación, actos lascivos con un menor y privación ilegal de la libertad, de acuerdo con un comunicado del Departamento de Policía de Santa Ana.

La policía señaló que durante una década la mujer fue objeto de abuso sexual, mental y físico por su captor, fue llevada a diferentes lugares de residencia por lo menos cuatro veces y se le dieron varias identidades para ocultarla de su familia y de las autoridades.

García presuntamente le dijo que su familia había dejado de buscarla y que si trataba de contactarlos serían deportados a México. La encerró inicialmente, pero finalmente ella comenzó a llevar una vida que para los extraños parecía una vida normal.

“Aun con la oportunidad de escapar, luego de años de abuso mental y físico, la víctima no veía salida a su situación”, declaró la policía en un comunicado.

Los vecinos estaban pasmados. Describieron a la pareja al parecer feliz. Cuidaban con esmero a su hija menor y les gustaba realizar fiestas en su departamento de un barrio obrero de Bell Gardens, a unos 32 kilómetros (20 millas) del lugar de donde fue secuestrada.

“Él la trata como una reina. Hace lo mejor para darle lo que ella desea” dijo en español, la vecina contigua María Sánchez.

La mujer ahora de 25 años, cuya identidad no ha sido revelada, inicialmente contactó a las autoridades el lunes —el mismo día en que García fue arrestado. La policía señaló que la mujer buscó a la policía después que encontró a su hermana en Facebook.

El cabo de la policía de Santa Ana, Anthony Bertagna, dijo que la investigación de su departamento llegó a la conclusión de que la niña llegó de México en febrero del 2004 para reunirse con su madre y hermana en Santa Ana, a 32 kilómetros (30 millas) al sudeste del centro de Los Ángeles. Ingresó a Estados Unidos sin permiso y no hablaba inglés.

García era novio de su madre. El hombre tuvo una pelea con la madre de la niña en agosto del 2004, y ésta salió de la vivienda y la niña, de 15 años, se fue al parque.

García siguió a la niña, y ésta le dijo que le dolía la cabeza y quería volver a casa.

El hombre comenzó a amenazarla y le dio cinco pastillas para que según él se le pasara el dolor de cabeza, pero la adolescente quedó inconsciente. Cuando despertó, estaba encerrada en un garaje en Compton, una ciudad situada entre Santa Ana y Los Angeles.

La madre “hizo un reporte policial y durante 10 años la búsqueda estuvo abierta. Pero ellos se cambiaban de nombre y de edad, y daban direcciones distintas lo cual dificultó la tarea”, indicó Bertagna.

“Estamos hablando de una niña de 15 años que está en un país extraño”, destacó. “No tiene a dónde ir”, señaló.

En el 2007, García obtuvo documentos desde México que le daban a la niña un nuevo nombre y nueva fecha de nacimiento. Valiéndose de esos documentos, se casó con ella y tuvieron una niña en el 2012.

García consiguió empleo para los dos en labores de limpieza nocturna, de manera que pudiera mantenerla vigilada. Ella trató de escapar dos veces y fue golpeada con fuerza.

Recientemente encontró a su hermana en Facebook, y comenzaron a comunicarse. Fue cuando se enteró que su madre sí había tratado de encontrarla, que había ido a la cadena en español y a un diario en el 2004.

Comenzó a reflexionar sobre la situación de su propia hija y llegó a la conclusión de que tenía que partir, dijo Bertagna. El lunes, fue a la policía de Bell Gardens y reportó que era víctima de violencia doméstica. Asimismo les dijo que la habían secuestrado.

La policía arrestó a García el lunes en un semáforo en Bell Gardens. El martes, la policía informó que lo había detenido por secuestro y otros delitos y que lo estaba interrogando.

García debe comparecer el jueves para su encausamiento en un tribunal.

Su arresto se da poco más de un año después del rescate de Amanda Berry, Gina DeJesus y Michelle Knight, tres mujeres que fueron víctimas de secuestro y violación en Cleveland por alrededor de una década. Su captor, Ariel Castro, se ahorcó en prisión en septiembre de 2013, cuando purgaba una sentencia de cadena perpetua más 1.000 años.

Associated Press.

