Así pierde la autoridad a los desaparecidos... luego de localizarlos
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Así pierde la autoridad a los desaparecidos... luego de localizarlos

En México, las autoridades omiten practicar análisis forenses de ADN a los cuerpos hallados, pese a que podrían ser de alguna de las miles de personas que se encuentran en calidad de desaparecidas. Animal Político cierra la serie de textos sobre las desapariciones en la administración de Enrique Peña Nieto, con este caso.
Por Paris Martínez
6 de junio, 2014
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Investigadores forenses en el proceso de levantamiento de restos. //Foto: Cuartoscuro

Investigadores forenses en el proceso de levantamiento de restos. //Foto: Cuartoscuro

La adolescente Bárbara Reyes, de 17 años, fue secuestrada el 8 de agosto de 2011 y localizada un mes y tres semanas después, el 1 de octubre de ese año, sin vida, en un terreno baldío del Estado de México.

Pero, a pesar del hallazgo de sus restos, Bárbara continuó en calidad de víctima de secuestro y desaparición durante un año y seis meses más, hasta febrero de 2013, ya que, al no practicársele análisis forenses de ADN, la joven fue enviada a la fosa común, en calidad de desconocida, esto, a pesar de que dos semanas antes, el mismo forense había sido notificado de su búsqueda.

Debido a que la Procuraduría de Justicia del Estado de México omitió investigar la identidad de los restos hallados en octubre de 2011, omisión calificada como “negligencia” por el Poder Judicial de la entidad, la familia de Bárbara vio prolongarse el rastreo de la adolescente durante 18 meses más, angustia que concluyó, subraya el padre de la menor, el señor Alejandro Reyes, no gracias a los oficios de las autoridades, sino a pesar de ellos.

“Y la historia de mi hija, y de nosotros como familia, es la historia de muchas jovencitas de México, que fueron arrancadas del seno familiar, y de muchas familias que las buscan, sin haber sido informadas de que la autoridad guarda sus cuerpos, y sin estar conscientes de que la autoridad no tiene la menor intención de indagar sus identidades o las causas de sus muertes o, siquiera, si alguien las está buscando.”

¿Cómo busca la autoridad?

En el secuestro y asesinato de Barbara, reconoce su papá, la autoridad mexiquense no tuvo responsabilidad directa, “más allá de que es responsabilidad de las autoridades brindar seguridad a la población, sin que lo cumplan”. Pero de lo que sí pueden ser considerados “copartícipes” directos, destacó, “es de su desaparición y de los daños que ésta nos causó como familia, porque la  ineptitud e indolencia con las víctimas y los deudos sí es culpa de ellos. Ellos encontraron a mi hija un mes después de su secuestro y no nos avisaron, no hicieron nada para identificarla, nada”.

Y dicha ineptitud, subrayó el señor Reyes, no es una excepción, sino la regla en el proceder de los servidores públicos encargados de procurar justicia.

El primer ejemplo de ello, se dio horas después de que Bárbara fue raptada, el 8 de agosto de 2011, “esa noche yo llegué a la agencia del Ministerio Público para denunciar el secuestro de mi hija, pero el agente me informó que no había sistema de cómputo y, entonces, que no me podía tomar la denuncia, que me esperara… En ese momento le tuve que explicar que los secuestradores se habían comunicado conmigo y me habían exigido trasladarme hasta Querétaro, para recibir nuevas instrucciones para el pago del rescate, y sólo así el agente accedió a tomarme la denuncia, pero en una hoja de Word, en un procesador de texto simple. Y por haber hecho las cosas así, durante las primeras dos semanas transcurridas desde el secuestro, la autoridad sencillamente no hizo nada para comenzar a buscarla, porque ese agente no introdujo el acta al sistema tan pronto como éste se restableció… se tardó dos semanas en hacerlo.”

Luego de eso, ya que la denuncia fue oficializada y debidamente introducida al sistema de la Procuraduría, continúa el señor Reyes, “se perdieron otros tres días, porque el agente investigador asignado al caso dedicó todo ese valioso tiempo a manejar dos teorías: una, que nosotros éramos culpables; y dos, que ella se había ido por propia voluntad”.

