Venezuela divide a la Casa Blanca y al Congreso de EU
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Venezuela divide a la Casa Blanca y al Congreso de EU

Este martes el Congreso avanzó un paso más en la imposición de sanciones contra funcionarios venezolanos por la crisis. Pero el gobierno se ha mostrado reacio a seguirle la corriente. En BBC Mundo averiguamos por qué.
20 de mayo, 2014
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Foto: AP

Foto: AP

Al aprobar un proyecto de ley en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el Congreso de Estados Unidos avanzó este martes hacia la imposición de sanciones contra funcionarios venezolanos a los que acusa de cometer abusos contra los derechos humanos en la crisis política que sacude el país desde febrero.

El presidente del comité, el demócrata Robert Menéndez, dijo que se trata de “penalidades contundentes” contra miembros del gobierno de Nicolás Maduro por “aterrorizar a grandes segmentos de la población con una impunidad inquebrantable”.

Menéndez es una de las figuras más visibles de un grupo de congresistas demócratas y republicanos que piden que Washington reaccione más fuertemente ante lo que consideran son excesos de las autoridades contra manifestaciones de la oposición.

Desde que en febrero empezaron las movilizaciones antigubernamentales, se han registrado 42 muertes -entre opositores, simpatizantes del gobierno y una decena de policías-, según datos de la fiscalía, y han sido arrestadas más de 3.000 personas, de las que poco más de un centenar permanecen detenidas a la espera de procesos judiciales.

El grupo que promueve sanciones contra el gobierno venezolano cuestiona la dura represión ejercida por la Guardia Nacional Bolivariana y la Policía Nacional Bolivariana, aunque el gobierno y la fiscalía aseguran que han actuado respetando los derechos ciudadanos, e incluso muestran la detención de unos 20 funcionarios como demostración de su intolerancia con los excesos policiales.

Mientras en el Capitolio muchos están dispuestos a imponer sanciones a Caracas, en la Casa Blanca hay una actitud más renuente y su estrategia es la de apoyar con “optimismo cauteloso” el incipiente diálogo político que iniciaron las partes hace dos meses para buscar una salida al conflicto. Éste actualmente está congelado, precisamente por las quejas de la oposición sobre la represión de las manifestaciones.

Por ahora las iniciativas legislativas deberán ser consideradas en los plenos de la Cámara de Representantes y el Senado, antes de ser presentadas al presidente Barack Obama, quien tiene la potestad de convertirlas en ley o vetarlas.

Funcionarios del gobierno de Obama han aclarado que sólo contemplan el uso de sanciones dirigidas contra funcionarios venezolanos si esas conversaciones fracasan, aunque han advertido que imponerlas podría ser “contraproducente”.

Impacto contraproducente 

La principal razón de esa cautela es que la Casa Blanca considera que las sanciones, en vez de ponerle fin a la crisis, podrían afectar el diálogo y darle nuevos argumentos a Maduro.

La subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson, dijo este mes ante el Congreso que las sanciones le servirían al presidente para recurrir a una “mentalidad de víctima”.

Washington teme que una reacción punitiva genere aun más acusaciones de injerencia de parte de Venezuela, lo que desviaría la atención de la crisis local a los problemas bilaterales.

“Este no es un tema entre Estados Unidos y Venezuela”, dijo Jacobson, quien es la diplomática estadounidense de más alto rango enfocada en América Latina. “Es un problema interno de Venezuela”.

Caracas piensa distinto. El gobierno venezolano acusa a Estados Unidos de entrometerse en su política interna hasta el punto de buscar un cambio de gobierno.

El canciller Elías Jaua aseguró el domingo que denunciará a Washington ante organismos internacionales como la ONU por su “injerencia” y las amenazas de sanciones.

Este tipo de reacciones ha puesto a la Casa Blanca en un incómodo dilema.