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Migrantes en Texas: 'Estamos honrando a personas cuyas familias aún no saben que han muerto'

San Antonio, una ciudad del sur de Texas cercana a la frontera con México, la migración está muy presente. Y muchos sienten como propia la tragedia de las 53 personas que murieron de calor en el remolque de un camión abandonado.
30 de junio, 2022
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“Mírenme: ¿a ustedes les parezco estadounidense? ¿Saben la de veces que me llamaron come-frijoles en el colegio? ¿Cómo vi a mi madre esclavizarse para conseguir unos papeles? Y me preguntan por qué estoy tan afectada”.

En la vigilia para recordar a los migrantes hallados sin vida el lunes en un camión abandonado en el suroeste de San Antonio, Texas, y a los que fallecieron después en hospitales de la ciudad —40 hombres y 13 mujeres, 53 en total—, Wanda Pérez Torrescano no puede ocultar su enojo.

“Es que estamos honrando a personas cuyas familias aún no saben que han muerto, que siguen esperando esa llamada que diga: ‘Mami, llegué a la frontera, estoy bien'”, dice enérgica, micrófono en mano, ante las decenas de congregados este miércoles en el céntrico parque Travis.

“Y lo sé porque yo he estado del otro lado del teléfono”.

Nacida en Ciudad de México y criada en San Antonio, no es la única que siente como propia la mayor tragedia migratoria que se recuerde en suelo estadounidense.

En un acto solemne similar, el día anterior, la hondureña Jessica recordó cómo ella misma estuvo en su día en la piel de los migrantes que ahora dejaron sin agua ni aire acondicionado en un remolque con una temperatura exterior de 40 grados.

“Yo vine aquí a los 14 años, también en un tráiler (18 wheeler) y perdí el conocimiento por el calor”, dijo con emoción durante la vigilia. Preguntada después si quería contar su historia a BBC Mundo, contestó: “Me sigue desencadenando muchas emociones. Aún tengo mucho que procesar y no me siento preparada para dar detalles”.

Mujer sostiene cartel durante vigilia.

Getty Images

Mientras eso ocurría en el casco histórico de San Antonio, otros honraban a los muertos en el mismo lugar en el que fue hallado el camión: un polvoriento camino entre un almacén de madera y la vía del tren, en un paisaje salpicado de ventas de autopartes.

Las primeras dos cruces —bien coloridas— las colocaron allí el martes Angelita Olvera, hija de un potosino, y Debra Ponce, quien advierte que “hay que tener un ojo en Texas, porque se van a cambiar los derechos civiles tal como los conocemos”.

Desde entonces, aquella esquina desangelada se ha llenado de flores y velas, como las depositadas por la hondureña Gabriela y sus dos hijas, y de carteles llamando al respeto y a la solidaridad. El artista Roberto Márquez, quien él mismo cruzó desde Tijuana a EE.UU. hace ya 40 años, pinta un mural que se da cierto aire al Guernica de Picasso.

Y es que la migración está muy presente en esta ciudad situada a apenas 250 kilómetros al norte de la frontera con México.

Señalización en la calle que en la que se encontró el camión.

Getty Images
Señalización en la calle que en la que se encontró el camión.

Ciudad clave en el tránsito migratorio

Expertos y organizaciones que BBC Mundo consultó para este artículo y funcionarios que pidieron no publicar su nombre describen a la urbe de 2,5 millones de habitantes como un “centro de tránsito”, un lugar estratégico en el que confluyen varias rutas migrantes, rodeado de autopistas que cruzan el país de norte a sur y de este a oeste.

Edward Reyna, un empleado de seguridad de la empresa maderera situada a escasos metros de donde fue dejado el camión, ya perdió la cuenta de las veces que ha visto a mexicanos y centroamericanos, entre gente de otras nacionalidades, saltar del tren que pasa por ahí mismo.

“Ya sabía que tarde o temprano alguien saldría lastimado”, le dijo a la BBC. “A los carteles que los traen no les importan nada”.

Los que él se encuentra durante sus guardias son los que no han sido interceptados por las autoridades migratorias.

En mayo la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) registró casi 240.000 “encuentros”, un tercio más que el mismo mes el año anterior.

Eso a pesar de que el gobernador de Texas, el republicano Greg Abbott, lanzara en marzo de 2021 la Operación Lone Star y ese mayo emitiera una “declaración de desastre” que le permite desplegar la Guardia Nacional en la frontera y ahora cubre 53 condados. Todo ello para tratar de frenar el aumento de los cruces fronterizos, que él atribuye a las políticas migratorias del presidente Joe Biden.