La enumeración de anomalía sigue: “la policía tardó seis meses en ir a mi casa y tomar huellas; tardaron seis meses en obtener la información del teléfono celular de mi hija; tardaron ocho meses en obtener la información del teléfono fijo de nuestro domicilio… ellos piensan que hacer su chamba es redactar un escrito y mandarlo, pero no. Tiene que haber un proceso de seguimiento y apersonamiento. Deben establecer medidas cautelares para que se den las respuestas, apercibimientos, todo.”

Otros tres factores, añadió, detuvieron las pesquisas por lapsos prolongados y en momentos clave, “en los que la investigación prácticamente se congeló: el primero fue en septiembre de 2011, tres semanas después del secuestro de mi hija, cuando el entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, dejó el cargo para iniciar (pre)campaña como candidato a la presidencia de México, en ese momento, todos los recursos públicos se fueron para la campaña, no había dinero ni para cargar gasolina y que los agentes se fueran a realizar peritajes, y los recursos tardaron en normalizarse alrededor de dos meses; el segundo momento fue cuando Peña ganó (en julio de 2012), lo que generó que todos los agentes y elementos de la estructura operativa de la Procuraduría mexiquense se fueron al gobierno federal, les valieron madres nuestros casos… y el tercer momento se dio poco después, cuando el agente encargado del caso tuvo que admitir ante mí que en dos semanas no había podido hacer nada, porque no tenía computadora, y al exigir una explicación, me dijeron que no había recursos, así que acabé donando yo una computadora, que fui a comprar con mi propio dinero, y que les di con la única condición de que la usaran en la investigación de mi hija, y que no terminara usándose en cualquier otra cosa.”

¿Cómo las pierde la autoridad?

Los restos de Bárbara Reyes fueron encontrados el 1 de octubre de 2011, a ras de suelo, en un descampado. No quedaban tejidos, sólo huesos y algunas prendas de vestir.

En primera instancia, el agente encargado del caso envió una muestra para identificar su ADN, pero al resultar ésta inapta, genetistas de la misma Procuraduría solicitaron al investigador más muestras, algo que, sin embargo, no hizo, y cuatro meses después envió los restos a la fosa común.

Tal como el forense que examinó los restos, el agente investigador tampoco confrontó la información del cuerpo, con la base de datos de personas no localizadas, en la cual Bárbara estaba inscrita.

En el dictamen forense, además, se omitieron otras cuestiones básicas, señala el señor Reyes, comercializador de productos químicos. “En primera, no se rastreó la existencia de agentes que aceleraran artificialmente la descomposición del cuerpo, hasta eliminar todo tejido orgánico, lo cual es anormal en un lapso tan breve (alrededor de 30 días, según dicha autopsia)… pero la cosa llega a la burla, cuando el médico forense establece que se trata de una mujer de entre 17 y 20 años, con ojos cafés… ¡¿cómo podía determinar el color de los ojos, si sólo quedaban huesos?!”

Aquí, la enumeración de anomalías también se prolonga. “El agente investigador, además, perdió la ropa de mi hija, sin que se le hubiera realizado ningún examen… sabemos que esa ropa fue recuperada del lugar donde mi hija fue encontrada, porque le tomaron fotografías, pero las prendas desaparecieron.”

En febrero de 2012, cuatro meses después de ser hallados, los restos de Bárbara fueron sepultados en la fosa común del panteón de Cuatitlán, Estado de México, y no fue sino un año después que, por un rastreo realizado por la propia familia en registros de servicios forenses municipales, éstos pudieron ser finalmente identificados y recuperados… aunque no sin dificultad.

“La gente del panteón no lleva ningún registro de los cuerpos que se depositan en la fosa común, así que se tuvo que excavar 67 metros cuadrados de tierra, a una profundidad de tres metros, para poder encontrarla.”