“La política de Obama está atrapada entre el imperativo político de hacer algo y el efecto que eso pueda tener en el terreno”, le dice a BBC Mundo Cynthia Arnson, directora del programa de América Latina en el Woodrow Wilson International Center for Scholars, un centro de estudios con sede en Washington.

“Los imperativos son políticos y provienen del Capitolio, pero es probable que el impacto sea contraproducente”.

En ambas cámaras del Congreso fueron presentados proyectos de ley que pretenden penalizar con congelamiento de activos y prohibición de entrada a Estados Unidos a quienes consideren responsables de la violencia.

Lea también: el ministro Izarra ve la mano de EE.UU. en las protestas de Venezuela

Rusia y Venezuela

El temor a una reacción distinta a la esperada explica sólo una parte de la actitud del gobierno estadounidense. A fin de cuentas, Washington ha impuesto sanciones en otros casos sin tener claridad total sobre sus efectos.

El senador republicano Marco Rubio, otro importante crítico del gobierno de Maduro en Washington, se refirió a ese argumento cuando comparó la crisis en Venezuela con la de Ucrania y Rusia.

“Hemos sancionado a violadores de derechos humanos en Rusia”, dijo. “¿Por qué es más importante lo que está pasando en Rusia que lo que está pasando en Venezuela? Nosotros sancionamos a violadores de derechos humanos todo el tiempo”.

Rubio tiene razón en que las sanciones se han convertido en uno de los métodos preferidos por la Casa Blanca para responder a crisis internacionales. Además de Rusia y Ucrania, países como Birmania y Sudán del Sur se vieron recientemente afectados por sanciones estadounidenses.

Pero detrás de esa estrategia se esconde a veces una reticencia inicial que es recurrente en el estilo de gobierno de Obama. Así como sucede con Venezuela, Washington se demoró meses antes de decidir públicamente si sancionaba a funcionarios ucranianos.

Aunque en ocasiones no ha dudado en utilizar el poder que tiene en sus manos -como en el uso de drones o el ataque contra Osama bin Laden- en varios conflictos internacionales Obama ha preferido ser cauteloso y buscar alianzas antes de actuar.

Una de sus máximas es que las responsabilidades del poder tienen que ser compartidas. De ahí que su gobierno defienda el proceso del diálogo mediado por Unasur y asegure que de imponer sanciones contra Venezuela, le gustaría que fuera en un ambiente de presión multilateral.

Los opositores de Obama consideran que eso debilita el poder del país aunque responda al deseo de buena parte de los estadounidenses. Varias encuestas han señalado que una proporción considerable de ciudadanos quiere que Washington se preocupe de sus propios problemas y deje que el resto del mundo resuelva los suyos.

Estos argumentos explican por qué, a pesar de las presiones en el Congreso, todavía no está claro si Obama cambiará su cautela y apoyará las sanciones, si bien no ha cerrado esa puerta del todo.

Como dijo Tom Malinowski, subsecretario de Estado para temas de derechos humanos, “es cuestión de escoger el momento adecuado para asegurarnos de que logremos el efecto que queremos”.

¿Qué buscan las sanciones a Venezuela?

Washington ha explicado que sus sanciones contemplan prohibirles la entrada al país y congelar los activos de quienes consideren responsables de las violaciones de derechos humanos en Venezuela. El gobierno no contempla inicialmente imponer sanciones a sectores de la economía, como el petrolero. El proceso en otros casos -como Ucrania- ha sido primero proponer sanciones individuales, luego a entidades y luego a sectores.

Según Tom Malinowski, subsecretario de Estado encargado de los derechos humanos, las sanciones tienen dos propósitos: atribuir responsabilidades a través de un hecho concreto y enviar un mensaje que presione, en el momento adecuado, para cambiar la situación sobre el terreno.