La policía investiga un camión en el que fueron hallados 46 personas muertas.

Getty Images
San Antonio queda aproxidamente a 250 km de la frontera con México.

Pero los migrantes siguen llegando y transitando por el estado, algunos ocultos en camiones, un modus operandi muy específico —aunque no exclusivo— de esta zona fronteriza, le dice a BBC Mundo Guadalupe Correa-Cabrera.

Profesora de la Universidad George Mason de Faixfax, Correra-Cabrera lleva años estudiando las rutas migratorias, incluida la que transita desde Nuevo Laredo, en México, hasta Laredo, en EE.UU., a través de la aduana terrestre para mercancías más importante del hemisferio.

Eso mismo hace que sea imposible revisar toda la carga que cruza a diario por ese puente, explica la experta. “No hay cifras oficiales, pero se calcula que es menos del 5% lo que se llega a verificar”.

Aunque aclara que el tráfico de migrantes en tráilers no necesariamente arranca en México. En base a testimonios recopilados por ella misma, cuenta que en algunos casos los traficantes los recogen en camiones ya del lado texano.

Es lo que los investigadores del Departamento de Seguridad Nacional que lideran las indagatorias creen que ocurrió en el caso del camión abandonado el lunes, según le dijo a la agencia AP el congresista Henry Cuellar.

Niña deja flores en el lugar en el que se encontró el camión.

Getty Images

Los que se van, los que quedan

Vengan por la vía que vengan, por el medio de transporte que sea, gran parte de los migrantes que llegan a San Antonio suelen estar de paso, le confirman a BBC Mundo las autoridades migratorias. Suelen hacer noche en un espacio facilitado por distintas organizaciones que los apoyan o en el aeropuerto o la estación de autobuses.

Aunque hay quienes se quedan, como Lemi, un cubano que llegó hace cuatro años y trabaja de taxista en la ciudad. Su plan es, en algún momento del año que viene, irse con su mujer y su hijo de 11 meses a Florida.

O su compatriota Jose, quien tras pasar penurias en la selva del Darién, en Ecuador y otros países por los que transitó, cruzó a EE.UU. y se entregó a Migración el 25 de mayo, al día siguiente del tiroteo que dejó 21 muertos en una escuela primaria de Uvalde —una localidad a poco más de hora y media por carretera de la frontera—.

Nada más ser liberado se subió a un bus de la empresa Greyhound —en el que me contó su historia— dirección a la estación de San Antonio.

También se quedó en la ciudad, al menos de momento, Carlos, un emigrante venezolano de 34 años que, tras atravesar varios países, cuando llegó a la frontera sur de México decidió que la mejor manera de dirigirse al norte era en moto.

“En Monclova (en el estado norteño de Coahuila, que limita con EE.UU.) tuve un accidente, me operaron y ahora llevo una placa aquí”, dice señalando el muslo izquierdo.

Mientras recupera fuerzas en la pierna para poder trabajar, aguarda en la Posada Guadalupe, que gestiona el padre Phil Ley.

Originario de Indiana, instaló el primer albergue para migrantes en San Antonio hace 16 años. “Empecé a recibir a personas enviadas de hospitales, porque estaban lesionadas o eran diabéticas y necesitaban diálisis. Hasta que un abogado (especializado en migración) me pidió permiso para albergar a un cliente que acababa de cumplir los 18 años y ya no podía estar en el Centro de Detención para menores del ICE”, recuerda para BBC Mundo.

“Así se corrió la voz entre otros abogados”, dice, y el suyo terminó siendo una casa de acogida especialmente para migrantes jóvenes. Este miércoles tenía a 21. “Mañana llega otro, y el sábado uno más”, cuenta.

Preguntado por lo ocurrido con el camión abandonado con los migrantes dentro, dice que es una desgracia que lo “entristece y enfurece al mismo tiempo”.

Son los mismos sentimientos que compartía Wanda Pérez con los asistentes a la vigilia este miércoles, los que sienten la tragedia como propia, los que expresaron todos aquellos que hablaron con BBC Mundo para este reportaje y describieron el suceso como un “asesinato en masa”.

“Tragedias como esta visibilizan el problema, mientras nos hacen pensar en cuán sofisticadas son estas redes, cuánta gente y dinero mueven, y qué poco sabemos de ellas”, cierra la investigadora Correra-Cabrera.


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