Así, 18 meses después de su secuestro, y poco más de 16 meses después de que fue hallada sin vida, los padres de Bárbara pudieron, al fin, recuperarla.

Aunque intentaron llevar a juicio al agente investigador que omitió realizar el levantamiento adecuado de muestras de ADN, y quien también perdió las prendas de Bárbara, un Tribunal Colegiado determinó que no procedía su despido, ya que, aunque incurrió en “negligencia”, ésta no fue con dolo.

Finalmente, este agente renunció.

Epílogo: el derecho a la verdad

Debido a las condiciones en que fueron hallados los restos de Bárbara, no fue recabada ninguna evidencia que pudiera indicar la forma en que murió. La única pista, su ropa, está extraviada y el último agente que las tuvo en su poder, ya no forma parte de la Procuraduría de Justicia del Estado de México.

De su osamenta, además, tampoco pudo obtenerse ningún rastro útil, ya que se contaminó en la fosa común en la que permaneció más de un año.

“Con la localización de mi nena –dice el señor Reyes–, parte de mi dolor ha sido subsanado.  Pero otra parte no. Nosotros no sabemos qué le hicieron a mi hija y quién o quiénes lo hicieron. Y no dejaremos de presionar y de exigir que los busquen y los encuentren, y así esclarezcan la muerte de mi hija… alguna esperanza nos queda, por ejemplo, en la herramienta de las recompensas. Mi hija fue la primer muchacha por la que la Procuraduría General de Justicia del Estado de México emitió una recompensa (de 300 mil pesos) para quien aportara datos que permitieran localizara, o identificar y capturar a sus secuestradores, y esa recompensa sigue vigente, alguien tuvo que haber visto, escuchado o haberse enterado, alguien sabe y puede ayudarnos…”

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Qué es la 'regla del silencio incómodo' que utilizan famosos emprendedores como Tim Cook o Jeff Bezos

Si alguna vez te has arrepentido de hablar sin pensar, te contamos cómo funciona una singular regla que algunos de los que manejan las mayores empresas del mundo han aplicado en su ambiente laboral y frente al público.
30 de septiembre, 2020
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Cuando nos apresuramos en dar una respuesta, las cosas pueden salir mal, y por eso no sería extraño que más de una vez te hayas arrepentido de hablar sin haber pensado lo que ibas a decir.

Hay una estrategia que conocidos emprendedores como Tim Cook, director ejecutivo de Apple, y Jeff Bezos, fundador de Amazon, han puesto en práctica, precisamente para concentrar toda su atención en sus palabras.

Se trata de la “regla del silencio incómodo”, un concepto desarrollado por Justin Bariso, consultor y autor del bestseller “EQ Aplicado, Guía para la Inteligencia Emocional en el Mundo Real”.

Consiste en que cuando te enfrentas a una pregunta desafiante, en vez de responder de inmediato, haces una pausa y piensas profundamente cómo quieres responder.

¿Por qué es incómodo?, porque la pausa puede ser de 10 segundos, 20, o incluso más tiempo, haciendo que el interlocutor se sienta desconcertado, si no está acostumbrado a este tipo de interacciones.

En diálogo con BBC Mundo, Bariso cuenta que Tim Cook es conocido por hacer largas pausas que, en el contexto de un diálogo, se pueden volver muy incómodas.

También lo hace Jeff Bezos, aunque su estilo -agrega Bariso- sigue una manera metódica: al principio de las reuniones se toma un tiempo largo para leer informes en silencio antes de iniciar el diálogo.

Mentes inteligentes como Tim Cook o Jeff Bezos acogen la regla del silencio incómodo”, dice Bariso.

Jeff Bezos

Getty Images
Jeff Bezos, fundador de Amazon, también utiliza largos intervalos de silencio al inicio de las reuniones, explica Justin Bariso.

“Esta regla siempre ha sido una herramienta valiosa de la inteligencia emocional, porque te permite equilibrar el pensamiento y la emoción, en vez de reaccionar basado solo en los sentimientos”.