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#TheatreCapChallenge, la sencilla idea que "está salvando vidas" en las salas de operación

Cuando el británico Rob Hackett apareció en el quirófano con su nombre y profesión escrito en el gorro, recibió varias burlas. Pero esa sencilla medida ayuda a disminuir lo que es la tercera causa de muerte en Estados Unidos: los errores médicos.
31 de mayo, 2022
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“¿Acaso no puedes recordar tu nombre?”, solían decirle los colegas de Rob Hackett en broma.

Era fines de 2017 y el anestesista británico había decidido empezar a ingresar a las salas de operaciones con su nombre y profesión escritos en el gorro, algo tan vistoso que era ineludible para sus colegas.

Y esa era justamente la idea: que lo detectaran y leyeran con facilidad.

Un año y medio después, su iniciativa #TheatreCapChallenge (“desafío del gorro de quirófano”) se volvió viral y, según Hackett, ya está salvando vidas.

“Desde hace más de 10 años que me enfoco en mejorar la seguridad de los pacientes”, cuenta el médico a BBC Mundo desde Sídney (Australia), donde vive desde hace dos décadas.

Su interés en el tema comenzó tras presenciar la muerte de una madre joven por una serie de “peligros que aún existen”.

“Soy consciente de que otra gran cantidad de personas continúa muriendo innecesariamente por estos mismos problemas”, dice el anestesista.

Esos “peligros” o “problemas” se llaman errores médicos.

En Estados Unidos, por ejemplo, los errores médicos son la tercera causa de muerte, según un estudio realizado por la Universidad Johns Hopkins y publicado en la revista British Medical Journal en 2016.

Principales causas de muerte en EE.UU.. . .

Y, de acuerdo con la última guía para cirugías seguras de la Organización Mundial de la Salud, la comunicación es la raíz de 70% de los “miles de eventos adversos reportados (dentro de los quirófanos) entre 1995 y 2005” .

Hackett ha sido testigo directo o indirecto de todo ello.

Durante sus 12 años como anestesista, ha sabido de estudiantes a los que piden que terminen una operación porque los confunden con novatos en fase de entrenamiento.

O pacientes que sufren infartos porque no recibieron la compresión torácica (maniobra de primeros auxilios) a tiempo por la sencilla razón de que nadie en la sala quirúrgica se dio por aludido cuando se dio la orden.

Así que se propuso buscar medidas para cambiarlo.

#TheatreCapChallenge

“Conocí la llamada ciencia de los factores humanos a principios de 2015 y el tema me motivó aún más después de asistir a una serie de presentaciones del experto en seguridad médica (Rollin) ‘Terry’ Fairbanks”, cuenta Hackett.

Médicos operando.

Getty Images
La comunicación dentro de la sala de operaciones es la raíz del 70% de los “eventos adversos”, dice la OMS.

Fue en esa época que intentó introducir en la sala de operaciones lo que definió como “otra iniciativa obvia de seguridad”: “Fui sometido a intensas amenazas e intimidaciones por parte del personal de mayor jerarquía dentro de uno de mis propios hospitales”.

“Tal vez fue entonces cuando me di cuenta de que había pocas posibilidades de cambio y mejora dentro de los marcos de asistencia sanitaria existentes”, agrega.

Abandonó esa idea pero seguía pensando que algo debía cambiar.

La idea de los gorros con nombres llegó de una forma inesperada: leyendo el libro de autoayuda “Cómo ganar amigos e influir sobre las personasdel estadounidense Dale Carnegie.

“Cuanto más lo pensaba, más obvia y fantástica me parecía la idea”, confiesa. “Crea una mejora en la atención al paciente y expone los marcos de atención médica en los que nos basamos para resistirnos al cambio”.

Pero a la iniciativa le faltaba masificación.

La idea llegó de la entonces estudiante para partera Alison Brindle, quien propuso usar el hashtag #TheatreCapChallenge en redes sociales, cuenta Hackett.