El silencio de Steve Jobs

Tim Cook y Jeff Bezos no son los únicos directores de empresas que han utlizado la regla del silencio incómodo.

En una ocasión, Steve Jobs se tomó cerca de 20 segundos en contestar un ataque personal, entregando una respuesta contundente.

Era 1997 cuando Jobs -que recién había regresado a Apple- participaba en una conferencia con desarrolladores.

Una persona del público lo atacó diciéndole, “no sabes de lo que estás hablando“.

Lo primero que hace Jobs es quedarse sentado en silencio. Y pensar.

Steve Jobs

Getty Images
En 1997 Steve Jobs, respondió a un ataque en público utilizando la regla del silencio incómodo.

En un tiempo que seguramente parecía una eternidad para la audiencia en el contexto del ataque y la esperada respuesta, Jobs tomó un poco de agua y cerca de 10 segundos, comenzó a responder.

“Tú sabes”, le contesta. “Puedes agradar a algunas personas en algunas ocasiones, pero…”, Jobs vuelve a hacer una pausa como de ocho segundos.

Luego continúa con su respuesta. “Una de las cosas más difíciles cuando estás tratando de lograr un cambio es que, personas como este caballero tienen razón… en algunas áreas”.

Ese es el inicio de una larga respuesta que dejó al público deslumbrado. Pero más allá de las habilidades de Job para responder al ataque y plantear su visión a largo plazo, una de las cosas que destaca Bariso es la duración y efectividad de esa técnica discursiva.

8 beneficios

La inteligencia emocional, agrega, se refiere a la capacidad de entender y manejar las emociones.

Cuando estamos bajo presión, hablamos y actuamos de una manera diferente a cuando tenemos tiempo de analizar las cosas.

“Yo tiendo a hablar demasiado rápido y me he metido en problemas por eso“, cuenta el autor.

Imagen de un reloj

Getty Images
El silencio incómodo suele extenderse por un período de tiempo de entre 10 y 20 segundos.

Esa fue una de las razones por las que Bariso decidió entrar al campo de la inteligencia emocional.

Y cuando practicas la regla del silencio incómodo por un tiempo suficiente, agrega, dejarás de sentirte incómodo.

Estos son algunos de los beneficios que puede proveer la práctica regular de esta regla, según Bariso:

  • Silenciar el mundo exterior
  • Ejercitar tu pensamiento
  • Llegar a la raíz de los problemas con mayor efectividad
  • Dar respuestas mejor pensadas, más profundas
  • Equilibrar tus emociones
  • Estar en armonía con tus valores y principios
  • Decir lo que realmente quieres decir
  • Aumentar tu confianza

Una de las dudas que genera esta regla es si efectivamente cualquier persona puede implementarla.

No solamente por la capacidad personal de ponerla en práctica, sino porque en contextos formales puede generar un rechazo por parte de las demás personas.

Es decir, no todos somos Cook, Bezos o Jobs. Y lo que en algunas personas puede parecer muy interesante, en otras podría llegar a ser visto como insólito, inadecuado, o completamente fuera de lugar.

“Personas como Cook o Bezos no siempre estuvieron en posiciones de poder”, contesta Bariso.

“Una de las razones por las que llegaron donde están, es porque tenían confianza en sus habilidades”, agrega. “Seguir la regla te ayuda a desarrollar la autoconfianza”.

¿Puede la regla jugar en tu contra?

La regla no es una solución mágica y puede jugar en tu contra cuando enfrentas determinadas circunstancias, como cuando se requiere exactamente lo contrario: una respuesta rápida.

“Siempre habrá escenarios donde tienes que hablar o responder rápidamente”, responde Bariso.

“Pero esos escenarios son menores en número de lo que la gente piensa. La mayor parte del tiempo, tomarse 10 o 30 segundos antes de responder, no te hará mal”.

Y si los segundos de pausa se te hacen demasiado eternos, el autor recomienda resistirse a la tentación de contestar lo primero que se te viene a la cabeza y al menos dejar un pequeño espacio para pensar antes de hablar.


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