En Twitter, en los últimos dos meses, el hashtag ha sido usado principalmente en Reino Unido y Estados Unidos, pero Australia, España y México le siguen en menciones, según la herramienta Hashtagify.

Además, organismos como las asociaciones de anestesistas de EE.UU. y Australia han apoyado públicamente la iniciativa.

La Asociación Estadounidense de Asistentes Médico Quirúrgicos, por ejemplo, lo agregó a su lista de políticas e informó: “Es una idea simple y gratuita que ayuda a mejorar la comunicación en una emergencia, especialmente en instituciones más grandes donde puede ser más difícil identificar a colegas y caras nuevas”.

“Experimento psicosocial”

Cuando Hackett comenzó con la iniciativa, creó un video donde explica que “saber los nombres de las personas y sus roles es una habilidad no técnica esencial para el trabajo en equipo”.

En situaciones de emergencia como un paro cardíaco, cuando el personal está corriendo hacia el quirófano, saber “quién es quién” marca la diferencia, continúa.

“Orquestamos al equipo con extrema eficiencia y el paciente tiene mayores probabilidades de sobrevivir“.

Desde que se convirtió en “el loco” que lleva su nombre escrito en la frente hasta la actualidad, Hackett ha escuchado numerosas críticas.

Las principales, cuenta a BBC Mundo, son el costo, la falta de evidencia científica para llevar adelante la experiencia y la vergüenza de verse “poco profesional”.

Pero Hackett tiene argumentos para cada crítica.

Equipo médico.

Gentileza Rob Hackett
Rob Hackett junto a un equipo médico en Sídney, Australia, donde cada uno tiene su gorro con nombre y profesión.

Si bien hoy en día lleva un gorro con sus datos bordados, en un principio simplemente lo había escrito a mano. Por eso, agrega, el costo de implementación es cero.

Respecto a las pruebas, el británico cita una investigación de la Escuela Imperial de Anestesia de Reino Unido presentada en Londres el año pasado que afirma que los cirujanos saben el nombre de menos de la mitad (44%) del personal médico dentro del quirófano.

“Conocer y reconocer a los miembros del equipo por su nombre ha sido cuantitativa y cualitativamente asociado con una mayor confianza, compromiso laboral y resultados clínicos“, dice otro estudio publicado el año pasado por la revista British Journal of Anaesthesia.

El trabajo, que analizó el impacto de #TheatreCapChallenge en un hospital en Reino Unido, afirma que el recuerdo de nombres aumenta con los gorros, algo que no sucedió en otro estudio que incluyó una chapa identificatoria en el pecho.

Además, de acuerdo a ese mismo estudio, 94% de los anestesistas y enfermeros apoyaron la iniciativa.

“La reacción de los profesionales médicos ha sido fascinante”, confirma Hackett.

Médicos corriendo.

Getty Images
En las emergencias, saber quién es quién ayuda a organizar al equipo médico “con extrema eficiencia y el paciente tiene mayores probabilidades de sobrevivir”, dice Hackett.

Según una encuesta realizada por PatientSafe Network, una organización sin fines de lucro sobre seguridad del paciente que Hackett dirige, 86% del personal apoya la iniciativa.

El apoyo fue unánime por parte de los estudiantes de enfermería y medicina, aquellos que son nuevos en la atención médica”, dice, agregando que lo mismo ha sucedido con los pacientes.

“Sin embargo, el apoyo fue menor entre quienes tienen la mayor influencia: el personal que ha estado en la industria durante más de 20 años”, reconoce.

Y es aquí donde entra el factor del profesionalismo y prestigio.

En palabras de Hackett, el #TheatreCapChalleng “es como un experimento psicosocial internacional masivo, que expone fácilmente dónde la cultura de la atención médica está fallando”.


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https://www.youtube.com/watch?v=6AMWU9EbdCU

https://www.youtube.com/watch?v=AYRg2DPj-FM

https://www.youtube.com/watch?v=UtuieuqZq7M

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